miércoles, 30 de mayo de 2007

Sonia 00: Prólogo 12: Ni el tiro del final (2)

-¿Te parece raro?

Mi hermano y yo en un taxi, que primero me dejará en casa, y luego seguirá hasta la de él. Como de costumbre, yo pagaré la totalidad del recorrido.

-¿Qué cosa? –pregunta.

-Nada, que todos ustedes están tan mal por la noticia y yo como si nada. No, como si nada no. Nada. No siento nada. Y se supone que es mi viejo, no el tuyo o el de María. Es decir, yo tendría que estar shockeado porque mi papá se volvió loco, y no ustedes. Mamá… Bueno, ella se deja seducir por todas las cosas que la pongan mal, así que no es raro, o no tanto. Y la abuela es vieja. Pero te juro que yo no siento nada. ¿Te parece extraño?

Mi hermano estudia psicología, sigue los pasos de mamá y de su padre, y supongo que quizás tendrá una respuesta interesante, o al menos útil. Hay momentos en que creemos que cualquiera puede tener una respuesta para la pregunta que nos angustia. Y esta noche incluso mi hermano es cualquiera.

Él se encoge de hombros:

-Si no lo sentís…

El taxi dobla, y entramos en una calle en que la iluminación es sólo el recuerdo de la avenida.

-Hay algo que no entiendo –digo-. Mamá dijo que está en un psiquiátrico, que se volvió loco.

-Algo así.

-Bueno, pero también dijo que antes de eso pasó un mes internado en el Vicente López. Hasta donde yo sé, es un hospital común. Y, hasta donde yo sé, el hospital común no es el destino de los depresivos o de los locos. Si fue hasta ahí, si lo tuvieron un mes internado antes de derivarlo, es porque había un problema orgánico. Y un mes… Tiene que haber sido grave. Si sumo depresión con algo grave, bueno… ¿No sabés si trató de matarse y por eso lo internaron en el hospital?

Mi hermano vuelve a encogerse de hombros.

Nos despedimos en la puerta de mi casa. Bajo del taxi y, cuando me dirijo hacia la puerta, luego del beso, siento que mi hermano me palmea la espalda. Dos golpes leves, con la mano abierta.

Aunque me cuesta conciliar el sueño, duermo como siempre. Cuando a las siete y media de la mañana suena el teléfono, al escuchar que mi abuela del otro lado de la línea me pregunta si estoy bien, comprendo que quizás no lo estoy.

Sonia 00: Prólogo 11: Ni el tiro del final (1)

Al llegar a casa de mamá para una cena familiar, me encuentro con la sorpresa de que las únicas presentes son mi abuela y la perra. Mamá aún espera en la terminal de Retiro el arribo del micro en el que mi hermana llegará desde Santa Clara del Mar, y mi hermano llamó para avisar que no consigue colectivo y que llegará con retraso.

Empezamos a cenar recién a las diez. A las once y cuarto, luego del café, me colocp la campera de jean para irme cuando la voz de mi madre me detiene.

-Sentate, tenemos que hablar.

El hecho de que afirme “tenemos que hablar” no es novedoso: cualquier motivo es, según ella, una buena excusa para el diálogo. Sin embargo, la frase incluye el consejo -¿la orden?- “sentate”, lo cual indica que el asunto es importante. Por otro lado, lo dejó para el final, como si hasta ahora no hubiese encontrado las palabras adecuadas.

-Tengo una mala noticia –dice, para disipar dudas.

Me siento. La abuela está a punto de llorar. Mis hermanos, compungidos, regresan del comedor. Mamá mira el piso. La única en la cocina que –además de mí- parece no estar al tanto de la noticia es Malena, que continúa en sus intentos por treparse a la mesa para robar los restos de las masas que acompañaron al café.

-Hoy me llamó Vilma -dice mamá.

Vilma es la segunda esposa de mi viejo, con la que tuvo otros dos hijos. El “hoy me llamó Vilma” significa que a papá le pasó algo.

“Se murió”, pienso.

No. En verdad pienso: “al fin se murió”.

-Tu papá está internado –dice mamá-. Está muy mal.

Silencio.

-Tiene lo que se merece –digo.

Los cuatro me miran con una combinación de sorpresa y espanto. La voz de mi madre contiene sus nervios:

-Tu padre está internado en un psiquiátrico. Tiene depresión. Pero depresión en serio.

-¿Se volvió loco? –pregunto.

-Algo así –dice mamá-. Antes estuvo internado en el Hospital Vicente López, y ahora lo derivaron al psiquiátrico. Está mal. Muy mal.

Hace una pausa escénica. No sé qué respuesta esperaba de mi parte, pero lo que digo la sorprende:

-Aviso que lo de renunciar a su herencia queda sin efecto.

En su momento yo había dicho que, dado que en vida mi padre no me había dado nada, tampoco deseaba nada suyo cuando muriese. Me parecía una postura digna. Hoy me resulta una estupidez, pero era lo que había dicho en varias oportunidades antes de esta noche, y si papá está por morirse no me restan demasiadas chances para modificarlo.

-No digas eso –grita mamá.

-¿Por qué? Si es lo que pienso…

-Está muy mal, Elemental.

-¿Está muy mal él, o está muy mal lo que dije?

-Las dos cosas.

martes, 15 de mayo de 2007

Sonia 04: Epílogo 5: Algunas consecuencias de la relación con Sonia 04

  • El cuadro que le regalé y pedí de vuelta decora, imponente, mi comedor.
  • Decidí que la próxima vez que conozca a alguien y haya amague de convivencia, que vengan a mi depto así no pierdo otro alquiler.
  • Tengo una licuadora que no utilizo porque no me gustan los licuados (si a alguien le interesa, la regalo).
  • Vivir solo ha tomado un gustito nuevo, delicioso.
  • Tengo que bancarme que cada vez que algún/a amigo/a (en especial los que vieron a Sonia 04) quiere presentarme a alguien y yo digo que no me gusta, me digan "mirá, nene, si vos saliste con eso...".
  • Deuda económica institucionalizada: $6.000. Si sumo diferencia de contrato depto nuevo con el depto viejo, llego a $10.000.
  • Mis jefes, que se enteraron y sabían ya de Sonia 00, están mucho más comprensivos conmigo.
  • Escribí el blog y, creo, en algunos tramos es de lo mejor que escribí.
  • Como la Trotamundos me vio muy mal, ahora, cada vez que me ve, lo primero que me dice es "te veo muy bien".
  • En la primera sesión con mi nueva analista perdí como treinta minutos en recalcarle que me importaba mucho la confidencialidad de nuestros encuentros.
  • Cada vez que tengo una cita, involuntariamente entra en juego Sonia 04: cada cosa que dice o hace la partenaire de turno, se convierte en un posible llamado de alerta. Este error me hizo equivocar con Sonia 06. Espero que mengúe.
  • No vuelvo a pisar el barrio de Caballito.
  • Mi hermana me carga, porque una vez vio a Sonia 04 -post-ruptura- en la milonga y me dijo: es tan fea que ella tiene que sacar a los tipos.
  • Mi madre ya no insiste tanto en que debería conseguir pareja.
  • Mi madre dejó de hacer cualquier tipo de comentario acerca de su deseo de tener nietos.
  • Mi abuela me llama todos los días para saber si estoy bien.
  • Los amigos, en general, me recomiendan que la próxima vez les cuente todo durante la relación, porque enterarse sobre el final les inspira lástima y bronca.
  • Creo que me voy a comprar un perro o un gato (no, gato no: dicen que soltero con gato es igual a gay).
  • Hay momentos en que siento que, si sobreviví eso, puedo sobrevivir cualquier cosa. No está mal.

viernes, 11 de mayo de 2007

Sonia 04: Homo faber

Domingo 25 de febrero de 2007.

Despierto, compro el diario, desayuno en La Maie. Definitivamente, este lugar me gusta. Estoy medio boleado, el Rivotryl combinado con la música de anoche, pero aún así aprecio las medialunas de grasa -las verdaderas, no esas mierdas que tienen dulce arriba para tapar el gusto de si las hicieron bien o no-. Para futuro incentivo del Libanés, las camareras están muy bien. Un poco lentas, pero muy bien.

Voy a almorzar a lo de mi vieja. Ella y mi abuela me preguntan qué tal la primera noche, cuando les cuento del boliche mi abuela se lleva la mano a la boca, horrorizada, y lanza un iiiiiiiiii con el aire hacia adentro que le es característico y por el que siempre la cargamos. Mi vieja dice que bueno, preferible esos ruidos y no otros. Es la forma que elige para referirse a Sonia 04.

Vamos con mi hermano al Easy. Compramos la alacena para armar, y lámparas para colocar. En lo eléctrico, ayudará el Preceptor el próximo martes. Hoy, mi hermano.
Con él armamos una mesa para el televisor, home theater y el reproductor de DivX. Ambos somos lo que usualmente se define como inútil hogareño, pero nos las ingeniamos. El manual con las instrucciones, además, es sumamente práctico. La terminamos, queda perfecta, casi diría que linda.
-Me tengo que comprar una -dice mi hermano-. Está buenísima. Y la armamos nosotros.
-Somos homo faber, nene. Finalmente, somos homo faber.
Con la ayuda de un manual de instrucciones, claro.

Mi hermano se marcha. Le digo que puedo armar solo la alacena. Es alta, angosta, blanca. Desarmo la caja, separo los componentes, leo las instrucciones. Lo hago en la cocina, que está un poco más fresca que el resto del departamento. Pongo manos a la obra, y de repente las acciones toman el valor de lo simbólico: pedazos sueltos de madera a recomponer, ensamblar. Mi vida hoy, pienso. Tomo el destornillador, la base de la alacena. Obro febril, concentrado, como si se me fuera la vida en esto, como si armar esta alacena fuese una representación de las posibilidades que tengo de levantarme luego de la caída estrepitosa que significó Sonia 04 en mi vida. Pongo música, los Redondos, sigo. Colocar un estante y que se sostenga entre las paredes, que las gotas de transpiración caigan sobre la madera. Ponerlo de pie, ensamblar la puerta para que pueda abrirse y cerrarse. Terminar la alacena, mirarla ahí, de pie, en el centro de la cocina, pura materialización de esperanzas. Está ahí, pude armarla, solo. Está ahí, de pie, como yo. Con la puerta un poco torcida, es cierto, pero a esta altura uno no le puede pedir tanto a la vida, ¿no?

jueves, 10 de mayo de 2007

Sonia 04: Somos tan constructivos y civilizados

Martes 20 de febrero de 2007.

Despierto. Boca pastosa. Quizás tendría que aflojar con el Rivotryl. Desayuno. Voy hasta la computadora, la enciendo, me freno. No me tengo que poner a jugar con el PC Fútbol, porque me cuelgo y después pierdo todo el día. No, soy un tipo productivo, esta semana me mudo. Mientras pienso en eso, suena el teléfono. Atiendo. De la inmobiliaria -la nueva, la del depto de Charcas y Virasoro-, quieren avisarme que ya cotejaron la garantía de mi vieja, que está todo bien, que se comunican con el dueño y coordinan un horario para que la firma del contrato sea el próximo viernes. Cuelgo. Le mando un mensaje de texto a mi vieja para avisarle de la novedad. Cinco minutos más tarde, me llama, contenta. Diez minutos más tarde llama mi abuela, también contenta, me pregunta si estoy bien. Me está empezando a cansar, que todo el mundo me pregunte si estoy bien. Pero bueno, lo hacen porque me quieren.

Salgo. Estoy de buen humor, con la novedad. Voy al mismo locutorio de ayer. Sí, ya estoy en condiciones de escribir. Posteo esto en el blog.


Por la tarde, después de almorzar, voy a la Clínica y Maternidad Suizo Argentina. Ayer la Trotamundos me mandó un mensaje de texto en el que me avisaba que la Mujer Imperfecta había dado a luz. Antes de llegar, dudo: ¿compro o no un ramo de flores? ¿Se sigue usando? ¿Qué carajo se estila, en una situación así? ¿Le convido de mi Rivotryl?
Mientras subo en el ascensor, me pregunto si no molestaré. Entro, y si veo que están apoliyando o algo así, me voy a la mierda, me prometo.
Llego. Golpeo la puerta. Es irónico, pero en este mismo piso estuve internado, hace un par de años, cuando mi primera trombosis. Del otro lado, me dicen pase. Paso. Atravieso el cuarto de hall, llego a donde la Mujer Imperfecta, sentada, le está dando el pecho a su hija recién nacida.
-¡Elemental, qué sorpresa!
La saludo con suavidad. No sé si darle un beso a la beba, no sé cómo es la problemática de los gérmenes en estos casos, aunque también tengo miedo que piensen algo que no es cierto -que no me gustan los bebés-, así que en lugar del beso digo:
-¡Qué linda!
Está el marido de la Mujer Imperfecta, que es el Hombre Imperfecto. Simpático, fachero. Enseguida, nos ponemos a charlar. Yo al principio lo hago en susurros, para no despertar a la beba, pero luego me acostumbro. Les pregunto cómo fue el parto, las condiciones de la prepaga, qué se siente. Me cuentan, divertidos. Es extraño, verlos ahora. Sin distintos, no los mismos que vi la última vez en lo del Piletero. Ahora son Padres. Sin embargo, la Mujer Imperfecta se lo ha tomado con naturalidad, como parece tomarse, siempre, todo.
-Me enteré que volvés al blog -dice, con una sonrisa comprensiva.
-Y, tengo que hacer algo con todo lo que pasó, ¿no?
-Tengo una amiga que es re fanática. Se puso re contenta, cuando le dije que volvía, dice que ahora va a tener qué leer en el laburo. Yo le dije que no se pusiera tan contenta, que si volvías era porque habías cortado y debías estar hecho mierda.
-Y, sí.
Dejo pasar un segundo.
-¿Y qué tal está, tu amiga?
-Es muy linda, muy inteligente. ¿Querés que te la presente? Ah, no sé, ella lee el blog, tiene miedo que después escribas sobre ella...
-Si le prometo que no escribiré sobre ella, ¿serviría?
-Pero... ¿Querés que te la presente? ¿Ya?
-No, la verdad que no. Por ahora no. Dame un par de semanas, por lo menos.

Cuando salgo de la Clínica, camino hacia el Abasto. En el trayecto, recuerdo la imagen de la Mujer Imperfecta con su beba en brazos, y el Hombre Imperfecto que las miraba babeándose. No sé por qué, pero me pongo a llorar en la calle.

Me encuentro con el Preceptor. La idea es ir al cine. Sacamos entradas para ver "Letters from Iwo Jima", de Clint Eastwood. Vamos a comer, me pregunta por las novedades. Le cuento.
-Lamentable, lo del celular. Cuando vos le sacaste las cosas no fue por la guita, fue por otra cosa. Esa mina no entiende nada nunca. Es increíble que nunca haga una bien. Es un monstruito.
-Y sí -digo.

Medio Rivotryl antes de entrar al cine.

Cuando empieza la película, apago el celular. La peli no está mal. Me gusta, aunque me cuesta concentrarme.

Cuando salgo del cine, enciendo el celular. Enseguida, llamada perdida. Mi vieja que quiere festejar por el depto, pienso. Escucho. Sonia 04. Mierda. Escribo un mensajito: "bancá que después te llamo".
-¿Quién era? -pregunta el Preceptor.
-Mi vieja -digo.
No quiero preocuparlo.

La llamo cuando llego al depto, media hora después. Me saluda con afecto. ¿Está drogada? Le explico que tardé en responderle porque fui al cine, no de maleducado.
-¿Fuiste al cine? Qué bueno -dice-. ¿Qué viste? ¿El perfume?
¿Por qué mierda me pregunta esto? ¿Qué carajo le importa?
-No -respondo.
-Ah.
Me explica los motivos por los que me llamó. Aparentemente, su módem de Speedy -el que tenía en su depto/consultorio/depto- quedó acá. Quiere saber si se lo puedo dar. Si se lo puedo dejar al portero.
-No, al portero no se lo doy -digo-. Me da vergüenza. Tocame el timbre y lo bajo.
-Me parece mejor. Más civilizado. Estuve hablando con Malena, y me parece que vos sos un buen tipo, te quise mucho, y me gustaría que fuéramos amigos.
¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿LO QUÉ??????????????? -pienso.
-Quizás no ahora -sigue-, quizás dentro de un par de años. Pero quiero que sepas que te respeto mucho y me gustaría que fuésemos amigos.
-Mirá, Sonia 04. Yo quiero que vos estés bien, en serio. Pero ser amigos, la verdad no.
Y que me empieces a contar que salís con tipos casados como hiciste con Rafael ni en pedo, pienso.
-No, yo digo en unos años. Cuando pase el tiempo.
-Cuando pase el tiempo quizás estemos muertos. Acá nos hicimos mucho daño, Sonia 04. Es irremediable, y lo mejor es que cada uno siga su vida. Si querés, te doy un consejo: la próxima vez que salgas con alguien, no lo vuelvas loco hablándole de tus ex.
-No quiero escuchar tus consejos.
-¿No querías ser mi amiga?
-En unos años.
-Ah. Bueno, ¿pasás mañana?
-A las 8, ¿está bien?
Pienso en lo que me cuesta despertar, desde el Rivotryl.
-No, mejor a las 10.
-No, yo tengo que ir de Malena... ¿Pero a esa hora vos no estás en el trabajo?
-Estoy de vacaciones. ¿Te acordás que íbamos a ir a Nono?
-Ah.
-¿A qué hora?
-Salgo de Malena... Dejame pensar... Tipo 11 y media, ¿está bien?
-Está bien.
-Lo de ser amigos lo dije en serio, eh.
-Yo también dije que no en serio.
-Pero en unos años.
-Hasta mañana, Sonia 04.
Y cuelgo.

Mañana me tengo que cruzar de nuevo con esta, pienso.

Otro medio Rivotryl.

Sonia 04: Trilogía

Domingo 18 de febrero de 2007.

Me despierto. Compro el diario. Compro facturas. Desayuno solo. Entre dos medialunas, tomo medio Rivotryl.

Almuerzo con mi familia. Voy hasta la casa de mi vieja. Mi abuela no deja de abrazarme, de decirme que me quiere, que desea que yo esté bien. Le digo que estoy bien. Mi hermano me dice que no perdí nada y gané mucho. Me hace escuchar un par de canciones que compuso. De música no entiendo absolutamente nada, pero hay varios que me gustan.
La perra es algo aparte. Me tiro en el piso, brazos extendidos, y me hago el muerto. Cuando ella se da cuenta, corre desesperada hasta mí, apoya una pata delantera a cada lado de mi cuello, las traseras sobre mi pecho, y comienza a lamerme. Lo hará hasta que abra los ojos, lo sé, hasta que ella crea que acaba de resucitarme con tanto cariño. Demoro bastante, el abrir los ojos. Disfruto bastante, entretanto.
Comemos milanesas a la napolitana.

De regreso al depto, selecciono cds. Mientras lo hago me pregunto qué hará, ahora, Sonia 04. ¿Sufrirá? ¿Llorará? De ser así, ¿por qué? ¿Porque me perdió? ¿Porque se perdió? ¿Porque tiene miedo del futuro? ¿Porque aparecen demasiadas preguntas y Gaby, su analista titular, está de vacaciones?

Elijo la trilogía de X-Men.

Empiezo a las cinco de la tarde. Las tres de corrido. El home theater, muy fuerte. Las películas están bárbaras, y verlas así más aún.
Yo no estoy tan bien, pero bueno, supongo que tiene que pasar.
Antes de dormir, me tomo otro medio Rivotryl.

sábado, 5 de mayo de 2007

Sonia 04: Point Break

Lunes 5 de febrero de 2007.

El día transcurre sin grandes sobresaltos. Sonia 04 me llama un par de veces, yo otro tanto. Tanteamos.

Cuando llego al departamento, me llaman de Telefónica. Quieren confirmar si mañana pasan a instalar Speedy, digo que sí, arreglo el horario.

Paso a buscar a Sonia 04 por el consultorio. Tenemos sesión/encuentro con Silvina. Ambos nos dirigimos con miedo. Uno de los efectos positivos de la terapia de pareja, una vez que se institucionaliza en los rituales de ir una vez a la semana, es que no se puede esquivar el bulto. Uno va, y no tiene mucha alternativa de mirar para otro lado. Caminamos por Doblas en silencio pero tomados de la mano. Hoy no llevo ningún escrito, Sonia 04 -espero- tampoco.

Silvina nos pregunta por la semana. Sonia 04 se pone a llorar. Yo me mantengo inmóvil. Sonia 04 dice que lo que descubrió es que nos hacemos mucho daño el uno al otro. Yo, callado. Sonia 04 dice que eso le da miedo, que la relación saca lo peor de ella y lo peor mío. Yo, callado. En un momento, Silvina me mira, pregunta qué pienso de lo que dijo Sonia 04. Carraspeo.
-Bueno, no sé bien cómo decirlo. Me siento cansado. El cuerpo no me da más. Me despierto cansado.
Silvina asiente. Dice que eso es por todo lo que está pasando. Dice que Sonia 04 y yo hemos pasado a conectarnos a través de lo malo, que empecemos a rescatar lo bueno. El problema, y no lo digo, es que no recuerdo bien qué es lo bueno. El problema, lo sé, es que soporté demasiado y, como dice mi abuela, cuando me harto no hay vuelta atrás. Sin embargo, y no lo digo, trato de no decir nada que quiebre la tensa armonía, a esta altura no encuentro en Sonia 04 ningún elemento que me resulte atractivo. Lo único que me frena, que me paraliza, es el hecho de que me mudé con ella, de que hay demasiadas personas en juego, además de nosotros. Sus viejos, le dije el otro día y lo reitero ahora, que hasta compraron el lavarropas. Mi familia, los amigos, todos los que creyeron que podíamos estar bien. Por ellos, dije y digo, estoy dispuesto a hacer el esfuerzo.
-Es que el resto no importa -dice Silvina, y dice lo mismo que dijo Sonia 04 cuando se lo comenté antes-. Ustedes tienen que reencontrarse entre ustedes, ver cómo salen de este atolladero, resolver los problemas.
El encuentro es breve. Cuando termina, Sonia 04 le dice a Silvina que quiere pagarle más, porque la semana pasada estuvimos como dos horas, con toda la discusión por la lectura de lo de Gaby y sus sanata. Silvina le responde:
-Gracias, Sonia 04, pero mis honorarios los fijo yo. Me quedé de más porque la situación lo requería.
Quizás no le importe tanto el dinero, pienso.

Regresamos a casa de la mano. Al salir no nos abrazamos, ni nos besamos. Caminamos de la mano, hablamos poco. Paramos en el supermercado, compro algunas cosas que hacen falta para la cena. Sin embargo, cuando llegamos no me pongo a cocinar. Vamos al sommier del comedor, nos sentamos. Ambos estamos angustiados, las cosas se fueron a la mierda y lo sabemos. Sonia 04 dice que podemos intentarlo, yo digo que será muy difícil pero que estoy dispuesto. Ella me pregunta qué es lo difícil.
-Que la mayoría de las cosas que te dije las pienso, Sonia 04. Cuando te llamé canalla, o monstruo, no me acuerdo, me refería a que no sentís culpa por todas las ocasiones en que le hiciste daño a otras persona. Y eso me preocupa, eso me hace temer que me hagas daño a mí. Digo, más daño. Y la culpa no te la puedo inventar: si no está, no está.
-El tuyo es un pensamiento muy católico.
-Todo lo contrario, Sonia 04. Te diría que es psicoanalítico. La ausencia de culpa es la perversión.
Ella me mira, ojos torcidos.
-Entonces mejor cortemos -dice.
Se levanta, va al dormitorio. Escucho que abre las puertas del placard.
-Me voy a dormir al consultorio -dice.
Me paso las manos por el rostro. No, no hay salida. Simplemente, no la hay.
Escucho que Sonia 04 va al baño, abre la ducha, cierra la puerta.
La angustia comienza a invadirme. No quiero llorar. O, mejor dicho, no quiero llorar y que cuando la angustia amaine suponga que está todo bien. Éste es el momento, ésta es la verdad de la relación. Ésta es Sonia 04, éste soy yo.

Hay una película extraordinaria que se llama "Point Break", con Patrick Swayze y Keanu Reeves. La directora, Kathryn Bigelow, no volvió a hacer películas extraordinarias. Una pena.
"Point Break" cuenta la historia de un grupo de surfistas que, para sostener su hobby, roban bancos con caretas de ex presidentes. Medio hippones, medio delincuentes, los surfistas tienen algo así como una filosofía de vida: lo que importa es surfear, enfrentarse a las olas. El líder de la banda, Patrick Swayze, en un momento le explica al policía infiltrado, Keanu Reeves:
-¿Por qué me gusta surfear? Porque me enfrento a algo inmenso. Porque me meto con la tabla en el mar, y veo las olas en sentido contrario, y me meto igual. Y hay un momento, que es el más maravilloso de todos, en que comienzo a subirme en la tabla, y sé que dependo tanto de mí como de esa tabla como de poder adaptarme a ese mar indomable. Ese punto es un punto sin retorno, de ahí no hay vuelta atrás.
Todos tenemos en nuestra vida puntos sin retorno. De hecho, tenemos identificadas acciones que, de efectuarlas, constituyen puntos sin retorno. Yo sé de uno. Ese uno es, en verdad, una persona. Si hablo con ella, en quien confío, en quien sé que me quiere, en quien sé que me desea lo mejor, sé que quizás la respuesta no será lo que deseo, pero sé, también, que por lo general será una respuesta racional. Y sé, por su forma de ser, por todos los años en que nos conocemos, que si yo confieso a algo y le expongo una posible solución, ella -si concuerda con esa solución- cuando pase el tiempo y trate de inventarme fantasías para tapar eso que vi con nitidez, me lo recordará. Y a veces no del mejor modo. Esa persona, aunque suene infantil, es mi vieja.
Mientras Sonia 04 se baña, antes de partir hacia su consultorio, me digo que no quiero permitir que ella mañana vuelva y llore y me diga perdoname lo voy a intentar, y me digo que no quiero permitirme creerle, mañana.
Levanto el tubo del teléfono. Marco los números. Suena tres, cuatro veces. Son las diez y media de la noche, quizás se durmió temprano. Atiende. Pregunta qué me pasa.
-¿Podemos vernos?
-Por supuesto, Elemental. Sabés que siempre contás conmigo.
Cuelgo.

Voy hasta el baño. Sonia 04 se asoma, me pregunta qué me pasa.
-Voy a salir. Voy a ver a mi vieja.
Ella tuerce los labios.

La paso a buscar. Toco el timbre. Ella baja. Vamos al Plaza del Carmen de Scalabrini Ortiz y Santa Fe. Una vez ubicados, me pregunta qué me pasa.
-Pasa que estoy mal -digo, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, que se mantendrán así todo el diálogo.
-¿Qué pasó?
-Las cosas con Sonia 04 no van.
-¿Cómo, no van?
-No van. No van más. No vamos a vivir más juntos.
Me toma de la mano, como para que si quiero llorar, llore. Pese a su intento moriacasanesco, me contengo.
-¿Pero estás seguro?
-Sí, estoy seguro. Te juro que es como vivir una pesadilla. Me esfuerzo, y las cosas no salen...
-¿Pero estás seguro de que las cosas no van, que ya no van a vivir juntos?
-Sí, es un hecho.
Mi vieja asiente.
-Bueno, entonces puedo hablar -dice.

Dice que Sonia 04 no es para mí, claro. Dice que la visita familiar al departamento fue dantesca, que pensó que Sonia 04 estaba loca, al verla cómo se levantaba y sentaba, levantaba y sentaba, levantaba y sentaba. Que evidentemente es una maniática, y que eso me debe hacer sufrir mucho.
-Pero yo también cometo mis errores -le digo-. Siento celos, muchos. Es la primera vez que me pasa.
-Pero Elemental, por favor, ¿cómo vas a sentir celos?
-No entiendo.
-Digo, ¿cómo vas a sentir celos de una chica tan horrible?

Me entero, a lo largo del diálogo, que en mi familia le pusieron un apodo: el pajarraco.
Mi cuñado, quien Sonia 04 creía haber comprado con sus comentarios de tango, decía en las conversaciones familiares: pobre Elemental, él es lindo pero se cree menos de lo que es, por eso sale con el pajarraco.
Mi abuela, quien Sonia 04 creía haber comprado con sus modales, decía en las conversaciones familiares: pobre Elemental, se está cagando la vida, al salir con esa vieja loca. Traduzco: para mi abuela, "vieja" refiere al hecho de que Sonia 04 tiene 38 años y yo 35. "Loca", bueno, todos sabemos a qué refiere.

-No sé -digo-, quizás estoy celoso porque me habla mucho de sus ex parejas.
-¡Y te creo que te habla de tus ex parejas! ¡Si a mí, que soy la suegra, me habló de sus ex parejas! Yo el otro día pensaba justamente eso, que a vos te debía volver loco con comentarios de ese tipo. ¿Sabés por qué creo que lo hace?
-Histeria.
-Aparte de la histeria. Para mí que lo hace porque se sabe tan fea que necesita recalcar que tuvo amoríos, para que la gente crea que ella es plausible de ser querida o deseada. Porque ella sabe que no lo es, ¿me entendés?
La entiendo, claro.

-¿Y cuál es el problema? -pregunta mi vieja en un momento-. Parecés tener todo bastante en claro, no veo cuál es el problema.
-Que ya me mudé, que ya entregué las llaves del otro departamento, que no tengo un peso partido al medio...
-Eso no es problema. Mañana podés llamar a la inmobiliaria y ver si te dejan volver al departamento. Ellos van a estar encantados, porque siempre pagaste a término.
-Sí, pero el depósito de nuevo...
-Te lo pago yo y me lo devolvés cuando puedas.
-¿Pero tenés plata?
-Poca. Te voy a dar mis ahorros. Pero sos mi hijo, y la plata está para eso. Te quiero, lo sabés, ¿no? Te quiero y no me gustaría que te condenes a estar con una chiflada porque no tenés plata.

En un momento, pregunta:
-¿Y de mí te decía algo? Porque supongo que por la forma de ser, tan manipuladora, te debía hablar mal de todos los que te queremos. ¿Qué te decía de mí?
Yo me encojo de hombros.
-No, nunca me dijo nada -miento.

Nos despedimos con un beso y un abrazo.
-Vos te merecés alguien que te quiera bien -dice-. No cometas los mismos errores que yo, ¿estamos?
Asiento.

De regreso al departamento, veo el teléfono. Veo, también, el silencio. Voy al dormitorio: Sonia 04 no está. Bueno, me digo, todo se terminó. Quizás está mal porque todo terminó, pienso. La llamo. Atiende.
-Hola, Elemental -dice, sin Pipu ni nada afectuoso.
-Hola, Sonia 04 -digo-. Quería ver si estabas bien.
-Yo estoy bien, me preocupaba cómo ibas a estar vos.
-Yo estoy bien, gracias. Y voy a estar mejor. Me conozco, en un par de meses voy a estar como nuevo. Quien me preocupa sos vos, Sonia 04.
-¿Qué te preocupa?
-Que vos hoy no lo ves, pero estoy seguro que en algún momento te vas a dar cuenta de todas las macanas que cometiste, y te vas a sentir mal. Muy mal. Eso, me preocupa -y la preocupación es sincera, no impostada.
-Yo voy a estar bien.
-Buenísimo, entonces. Yo mañana voy a ir a la inmobiliaria a ver si recupero el depto de Acuña.
-¿Mañana?
-Sí, arreglemos esto cuanto antes. ¿Te parece?
-Está bien.
-Ni bien tenga novedades de cuándo me mudo te aviso.
Un segundo de silencio del otro lado.
-Está bien -dice.
Y nos despedimos. Y corto. Y me voy a dormir.

Lo dicho: point of no return.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Sonia 04: Dos potencias se saludan, el regreso

Domingo 28 de enero de 2007.

Me despierto. Voy a comprar el diario, facturas. Decididamente, la panadería de la zona no es buena, tengo que ubicar otra. Luego de un rato, desde el dormitorio llega la voz consabida:
-Pipu...
Voy. Le llevo un café, pero Sonia 04 dice que desayunará en el comedor. Dice, además:
-Estuve pensando, Pipu.
No digo nada. Tiemblo, sí. Me siento junto a ella.
-¿Qué pasa, mi amor?
-Estuve pensando -repite.
-Ya sé, mi vida, pero... ¿Qué estuviste pensando?
-El lavarropas que compramos ayer. El Drean.
-Los de Frávega dijeron que lo traían mañana...
-Sí, pero estuve pensando.
-¿Qué estuviste pensando?
-Que no me gusta. ¿Vamos a devolverlo?
Me río, por lo menos hasta que me doy cuenta de que Sonia 04 habla en serio. Tiemblo, una vez más.
-Pero mi amor, ya lo pagamos...
-Sí, ya sé. Pidamos que nos devuelvan la plata.
-Pagaste con tarjeta de débito. No sé, debe complicar las cosas... ¿No querés desayunar?
Sonia 04 tuerce los labios. En verdad, hunde los labios en su boca, y lo que sobresale termina por ser una cruz.
-Vamos y lo hablamos.

Mientras desayunamos, digo:
-No sé, que nos devuelvan la plata es difícil. Además, ¿qué hacemos? ¿No compramos nada?
-Voy a comprar el Whirlpool en el local de Boedo.
-¿Vas vos?
-Sí. Mañana. Si nos devuelven la plata, claro.
-Si querés, lo que podemos hacer es, con lo que se pagó de lavarropas, usar esa plata para comprar cosas para el depto, y las pagamos en cuotas...
-¿Cosas?
-Cosas, qué se yo. Un reproductor de DVD, un home theater... No sé, para no perder el dinero.
-No, yo quiero la plata.
-Está bien, mi amor.

Está loca. Lo comprendo ahora. Está loca.

Vamos hasta el Frávega. Está cerrado.
-Pero nos dijeron que abrían el domingo, Pipu.
-Sí, qué se yo, como es verano en una de esas...
-¿Y ahora qué hacemos, Pipu?
-¿No podemos disfrutar de lo que tenemos?

Regresamos al depto. Intento un poco de sexo, en vano. Sonia 04 tiene la cabeza en el lavarropas, en la devolución del lavarropas que aún ni nos entregaron. Y, también, en que por la tarde viene mi familia.
-Tiene que estar todo bien limpio, para que vean que vivís bien -dice Sonia 04.
-Pero quedate tranquila, que no pasa nada...
Es en vano que lo diga. Comprendo, ahora, que es en vano que diga absolutamente cualquier cosa. Sonia 04 tiene una serie de preconceptos, de fobias, de precariedades intelectuales, y se guía en base a eso, autista de lo que pueda proponerle alguien que no sea Gaby, su analista titular -porque, a decir verdad, a la suplente tampoco le da bola-.

Sonia 04 está sacada. Ojos desorbitados, labios torcidos, movimientos enérgicos, comienza a limpiar el departamento. Yo intento ayudarla, más para que no lo haga sola que porque me preocupe que mi familia vea el departamento inmaculado. Sé muy bien que no es el tipo de cosas que mira, mi familia. Y yo tampoco lo haría. Sin embargo, la ayudo. Ella no se anoticia demasiado de que lo hago, y en los pocos momentos en que sí, dice que la deje hacerlo sola.

Me voy a recostar. Me duermo. Pese a lo que podría suponerse, no sueño con lavarropas. Sueño, sí, que estoy lejos, muy lejos.

A eso de las seis suena el timbre. Por el visor veo a mi vieja. Sonia 04 grita:
-Esperá que me falta limpiar esto.
No sé qué es esto. No me importa, la verdad. Tomo las llaves, y bajo abrir. Abajo, descubro que mi vieja trae una planta y mi abuela flores. Mi hermano, mi hermana y mi cuñada miran el hall asombrados de que yo pueda vivir en un sitio semejante.
-Qué lindo -dicen.

Mi abuela le da las flores a Sonia 04. Son dos ramos, uno de parte de ella y otro de mi vieja.
-Feliz cumpleaños -dice.
-Gracias -dice Sonia 04.
Durante el encuentro, mi abuela le dirá en repetidas oportunidades si las flores le gustaron, si en serio le gustaron, y cuando ya las hayamos despedido Sonia 04 me dirá:
-Ya sé a quién salís, cuando me preguntás si me gustó lo que me regalaste.
Y sí.

Es poco, el tiempo en que Sonia 04 está sentada. Se levanta, sale a comprar bebidas aunque nadie las quiere, vuelve, sirve la mesa. Cuando pone la mesa me suena a que pone, monta una escena de la cual yo soy un elemento más del decorado y mi familia el público. La pregunta, entonces, es cuál es el espectáculo. La pregunta, fundamentalmente, es a qué género corresponde: ¿comedia? ¿drama? ¿romántica? ¿terror?

En varias oportunidades, Sonia 04 aclara que en el departamento no se fuma, que nunca vivió en un departamento en el que se fume. Mis hermanos y mi cuñado van al balcón a fumar. Mi vieja, en cambio, se enciende un cigarrillo, sentada como está, y al comprobar que no hay ceniceros utiliza un vaso. Sonia 04 me mira espantada, y yo sonrío francamente.

En un momento, mi vieja comenta que iba a traer a mi perra. Me hubiese gustado, de no ser por la tensión que me hubiera generado el hecho de que Sonia 04 me empezara a romper las pelotas con los pelos que iba a dejar mi labradora, la verdadera luz de mis ojos. De hecho, tengo ganas de tener un perro, de que al menos haya alguien en el departamento que se alegre de verme. No lo digo. No digo nada.

Mis hermanos y mi cuñado se van temprano. Dicen algo de un baile, no entiendo bien.
(cuando todo haya terminado, me enteraré de que se fueron porque no soportaban más a Sonia 04 y sus eléctricos movimientos y sus intrascendentes comentarios).


Entonces, sí, el duelo. Mi abuela y yo asistimos en silencio.
Sonia 04 dice que la gente que fuma le hace daño a los demás.
Mi vieja comenta que en el hospital le pagan una miseria, pero que las demás opciones son peores; dice, con la poca sutileza que la caracteriza, "tampoco voy a dejarme negrear en una prepaga, y encima para hijos de puta que vaya una a saber cómo hicieron el dinero".
Y así.

En un momento, mi abuela me mira y dice:
-Se te ve cansado.
-Estoy muerto -digo.

Apenas mi vieja y mi abuela están en el colectivo, Sonia 04 comienza a criticar a mamá. Yo intento bajar el volumen de su diatriba, le resto importancia a los dichos de mi vieja aunque en cierto sentido lo que me incomoda es toda la situación.

Pasamos delante de Frávega, sigue cerrado.
-Mañana vengo, ¿me acompañás?
-Sí, mi amor.

Y me pregunto cuándo tendré veinticuatro horas seguidas de tranquilidad.

lunes, 30 de abril de 2007

Sonia 04: El cumpleaños de Sonia 04 (y 5)

Martes (cont.).

Sonia 04 me mira, mientras sus familiares la abrazan. Yo estoy, literalmente, temblando ante la posibilidad de que no le guste la sorpresa. Me ha hablado tantas veces mal de la familia que quizás, supongo ahora, es verdad que no los soporta y no sólo una pose para parecer menos infantil de lo que es. Yo estoy cruzado de brazos, quieto. Cuando los demás se separan de ella, mientras ayudan a la abu a sentarse a la mesa, Sonia 04 se acerca a mí y dice:
-Sos hermoso.
Recién ahí puedo respirar.

La cena transcurre muy bien. Los "sanguchitos" de miga que trajo la madre de Sonia 04 son, cada uno, del tamaño de una pizza chica. Tienen jamón como para una brigada entera. Yo converso con el padre, bastante.
En un momento, Sonia 04 dice:
-Bueno, yo no sé si tendrían que haber venido hoy.
Me atraganto.
-El departamento aún no está listo, le vamos a hacer muchas modificaciones -dice, y me mira como confirmando que lo dice en serio.
-Sonia 04, no digas pavadas que el departamento está bárbaro -dice el padre de Sonia 04.
Yo miro el piso.

En otro momento de la cena, el padre de Sonia 04 le dice:
-¿Ya le contaste a Elemental?
-¿Qué cosa? -pregunto.
Miro a Sonia 04. Se acaba de poner colorada. Se atragantó. No tuerce los labios, es un festejo, pero casi.
-Dale, contale así entiende con quién va a vivir -dice el padre de Sonia 04.
-¿Qué cosa? -pregunto, cada vez con más miedo.
Sonia 04 carraspea. Me cuenta.

Parece que el sommier que nos trajeron ayer no le gusta. Algo había dicho, el domingo, pero yo le dije que se dejara de romper las pelotas. Ayer me llamaron al celular de dormiPiero, y yo supuse que era por las patas con rueditas que nos habían prometido, y los derivé con Sonia 04. Error: era porque Sonia 04 había llamado para cambiar el sommier por uno de base rígida.
-A la mierda -digo, al enterarme, tratando de minimizar mi reacción-. Te juro que ayer a la noche no noté ningún cambio, en el sommier.
-No, esperá -dice el padre de Sonia 04, divertido-. Dejala que siga.
-Es que lo trajeron -dice Sonia 04-. Cuando me dijeron que te habían llamado casi los mato. Suerte que no sospechaste nada. Lo trajeron y lo pusieron, pero la verdad que tampoco me gustaba, lo probé y no me gustaba.
-¿Entonces?
-Entonces quedó todo tal como estaba.
-¿Y vino el gordito que hablaba con egue?
Sonia 04 asiente, aún sonrojada.
-¿Y la trajo y después se la llevó?
Sonia 04 asiente.
-Mirá vos -digo.
Mirá vos, pienso. Y yo ni enterado.

Suena el teléfono. Mamá. Quiere hablar con Sonia 04, saludarla por su cumpleaños. Está un poco ofendida porque no la invité, pero no daba. Ya bastantes tensiones tuve, desde el sábado hasta ahora. Habla un poco con Sonia 04. Poco.

Suena el teléfono. Mi abuela. Con ella, Sonia 04 habla un poco más.

Saco la torta de la heladera, Sonia 04 me mira contenta -es la que me gusta, te acordaste-. Le cantamos el feliz cumpleaños otra vez, ella sopla las velitas.

-¿Viste que vino mi abu, que no va a ningún lado? -pregunta Sonia 04.
-¿Estás contenta?
-Claro.
-Tenía miedo que no te gustara, la sorpresa.
-Yo pensé que ibas a hacer una cena romántica...
-¿Hubieras preferido eso?
-No, no, todo bien.
-¿Estás contenta?
-Sí, mi amor, me hiciste muy feliz. Fue un muy lindo cumpleaños.
-Me alegro.
Antes de apoyar la cabeza en la almohada, ya estoy dormido.

lunes, 16 de abril de 2007

Sonia 04: Feliz año nuevo

Domingo 31 de diciembre de 2006.

Pasamos el día en lo de Sonia 04. Hace calor, por lo que no es mucho nuestro margen de acción. Vamos a comprar algunos regalos -Sonia 04 siempre tiene que comprarlos, volvemos a pasar por el "Apio Verde" que está sobre José María Moreno casi Riadavia-, luego nos preparamos para la cena de fin de año. Pasamos por casa, termino de arreglarme ahí, recojo el champagne y el vino que prometí para la cena, Sonia 04 se baña, y salimos retrasados, como siempre. Pasamos a buscar a mi abuela -por algún motivo que desconozco, Sonia 04 está empecinada en caerle bien-, y de ahí nos dirijimos a Parque Chas, a la casa de la mejor amiga de mi vieja. En el trayecto, mi abuela nos pregunta cómo nos va, qué tal es el departamento que señamos. Ahora que lo pienso, para mi familia esta reunión es ya una especie de formalización del hecho que nos vamos a vivir juntos. Y, para gente de la edad de mi abuela o de mi vieja, eso es casi un sinónimo de casarse. En fin.

Saludamos a todos. La presento como Sonia 04, no como "mi novia". No sé, suena feo, es posesivo, no sé. En el balcón en el que mi padrino prepara el asado dispusieron dos mesas. Una para los hijos, otra para mi vieja, abuela, amigos y parientes. Mi hermana se acerca a saludarme, y Sonia 04 enseguida se le cuelga para decirle que su exhibición del otro día estuvo muy bien, que nos fuimos antes porque yo estaba mal, porque me había puesto celoso.
-¿A vos te parece que se ponga celoso porque yo bailo tango con otro? -pregunta Sonia 04 con la complicidad que le da practicar, también, la danza sensual-. ¿A vos tu marido te dice algo, cuando bailás con otro?
Lo preguntó como si supiera la respuesta, como si la palabra de mi hermana fuera sacrosanta, como si de esa forma, en esta noche, diese con una herramienta con la cual rebatirme los celos que le expuse aquel día.
-Si bailo con otro a mi marido le cae como el culo -dice mi hermana-. Y eso que somos profesionales y nos dedicamos a eso.
Mi hermana lo dijo como diciendo y vos que no sos profesional... Mi hermana es una tipa rara, tiene tan mal carácter como yo. Pero hay momentos como éste en que la quiero. Mucho.

Mientras cenamos, mi hermano ignora por completo a Sonia 04. A ella le dije que a veces él es así porque es depresivo, lo cual es cierto, a veces, pero esta noche él bromea conmigo, con mi hermana, con mi cuñado. Cada ocasión en que ella intenta hacer un chiste, una complicidad -los dos estudiaron psicología-, mi hermano le responde con cortesía pero sin calidez. En un momento, no sé qué le dice ella, mi hermano le responde:
-No, yo estudié psicoanálisis y me parece que vos te dedicás a la psicología, ¿no? Nada que ver con lo mío.
Por suerte, sirven los choripanes.

Hay algo en Sonia 04 que no encaja con mi familia. Si tengo en cuenta su último encuentro con el Libanes, hay algo en Sonia 04 que no encaja con mi gente.

Cuando la cena promedia, mi vieja se levanta de la otra mesa y se arrima a la nuestra. Dice que sino no podrá hablar con nosotros. Pregunta por el departamento que reservamos, le decimos -la explicación ya se transformó en algo mecánico-, ella dice que por la orientación -sol por la tarde- será muy caluroso en verano pero tendrá como ventaja esa misma orientación para el invierno. La verdad, yo a las orientaciones -de departamentos, sexuales, ideológicas- no les doy demasiada pelota. Noto, de refilón, que Sonia 04 tuerce los labios, como si el comentario de mi vieja le hubiese molestado. Miro la parrilla, una morcilla se desgañita sobre las brasas, y me resulta una posición envidiable.
Mamá pregunta por las vacaciones, y apenas le decimos que en Córdoba mi vieja dice -no recomienda, ella no es así: ella dice- que deberíamos viajar en avión, que yo tengo millas para hacerlo. Le explico que es al pedo, que el avión nos deja en Córdoba capital y que de ahí tendríamos que ir en coche a Nono. Entonces me recuerda que no puedo estar demasiado tiempo sentado, por mi deficiencia genética. Le explico, entonces, que le pregunté al médico y que éste me explicó que mientras esté anticoagulado con Sintrom no hay ningún inconveniente.
-Bueno, pero viajen de día, eh -dice-. De noche es muy peligroso, hay mucho loco manejando.
-Bueno -interviene Sonia 04-, tampoco nos desee la muerte.
Y emite un graznido que intenta sonar como carcajada. Nadie en la mesa se ríe. Mi vieja le dedica una mirada fulminante, y luego se levanta para regresar a su mesa.
Cuando estamos solos, Sonia 04 me susurra con orgullo:
-¿Viste lo que le dije?
Yo suspiro.
-Sí, vi.

Doce de la noche. Petardos, fuegos artificiales, descorchar champagne -una de las ventajas de trabajar con el tema vinos es que me los regalaron, aguante Selva-. Beso a Sonia 04.
-Te amo -digo.
Saludo a todos. Ella también. Veo que mi abuela la abraza, y luego Sonia 04 se acerca a mí con los ojos empañados.
-Tu abuela me hizo llorar. Es una gran persona.
Bueno, pienso, al menos aprueba a alguien de mi familia.

Como Sonia 04 tiene coche, mi hermana, mi cuñado y mi hermano aprovechan para irse con nosotros. Los dejamos en Palermo, y apenas se bajan, apenas no pueden escucharnos, Sonia 04 dice:
-Tu mamá es terrible.
Suspiro.
-A las doce, cuando la fui a saludar, ni siquiera me dijo "feliz año".
Debe ser porque nos desea la muerte, pienso. Pero no digo lo que pienso. Digo:
-Ella es así.

Vamos a la costanera. Hay bastante gente. Nos sentamos, disfrutamos del fresco. Nos sacamos una foto con su cámara. Estamos un buen rato. Pensamos en el año que viene, que según Sonia 04 será, para mí, glorioso. Yo no creo que tanto. Con bueno me conformo. Cuando hablamos de cómo viviremos juntos, de todo lo que eso implicará, en la avenida dos coches se estrellan.
Toda una señal.

Y luego regresamos. El 2007 ha comenzado.

jueves, 12 de abril de 2007

Sonia 04: Nochebuena

Domingo 24 de diciembre de 2006.

Nos despertamos tarde. Yo antes, como de costumbre. Compra de diario, de facturas. El consabido Pipu desde el dormitorio. No hay sexo: le duele, después de lo de ayer -a la noche reincidimos-.

Dedicamos la tarde a comprar regalos. En verdad, quien más compra es ella. Sobrinos, padre, madre, abu... Duda si comprarle a la hermana -es una amarga, nunca regala nada, dice-, y hablamos sobre si corresponde comprarle al cuñado o no. Ella dice que no, que es un hijo de puta. Yo le digo que, por más hijo de puta que sea -que lo es, seguramente-, es una situación muy incómoda para el resto que sí reciben regalos. Finalmente, no le compra. Luego, hay que comprar también para los hijos de sus amigas. Otra vez ir a "Apio Verde", el que queda en José María Moreno casi Rivadavia.

Por la tarde, llamo a mi vieja para preguntarle qué gusto de helado prefieren. Me dice, anoto mentalmente. Conseguir helado, en un día como hoy, es una odisea. Yo voy a comprarlo, Sonia 04 se va a su casa a llamar a todas sus amigas para saludarlas. Llego una hora más tarde, y ella aún está hablando por teléfono. Y seguirá un buen rato. A mí no me gusta, hablar por teléfono. Intento mandar saludos por msm, en vano: siempre da error.

Vamos a cenar a lo de mamá. Mi hermano está en Mar del Plata, mi hermana en Santa Clara. Cuando entramos, mi perra se abalanza sobre mí. Nos arrojamos al suelo, mientras Sonia 04 mira.
-Le gustan mucho los perros -le dice a mi madre.
-A todos en esta casa nos gustan mucho los perros -delimita mamá el territorio de lo que se puede decir y lo que no.

Durante la cena, mi perra se queda sentada junto a mi regazo. Apoya la cabeza sobre mi pierna izquierda -la misma sobre la que se quedó dormida años atrás, y la presión a lo largo de la noche me generó la primera trombosis-, pongo un repasador sobre el pantalón para que no se manche con la baba. Cada tanto, le doy de comer. Sonia 04 mira.
-Yo no puedo creer cómo le gustan los perros -dice Sonia 04.
-A todos en esta casa nos gustan los perros -vuelve a delimitar mamá.

Durante la cena, no sé cómo, surge el tema de mi estadía en Italia. Mamá le cuenta a Sonia 04 que me fue a visitar y recorrimos el norte de la península. Mi abuela añora el viaje que hizo, años atrás, con mi abuelo, cuando cobraron el juicio de la jubilación. Sonia 04 dice:
-Yo también fui a Europa.
Y luego dice:
-Estuve dos meses.
Y luego dice:
-Bah, estuvimos.
Y luego dice:
-Porque viajé con mi pareja.
Y luego dice:
-Porque yo estuve seis años en pareja.
Y luego dice:
-Dos de los cuales convivimos.
Mamá mira a mi abuela. Mi abuela mira a mamá.
Yo, mientras agradezco que al menos no contó que le metió los cuernos a Rafael con un compañero de trabajo, le doy de comer a mi perra, que mueve la cola.

Doce de la noche. Feliz navidad.
Voy a buscar los regalos al consultorio de mi vieja, donde los dejé al llegar. Cuando regreso, Sonia 04 tiene en sus manos lo que le regaló mi abuela -jabones, las abuelas siempre regalan esas cosas- y un paquete que le dio mamá.
-Es para los dos -aclara mi vieja.
Sonia 04 lo abre. Es una cafetera Volturno. Tamaño para dos cafés.
-Para cuando se vayan a vivir juntos -dice mamá.
Estoy por aclararle que el proyecto quedó postergado hasta el regreso de las vacaciones, pero miro por la ventana, el cielo límpido y, finalmente, digo:
-¿Vieron? Este año hay pocos petardos.

Vamos a lo de Sonia 04. En el coche, dice:
-Tu mamá es terrible.
-Tiene su carácter -digo.
-Me dio el regalo y cuando lo agarré dijo que esperase a que estuvieras vos para abrirlo. Obvio, que te iba a esperar a vos.
Bueno, a ella no le pareció tan obvio, pienso. En vez de eso, digo:
-Tiene su carácter.

Llegamos. La beso. La desvisto.
-¿Te sigue doliendo? -pregunto.
-Me arde un poquito, pero podemos probar.
Buena noche.

sábado, 7 de abril de 2007

Sonia 04: Pero entonces soy un monstruo

Domingo 17 de diciembre de 2006.

De alguna forma que me resulta imposible discernir, pasamos el día de ayer juntos y llegamos al de hoy. Es el cumpleaños de los sobrinos de Sonia 04. Ayer, nos pasamos buena parte de la tarde, luego de la crisis, en el "Apio Verde" (la casa de regalos para chicos). Sonia 04, tal su costumbre, estaba incapacitada para decidir. Luego de una hora y pico, le dije que dado que sus sobrinos son varones y yo también y algo recuerdo de mi infancia, iba a interceder. Finalmente, compró dos juegos que le aconsejé: uno de mesa de "Piratas del Caribe 2" (gran película, para mí, aunque no se lo dije para no quedar como un estúpido) y otro, también de mesa, que se llama "Pasaporte", que yo lo jugué de chico en otra versión y permite imaginarse cómo es recorrer el mundo por vía terrestre, aérea o marítima.
Me despierto primero, compro el diario, facturas. Desayuno solo. Rato más tarde, la voz de Sonia 04 desde el dormitorio:
-Pipu...
Voy. Me recuesto junto a ella, la beso. Nos levantamos. Ella va hacia el comedor, donde ya serví su desayuno. Mira la ventana, su boca se tuerce. Y ahora qué, pienso.
-No te puedo creer -dice.
-¿Qué cosa?
-Que está nublado.
-¿Tu hermana vive sin techo?
-No, nene, tienen pileta. Después de todos estos días de calor yo pensé que íbamos a poder disfrutarla.
-Bueno, mi amor, pero no es para ponerse así.
Ella me mira como diciéndome sí es para ponerse así. Prefiero mantenerme callado, entonces.

La hermana de Sonia 04 vive en el country Nordelta, en el Tigre. No soy lo que se dice un fanático, de esos lugares, tanto desde lo ideológico como desde lo práctico. Tenemos que pasar seguridad de ingreso al country, seguridad de ingreso al barrio del country... En un momento, le digo a Sonia 04:
-La gente que vive acá suele quejarse de los cortes de ruta, ¿no? Que son inconstitucionales y la mar en coche.
Ella me mira.
-Digo, porque ellos cortaron el Tigre al medio y nadie dice nada.

A medida que el coche avanza, Sonia 04 señala las casas y dice:
-¿Viste qué lindas?
La verdad, no me lo parecen. A mí me gustan las casas antiguas, tipo las de Palermo, con esos techos altos. Pero no da discutir, ahora.
-La peor de todas es la de mi hermana -dice Sonia 04-. Es insulsa. Tan insulsa como ella y su marido.
Y baja la velocidad. Acabamos de llegar.

Se abren las puertas. Los sobrinos salen despedidos, en busca de sus regalos.
-¡Llegó la tía! -grita Sonia 04.
Etc., etc.

En el almuerzo, el cuñado de Sonia 04 saca el tema de la inseguridad en la Capital Federal. Dice que acá se vive tranquilo. Hace pocos días mataron a Norita en un country de Córdoba, pero mejor no lo comento, en especial porque tendría que tocar el tema del puterío, del cogedero que suelen ser los countrys. En lugar de eso, le susurro al padre de Sonia 04, quien está sentado junto a mí:
-Bueno, la Capital es más insegura, pero acá tienen la mayor densidad de hijo de puta por kilómetro cuadrado de toda la Argentina.
El padre de Sonia 04 se ríe. El cuñado de Sonia 04 me mira, como para que repita lo que dije en voz alta, como esas maestras que aprobaron pedagogía hace más de cuatro décadas. Yo como, en silencio.

Luego de comer, jugamos con los sobrinos de Sonia 04 al "Pasaporte". Sonia 04 insiste en que memoricen las ciudades y las características que tienen, de hecho se las hace leer cada vez que toca una tarjeta -cuando un participante llega a ellas, le corresponde la tarjeta-, y luego les repregunta para ver si quien leyó y el otro que lo escuchó prestaban atención.
-Es un juego, mi amor -digo.
-No importa, es una buena oportunidad para aprender.

Vamos a dar una vuelta, caminando. Los dos solos. Sonia 04 insiste en que las casas son hermosas. Yo, como hasta ahora el día no estuvo mal, no digo nada. En un momento, Sonia 04 dice:
-Ah, recién hablé con mi mamá.
Lo recuerdo: la madre la llamó aparte a la cocina, para decirle un secreto o, por lo menos, algo que yo no debía escuchar (dado que era la única persona junto a Sonia 04).
-Me dijo que mi hermana y mi cuñado no festejan la Nochebuena, por lo que vamos a venir todos a almorzar el 25.
-No entiendo.
-¿No entendés? Es simple.
-No, no entiendo. Habíamos quedado en que pasábamos el 24 con tu familia y el 31 con la mía...

Abro un paréntesis. Tuve una época de suerte calamitosa, todo lo que tocaba se transformaba en materia fecal. Esa época se cortó luego de que pasara una noche de año nuevo en la casa de la mejor amiga de mi madre. Desde entonces, lo mantengo como cábala: vamos con mi vieja, mi abuela y mis hermanos allá, comemos asado, la pasamos bárbaro, hay muy buena onda. Dado eso, le dije a Sonia 04 que me parecía que, dado que pensamos en vivir juntos y formar una pareja, lo más lógico era pasar las fiestas juntos. Y que lo único que deseaba era que el 31 fuéramos a lo de la amiga de mi vieja, con lo cual en el reparto le quedaba el 24 a la familia de ella. Y, luego, el almuerzo del 25 con los míos y el del 1 con los de ella.

-El 31 vamos a ir de la amiga de tu mamá, Elemental -no dice Pipu, atención.
-Sí, pero quedamos en que el 25 íbamos.
-Bueno, no vamos. Avisale.
-Ya le avisé que íbamos...
-No, yo quiero venir acá. De última vamos, pasamos a saludar y venimos acá, así podemos disfrutar de la pileta.
-Yo no voy a pasar a saludar, nada más.
-Bueno, vamos, yo saludo y me vengo para acá y vos te quedás.
-¿Pero qué carajo te pasa, a vos?
Ella me mira.
-¿Qué mierda te pasa, a vos? Mirá, la verdad que quiero irme.
-¿Cómo?
-Volvamos a la Capital. Ya.
-Pero falta el café...
-No me importa. Me quiero ir.

Volvemos a la casa. Yo apenas traspaso la puerta, y me quedo ahí, cosa de que Sonia 04 no estire la cosa. Ella me mira con furia. Yo le hago una seña a los demás de que nos estamos yendo. Saludamos. Nos vamos.

A ver, cómo explicarlo. El siguiente diálogo -en verdad, casi monólogo de mi parte- se extiende desde que subimos al coche, en el country Nordelta -es decir, el Tigre- hasta Acuña de Figueroa y Lavalle.

-No va más, Sonia 04. No va más.
Ella mantiene silencio.
-Estoy harto. Harto de que decidas todo sola, y que yo te tenga que seguir a todos lados. Y si yo prefiero hacer otra cosa, vos me decís que vaya, que no te molesta. Pero jamás cambiás tus planes para adaptarte a mí. No, vos sos un tanque panzer, que una vez que se fija un objetivo avanza y arrasa con todo. El departamento tiene que ser así, las fiestas tienen que ser así... ¿Te detuviste a preguntarme por qué me jode, cambiar las fechas de las fiestas? Porque mi vieja tiene 59 años, y mi hermano se fue a Mar del Plata para pasar el fin de año, y mi hermana a Santa Clara del Mar. Es decir, mi vieja para esa fecha cuenta sólo conmigo y con mi abuela. Y estoy seguro de que organizó todo de acuerdo a lo que habíamos arreglado, porque ella es tan neurótica como yo. Y no voy a dejarla sola. Ya sé: vos me vas a decir no la dejes sola, andá. ¿Pero sabés qué? Yo en tu lugar diría: no la dejemos sola, vayamos, te acompaño. ¿Te acordás que cuando empezamos a salir vos me expusiste esa regla que te debe haber dicho la pelotuda esa, Gaby, para que la pareja funcionara: quereme, cuidame, acompañame? Bueno, yo cumplí con los tres apostolados, y vos absolutamente con ninguno. No me querés, no me cuidás una mierda -cuando estoy mal me decís que busque analista, en lugar de darme una mano-, no me acompañás. Sin ir más lejos, el viernes ni siquiera llegaste a tiempo a la cena que dijiste que querías venir. No, sos solo vos. Vos hacés la tuya, y los demás te chupan un huevo. Y no me refiero sólo a mí, aunque eso es lo que me importa ahora. No, a vos te chupa un huevo el resto de la humanidad. Porque lo que vos querés, al venir a pasar el 25 acá, es a usar la pileta. ¡Y a vos te parece que yo voy a cagar a mi vieja por una pileta de mierda, porque vos te encaprichaste en que querés usar la pileta! Te chupa un huevo mi familia, la tuya, yo mismo. Te chupa un huevo todo. Vos querías alguien que te quiera, que te acompañe, que te cuide, sí, seguro. Lo que no querías era ser recíproca con el otro.
Las palabras salen de mi boca como si siempre hubiesen estado ahí, esperando la oportunidad de ganar oxígeno, de salir, de rodear a Sonia 04 y sobrevolarla como si se tratasen de aviones kamikaze.
-Yo así no puedo. Buscamos departamento, y tiene que ser como vos querés. Vamos a comer afuera, y tiene que ser como vos querés. Yo no hago drama, no genero problemas, te sigo para que no haya quilombos. ¿Y qué obtengo a cambio? Tu carita de culo si alguna vez oso plantear algo distinto, tus andá que yo no tengo drama. ¡Ya sé que no tenés drama, eso me queda claro! ¡Cómo vas a tener drama si no me querés una mierda, si sólo te importa lo que se te ocurre! ¿Y sabés qué es lo más lamentable del asunto? Que ni siquiera sabés qué querés. Un día decís que sos de izquierda, al otro que querrías vivir en un country. Un día decís que tus pacientes son unos pelotudos, otro que de algunas querrías ser amiga. Un día decís que te gustaría probar otras cosas, pero no tenés la más reputa idea de cuáles son esas cosas. ¿Sabés por qué no lo sabés? Porque perdiste el rumbo hace rato, nena. Vos necesitás gente que te cague, como Edgardo. ¿Sabés para qué? Para hacerte sentir menos cagadora de lo que sos. Pero yo no te voy a cagar, no me voy a poner en ese rol en el único juego que sabés jugar.
En un momento, estamos cruzando la General Paz, Sonia 04 habla por primera vez desde que salimos de Nordelta y yo no paré de hablar.
-Basta -dice-. Ya te entendí. Soy un monstruo. Me estás diciendo que yo soy un monstruo y vos un buen tipo.
-Minga, yo no estoy diciendo eso. Yo estoy diciendo lo que hacés, lo que hiciste. Si a eso le corresponde la etiqueta de monstruo, vos lo sabés mejor que yo. ¿Pero sabés algo? No me voy a callar una mierda, porque hace tres meses y medio que te vengo soportando todos tus desplantes, que no me extrañás, que te molesta que te llame, que me hablás de tus ex novios. Tengo las pelotas por el piso.
Sigo. Sin embargo, a medida que el monólogo continúa va cambiando de sentido. La angustia comienza a invadirme, la furia cede terreno, y eso se nota en mis palabras.
-Te di todo lo que me pediste, loco, y no me das una mierda. Te digo que para mí es importante lo de las fiestas, y te encaprichás con una pileta de mierda. ¿Qué te pasa? ¿Qué carajo es lo que recorre tus venas, ácido?
Y entonces sí, la pregunta que me carcome desde hace meses:
-¿Qué es lo que hay en mí que no me podés querer, que me tratás tan mal?

Cuando entramos en el departamento, los dos lloramos. Yo intento sostener una postura digna, tomo las cosas de ella y se las voy alcanzando. En un momento, me abraza y dice:
-Perdoname.
Me separo.
-No, no te perdono una mierda. ¿Sabés por qué? Porque todo esto se puede evitar, pero vos no estás dispuesta a hacerlo. Vos podés no ser un monstruo, si esa es la etiqueta que querés ponerle, pero no te animás. No te animás a estar bien, y en ese capricho pelotudo terminás por arrastrarme.
-Yo quiero que me recuerdes bien.
-Como una loca de mierda, te voy a recordar.
-No seas así.
-¿Que yo no sea así? ¿Ahora también, me tengo que adaptar a vos? Andate, por favor.
Ella toma las cosas. Llora desconsolada. Gira. Me abraza. Dice:
-Por favor no me dejes. Te prometo que voy a cambiar.
-¿Me lo decís en serio?
-Sí, Pipu, te lo digo en serio.
Supongo que alguien que soportó todo lo que acabo de decirle y que encima quiere quedarse, tiene intención de cambiar. Por otro lado, está el irresistible deseo de querer creer, comprobar, que ella me quiere, me puede querer.
Entonces la beso.

Habíamos quedado en ir a cenar a lo de mi vieja. Llegamos tarde. Mamá y mi abuela me preguntan por cómo me va en el trabajo, cómo va lo de la editorial. Supongo que perciben que estoy mal de ánimo, pero no dicen nada. En un momento, mi vieja me pregunta si fui al médico a hacerme los controles. Recuerdo, entonces, que como estábamos pensando en vivir juntos con Sonia 04 pensamos en compartir la prepaga. Yo le aconsejé Swiss Medical, que es donde yo estoy, y ella averiguó, pero le dijeron un precio más alto que el que yo pago.
-Ah, no sabés -le digo a mi madre-. Sonia 04 estuvo averiguando para pasarse a Swiss Medical, y le pasaron una cuota superior a la mía. Para mí que le computaron los aumentos, ¿no?
-Sí, debe ser eso -dice mamá con autoridad, de un tiempo a esta parte el costo de las prepagas se transformó en su especialidad.
-No, Pipu -dice Sonia 04-, ya te dije que me la promotora me dijo que a ese valor había que subirle, después, los aumentos.
Mamá se queda en silencio un microsegundo. La conozco, sé que puede pensar en forma vertiginosa. Sin embargo, no espero su pregunta a Sonia 04:
-¿Pero vos cuántos años tenés?
-37 -dice Sonia 04.
Es decir, mi mentira de que salía con alguien de 35 acaba de irse al cuerno.
-Cuando cumplís 36 te cambian de categoría -dice mamá, que me mira como diciendo ya vamos a hablar.
-Mirá vos -digo, y deseo que la tierra me trague, que se termine de una buena vez este puto día.
-¿Y cuándo cumplís 38, Sonia 04? -pregunta mamá.
-Ahora, en un mes -dice ella.
-Ah -dice mamá, y no agrega más nada.
Mamá mira a mi abuela. Mi abuela la mira a ella. Sonia 04 me mira. Yo miro el plato.
Ya lo dije: deseo que este día termine cuanto antes.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Sonia 04: Dos potencias se saludan

Domingo (cont.).

Mientras regresamos en coche hacia la Capital, le pregunto a Sonia 04 cómo se llevaba con sus anteriores suegras.
-Ah, no sabés -dice mientras maneja y putea a los que van a distinto ritmo que ella-. La madre de Rafael me odiaba, no me podía ni ver. Yo tampoco a ella, claro. Creo que la que más contenta se puso cuando lo largué fue ella.
-Mirá vos.
-La de Hernán era una paranoica, una psicótica. De hecho, creo que él también era un paranoico.
-La de Edgardo...
-No, a ella no la conocí.
-Me imagino -digo.
O sea: Sonia 04 tiene una tendencia a llevarse mal con sus suegras. Y hay otra tendencia, ahora que lo pienso: sus ex parejas son menores que ella, y con padres ausentes. Pero vayamos a la tendencia inicial: se lleva mal con sus suegras.
Pongan la música de Tiburón a todo volumen, y vayan preparando el CD de Psicosis.

Mi vieja es una persona difícil. Hija única, tiene carácter fuerte. Se separó de mi papá cuando yo tenía 3 meses, y cuando yo había cumplido 3 años se casó con su segundo marido, con quien tuvo dos hijos -mis dos hermanos- y con quien duró 18 años -largos años, para mí-. Desde entonces, está sola. Se queja de la soledad, y de alguna forma lo único que le resta somos mis hermanos y yo. Y la perra.
Su experiencia con novias mías fue dispar: hubo algunas a las que quiso mucho, otras a las que nada (pero nada de nada). Tiende a suponer que merezco algo mejor que lo que obtengo, tanto a nivel laboral como amoroso, y siempre me insta a no bajar los brazos.
Quizás es por eso que le mentí la edad de Sonia 04, y también quizás es por eso que le aclaré que es fea pero me gusta, para evitar posibles comentarios que, lo sé, a mí me pesan. Quizás es por eso que temía lo que está por ocurrir.
Tiene el CD de Psicosis preparado, ¿no?

Sonia 04 estaciona el coche en la esquina de mi casa. Mientras lo hace, descubro que mi hermana y mi cuñado están paseando a mi perra -la Perra Más Linda del Mundo, sí señor, una labradora canela a la que adoro-. Bajo la ventanilla, le silvo a la perra y ella se acerca al coche, desesperada. Mi hermana y mi cuñado me saludan, observan a Sonia 04 y me hacen una seña de que tienen que volver al departamento. Les digo que vayan. Cuando se alejan, escucho que Sonia 04 grita:
-¿¿¿¿¿¿¿Esa es tu hermana???????
-Sí, ¿viste qué linda?
-¿¿¿¿¿¿¿Esa es tu hermana???????
-¿Pasa algo?
-¡¡¡¡¡¡¡Pero yo la conozco!!!!!!!!!!!!!!
-¿De dónde?
-Del Malcom, ella y tu cuñado bailan ahí, dan exhibiciones.
-Ya te dije que ellos son bailarines profesionales de tango...
-¡Pero no te puedo creer que ESA es tu hermana! ¡No te puedo creer que ESE es tu cuñado!
-¿Por qué no?
-No sé...
Y no dice más. Mientras subimos en el ascensor, ruego que Sonia 04 no se haya tratado de levantar a mi cuñado, en la milonga. Por favor, ya bastante tengo de escabroso en toda la relación con Gaby, las runas, sus ex...
-¿Te pasa algo? -pregunta Sonia 04.
-No, nada.
Y llegamos al octavo piso.

Entramos rápido. Está mi hermano, mi abuela, la prima de mi vieja y su marido, al que quiero muchísimo y de chico le decía papá. Y mi vieja, claro. Y mi hermana y mi cuñado. Y la perra, que cuando entro comienza a correr por todo el departamento, salta para darme besos, desesperada.
Me tiro al piso, juego con ella y en algún momento veo el gesto leve, casi imperceptible, de desaprobación en Sonia 04.
-Nerviosa como vos, tu perra.
Si quieren tenerme de acérrimo enemigo, hablen mal de mi perra.

Durante la cena, Sonia 04 y mi mamá hablan muy poco. Mi vieja corre de la cocina al comedor para servir la comida, Sonia 04 se puso a hablar con la prima de mamá. La prima de mamá está absolutamente loca, en serio. Y parece llevarse muy bien con Sonia 04.
Mi cuñado y mi hermana hablan conmigo y con mi hermano. Entretanto, la perra se trepa a mí para que le dé algo de comer. Tomo un pedazo de salamín y se lo doy; lo devora. Veo la cara de Sonia 04, y le digo en voz muy baja:
-En mi casa a mi perra le doy de comer como quiero.

En un momento de la cena, Sonia 04 comienza a hablar con mi abuela. En verdad, es un extenso monólogo de mi abuela acerca de la inagotable cantidad de virtudes que poseo. Mamá observa en silencio, aunque me hace un gesto de que está todo bien. No sé cómo, la torpeza de mi abuela hace que se le caiga comida sobre la ropa.
-Mamá -dice mamá-, tené cuidado, siempre hacés lo mismo.
-Ay -dice Sonia 04 y mira cómplice a mi abuela-, parece que la tienen cortita, eh.
Ahora es cuando ustedes encienden la música de Psicosis. Me atraganto. Ruego que lo que escuché no es lo que escuché, que Sonia 04 no intentó hacer una alianza con mi abuela para burlarse del comentario de mi madre. No porque me moleste la burla, sino porque sé lo que esa burla significará para ella. La miro, en busca del gesto de todo bien de antes. Mi vieja no hace ninguno.
La suerte está hechada.

Por la noche, de regreso en casa, Sonia 04 dice:
-La verdad, con tu mamá hablé poco y nada.
Y creo que seguirá así durante mucho tiempo, pienso.