Dijo la Niña Bonita:
parecía mucho más grande que él.
Dijo La Trotamundos:
ok, era fea, pero vestía bien.
Dijo La Cuyana:
no vestía bien.
Dijo el ex de la Cuyana:
este chico puede aspirar a más que eso.
Dijo el Libanés:
¿estás seguro que Gladiola no era como para presentármela?
Dijo Remolacchio:
(respetuoso, piadoso silencio).
Dijo el Tarta:
bueno, si te sirvió para escribir...
Dijeron la Trotamundos y la Cuyana al unísono:
uñas esculpidas, nunca más, Elemental: eso es de menemista.
Dijo mi hermano:
pero ahora, hablando en serio, ¿qué tenías en la cabeza cuando te metiste con una mina así?
miércoles, 16 de mayo de 2007
Sonia 04: Epílogo 6: Esto se dijo
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martes, 15 de mayo de 2007
Sonia 04: Epílogo 5: Algunas consecuencias de la relación con Sonia 04
- El cuadro que le regalé y pedí de vuelta decora, imponente, mi comedor.
- Decidí que la próxima vez que conozca a alguien y haya amague de convivencia, que vengan a mi depto así no pierdo otro alquiler.
- Tengo una licuadora que no utilizo porque no me gustan los licuados (si a alguien le interesa, la regalo).
- Vivir solo ha tomado un gustito nuevo, delicioso.
- Tengo que bancarme que cada vez que algún/a amigo/a (en especial los que vieron a Sonia 04) quiere presentarme a alguien y yo digo que no me gusta, me digan "mirá, nene, si vos saliste con eso...".
- Deuda económica institucionalizada: $6.000. Si sumo diferencia de contrato depto nuevo con el depto viejo, llego a $10.000.
- Mis jefes, que se enteraron y sabían ya de Sonia 00, están mucho más comprensivos conmigo.
- Escribí el blog y, creo, en algunos tramos es de lo mejor que escribí.
- Como la Trotamundos me vio muy mal, ahora, cada vez que me ve, lo primero que me dice es "te veo muy bien".
- En la primera sesión con mi nueva analista perdí como treinta minutos en recalcarle que me importaba mucho la confidencialidad de nuestros encuentros.
- Cada vez que tengo una cita, involuntariamente entra en juego Sonia 04: cada cosa que dice o hace la partenaire de turno, se convierte en un posible llamado de alerta. Este error me hizo equivocar con Sonia 06. Espero que mengúe.
- No vuelvo a pisar el barrio de Caballito.
- Mi hermana me carga, porque una vez vio a Sonia 04 -post-ruptura- en la milonga y me dijo: es tan fea que ella tiene que sacar a los tipos.
- Mi madre ya no insiste tanto en que debería conseguir pareja.
- Mi madre dejó de hacer cualquier tipo de comentario acerca de su deseo de tener nietos.
- Mi abuela me llama todos los días para saber si estoy bien.
- Los amigos, en general, me recomiendan que la próxima vez les cuente todo durante la relación, porque enterarse sobre el final les inspira lástima y bronca.
- Creo que me voy a comprar un perro o un gato (no, gato no: dicen que soltero con gato es igual a gay).
- Hay momentos en que siento que, si sobreviví eso, puedo sobrevivir cualquier cosa. No está mal.
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sábado, 12 de mayo de 2007
Sonia 04: Epílogo 4: Agradecimientos
Como ya dije en otras oportunidades, hubo varias ocasiones en que escribir para el blog me resultó doloroso. Sin embargo, seguí. Debo confesar que, cuando lo inicié, me carcomía la culpa. No sabía si lo que hacía era correcto, si era un tremendo hijo de puta. Estaba, sí, furioso. Con el tiempo, la bronca decantó. Con el tiempo, además, sucedió algo que para mí fue muy importante: las voces de los otros. Los comentarios, en general, tendían a preguntarme lo mismo que me preguntaba yo antes de presionar el botón "publicar" luego de haber escrito el post: ¿cómo seguiste con esta mina? No es joda, esa pregunta es tema de terapia. ¿Hasta dónde estuve dispuesto a autodestruirme? Rescato, sí, que en un momento dije basta. Tarde, probablemente, y quizás por motivos nimios en relación a otras atrocidades que habían sucedido, pero lo dije. Más allá de eso, decía que lo que calmaba el dolor de la confesión, del remover recuerdos que otros elegirían enterrar pero yo preferí transformar en otra cosa, eran las voces de ciertos comentaristas. Por lo general, seres anónimos en los que encontraba cierta lógica consecuente que no me hacía inferir que estaban pelotudeando. En cierto sentido, podría decir que aprecié a esos seres anónimos, que no conozco personalmente y que ya habrá oportunidad de hacerlo (adelanto: la presentación del libro, en julio, donde estaremos casi todos los personajes de los que hablé en el blog). Los aprecié como se aprecia a quien brinda una caricia o un abrazo cuando realmente lo necesitamos. La última dedicatoria de la semana es irónica: digo que sin Sonia 04 esto no hubiera sido posible. Bueno, sin esos seres anónimos, tampoco.
En ese sentido, le estoy por demás agradecido a los siguientes comentaristas -el orden es aleatorio-:
- Antisonia
- Discresonia
- Sonia 05/Clarita
- Lolamaar
- Marina
- Asonia
- Fede
- Satán
- Tratando de subir al tren de la vida
- Luisa Delfino y todos sus otros yo
- Emma Peel
- Celeste
- Curiosa
- Luisette
- Serena
- Mr. Crab
Este listado es provisorio: lo actualizaré cuando relea toda la tragedia, en el fin de semana. Los que no nombré, espero no me detesten.
Los que sí nombré: gracias, en serio, de todo corazón.
Y, como decía Porky: esto es todo, amigos.
Un abrazo grande.
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viernes, 11 de mayo de 2007
Sonia 04: Epílogo 3: Los comments de Sonia 04 en el blog
Ok, esto fue una especie de historia dentro de la historia. Antes que nada, una breve explicación técnica.
No es difícil identificar a los navegantes del blog, si uno lo desea y cuenta con un par de datos. Los contadores de página, entre otras cosas, muestran un listado de las direcciones de IP ingresantes. El número de IP es la forma en que un servidor identifica a una máquina para que pueda navegar en la web. Por lo general, los IPs constan de cuatro cifras (xxx.xxx.xxx.xxx). Las dos primeras cifras identifican de forma cifra al proveedor de internet, son patrones adquiridos por las empresas que les dan a sus usuarios. Por ejemplo, el patrón 201.250 corresponde a Telefónica/Speedy. Por lo general, los usuarios tienden a repetir sus primeros seis números: sería algo así como que las proveedoras los tienen asignados a una banda determinada de IPs.
Si uno tiene por ejemplo un mail enviado por alguien, cuenta con la dirección de IP que tuvo en algún momento, es decir que cuenta con su proveedor de internet y con las seis primeras cifras que tenderán a repetirse.
El jueves 15 de marzo Sonia 04 dejó un mensaje, que borré. El mensaje refería a uno que había dejado Sonia 3 en uno de los post en que hablaba de ella. Sonia 3 daba su versión de nuestro tétrico encuentro. No lo borré porque por entonces yo salía con Sonia 4, y me pareció irrelevante. El jueves 15 de marzo, mientras navegaba en el blog una persona con los seis primeros números de IP idénticos a los de Sonia 4, y que tenía una máquina con Windows 98 en definición 800x600 (sí, los contadores también identifican eso, y eso era lo que tenía Sonia 4), dejaron el siguiente mensaje:
"Aguante Sonia 03! Yo soy de tu equipo! Qué bueno que alguien dé otra versión de los hechos!". Por lo general, al leer esto hubiese pensado que se trataba de algún estúpido (o alguna estúpida, capaz de sentirse parte del mismo equipo que Sonia 3). Pero estaba el tema que alguien TAN parecido en IP a Sonia 4 navegaba por el blog. 2+2 es, por lo general, 4. Borré el mensaje.
Al día siguiente, Sonia 4 volvió a la carga. Esta vez no lo hizo desde su máquina, ya que el IP no estaba identificado en ese momento. Sin embargo, la serie de comments dejados en mayúscula eran bastante claros, para mí, por haberla conocido, que se trataba probablemente de ella. La referencia a una dualidad buen tipo/monstruo era algo en lo que ella había hecho hincapié durante la relación y yo aún no lo había relatado, por ejemplo. Luego, el razonamiento acerca de la carta y el cartero era tan rudimentario, tan confuso, que corroboraba la sospecha. No los borré como forma de que saciara su deseo de dejar su opinión en el blog. Mi hipótesis es que fue hasta un locutorio, sabiendo que yo había detectado su visita anterior y había borrado el mensaje (yo había colocado un cartel en el que la invitaba a no romper las bolas, no sé si recuerdan).
Al día siguiente, hubo otro comentario en mayúscula. Tampoco había IP. Sin embargo, mi hipótesis es que no era de Sonia 4. Entre otras cosas, porque mostraba arrepentimiento y no creo que sea un sentimiento que ella pueda albergar, al menos hasta que pasen un par de largos años o hasta que una de sus analistas se lo indique.
Desde entonces, visitó poco el blog. Sí lo hizo bastante en la última semana, en especial el domingo pasado y ayer -supongo que había descubierto que algo se iba a revelar-. Reitero: Speedy, seis de los números coincidentes, máquina con Windows 98 y resolución de 800x600. Sería mucha casualidad, que no fuera ella. Y no creo en las casualidades, el blog tendría que tener un volumen de visitas demasiado grande, como para que esa casualidad se diese. Si ustedes sí creen que fue casualidad, lo respeto.
Esta es la verdad, de mi parte, acerca de las incursiones de Sonia 04 en el blog.
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Sonia 04: Epílogo 2: La escritura
Para los que preguntan cómo hice.
a) Agarré un almanaque, y empecé a marcar fechas que recordaba en que habían sucedido determinadas cosas.
b) Una vez que hice eso, empecé a relacionar esos recuerdos más vívidos con otros más nebulosos para conseguir ubicarlos en la línea temporal.
c) Revisé mails, para tener certezas de ciertas fechas.
d) Repetí (b)
e) Et voilá, tenía ordenado lo que había ocurrido en los cinco meses.
f) Empecé a escribir.
g) Siempre, el método de escritura fue el mismo.
h) Escribí de corrido, sin siquiera releer lo que escribía, y al terminar de un tirón posteaba.
i) A veces, releía luego de haber posteado, y en alguna ocasión en que detecté algún error luego lo corregí.
j) Creo que esa metodología le dio al texto una vitalidad que no hubiese de mantener cierta proligidad.
¿Fue la tragedia de Sonia 04 algo literario? Lo desconozco. En un principio, fue catarsis (ver cuándo empecé a postear al respecto). Luego, con el tiempo, comencé a distanciarme de lo ocurrido, para adentrarme sólo en los momentos que deseaba relatar. Recién sobre el final comencé a notar que dominaba la escritura por sobre las sensaciones, y creo que está mejor escrito hacia el final.
El jueves de la semana pasada, que fue una verdadera maratón de posts, se debió a que esos tres días habían sido particularmente dolorosos para mí y deseaba atravesar el mal trago lo más rápido posible. Terminé el día hecho mierda. Pero sigo en pie.
En todo caso: fue una experiencia intensa, dolorosa, placentera, inédita para mí. Espero que para ustedes también.
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Sonia 04: Epílogo 1: Algunos aprendizajes
Anoto, para respetar de ahora en más.
- Si una persona hace demasiados cursos y ocupa todo el tiempo en su agenda, desconfiá: es probable que no quiera tener tiempo para verse a sí misma.
- Si una persona te dice que es imposible que la quieras, desconfiá: probablemente sea cierto.
- Si una persona se muestra orgullosa de lo que considerás errores graves, huí: es irreconciliable.
- Si una persona ataca a tus seres queridos, por más que tenga razón, desconfiá: lo más probable es que te esté atacando a vos.
- Si una persona se muestra orgullosa de su ignorancia, desconfiá: probablemente no desee aprender.
- Si una persona arranca mal en una relación, desconfiá: es probable que no remonte.
- Si una persona hace todo lo que le dice su analista, desconfiá: si su analista le habla mal de vos, vas muerto.
- Si una persona tiene dos analistas, huí: ni hace falta aclarar por qué.
- Si una persona te cuenta secretos íntimos de otros, desconfiá: es probable que haga lo mismo en relación a vos con otras personas.
- Si una persona te dice que es guevarista y quiere una casa con pileta en un country, desconfiá: tarde o temprano se convertirá en política.
- Si sentís angustia ante una persona, huí: quizás el problema sea tuyo, pero hasta no resolverlo no regreses.
- Si una persona se hizo tirar las runas porque se lo indicó su analista, desconfiá: podés esperar absolutamente cualquier cosa.
- Si una persona tarda horas en comprarse ropa, desconfiá: tarde o temprano te hará esperar a vos en algo que consideres urgente.
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Sonia 04: Final (y 2)
Martes (cont.).
Tomo el celular, busco el nombre de Sonia 04. Llamo.
-¿Hola?
-¿Sonia 04?
-¿Elemental?
-Sí. Mirá, disculpame que te moleste, pero te llamo porque me acaba de llamar tu vieja.
-¿Le pasó algo?
-No, no. No te asustes. O asustate, pero no por eso.
-...
-Digo, me llamó tu vieja y estoy bastante molesto. Me parece que es una impertinente, una maleducada. Me dijo una serie de cosas que yo no tenía por qué escuchar, y menos de parte de ella.
-No entiendo.
-A ver, en primer lugar, ¿por qué me llama tu vieja? Me parece que no tiene nada que ver, sos una mujer de casi cuarenta años y mandás a llamar a tu vieja.
-Yo no mandé a llamar a nadie.
-Bueno, entonces llamó de onda, pero llamó. Y no entiendo por qué carajo llamó.
-Es que yo no estoy en Buenos Aires, estoy de vacaciones.
-¿Y yo qué tengo que ver?
-No entiendo.
-Digo, ¿yo qué tengo que ver en que vos te vayas de vacaciones y a mí me llamen tus viejos?
-No entiendo, para qué te llamó.
-Para pedirme que lleve las llaves del depto a la inmobiliaria.
-Ah, puede ser. Como yo me fui de vacaciones, los que se ocupan de ese tema son mis viejos.
-Disculpame la pregunta, pero... ¿A mí qué me importa, a quién dejaste a cargo? ¿Por qué me tiene que llamar tu vieja, qué relación tengo con ella?
-Bueno, ellos hoy me mandaron un mensaje de texto de que habían devuelto las llaves, que estaba todo bien...
-Mirá, Sonia 04. Primero y principal, a mí no me importa si estás de vacaciones o en Buenos Aires: a mí no me llaman tus viejos. Ya me banqué bastantes llamaditos al depto de José María Moreno a las cuatro de la mañana, a las siete de la mañana, y cuando atendía me cortaban.
-Ellos no fueron.
-¿Fuiste vos, entonces?
-No, tampoco.
-Ok, entonces desde que nosotros cortamos hubo una persona que se empezó a equivocar, que nunca se había equivocado antes, y llamaba a cualquier hora.
-No me creas, si no querés.
-No me importa. Ya no estoy en ese departamento. Lo que quiero decirte es que tu vieja me llamó en un tono que considero inadecuado, y te pido que no vuelva a llamarme nunca más, ni ella ni tu viejo ni nadie.
-¿Inadecuado?
-Sí, inadecuado. Primero, me dijo que tuvieron que pagar una multa por la entrega del depto, para enseguida aclararme que "eso es lo que nos costó este chiste".
-...
-A ver, me parece que estaría bueno que le aclares a tu vieja, o a quien carajo quieras, que para mí la relación que tuve con vos no fue un chiste, el irme a vivir con vos no fue un chiste.
-No, para mí tampoco.
-Dejame seguir. Para mí fue una pesadilla, no un chiste. Y no sé qué entiende tu vieja por chiste, y mucho menos sé para qué carajo me llama para decírmelo.
-Mirá, Elemental, tanto ellos como yo estamos muy dolidos con todo lo que pasó...
-A ver, me parece que resulta necesario que entiendas una cosa: no me importa si están dolidos, no me importa si están felices. Lo que no quiero es que me llamen para decirme pelotudeces. Porque lo que hubiera correspondido, cuando tu vieja me dijo eso, fue que la mandara a la reputísima madre que la parió. ¿Y sabés por qué no lo hice? Porque es una anciana. Es uno de los dos ancianos que dejaste a cargo mientras vos te rajaste a la mierda y ni siquiera te hacés cargo de llamarme para avisarme de lo de las llaves. Y te aclaro algo: no es que quiera que me llames, nada más lejano, pero desde ya que no quiero que me llamen tus viejos, y menos tu vieja en ese tono. Digo, no sé cuál es la educación de tu vieja y no me importa, pero no lo voy a tolerar más. Y el tonito que usó conmigo me hace sospechar que no saben los motivos reales por los que nos alejamos uno del otro.
-...
-Lo que intento decirte, y quiero que te quede bien en claro, es que si vuelve a llamarme tu vieja, tu viejo, tu abuela, tu hermana o la reputísima madre que me parió, lo que yo voy a hacer es proceder a explicar los motivos reales de por qué no estamos juntos.
-Es que ellos... es que yo... ¿Y cuáles son, esos motivos reales?
-Varios, por lo menos los que me llevaron a mí a irme a la mierda. El primero, es que me volviste loco. El segundo, es que me despreciaste de todas las formas imaginadas.
-Estás tan equivocado.
-No, esperá que no terminé. El tercero, es que antes de salir conmigo fuiste una atorranta que le metió los cuernos al novio durante seis meses y que después salió con un tipo casado dos años, y que me lo refregaste de todas las formas habidas y por haber. Lo que intento decirte es que, si me vuelve a llamar alguien de parte tuya, voy a aclararle estas cosas, los motivos de nuestra separación.
-...
-Y, por otro lado, tu vieja me dice que hubo que pagar una multa y me dice el monto de la multa. No entiendo, para qué carajo me dice eso. ¿Ustedes están esperando que yo me haga cargo de la multa?
-Bueno, yo quería hablar con vos la semana que viene, cuando vuelva a Buenos Aires. A mí me parece que esto fue una apuesta de los dos, y que tuvo costos de entrada y salida para los dos. Justamente, me quería reunir con vos para que habláramos de eso.
-...
-Digo, para hacer cuentas.
-...
-...
-¿Vos estás en pedo?
-¿Qué?
-Digo, ¿vos estás en pedo? ¿Vos estás segura, de que querés contar costos de entrada y salida al hecho de vivir juntos?
-Sí, lo hablé con Malena, mi analista suplente, y me parece que es lo más justo.
-A ver. Te repito la pregunta: ¿vos estás segura de que querés contar también los costos de salida? Digo, hasta donde hicimos las cuentas yo te estoy debiendo dos lucas. ¿Vos querés que contemos también la salida?
-Sí. Sí, creo que es lo más justo.
-Bueno, bárbaro. Mañana te paso las cuentas. Computo esa multa, claro. Igual, desde ya te adelanto que me vas a deber guita vos a mí.
-¿Qué?
-A ver si entendés. Punto uno, mientras vos te volviste a tu departamento-consultorio, yo tuve que salir corriendo a buscar departamento. Punto dos, vos dijiste antes de que nos fuéramos a vivir juntos que si la cosa no funcionaba yo me iba a vos te ibas a quedar...
-No me puedo quedar, son demasiados recuerdos.
-Ok, lo entiendo. Pero ése es tu problema, no mío. Y no lo digo de hijo de puta. Lo que intento es que en algún momento te detengas a pensar en que el otro también perdió cosas.
-Vos sólo pensás en vos.
-¿Vos me estás jodiendo? ¿Yo sólo pienso en mí? A ver, Sonia 04, por irme a vivir con vos dejé un departamento alquilado en el que vivía bien, y ahora estoy en otro que cada mes me cuesta cerca de trescientos pesos más que el otro que hubiese alquilado.
-El otro te lo iban a aumentar cuando renovases el contrato.
-Ya lo sé. Estoy pagando trescientos pesos más sobre el valor de lo que le alquilaron al nuevo inquilino el otro. ¿Vos tenés una idea de lo que fue para mí, desde lo económico, dejar el otro depto? No, claro, vos te pensás que como vos cargaste las pocas cosas que habías mudado de vuelta a tu consultorio, la historia se terminó. Eso, es el costo de salida, para vos. ¿Sabés qué? Si yo tomo en cuenta todo lo que me costaron las mudanzas, perdí alrededor de diez lucas. Y no te pido un mango, más vale, pero ya me parece de una miserabilidad absoluta que yo tenga que pagar la multa de un departamento en el que vos no quisiste quedarte. Estoy endeudado hasta las pelotas, y vos querés seguir cagándome. ¿Y sabés qué? No quiero que me cagues más, bastante daño hiciste, ya.
-Bueno, cuando vuelva a Buenos Aires nos reunimos y sacamos las cuentas.
-Cuando vuelvas a Buenos Aires, con vos no me reúno un carajo. A vos no me expongo más. Si querés comunicarte conmigo, hacelo por mail. Ni el teléfono, pienso atenderte. Quiero que entiendas algo: a mí no me hacés más daño, conmigo no arrasás más. Y eso aclaráselo a Malena, a Gaby y a la cochinchina.
-...
-...
-Yo no entiendo, vos me hablás en ese tono, como que me ponés los puntos. Yo siempre te traté con respeto. Snif.
-Por favor, Sonia 04. Tonito de víctima no, eh. Esa hacésela a tu vieja, a tu viejo, pero a mí con esa no me corrés. Sos una mala persona, con la que no quiero volver a tener contacto.
-Vos nunca me conociste.
-Con lo que conocí de vos me alcanza para varias vidas.
-¿Pero qué querés?
-¡Quiero que no me rompas más las pelotas, ni vos ni nadie! ¡Quiero que no me llamen y corten! ¡Que no mandes a llamar a tu vieja para pedirme guita! ¿Vos te creés que lo que yo perdí, en todo esto, es plata? Pobre infeliz. ¿Tan mal, te educaron, tan obtusa sos?
-¿Lo que vos querés es que no te llame más?
-Exacto.
-Listo.
-¿Listo?
-Listo.
-Perfecto.
-¿Algo más?
-Muchas cosas, pero no vale la pena decírtelas. No puedo inventarte la culpa, no puedo decirte los errores porque no estás capacitada para una autocrítica. Me das mucha lástima.
-Chau, Elemental.
-Chau.
La imagen se congela.
Estoy furioso. Las manos me hierven. Comprendo, en este instante, la dimensión de la miserabilidad de Sonia 04. La odio. La detesto. Y me odio a mí mismo por haberme expuesto a ella durante tanto tiempo. Necesito justicia. Necesito algo. Necesito expresarme. Ya empecé a escribir sobre ella en el blog, pero necesito más. Necesito contar todo con lujo de detalles, para que ella se vea. Porque va a entrar, seguro que va a entrar: será su trofeo. La única forma de ganarle a un ser miserable es exponerlo en su miserabilidad. Tengo que contar todo, absolutamente todo. Tengo que hablar de ella sin hablar de ella, que el lector se deje llevar, que comprenda quién fue a partir de la anonimia, que reconstruya, el lector, en su imaginario, a Sonia 04, que la invente, que le tema si corresponde, que la desprecie si cabe. Y, al final, al final del relato, sí, dar un nombre. Sólo eso. Un nombre que ponga las cosas blanco sobre negro. Sí, dejar al descubierto la miserabilidad, aunque el costo sea exponer la mía propia, aunque me lleve más de dos meses y muchísimo dolor exponer todo lo que pasó con lujo de detalles. Sí, exactamente eso, es lo que voy a hacer.
La imagen vuelve a movimiento.
Colgué. Y fue, aquel movimiento, aquel cortar la comunicación, mi despedida absoluta de Cecilia A. A partir de aquel instante, de aquel preciso instante, Cecilia A. sería, para siempre, Sonia 04. Una Sonia más.
(sí, leyeron bien)
(pronto, los epílogos)
Etiquetas: Sonia 04
Sonia 04: Final (1)
Martes 27 de febrero de 2007.
Voy al trabajo. Los preparativos del casamiento del Flaco están a full. Recuerdo que él y su novia empezaron a salir casi al mismo tiempo que Sonia 04 y yo. Él mañana ya empieza su licencia -se casa el viernes, lloraré en la iglesia, mataré a un perro, pero eso es otra historia-, viajará a Ushuaia con su flamante esposa. Ése es el resultado de ambos y sus casi seis meses de noviazo. El mío, es muy distinto. Pero soy de esa clase de persona, descubro, a la que el otro lo haya conseguido le resulta placentero.
A la tarde, el Preceptor viene al depto nuevo. Tiene que instalar plafones de luz en el comedor, el dormitorio y el baño. Trae una caja de herramientas, como si fuese un profesional. Cuando lo veo manipular los cables a cada segundo temo que haya un corcocircuito. Él, en cambio, teme otra clase de cortocircuito:
-¿Y no te volvió a llamar?
-El sábado, la madre. Para ver si había dejado el depto.
-¿Y para qué carajo llamó la madre?
-Qué se yo. Andá a saber qué les dijo a los viejos, como motivo de ruptura.
-Pero Elementalito, con todo lo que hizo, para echarte el fardo a vos tiene que tener una imaginación más fértil que la de Julio Verne.
-O ser más hija de puta que Hitler -digo.
Una vez que los plafones de luz están instalados, el depto comienza a tomar forma. Ya están las cortinas, que quedan muy bien. Ya está la mesa del televisor, la alacena en la cocina. Ya está, el depto es ahora un hábitat, y no una simple edificación. Aunque aún no tengo internet -la vienen a instalar el próximo miércoles-, la computadora está enchufada.
-¿Te gusta? -le pregunto al Preceptor.
-Claro, tiene tu onda.
¿Mi onda? No sabía que había algo así como mi onda. El Libanés, el sábado pasado, cuando vino, dijo algo parecido: el depto de José María Moreno era el de un pusilánime y una dictadora, esto es otra cosa.
Y quizás sea cierto.
Vamos a comer pizza. El Preceptor sigue repitiendo lo de nuestros encuentros anteriores:
-Esta mina se equivocó mucho, demasiado, nadie hace algo así, es un monstruito, te juro que nunca le tomé bronca a tus novias, pero con esta, te juro, es para desearle lo peor...
Yo asiento. En cierto sentido, que hable tan mal de ella me hace bien. Pero, también, me duele. No por ella, claro, sino por mí: ¿cómo estuve tanto tiempo con alguien así? ¿Por qué me dejé arrastrar a algo semejante?
-Y cuidado -dice el Preceptor, mientras me apunta con una porción de muzzarella.
-¿Cuidado con qué?
-Esto no terminó. Es demasiado conchuda. Algo más va a intentar, seguro.
-¿Te parece?
-Ponele la firma.
Nos despedimos. Regreso al depto. Con luz nueva, acomodo libros en la biblioteca. La mayoría de los libros van al placard, en las dos bibliotecas que tengo entrará, como mucho, un tercio. Coloco, por así decirlo, lo que considero más importante. Cuando introduzco el último libro, suena el celular. Un número que no conozco. Atiendo.
-¿Hola?
-¿Elemental?
-Sí, ¿quién habla?
-La madre de Sonia 04.
-Ah.
-Mirá -dice en tono de pocos amigos-. Te llamo porque nosotros ya entregamos las llaves del departamento en la inmobiliaria. Tendrías que pasar a dejar tu juego.
¿Para qué mierda llama ella, por esto? ¿Quién carajo me la manda? Comienzo a enojarme.
-Bueno, yo ya volví a trabajar, y no sé cómo hacer para coincidir los horarios. Me parece que lo más práctico es que yo le dé las llaves a mi madre y ustedes pasen por su casa a retirarlas.
-¿Nosotros pasar a buscarlas?
-¿No son los garantes? ¿Sonia 04 no es la titular?
-Sí.
-Bueno. Eso. Yo no puedo pasar -ni tengo ganas, pienso: además, si mandamos papis en representación, andate a la puta que te parió.
-Bueno, está bien.
Le paso el teléfono de mi vieja, para que se comunique. Ella anota. Yo espero la despedida con tanta ansiedad como ustedes el final de esta historia.
-Bueno -dice, en tono cada vez más hostil.
-Bueno... -digo, como quien dice chau.
-Quería decirte otra cosa.
Cagamos, pienso.
-Quería decirte que tuvimos que pagar una multa por devolver el departamento antes de tiempo. Los dueños pusieron muy buena voluntad, pero nos cobraron dos meses de alquiler en concepto de multa.
-Mire usted, qué terrible.
-Sí. Eso es lo que nos costó este chiste.
La imagen se detiene.
Yo miro el teléfono. ¿Acaba de decir "esto es lo que nos costó este chiste"? ¿Acaba de decir que la consecuencia de la relación Sonia 04-Elemental es una multa de dos meses de alquiler? ¿Acaba de calificar la relación como chiste? Y, más importante aún, ¿para qué mierda me lo dice? ¿Por qué no se va a la reputísima madre que la parió?
Debería putearla, debería mandarla a la reconcha de su hermana. Pero es una mujer mayor, recuerdo. No corresponde, me digo.
La imagen vuelve a movimiento.
-Mire usted, qué terrible.
-Ah, Elemental, quería decirte que le pasamos a Sonia 04 el libro que le habías prestado al padre. ¿Te lo dio?
-No, pero no importa.
-Bueno, no faltará oportunidad de que se encuentren.
-Eso lo dudo, señora. Hasta luego.
Corto.
Estoy furioso. El departamento se tiñó de rojo. La hija de puta esta no sólo hace llamar a la madre, sino que la madre es una infeliz que me viene a decir que la relación fue un chiste, que me dice cosas que en verdad debería decirle al bagarto de su hija, la reputísima madre que la parió...
Tomo el celular. Tengo que hacer algo.
Y de repente comprendo lo que tengo que hacer: llamar a Sonia 04 y terminar con esto de una vez por todas.
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Sonia 04: Vacaciones, final
Lunes 26 de febrero de 2007.
Regreso al trabajo. Apenas entro en la oficina, el Flaco, el Chancho, la Nena y Voz Nasal me preguntan qué tal está vivir en la torre, en el piso 22, si el calor es demasiado agobiante, si de noche corre fresco. Si algo me cansa más que el vértigo de estos últimos, es tener que actualizar a quienes pronto se desactualizan. Una semana ausente del trabajo implica explicar que ese departamento al final no va -qué lástima-, que ya me mudé a otro en Palermo -pero qué bien-, que Sonia 04 fue con los padres a buscar los muebles -qué patético-, que la madre llamó hora y pico después de que dejé el depto -qué gente de mierda-.
-Bueno, a ver cuándo inaugurás este departamento -propone Voz Nasal.
-Cuando me despierte -digo.
-¿Pero al menos descansaste, en las vacaciones? -pregunta el Flaco, especialista en siestas desmesuradas.
Me señalo el rostro, y dice:
-Ah.
La sorpresa viene a media mañana. Mi jefe pasa por la oficina, me mira y pregunta si sigo con la dieta que había empezado en julio, cuando estaba en pleno fervor mi historia con Sonia 00. Le digo que no, que no estoy a dieta, aunque ando con poco apetito.
-Mirá que bajaste de peso, eh -dice mi jefe.
Miro a mis compañeros, quienes por primera vez le dan la razón en algo a nuestro jefe.
Al llegar al depto, voy directo al baño. Me peso. En las últimas dos semanas bajé cinco kilos.
Quizás Sonia 04 debería dedicarse a administrar dietas para gorditos, pienso.
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Sonia 04: Homo faber
Domingo 25 de febrero de 2007.
Despierto, compro el diario, desayuno en La Maie. Definitivamente, este lugar me gusta. Estoy medio boleado, el Rivotryl combinado con la música de anoche, pero aún así aprecio las medialunas de grasa -las verdaderas, no esas mierdas que tienen dulce arriba para tapar el gusto de si las hicieron bien o no-. Para futuro incentivo del Libanés, las camareras están muy bien. Un poco lentas, pero muy bien.
Voy a almorzar a lo de mi vieja. Ella y mi abuela me preguntan qué tal la primera noche, cuando les cuento del boliche mi abuela se lleva la mano a la boca, horrorizada, y lanza un iiiiiiiiii con el aire hacia adentro que le es característico y por el que siempre la cargamos. Mi vieja dice que bueno, preferible esos ruidos y no otros. Es la forma que elige para referirse a Sonia 04.
Vamos con mi hermano al Easy. Compramos la alacena para armar, y lámparas para colocar. En lo eléctrico, ayudará el Preceptor el próximo martes. Hoy, mi hermano.
Con él armamos una mesa para el televisor, home theater y el reproductor de DivX. Ambos somos lo que usualmente se define como inútil hogareño, pero nos las ingeniamos. El manual con las instrucciones, además, es sumamente práctico. La terminamos, queda perfecta, casi diría que linda.
-Me tengo que comprar una -dice mi hermano-. Está buenísima. Y la armamos nosotros.
-Somos homo faber, nene. Finalmente, somos homo faber.
Con la ayuda de un manual de instrucciones, claro.
Mi hermano se marcha. Le digo que puedo armar solo la alacena. Es alta, angosta, blanca. Desarmo la caja, separo los componentes, leo las instrucciones. Lo hago en la cocina, que está un poco más fresca que el resto del departamento. Pongo manos a la obra, y de repente las acciones toman el valor de lo simbólico: pedazos sueltos de madera a recomponer, ensamblar. Mi vida hoy, pienso. Tomo el destornillador, la base de la alacena. Obro febril, concentrado, como si se me fuera la vida en esto, como si armar esta alacena fuese una representación de las posibilidades que tengo de levantarme luego de la caída estrepitosa que significó Sonia 04 en mi vida. Pongo música, los Redondos, sigo. Colocar un estante y que se sostenga entre las paredes, que las gotas de transpiración caigan sobre la madera. Ponerlo de pie, ensamblar la puerta para que pueda abrirse y cerrarse. Terminar la alacena, mirarla ahí, de pie, en el centro de la cocina, pura materialización de esperanzas. Está ahí, pude armarla, solo. Está ahí, de pie, como yo. Con la puerta un poco torcida, es cierto, pero a esta altura uno no le puede pedir tanto a la vida, ¿no?
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Sonia 04: Hogar, dulce hogar (y 2)
Sábado (cont.).
Voy con mi vieja al Easy. El mismo al que fui con Sonia 04 a poco de mudarnos. Esta vez, por suerte, no estoy con alguien que perderá más de una hora en probarse una blusa. Compramos varias cosas -el préstamo de mi vieja engorda minuto a minuto-. No podemos comprar la alacena para armar porque ella no sabe cómo reclinar el asiento trasero del coche. Mañana vendré con mi hermano.
Ordeno un poco el depto.
Me tiro a dormir la siesta. El calor impide disfrutarla.
Llama el Libanés. Al celular, no hay teléfono en el depto (gastos de instalación, más deuda con mi vieja). Le digo que venga y que, si puede, traiga el cuadro y la licuadora que dejé en su casa como salvaguarda.
El Libanés viene a la noche. El depto aún no está del todo acomodado. En verdad, no está nada acomodado.
-¿Y cuánto pagás, acá?
-$800 los primeros ocho meses, $880 los siguientes ocho meses, $950 los últimos ocho meses.
-Saladito, eh. Mucho más caro que el otro en el que estabas.
-No me lo recuerdes. Fue lo que conseguí.
Salimos a comer. El barrio, Palermo Soho, está repleto de mujeres. Tanto el Libanés como yo desviamos la vista cada fracción de segundo, extasiados.
-Che, esto es mejor que Caballito -dice.
-¿Viste?
-Y bueno, nene, ahora sólo te resta la reconstrucción -dice el Libanés.
Y tiene razón.
-Perdiste un depto. Espero que te sirva para que la próxima vez medites mejor antes de irte a vivir con alguien, para saber con quién te vas a vivir, que no sea una conchuda como esta.
-Es cierto. La próxima vez, si quieren vivir conmigo que vengan a mi depto. Yo no me mudo más por un buen tiempo.
-¿Lo decís por la forma en que encarás las relaciones amorosas, que es una cagada, o porque estás cansado de mudarte?
-Porque esoy cansado de mudarme.
-Forro -dice.
Luego, se ríe. Nos reímos.
Me acuesto temprano.
A las dos de la mañana, me despierta música a todo volumen. ¿Fiesta en otro piso? No. Me asomo, en calzoncillos, al balcón. A veinte metros, sobre Charcas, en una casona, imposible de sospechar, funciona un boliche. Los pibes, en la puerta, gritan. A eso se suman graves que hacen temblar vidrios.
Cosas de mudarse rápido, pienso.
Bajo a comprar algodón, consigo un kiosco -en Palermo casi todos están abiertos, un sábado a esta hora, intento mirar el lado positivo-. Vuelvo al depto. Me pongo algodón en los oídos. Son las tres de la mañana, y el boliche está más vivo que nunca.
Pienso en Sonia 04, que volvió a su depto como si nada.
-La reputísima madre que te parió -digo.
Y, pese al algodón en los oídos, me escucho a la perfección.
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Sonia 04: Hogar, dulce hogar (1)
Sábado 24 de febrero de 2007.
Me despierto a las 6 y media, sin necesitar que suene el despertador. Los de la mudanza vienen a las 8, mi vieja -los amigos no podían, mi hermano no le creo que se despierte temprano- a las 8 menos cuarto. Ordeno los canastos. Estoy, por así decirlo, triste.
Mi vieja llega a las 8 menos diez. Cuando ve el comedor, dice:
-¡Pero qué ordenado que sos para una mudanza!
Dado que ya lo había dicho Sonia 04, tengo que suponer que es cierto.
-Es que tengo bastante experiencia -digo.
Y es cierto: de casa materna a Italia -donde viví poco menos que un año-, de Italia a la casa materna, de la casa materna a un depto de un ambiente en el barrio de Once, del depto de Once al de Acuña de Figueroa, del de Acuña de Figueroa a este y, ahora, de este a Palermo. Hago la cuenta: en cinco años, 6 mudanzas. Un número preocupante.
Carlos y Octavio tocan el timbre a las 8 y diez. Carlos me saluda con una sonrisa, canchero, y dice:
-Bueno, en esto tenés experiencia, ¿no?
-No tanta como ustedes, pero... -sonrío. El tipo me cae definitivamente simpático.
Mi vieja se queda abajo, yo los ayudo desde el departamento a sacar los canastos y llevarlos al ascensor. En un momento, cuando sacamos el escritorio de la computadora del cuarto ad hoc, Carlos pregunta si del dormitorio hay que sacar algo.
-No, todo eso se queda -digo.
-¿Al final la heladera era tuya? -pregunta Carlos mientras la cargan.
Asiento.
-Mirá vos, con lo que rompió las pelotas.
De un tiempo a esta parte, casi cualquier elemento relacionado con Sonia 04 se relaciona con su extraordinaria capacidad de hartar al otro. Y aún no empezó la lluvia de comments en el blog.
Tomo el reproductor de DivX. Sonia 04, el sábado pasado, en la negociación económica, dijo que se lo quería quedar. Comprendí, en aquella frase, su deseo de molestar hasta último momento: no baja películas con la computadora; le dije que le dejaba todo lo que hubiéramos comprado en el supermercado -en los días anteriores, mientras yo estaba en el trabajo, Sonia 04 pasaba por el depto para llevarse comida de la alacena y la heladera, porque la habíamos pagado a medias-. Dejo, entonces, tacho de basura, escobillones, etc. Me voy sólo con lo que traje, menos con lo que Sonia 04 me dijo que tirase a la basura, más un reproductor de DivX. Objetos.
Miro el departamento vacío por última vez. Tendrían que haber sucedido tantas cosas, acá. Sucedieron tantas cosas, acá. Bajo las persianas. Cierro con llave.
Mi vieja, cuando bajo, mira asombrada cómo lograron acomodar las cosas en el camión diminuto, destartalado.
-Se ve que saben -me dice.
-Son profesionales -digo.
En el coche -voy con ella, la camioneta nos sigue-, mi vieja me dice:
-Bueno, ya está. Ya te fuiste.
-Y sí.
Llegamos al nuevo depto luego del recorrido José María Moreno-Acoyte-Scalabrini Ortiz-Charcas. La portera limpia. No es muy simpática, nada que ver con Waldo. ¿Cuánto habré perdido, al dejar aquel depto de Acuña de Figueroa? ¿Cuánto?
Subo primero. Abro la puerta. Corro los postigones. Entra el calor matinal. Mi hogar, pienso.
Carlos y Octavio van subiendo los canastos. A medida que lo hacen, yo los voy vaciando en el comedor. El depto es chico, si deseo acomodar las cosas con los canastos acá, no voy a poder, lo mejor es que se los lleven hoy mismo. Cuando estoy vaciando el segundo canasto -los libros apilados contra la pared, contra la ventana que cubre desde el techo al piso-, ya estoy cubierto de sudor. Entran Carlos y Octavio con más canastos -putean porque los ascensores son demasiado angostos-, sin una gota de sudor.
Profesionales, pienso.
Yo soy sólo un amateur con buena voluntad, en esto.
En tantas cosas.
Bajo, arreglo el precio con el chofer de la camioneta. Les doy una buena propina a Carlos y Octavio. Antes de partir, Carlos me tiende la mano y, cuando se la doy, tira de mi mano hacia él y cuando los cuerpos están cerca dice:
-No tengas esa cara, nene. Todos estos cambios son para mejor.
Y se van.
Mi vieja sube al depto. Dice que, con los muebles, le resulta más grande de lo que creía que iba a resultar. Agradezco la piedad.
Salimos al balcón, apreciamos el pasaje Virasoro, la tranquilidad.
-¿Te das cuenta que estás de regreso en Palermo, el barrio de tu infancia? -dice mi vieja.
-Vuelvo vencido a la casita de mis viejos -sonrío.
Y quizás sí, sólo se puede volver vencido para empezar de nuevo.
Vamos a desayunar a un bar y pizzería precioso, La Maie, en Virasoro y Güemes -con el tiempo, se transformará en sitio ineludible donde desayunar los domingos a la mañana, mientras leo el diario-. Nos atienden bien. Miro los clientes, nada que ver con los de Caballito. Es increíble, ambos son barrios de clase media, con características de ingreso similares, pero son tan distintos. Caballito, por así decirlo, es más propio de contadores y ramas profesionales clásicas. Palermo, es más de gente de sociales, humanidades. Parece que no, pero los seres humanos, tan libres, tienden a agruparse sin darse cuenta. Y yo pertenezco más a Palermo que a Caballito. Y Sonia 04 más a Caballito que a Palermo.
Mientras desayunamos, suena el celular. Atiendo. La madre de Sonia 04. Quiere saber cuándo voy a dejar el departamento.
Tendría que haber llamado Sonia 04 y no su madre, pero bueno, para qué discutir.
Le digo que ya dejé el departamento.
Un instante de silencio. Pregunta si yo tengo que volver a buscar algo. Le digo que no, que me cuidé particularmente de eso. Dice que, entonces, irá mañana a limpiarlo antes de entregarlo. No es asunto mío, la verdad, así que no presto demasiada atención. Cuando corto, mi vieja pregunta quién era. Le cuento.
-Qué casualidad -dice, aunque no quiere decir qué casualidad sino otra cosa; la dejo seguir-. No acabás de acomodar las cosas en el nuevo depto, no pasaron ni dos horas de que dejaste el otro, y ya te llaman para preguntarte cuándo ibas a dejar el otro. Y vos les habías dicho que a fin de mes y al final lo hiciste antes, ¿no?
Asiento.
-Qué casualidad -dice-. La verdad, parece que el portero -que miraba todo mientras cargaban la camioneta- les hubiera avisado. Como si ellos le hubieran pedido que les avisara. Y como si te hubiesen llamado ahora para evitar que si iban mañana cruzarse con vos.
-¿Te parece?
Ella se encoge de hombros.
-Qué asco de gente -dice.
Y no dice más.
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Sonia 04: Un feliz inquilino
Viernes 23 de febrero de 2007.
Paso a buscar a mi vieja a eso de las 10. Tomamos un café, me pregunta cómo estoy. Le digo que bien, aunque en mi mirada transmito que tengo los huevos llenos de que me pregunten cómo estoy. Por suerte, la perra se tira encima mío, y jugamos.
Vamos a la inmobiliaria. Al llegar, nos conducen a un primer piso. Allí, dos ancianos esperan delante de varias copias del contrato. No parecen buena gente, pero no estoy en situación de ponerme en exquisito. Digo, el alquiler me va a salir un huevo en relación a lo que pagaba antes, pero es lo único que conseguí que reuniese dos requisitos: dignidad y velocidad. Digo, el sábado pasado me enteré que para mudarme a la torre iba a tener que esperar quince días más, el mismo día encontré este otro departamento y menos de una semana después estoy ante estos ancianos con gesto de desesperados por la guita. No está mal, como performance inmobiliaria. Digo, podría ser peor. Aunque haya perdido lo que se pagó de reserva por el de la torre. Aunque los viejos me empiecen a preguntar de todo acerca de mi vida, saltando cualquier límite de la discresión. Lo cierto es que leo el contrato, mi vieja hace como que lee -no se quiere poner los anteojos, es coqueta- y digo está bien. Firmamos. Pagamos. Me dan las llaves del depto.
Soy un feliz nuevo inquilino. De acá a dos años, por lo menos, Charcas y Virasoro.
Mi vieja me acompaña al depto. No tiene alacena en la cocina ni cajonera en el placard del dormitorio. Por lo demás, no está mal.
-¿Contento? -pregunta (al menos no pregunta si estoy bien).
Asiento, aunque enseguida me pongo a llorar en silencio.
Vuelvo al depto de José María Moreno. Comienzo a llenar los canastos. Alterno la tarea con partidos del PC Fútbol. Recibo un par de mensajes de texto -el Preceptor, el Libanés, la Trotamundos- que desean saber si se cerró lo del depto. Les digo que sí. A la Trotamundos le digo que vamos a ser vecinos. Ella está contenta. En cierto sentido, yo también: mañana me voy de este departamento maldito.
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Sonia 04: Cara de pirucha
Jueves 22 de febrero de 2007.
Por la mañana, llaman de la inmobiliaria. Confirman que el contrato se firma mañana a las 11, cuando los dueños del depto vendrán desde La Plata para la ocasión. Listo, pienso. Me voy, pienso. Nada puede salir mal, pienso.
No tengo guía de teléfono. Me fijo en la billetera, encuentro la tarjeta de la empresa de fletes que me mudó del depto de Acuña a este. Llamo. Reconozco la voz, pero me hago el boludo: mudarme de nuevo resulta vergonzante. Pregunto los precios, como si no supiera, como quien no quiere la cosa, y enseguida digo bueno, está bien, ¿tienen disponibilidad para pasado mañana a la mañana? Del otro lado, una pausa. Buscan en su agenda -imagino un block de papel mugroso, cubierto de aserrín o de grasa- y me dicen que sí.
-¿Podrán traerme diez canastos? -la vez anterior pedí seis y me quedé corto.
-Sí, claro. ¿Cuándo?
-Ahora.
Es una apuesta, lo sé. Quizás mañana sucede algo malo y no se firma el contrato. Quizás un terremoto me impide llegar a la inmobiliaria, y en ese caso habré pedido los canastos al pedo, porque el sábado no podré mudarme. En fin. Ya hice una apuesta que salió muy mal -venir acá-, por ley estadística en la siguiente tengo más probabilidades de ganar. Las estadísticas, cuando se trabaja con ellas, se saben falibles. Pero el Rivotryl me hace olvidar las contraindicaciones teóricas.
Suena el timbre. Miro por el visor. No lo puedo creer. De todos los peones, mandaron a Carlos y Octavio, los mismos que hicieron la mudanza acá. Su trabajo en aquella ocasión resultó impecable, pero no es eso lo que me incomoda. ¿Y si se avivan? ¿Y si preguntan? ¿Qué decir?
Bajo a abrirles. Carlos me mira, extrañado, como si me viese cara conocida pero no supiese de dónde. Por suerte, se mantiene callado. Él y Octavio cargan los canastos vacíos en el ascensor, y los cargan al departamento. Una vez que están adentro, una vez que han descargado los canastos en el comedor, Carlos se queda de pie, con la mirada perdida en las paredes, casi puedo sentir que huele, que reconoce el terreno.
-Pero nosotros acá ya estuvimos...
-Sí -digo enseguida, resignado-, hace un mes.
-Ah -dice él.
Me mira, me estudia. De seguro, se pregunta qué sucede.
-La convivencia no funcionó -digo.
Carlos hace un gesto de circunstancias, se enciende un cigarrillo -cosa que no hubiera podido hacer de estar Sonia 04-, traga el humo, lo contiene y al largarlo lo suelta con palabras:
-Y, la convivencia es muy difícil... La mina de la heladera, ¿no?
Lo miro, no entiendo.
-Nos volvió locos con el lugar donde había que poner la heladera -aclara.
Octavio se mantiene mudo. Yo asiento.
-Una pregunta -dice Carlos.
-Dale nomás.
-Esa mina era mucho más grande que vos, ¿no?
-No mucho, tres años.
-Tres años, de mujer a hombre, es mucho.
Hay un minuto de silencio. Les pregunto si el sábado podrán ser puntuales, ambos asienten, dicen sí claro. Bajo a abrirles. El portero nos mira, debe haberse avivado de que va a haber mudanza, no pienso aclararle nada. Cuando se despiden, Carlos me palmea la espalda.
-Hiciste bien -me dice.
Lo miro, sin entender.
-Esa vieja tenía una cara de pirucha...
Por la noche, fútbol con el Libanés, el Comedy Stand Up, el Tarta y otros. Esta vez empiezo, al igual que el jueves pasado, atajando como el culo. El problema es que mi performance se sostiene a lo largo de todo el partido. Perdemos. Sobre el final, le pido al Libanés que baje un poco, que no se quede tan parado al lado del arco. El Tarta, por su lado, inventa reglas a ritmo de metralladora, cobra cualquier cosa que le permita llevar un par de goles de ventaja. Logra su cometido: nos ganan por tres goles. Tres goles que me comí olímpicamente.
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jueves, 10 de mayo de 2007
Sonia 04: La última vez que vi a Sonia 04
Miércoles 21 de febrero de 2007.
Me despierto. En un rato pasa Sonia 04. Mierda. Me preparo el desayuno. Juego un poco al PC Fútbol.
Suena el timbre. Miro por el visor. Sonia 04. Por suerte, ya estoy vestido. Tomo el módem de Speedy. Bajo.
Abro la puerta de calle. Las últimas veces que nos vimos nos saludamos sólo con un "hola". Es lo que intento en esta ocasión, pero Sonia 04 duda un instante -se nota que recuerda qué le acaba de decir Malena, su analista suplente, en la última sesión-, dice "hola" y me da un sonoro beso en la mejilla.
-¿Cómo estás? -pregunta.
-Bien, todo bien. Acá tenés -le tiendo el módem.
-Ah, buenísimo, lo re necesitaba -¿ya estará buscando nueva pareja en páginas de citas? ¿para qué lo necesita, o, mejor dicho, para qué lo re necesita?
Le tiendo una cuenta de Telefónica que llegó. Por las fechas, le corresponde a los dueños del depto. Le explico, le muestro las fechas. Sonia 04 está en plan civilizado, yo en plan parco. Cuando termino de explicarle hay un segundo de silencio.
-Bueno... -dice.
-Bueno, suerte -digo.
Ahora quien la saluda con un beso, para abreviar la despedida, soy yo.
-¡Mucha suerte! -casi grita.
Giro, abro la puerta, voy hasta el ascensor, entro sin girar para verla por última vez. El momento en que vi por última vez a Sonia 04 ya ha pasado.
Aunque, claro, volveré a tener noticias de ella.
Salgo del depto. Busco un locutorio. Posteo esto, esto y esto. Descubro, al teclear, que comienzo a sentirme mejor. O quizás sea el Rivotryl, no sé.
El resto del día, juego al PC Fútbol.
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Sonia 04: Somos tan constructivos y civilizados
Martes 20 de febrero de 2007.
Despierto. Boca pastosa. Quizás tendría que aflojar con el Rivotryl. Desayuno. Voy hasta la computadora, la enciendo, me freno. No me tengo que poner a jugar con el PC Fútbol, porque me cuelgo y después pierdo todo el día. No, soy un tipo productivo, esta semana me mudo. Mientras pienso en eso, suena el teléfono. Atiendo. De la inmobiliaria -la nueva, la del depto de Charcas y Virasoro-, quieren avisarme que ya cotejaron la garantía de mi vieja, que está todo bien, que se comunican con el dueño y coordinan un horario para que la firma del contrato sea el próximo viernes. Cuelgo. Le mando un mensaje de texto a mi vieja para avisarle de la novedad. Cinco minutos más tarde, me llama, contenta. Diez minutos más tarde llama mi abuela, también contenta, me pregunta si estoy bien. Me está empezando a cansar, que todo el mundo me pregunte si estoy bien. Pero bueno, lo hacen porque me quieren.
Salgo. Estoy de buen humor, con la novedad. Voy al mismo locutorio de ayer. Sí, ya estoy en condiciones de escribir. Posteo esto en el blog.
Por la tarde, después de almorzar, voy a la Clínica y Maternidad Suizo Argentina. Ayer la Trotamundos me mandó un mensaje de texto en el que me avisaba que la Mujer Imperfecta había dado a luz. Antes de llegar, dudo: ¿compro o no un ramo de flores? ¿Se sigue usando? ¿Qué carajo se estila, en una situación así? ¿Le convido de mi Rivotryl?
Mientras subo en el ascensor, me pregunto si no molestaré. Entro, y si veo que están apoliyando o algo así, me voy a la mierda, me prometo.
Llego. Golpeo la puerta. Es irónico, pero en este mismo piso estuve internado, hace un par de años, cuando mi primera trombosis. Del otro lado, me dicen pase. Paso. Atravieso el cuarto de hall, llego a donde la Mujer Imperfecta, sentada, le está dando el pecho a su hija recién nacida.
-¡Elemental, qué sorpresa!
La saludo con suavidad. No sé si darle un beso a la beba, no sé cómo es la problemática de los gérmenes en estos casos, aunque también tengo miedo que piensen algo que no es cierto -que no me gustan los bebés-, así que en lugar del beso digo:
-¡Qué linda!
Está el marido de la Mujer Imperfecta, que es el Hombre Imperfecto. Simpático, fachero. Enseguida, nos ponemos a charlar. Yo al principio lo hago en susurros, para no despertar a la beba, pero luego me acostumbro. Les pregunto cómo fue el parto, las condiciones de la prepaga, qué se siente. Me cuentan, divertidos. Es extraño, verlos ahora. Sin distintos, no los mismos que vi la última vez en lo del Piletero. Ahora son Padres. Sin embargo, la Mujer Imperfecta se lo ha tomado con naturalidad, como parece tomarse, siempre, todo.
-Me enteré que volvés al blog -dice, con una sonrisa comprensiva.
-Y, tengo que hacer algo con todo lo que pasó, ¿no?
-Tengo una amiga que es re fanática. Se puso re contenta, cuando le dije que volvía, dice que ahora va a tener qué leer en el laburo. Yo le dije que no se pusiera tan contenta, que si volvías era porque habías cortado y debías estar hecho mierda.
-Y, sí.
Dejo pasar un segundo.
-¿Y qué tal está, tu amiga?
-Es muy linda, muy inteligente. ¿Querés que te la presente? Ah, no sé, ella lee el blog, tiene miedo que después escribas sobre ella...
-Si le prometo que no escribiré sobre ella, ¿serviría?
-Pero... ¿Querés que te la presente? ¿Ya?
-No, la verdad que no. Por ahora no. Dame un par de semanas, por lo menos.
Cuando salgo de la Clínica, camino hacia el Abasto. En el trayecto, recuerdo la imagen de la Mujer Imperfecta con su beba en brazos, y el Hombre Imperfecto que las miraba babeándose. No sé por qué, pero me pongo a llorar en la calle.
Me encuentro con el Preceptor. La idea es ir al cine. Sacamos entradas para ver "Letters from Iwo Jima", de Clint Eastwood. Vamos a comer, me pregunta por las novedades. Le cuento.
-Lamentable, lo del celular. Cuando vos le sacaste las cosas no fue por la guita, fue por otra cosa. Esa mina no entiende nada nunca. Es increíble que nunca haga una bien. Es un monstruito.
-Y sí -digo.
Medio Rivotryl antes de entrar al cine.
Cuando empieza la película, apago el celular. La peli no está mal. Me gusta, aunque me cuesta concentrarme.
Cuando salgo del cine, enciendo el celular. Enseguida, llamada perdida. Mi vieja que quiere festejar por el depto, pienso. Escucho. Sonia 04. Mierda. Escribo un mensajito: "bancá que después te llamo".
-¿Quién era? -pregunta el Preceptor.
-Mi vieja -digo.
No quiero preocuparlo.
La llamo cuando llego al depto, media hora después. Me saluda con afecto. ¿Está drogada? Le explico que tardé en responderle porque fui al cine, no de maleducado.
-¿Fuiste al cine? Qué bueno -dice-. ¿Qué viste? ¿El perfume?
¿Por qué mierda me pregunta esto? ¿Qué carajo le importa?
-No -respondo.
-Ah.
Me explica los motivos por los que me llamó. Aparentemente, su módem de Speedy -el que tenía en su depto/consultorio/depto- quedó acá. Quiere saber si se lo puedo dar. Si se lo puedo dejar al portero.
-No, al portero no se lo doy -digo-. Me da vergüenza. Tocame el timbre y lo bajo.
-Me parece mejor. Más civilizado. Estuve hablando con Malena, y me parece que vos sos un buen tipo, te quise mucho, y me gustaría que fuéramos amigos.
¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿LO QUÉ??????????????? -pienso.
-Quizás no ahora -sigue-, quizás dentro de un par de años. Pero quiero que sepas que te respeto mucho y me gustaría que fuésemos amigos.
-Mirá, Sonia 04. Yo quiero que vos estés bien, en serio. Pero ser amigos, la verdad no.
Y que me empieces a contar que salís con tipos casados como hiciste con Rafael ni en pedo, pienso.
-No, yo digo en unos años. Cuando pase el tiempo.
-Cuando pase el tiempo quizás estemos muertos. Acá nos hicimos mucho daño, Sonia 04. Es irremediable, y lo mejor es que cada uno siga su vida. Si querés, te doy un consejo: la próxima vez que salgas con alguien, no lo vuelvas loco hablándole de tus ex.
-No quiero escuchar tus consejos.
-¿No querías ser mi amiga?
-En unos años.
-Ah. Bueno, ¿pasás mañana?
-A las 8, ¿está bien?
Pienso en lo que me cuesta despertar, desde el Rivotryl.
-No, mejor a las 10.
-No, yo tengo que ir de Malena... ¿Pero a esa hora vos no estás en el trabajo?
-Estoy de vacaciones. ¿Te acordás que íbamos a ir a Nono?
-Ah.
-¿A qué hora?
-Salgo de Malena... Dejame pensar... Tipo 11 y media, ¿está bien?
-Está bien.
-Lo de ser amigos lo dije en serio, eh.
-Yo también dije que no en serio.
-Pero en unos años.
-Hasta mañana, Sonia 04.
Y cuelgo.
Mañana me tengo que cruzar de nuevo con esta, pienso.
Otro medio Rivotryl.
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Sonia 04: Empiezo mis vacaciones
Lunes 19 de febrero de 2007.
Despertarme sin despertador está bueno. El Rivotryl extiende el remoloneo, más allá del calor. Se suponía que hoy Sonia 04 y yo íbamos a estar en Nono. Se suponían muchas cosas.
Hoy empiezan mis vacaciones de una semana. Qué bueno.
Medio Rivotryl.
Me calzo los pantalones cortos. Salgo a chequear mails. Mi desconocimiento del barrio es grande. Lo poco que conozco de cybercafés es en los alrededores del depto/consultorio (intercambiar según el uso que corresponda) de Sonia 04. No quiero cruzarme con ella. No quiero verle la cara. Camino por avenidas, busco. No encuentro. Pero la reputa que lo parió, Buenos Aires está repleto de cybercafés y justo hoy no encuentro ninguno. Termino en la calle Rosario, cerca de Primera Junta, en un local mugroso. Al menos en todo el trayecto no me crucé con Sonia 04.
Paso por Parque Rivadavia. En uno de los puestos, me compro una versión pirata del PC Fútbol. Tenía pensado escribir, pero no estoy de ánimo.
De regreso al depto, instalo el juego. Me paso el resto del día ante el monitor, diseñando estrategias de ataque y defensa, probando jugadores, comprando, vendiendo. Cerca de las once de la noche, salgo campeón y me alegra. El mundo virtual tiene esas cosas.
Otro medio Rivotryl a la noche.
Y dormir, luego de mi primer día de vacaciones.
Etiquetas: Sonia 04
Sonia 04: Trilogía
Domingo 18 de febrero de 2007.
Me despierto. Compro el diario. Compro facturas. Desayuno solo. Entre dos medialunas, tomo medio Rivotryl.
Almuerzo con mi familia. Voy hasta la casa de mi vieja. Mi abuela no deja de abrazarme, de decirme que me quiere, que desea que yo esté bien. Le digo que estoy bien. Mi hermano me dice que no perdí nada y gané mucho. Me hace escuchar un par de canciones que compuso. De música no entiendo absolutamente nada, pero hay varios que me gustan.
La perra es algo aparte. Me tiro en el piso, brazos extendidos, y me hago el muerto. Cuando ella se da cuenta, corre desesperada hasta mí, apoya una pata delantera a cada lado de mi cuello, las traseras sobre mi pecho, y comienza a lamerme. Lo hará hasta que abra los ojos, lo sé, hasta que ella crea que acaba de resucitarme con tanto cariño. Demoro bastante, el abrir los ojos. Disfruto bastante, entretanto.
Comemos milanesas a la napolitana.
De regreso al depto, selecciono cds. Mientras lo hago me pregunto qué hará, ahora, Sonia 04. ¿Sufrirá? ¿Llorará? De ser así, ¿por qué? ¿Porque me perdió? ¿Porque se perdió? ¿Porque tiene miedo del futuro? ¿Porque aparecen demasiadas preguntas y Gaby, su analista titular, está de vacaciones?
Elijo la trilogía de X-Men.
Empiezo a las cinco de la tarde. Las tres de corrido. El home theater, muy fuerte. Las películas están bárbaras, y verlas así más aún.
Yo no estoy tan bien, pero bueno, supongo que tiene que pasar.
Antes de dormir, me tomo otro medio Rivotryl.
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Sonia 04: ¿Y si hago lo mismo?
Sábado 17 de febrero de 2007.
Me despierto, solo, sin despertador, a las 8. En dos horas viene Sonia 04 con quién sabe. Poco antes, debería llegar el Libanés. Lo que más deseo, en este momento, es que la visita de Sonia 04 sea lo más breve y lo menos traumática posible. Estoy despierto, puedo hacer cosas, el movimiento se demuestra andando, por lo que me pongo a hacer. Corro la mesa del comedor -mi mesa, por suerte no le hice caso a Sonia 04 en cuanto a tirarla a la basura antes de mudarme-, dejo suficiente espacio y comienzo a apilar las cosas que, supongo, Sonia 04 deseará llevarse hoy. En poco menos de media hora, conformé un bloque vecino a la puerta del departamento en el que están sus almohadones, sus puff, el tender, su computadora -ya sin los archivos de sus ex, claro-. Es una pila considerable en tamaño, no tanto en cantidad de objetos -al fin y al cabo, ella había dejado la mayoría de sus cosas en su departamento que luego fue consultorio y ahora definitivamente es su departamento-. Me preparo un café. Me pregunto si deseará llevarse el lavarropas. ¿El sommier? Bueno, suspiro, que haga lo que quiera. Como siempre.
9 y media. Llamo al Libanés. Ayer lo despedí mientras se iba de partuza, temo que la resaca le impida venir, que deba enfrentarme solo al monstruo bi o tricéfalo -ya dije que no sé con cuántas personas vendrá Sonia 04-. El teléfono suena, él atiende enseguida.
-Quedate tranquilo, nene -me dice-, ya estoy saliendo.
Cuando el Libanés llega, casi diría que lo amo. Tiene dos ojeras que parecen restos de una golpiza, la mirada somnolienta, los labios entreabiertos de quien ha dormido poco y hasta le cuesta respirar. Pero no sólo me dijo que iba a venir, sino que sabe que, venir, es importante. Casi diría que lo amo. Pero no, lo quiero mucho.
Nos sentamos en el sommier del comedor, sólo resta esperar.
-¿Y anoche qué tal estuvo? -pregunto.
-Tomé de too -dice él-. Me debés un gran favor, eh.
-Claro, querido, claro.
Diez y pico, suena el timbre. El de abajo. Yo estoy meando, el Libanés no sabe cómo abrir, cuando llego a la cocina el visor muestra que ya no queda nadie en la calle. ¿Con quién vendrá?
Abro la puerta. Sonia 04. La madre de Sonia 04. El padre de Sonia 04. Sonia 04, a diferencia del miércoles cuando estaba bastante cocorita, hoy muestra un gesto cansado, dolido. La madre y el padre, siento, están con cara de culo. Supongo que no debe ser muy agradable, para ellos. Supongo que no es agradable para nadie que tenga más de sesenta años, tener que ayudar en una mudanza de una hija de casi cuarenta años porque no encontró a otra persona que la ayude.
Sonia 04 se sorprende, al ver que está el Libanés. Mejor.
Sonia 04 se sorprende, al ver las cosas apiladas. Mejor.
Sonia 04 y su madre se dedican a sacar las cosas hacia el pasillo. El padre, en cambio, está de pie junto a la puerta, contra la pared, inmóvil. Tal como diría después el Libanés: "el tipo tenía cara de que no sabía qué hacer, que no podía creer que le estuviera pasando eso, que su hija se hubiese mandado cagada semejante". No coincido con la última parte de la afirmación -sólo malcriando mucho, se logra alguien como Sonia 04-, pero sí, a la distancia, con las dos primeras.
La madre de Sonia 04 se maneja como si siempre hubiese hecho ese tipo de cosas. Imagino que ya debe haber hecho algo similar cuando Sonia 04 dejó la casa donde vivía con Rafael, cuando quería recorrer el mundo.
En un momento, Sonia 04 va al cuarto de las computadoras. Queda su escritorio. No lo traje porque no sabía cuánto se iba a llevar, si vendría con flete. Cuando ella desaparece por el pasillo, el Libanés me susurra:
-Elemental, me siento recontraincómodo, con esto de que estemos sentados. ¿Por qué no ayudamos y todo termina más rápido?
-Tenés razón, metámosle pata.
Vamos al cuarto. Al llegar, el Libanés le dice a Sonia 04:
-¿No querés que te ayudemos?
Ella hace el mismo mecanismo que en la última sesión de terapia de pareja. De repente los ojos están tranquilos, de repente -luego de que traga saliva, luego de que se esfuerza- se llenan de lágrimas.
-Dejá, si ya está todo mal... -dice.
-Bueno, te ayudamos igual -digo.
Y el Libanés y yo sacamos el escritorio al pasillo.
En un momento, Sonia 04 me dice:
-¿Podemos arreglar el tema dinero?
Vamos al cuarto de las computadoras. En la mía hay una base de datos con todos los gastos, discriminada por día y por quién efectuó los pagos. Le muestro. Los números no mienten. Los gastos cotidianos y de compras de productos baratos para el depto, estamos a mano. Yo le estoy debiendo: a) la mitad de los gastos de ingreso al depto ($1.930); b) la mitad del sommier y la biblioteca.
-Mirá -digo-, me parece que lo más práctico es que te quedes con el sommier y con la biblioteca, porque acumular más deuda de mi parte, sin saber siquiera cuándo te lo voy a poder pagar, me parece al pedo.
-Es que yo no quiero salir más perjudicada en esto, económicamente -solloza Sonia 04.
-Es que no te estoy perjudicando. Te voy a pagar la mitad de lo que costó entrar al depto, en serio. Si querés, no sé, asumo también la mitad de lo del sommier y la biblioteca, pero no sé cómo lo dividimos. ¿Lo serruchamos?
-No, dejá. Igual, ¿para qué quiero yo una biblioteca?
Recuerdo su rapiestant con obras de Osho. Sí, una biblioteca es un poco mucho.
-¿Querés que me la quede, y te la pago cuando pueda?
-No, dejá.
-Ok, entonces te quedo debiendo $1.930. ¿Está bien?
-Está bien.
En el comedor, la madre de Sonia 04, decidida, ya termina de ordenar las cosas en el pasillo. En un momento, Sonia 04 pregunta:
-¿Y el cuadro que me regalaste?
Su tono delata que ya sabe la respuesta. Su tono delata que ya sabe la respuesta pero desea exponer ante sus padres que su ex pareja es un villano, un miserable. Dado que no pienso volver a ver a esta gente en mi vida, la imagen de miserabilidad no me afecta.
-No está -digo, suscinto.
El Libanés contiene la respiración: tanto el cuadro como la licuadora están en su casa.
Sonia 04 asiente, como si le gustara haber llegado a este punto.
-O sea que me sacás todo -dice, bien fuerte-. Sería como que yo te pida todo lo que te regalé. ¿Y si yo hago lo mismo?
-Todo lo que me regalaste está a tu disposición. Si lo querés, te lo doy ahora.
Sonia 04 asiente, como si el haber llegado a esto le provocase un orgasmo.
-No, dejá. Quiero que quede en claro cuál es la diferencia entre vos y yo.
Y yo me quedo callado.
Sonia 04 va a la cocina. La madre casi sale corriendo detrás de ella. Se escucha que hablan en susurros. Sonia 04 regresa al comedor, y dice:
-¿Sabés qué? El celular sí lo quiero.
-Dale, no hay drama -digo-. Dejámelo un par de días, así tengo tiempo a ir a comprar otro y cambio el chip.
Se queda tiesa.
-Bueno, está bien.
Me preguntan por el depto, por cuándo lo dejo. Digo que creo que a fin de mes.
Y se van.
Casi en simultáneo, llama mi vieja.
-Tengo una buena y una mala noticia -dice.
-¿No podía ser sólo una buena?
-La mala es que los que ocupan el departamento que reservamos van a tardar quince días más en mudarse.
-¡Pero la puta madre! ¡Yo me tengo que ir de acá cuanto antes, no sabés lo que es esto!
-Quedate tranquilo, que encontré otro departamento. Hermoso, mucho más lindo. Vení ya mismo a verlo y lo reservamos.
-¿Tenés plata?
-Claro.
Me pasa la dirección. Anoto. Le digo al Libanés las novedades. Él se asombra.
-Elem, no ganás para sustos.
-Si sobrevivo esto -digo-, me dan un premio.
Salimos del edificio. Sonia 04 y sus padres están en la puerta, acomodando las cosas en el coche. No tengo la más remota idea de cómo meterán la biblioteca, pero bueno, allá ellos.
Abrazo al Libanés, le propongo vernos a la noche, dice que sí pero que ahora lo que más desea es dormir.
-Te estoy en deuda eterna -digo.
-Dejate de romper las pelotas.
Me subo a un taxi. Tengo que ver otro depto, reservarlo, escapar de acá cuanto antes.
Luego, el Libanés me contará que cuando me fui se quedó viendo cómo Sonia 04 discutía con sus padres, a los gritos en la calle, por cómo introducían las cosas en el coche.
El depto que encontró mi vieja es en Palermo. Charcas y Virasoro. Segundo piso. Dos ambientes. A la calle.
-¿Te gusta? -me pregunta, mientras la empleada de la inmobiliaria observa expectante.
Es caro. Es lo único que conseguimos en medio de tanto quilombo. Voy a estar ajustadísimo de guita. Estoy angustiado por todo lo que pasó recién.
-Sí, está bien -digo.
Pagamos la seña. El contrato se firmaría el próximo viernes.
Al llegar a lo de mi vieja -vamos a almorzar con mi hermano y mi abuela-, me siento en el sillón del comedor, miro por la ventana. Mi perra se sube al sillón, me tira lametazos. La abrazo. Me pongo a llorar.
Le envío un mensaje de texto a Sonia 04, quien quiere estar en el depto cuando yo me mude: "¿Estás segura que querés estar cuando me mude? Me parece que hoy ya cubrimos la cuota de lo desagradable, ¿no?".
Ella responde: "Lo de hoy fue muy doloroso para todos. Tenés razón, no voy a estar en la mudanza. Quedate con el celular."
Por la tarde, me encuentro con la Trotamundos. Le cuento casi todo lo que no le conté antes.
-Relación jodida -dice-, entre una mujer que se tiene que demostrar a sí misma que no es un monstruo y un hombre que se tiene que demostrar que puede formar una pareja. Vos te demostraste que no se puede, con un monstruo. Ella se demostró que no puede dejar de ser un monstruo.
Algo así como una moraleja, pienso.
-Pero estoy tranquila, porque te veo bien, entero -dice.
La miro. De repente, comprendo que tiene razón.
Por la noche, viene el Libanés. Le hago ver "Alta fidelidad". A Sonia 04 no le gustó. Al Libanés le encanta. Uno tiene que elegir mejor con quiénes hace ciertas cosas, aprendo.
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miércoles, 9 de mayo de 2007
Sonia 04: Pum para arriba
Viernes 16 de febrero.
Las amistades, lo seres queridos, me rodean de algodones. La noticia corrió más rápido que gallina en Uganda. Nadie me habla directo del tema, salvo que yo lo saque, pero me doy cuenta de que está ahí. Sonia 04 está ahí, de alguna forma, invisible, detestada por todos. Y ninguno sabe todo. Digo, todos se irán enterando de la totalidad a medida que lean el blog, en el futuro para ellos, en el pasado para ustedes que están leyendo. Los que más saben, saben un 10%. Y la odian. Y me dicen todo lo que no decían durante el noviazgo.
En el trabajo, creo que lo saben hasta mis jefes. Nadie me pide nada, y si hago algo es por voluntad propia, porque estoy aburrido. Me preguntan qué haré la semana que viene, que tengo vacaciones. Digo una sola palabra: descansar. Digo otra palabra: mudarme. Me dicen, medio en broma medio en serio, que esperan la fiesta de inauguración en el piso 22, viendo todo Buenos Aires en la noche.
Al mediodía, escribo en el blog. Posteo esto. Siento que ya estoy como para ponerme a escribir. Mejor dicho: siento que tengo que escribir o me vuelvo loco. La escritura, lo sé, calma la angustia de una forma muy distinta al Rivotryl que sigo consumiendo.
Por la noche, fiesta. El Libanés inaugura su depto, el mismo en el que no pude colaborar con la mudanza porque seguía a Sonia 04 en busca de sommiers y otras quimeras que se disfrazaran de su búsqueda enigmática, que jamás alcanzará a satisfacerla. Llego temprano porque traigo la licuadora y el cuadro que le regalé a Sonia 04: no quiero que los tenga, no quiero que le quede nada mío, y el Libanés se ofreció a almacenarlos hasta tanto me mude. Llego temprano, y ya está la Cuyana. Me pregunta cómo estoy. En estos días, me preguntan mucho, cómo estoy. Y no es el saludo típico, digo, quieren saber cómo estoy en serio porque no saben si la respuesta será bien. Rato después llega la Trotamundos, que me abraza. El Tarta apela a cierta complicidad -me parece que a mi novia le voy a dar una patada en el culo, así que ambos estaremos solteros-. El Ganador llega más tarde, no comenta nada, creo que es el único del círculo íntimo que no sabe nada. Remolacchio, encara directamente a lo que nos apasiona a todos: literatura. Hablamos de los libros que estoy preparando para la editorial grande, conversamos de Houellebecq, de otros autores, en una de esas conversaciones, comprendo, comparo, que a Sonia 04 la hubiesen llevado a decir:
-Ay, yo de eso no entiendo nada.
La reunión transcurre, pedimos pizza, tomamos cerveza -yo no, el Rivotryl está contraindicado para mezclar-, llegan el Escritor Delirante y su novia, quien para mí es una de las mayores promesas de las escritoras de sexo femenino de la Argentina -y es inédita, qué pecado-, la Chicche. La reunión transcurre, y me doy cuenta de que estoy entre pares, que disfruto, que me gusta hablar de estas cosas, que me gusta provocar con frases altisonantes que sean entendidas sólo por algunos, que me gusta reírme de ironías que otros no captarían, que me gusta que el Libanés le mire el culo a Gajo cuando cree que nadie se da cuenta -y todos se dan cuenta-, que me gusta que la Cuyana y la Trotamundos hablen de ropas como si fuesen Ante Garmaz, que me gusta estar en un grupo de pertenencia, entre gente a la que valoro y me valora. En el transcurso de la reunión, cada cosa es comparada por mí, involuntariamente, con Sonia 04. Con ella esto no lo hacía, a ella esto no le gustaba, ella esto no lo entendía, ella esto lo despreciaba. En el transcurso de la reunión, capto que ella era muy distinta a mí, que pertenecíamos casi a planetas diferentes, a constelaciones opuestas -y no complementarias, lo cual, sí, sería muy recomendable-. Acá, lo sé, estoy con buena gente. Ella, comprendo, era otra cosa.
En un momento, el Libanés propone que el grupo se traslade a un pub, donde un amigo suyo da una fiesta. Todos dicen sí, claro. Yo me despido, no sin antes recordarle al Libanés que mañana lo espero a las 10 porque no quiero estar en casa solo cuando venga Sonia 04 -vaya uno a saber con quién viene, si la vez pasada la acompañó Gladiola-. Me insisten en que vaya con ellos, pero les digo que el Rivotryl me palma. Exagero. En verdad, lo que sucede es que soy de los prefieren recuperar sus cosas de a poco, con la intención de nunca olvidar que se perdieron.
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