martes, 8 de mayo de 2007

Sonia 04: La última sesión de pareja

Lunes (cont.).

Silvina nos recibe con amabilidad. Nos ubicamos. Hay un instante de silencio. Silvina estaba anoticiada de la ruptura -la llamó Sonia 04, el martes en que me llamó porque estaba desesperada por verme y luego se olvidó-, y su pregunta acerca de cómo nos sentimos, creo, apunta a eso, a dar un cierre supuestamente civilizado a la relación. No soy de los que creen en rupturas civilizadas, aunque profundizaré sobre eso más adelante. Lo que importa, de momento, es que ahora, en este mismo instante, Silvina pregunta cómo estamos en ese tono entre mortuorio y dulce que se le dedica a los que acaban de atravesar -o están en medio de- una tragedia.
-Bueno, desde el último encuentro -digo, con simpleza de microrrelato-, nos peleamos, cortamos y nos reconciliamos. Nos vamos de vacaciones el sábado. A Nono.
Silvina nos observa, muda. Creo que pasa un minuto. En verdad no sé si es sorpresa, espanto o simplemente deja correr el tiempo para que la sesión termine antes de escuchar nuestras estupideces.
La mira a Sonia 04, como para que hable. Sonia 04, antes de hablar, espera a que sus ojos se llenen de lágrimas. La descripción, la elección de palabras, no es gratuita: las lágrimas no están ahí, pero ella presiona los labios, traga saliva, y luego sí, ahí están, como elemento indispensable de la puesta en escena de lo que está por decir. Lo que dice:
-Tengo mucho miedo.
-Es entendible -dice Silvina, con el tono de quien no entiende.
-Pasaron tantas cosas... -dice Sonia 04-. Yo no sé si es recuperable.
-A mí me parece que las vacaciones son una buena oportunidad para estar tranquilos, para ver si las cosas se recomponen -digo, con espíritu constructivista.
-Eso está muy bien -dice Silvina, con el tono de quien no cree en sus propias palabras.
-Tengo miedo -repite Sonia 04, y las lágrimas contenidas aparecen y desaparecen de sus ojos a velocidad pasmosa-... Pasaron tantas cosas... Yo no sé si podremos recuperarnos...
-Yo creo que el miedo es una buena señal -dice Silvina-. Si no sintieran miedo... -se frena, estoy seguro de que iba a decir "estarían locos", pero no es bueno que el propio analista diga algo semejante-... Sería como si no hubiera pasado nada, ¿no?
-Yo no sé si podremos recuperarnos -dice Sonia 04.
-Bueno -digo yo, todo buena voluntad-, pero si nos quedamos mirando el pasado seguro que no vamos a poder sobrellevarlo -de repente, me convertí en militante antikirchnerista-. Creo que todo lo que pasó debería servirnos para no repetirlo, y sólo queda avanzar.
-Sí, pero volver a vivir juntos... -dice Sonia 04.

Hago una pausa en el relato. Tomen aire. Sonia 04 acaba de plantear, así, a boca de jarro, el tema de vivir juntos. Y lo planteó como que no sabe si vivir juntos. Y lo planteó para que Silvina dirima si deberíamos vivir juntos o no. Y yo, les recuerdo, estoy viviendo en el departamento de José María Moreno luego de haber abandonado el de Acuña de Figueroa, estoy viviendo en el departamento en el que figura Sonia 04 como titular y sus padres como garantes. ¿Se entiende? Y Sonia 04 plantea esto. Justo hoy, sin haberlo planteado antes. Justo hoy, recuerdo, les recuerdo, que tuvo sesión con Malena, su analista suplente, porque Gaby, su analista titular, está de vacaciones. Digo, ¿se entiende? Fin de la pausa. Volvamos al relato.

-¿Qué? -pregunto asombrado.
-Ustedes no pueden volver a vivir juntos -dice Silvina, tajante por primera vez-. No en el corto plazo, al menos.
Sonia 04 asiente, callada.
-¿Perdón? -pregunto.
-Por lo menos tienen que esperar cinco meses -dice Silvina.
Siento que la sangre va a mi rostro, a mis puños. Estoy anticoagulado, y eso hace la sangre más líquida, corre con mayor facilidad.

A ver si se entiende: no me parece irracional, lo que dice Silvina. Casi diría que estoy de acuerdo. En un modo ideal. En un mundo ideal, yo volvería a mi depto de Acuña, Sonia 04 a su depto de Doblas -lo cual, por cierto, ha hecho- y el depto de José María Moreno desaparecería por arte de magia, para que, luego, por arte de magia -esa magia que en vez de reproducir panes hace lo propio con billetes-, si las cosas se dan, volvamos a alquilar un departamento. Pero, claro, éste no es un mundo ideal. En un mundo ideal no hay seres como Sonia 04, comprendo. Ni terapistas de pareja que le cobran a idiotas que llevan dos meses de noviazgo.

-Por lo menos, cinco meses -repite Silvina.
Sonia 04, muda, asiente.
-¿Y yo qué hago? -pregunto.
-Podés volver a tu departamento -dice Silvina con el tono de quien acaba de dar con la fórmula de transformar la tierra en oro.
-Podría, ¿no? -hago una pausa teatral-. Ah, claro, casi me olvido que hay dos razones por las cuales no podría. Primero, ese departamento ya está reservado, así que ahí no puedo volver...
-Estoy segura de que vas a encontrar otro -dice Silvina.
-...lo cual nos lleva a la otra razón. ¡La plata! ¿Cómo pude olvidarme algo así? Ah, claro, en el mundo vivimos sin dinero, estos encuentros son gratis, nadie tiene que pagar alquileres...
-No tenés que ponerte así, Elemental.
-Me pongo como me pongo. Es decir, como se me canta. Cuando yo me fui a vivir con Sonia 04 quemé las naves. Si hubo un naufragio, tiren los salvavidas porque me voy a ahogar. Yo no puedo estar cambiando de departamento alquilado cada cinco meses. Porque sería cada cinco meses, ¿no? Ah, no, cuatro y pico. No quiero ser injusto. A los cuatro meses y pico nos vamos a vivir juntos, a los veinte días yo me consigo otro departamento, a los cinco meses paso a otro departamento... ¿Alguna de ustedes se escucha lo que es esta propuesta? ¿Qué es más loco, que volvamos a intentarlo en serio o que yo me haga accionista de una empresa de mudanzas y, por qué no, de una inmobiliaria?
-Yo creo que Sonia 04 no tendría problema en que vos te quedes en ese departamento, mientras tanto -dice Silvina, con el tono cuidadosamente conciliador de quien acaba de descubrir que el encuentro se fue a la mierda-. ¿No es cierto, Sonia 04?
Sonia 04 asiente, muda.
-¿Y yo cómo mierda hago para mantener solo un departamento de tres ambientes a estrenar, un departamento con las características que ella se encaprichó en que debía tener y que no responde a mis posibilidades económicas? -pregunto, casi grito.
-Yo creo que Sonia 04 no tendría problema en pagar la mitad del alquiler, mientras tanto -dice Silvina-. ¿No es cierto, Sonia 04?
Sonia 04 asiente, muda.

Hago otra pausa. No sé si notaron un pequeño detalle. Este encuentro/sesión se ha transformado en un diálogo entre Silvina y yo. Sonia 04 se mantiene muda y asiente a todo lo que dice la terapista de pareja que atiende incluso a no parejas. Sonia 04 transformó su piel en madera, redujo su largo cuerpo y se transformó en un muñequito de ventrílocuo que ni siquiera se esfuerza en mover los labios -torcidos, como de costumbre- cuando habla quien la manipula. Cierro la pausa.

Hay silencio un tiempo prolongado. Creo que un minuto. Un minuto de silencio es mucho, cuando hay tres personas, y más cuando se supone que esas tres personas se encontraron para conversar. Yo pienso. Yo comprendo.
-Una cosita -digo.
-¿Sí? -pregunta Silvina, con entusiasmo, supongo que cree que me tranquilicé.
-El jueves Sonia 04 me llamó. Dijo que me extrañaba. Vino al depto, cogimos y se fue a su consultorio, o debería decir su casa, no sé, ya estoy mareado. Lo reduzco a acciones: vino, cogió, voló. Pero el viernes durmió ahí, y el sábado también, y ayer. No entiendo, desde el viernes a la noche que está durmiendo ahí, que de hecho estamos conviviendo. ¿Y ahora no sabe? ¿Qué mierda pasó, entre hoy a la mañana y ahora, que no sabe? Por otro lado, ¿qué se supone? ¿Que me quede en el departamento esperando a que ella tenga ganas de quedarse a dormir, después de coger? ¿En qué lugar me coloca, eso? ¿Y todo porque no tengo guita para alquilarme algo? ¿Qué carajo soy, qué lugar me están dando?
-Bueno -dice Silvina, ya en terreno reconocible para su profesión-, ésas son preguntas que no le dirigís a Sonia 04...
-No me den vuelta la tortilla, que de pelotudo tengo bastante por haber pasado por todo esto, pero no para que me den vuelta el discurso. Ya sé que me pregunto cuál es mi lugar en el mundo, eso dedicaselo a algún forro que cree que preguntarse eso es inédito. Lo que me estoy preguntando es algo práctico: ¿qué lugar me queda en la pareja si hacemos algo así, como lo que proponés? Y, fundamentalmente, ¿quiero ese lugar? Respondo: no quiero ese lugar. Si vinimos acá todo este tiempo es porque Sonia 04 actúa con el desapego que se presupone en los hombres y yo con la dependencia que se presupone en las mujeres. Y ahora, como solución, lo que se plantea es profundizar en esa mierda que no quiero para mi vida.
-¿Qué pensás, Sonia 04, de lo que dice Elemental? -pregunta Silvina.
Sonia 04 -lágrimas contenidas ad hoc- dice:
-Yo estoy mal, no sé qué hacer.
-O sea que quien tiene que hacer soy yo -digo.
-Hoy fui de Malena, mi analista suplente, y ella me dijo que lo que tendríamos que hacer es la plancha, dejarnos llevar, dejar que las cosas pasen y ver a dónde nos llevan.
-¿¿¿¿¿LO QUÉ?????? -grito.
Silvina y Sonia 04 me miran, sobresaltadas.
-¿Hacer la plancha? No entiendo -digo-. ¿Y qué mierda hiciste, hasta ahora? ¿Croll?

Nos despedimos de Silvina en la puerta de abajo del edificio. Antes, dijo que como la sesión había durado el doble de lo habitual, cobrará el doble. Supongo que lo hace porque sabe que es la última.
-Nos vemos cuando vuelvan de las vacaciones -dice.
-Esperá sentada -susurro en su oído cuando la saludo con un beso.

sábado, 5 de mayo de 2007

Sonia 04: Point Break

Lunes 5 de febrero de 2007.

El día transcurre sin grandes sobresaltos. Sonia 04 me llama un par de veces, yo otro tanto. Tanteamos.

Cuando llego al departamento, me llaman de Telefónica. Quieren confirmar si mañana pasan a instalar Speedy, digo que sí, arreglo el horario.

Paso a buscar a Sonia 04 por el consultorio. Tenemos sesión/encuentro con Silvina. Ambos nos dirigimos con miedo. Uno de los efectos positivos de la terapia de pareja, una vez que se institucionaliza en los rituales de ir una vez a la semana, es que no se puede esquivar el bulto. Uno va, y no tiene mucha alternativa de mirar para otro lado. Caminamos por Doblas en silencio pero tomados de la mano. Hoy no llevo ningún escrito, Sonia 04 -espero- tampoco.

Silvina nos pregunta por la semana. Sonia 04 se pone a llorar. Yo me mantengo inmóvil. Sonia 04 dice que lo que descubrió es que nos hacemos mucho daño el uno al otro. Yo, callado. Sonia 04 dice que eso le da miedo, que la relación saca lo peor de ella y lo peor mío. Yo, callado. En un momento, Silvina me mira, pregunta qué pienso de lo que dijo Sonia 04. Carraspeo.
-Bueno, no sé bien cómo decirlo. Me siento cansado. El cuerpo no me da más. Me despierto cansado.
Silvina asiente. Dice que eso es por todo lo que está pasando. Dice que Sonia 04 y yo hemos pasado a conectarnos a través de lo malo, que empecemos a rescatar lo bueno. El problema, y no lo digo, es que no recuerdo bien qué es lo bueno. El problema, lo sé, es que soporté demasiado y, como dice mi abuela, cuando me harto no hay vuelta atrás. Sin embargo, y no lo digo, trato de no decir nada que quiebre la tensa armonía, a esta altura no encuentro en Sonia 04 ningún elemento que me resulte atractivo. Lo único que me frena, que me paraliza, es el hecho de que me mudé con ella, de que hay demasiadas personas en juego, además de nosotros. Sus viejos, le dije el otro día y lo reitero ahora, que hasta compraron el lavarropas. Mi familia, los amigos, todos los que creyeron que podíamos estar bien. Por ellos, dije y digo, estoy dispuesto a hacer el esfuerzo.
-Es que el resto no importa -dice Silvina, y dice lo mismo que dijo Sonia 04 cuando se lo comenté antes-. Ustedes tienen que reencontrarse entre ustedes, ver cómo salen de este atolladero, resolver los problemas.
El encuentro es breve. Cuando termina, Sonia 04 le dice a Silvina que quiere pagarle más, porque la semana pasada estuvimos como dos horas, con toda la discusión por la lectura de lo de Gaby y sus sanata. Silvina le responde:
-Gracias, Sonia 04, pero mis honorarios los fijo yo. Me quedé de más porque la situación lo requería.
Quizás no le importe tanto el dinero, pienso.

Regresamos a casa de la mano. Al salir no nos abrazamos, ni nos besamos. Caminamos de la mano, hablamos poco. Paramos en el supermercado, compro algunas cosas que hacen falta para la cena. Sin embargo, cuando llegamos no me pongo a cocinar. Vamos al sommier del comedor, nos sentamos. Ambos estamos angustiados, las cosas se fueron a la mierda y lo sabemos. Sonia 04 dice que podemos intentarlo, yo digo que será muy difícil pero que estoy dispuesto. Ella me pregunta qué es lo difícil.
-Que la mayoría de las cosas que te dije las pienso, Sonia 04. Cuando te llamé canalla, o monstruo, no me acuerdo, me refería a que no sentís culpa por todas las ocasiones en que le hiciste daño a otras persona. Y eso me preocupa, eso me hace temer que me hagas daño a mí. Digo, más daño. Y la culpa no te la puedo inventar: si no está, no está.
-El tuyo es un pensamiento muy católico.
-Todo lo contrario, Sonia 04. Te diría que es psicoanalítico. La ausencia de culpa es la perversión.
Ella me mira, ojos torcidos.
-Entonces mejor cortemos -dice.
Se levanta, va al dormitorio. Escucho que abre las puertas del placard.
-Me voy a dormir al consultorio -dice.
Me paso las manos por el rostro. No, no hay salida. Simplemente, no la hay.
Escucho que Sonia 04 va al baño, abre la ducha, cierra la puerta.
La angustia comienza a invadirme. No quiero llorar. O, mejor dicho, no quiero llorar y que cuando la angustia amaine suponga que está todo bien. Éste es el momento, ésta es la verdad de la relación. Ésta es Sonia 04, éste soy yo.

Hay una película extraordinaria que se llama "Point Break", con Patrick Swayze y Keanu Reeves. La directora, Kathryn Bigelow, no volvió a hacer películas extraordinarias. Una pena.
"Point Break" cuenta la historia de un grupo de surfistas que, para sostener su hobby, roban bancos con caretas de ex presidentes. Medio hippones, medio delincuentes, los surfistas tienen algo así como una filosofía de vida: lo que importa es surfear, enfrentarse a las olas. El líder de la banda, Patrick Swayze, en un momento le explica al policía infiltrado, Keanu Reeves:
-¿Por qué me gusta surfear? Porque me enfrento a algo inmenso. Porque me meto con la tabla en el mar, y veo las olas en sentido contrario, y me meto igual. Y hay un momento, que es el más maravilloso de todos, en que comienzo a subirme en la tabla, y sé que dependo tanto de mí como de esa tabla como de poder adaptarme a ese mar indomable. Ese punto es un punto sin retorno, de ahí no hay vuelta atrás.
Todos tenemos en nuestra vida puntos sin retorno. De hecho, tenemos identificadas acciones que, de efectuarlas, constituyen puntos sin retorno. Yo sé de uno. Ese uno es, en verdad, una persona. Si hablo con ella, en quien confío, en quien sé que me quiere, en quien sé que me desea lo mejor, sé que quizás la respuesta no será lo que deseo, pero sé, también, que por lo general será una respuesta racional. Y sé, por su forma de ser, por todos los años en que nos conocemos, que si yo confieso a algo y le expongo una posible solución, ella -si concuerda con esa solución- cuando pase el tiempo y trate de inventarme fantasías para tapar eso que vi con nitidez, me lo recordará. Y a veces no del mejor modo. Esa persona, aunque suene infantil, es mi vieja.
Mientras Sonia 04 se baña, antes de partir hacia su consultorio, me digo que no quiero permitir que ella mañana vuelva y llore y me diga perdoname lo voy a intentar, y me digo que no quiero permitirme creerle, mañana.
Levanto el tubo del teléfono. Marco los números. Suena tres, cuatro veces. Son las diez y media de la noche, quizás se durmió temprano. Atiende. Pregunta qué me pasa.
-¿Podemos vernos?
-Por supuesto, Elemental. Sabés que siempre contás conmigo.
Cuelgo.

Voy hasta el baño. Sonia 04 se asoma, me pregunta qué me pasa.
-Voy a salir. Voy a ver a mi vieja.
Ella tuerce los labios.

La paso a buscar. Toco el timbre. Ella baja. Vamos al Plaza del Carmen de Scalabrini Ortiz y Santa Fe. Una vez ubicados, me pregunta qué me pasa.
-Pasa que estoy mal -digo, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, que se mantendrán así todo el diálogo.
-¿Qué pasó?
-Las cosas con Sonia 04 no van.
-¿Cómo, no van?
-No van. No van más. No vamos a vivir más juntos.
Me toma de la mano, como para que si quiero llorar, llore. Pese a su intento moriacasanesco, me contengo.
-¿Pero estás seguro?
-Sí, estoy seguro. Te juro que es como vivir una pesadilla. Me esfuerzo, y las cosas no salen...
-¿Pero estás seguro de que las cosas no van, que ya no van a vivir juntos?
-Sí, es un hecho.
Mi vieja asiente.
-Bueno, entonces puedo hablar -dice.

Dice que Sonia 04 no es para mí, claro. Dice que la visita familiar al departamento fue dantesca, que pensó que Sonia 04 estaba loca, al verla cómo se levantaba y sentaba, levantaba y sentaba, levantaba y sentaba. Que evidentemente es una maniática, y que eso me debe hacer sufrir mucho.
-Pero yo también cometo mis errores -le digo-. Siento celos, muchos. Es la primera vez que me pasa.
-Pero Elemental, por favor, ¿cómo vas a sentir celos?
-No entiendo.
-Digo, ¿cómo vas a sentir celos de una chica tan horrible?

Me entero, a lo largo del diálogo, que en mi familia le pusieron un apodo: el pajarraco.
Mi cuñado, quien Sonia 04 creía haber comprado con sus comentarios de tango, decía en las conversaciones familiares: pobre Elemental, él es lindo pero se cree menos de lo que es, por eso sale con el pajarraco.
Mi abuela, quien Sonia 04 creía haber comprado con sus modales, decía en las conversaciones familiares: pobre Elemental, se está cagando la vida, al salir con esa vieja loca. Traduzco: para mi abuela, "vieja" refiere al hecho de que Sonia 04 tiene 38 años y yo 35. "Loca", bueno, todos sabemos a qué refiere.

-No sé -digo-, quizás estoy celoso porque me habla mucho de sus ex parejas.
-¡Y te creo que te habla de tus ex parejas! ¡Si a mí, que soy la suegra, me habló de sus ex parejas! Yo el otro día pensaba justamente eso, que a vos te debía volver loco con comentarios de ese tipo. ¿Sabés por qué creo que lo hace?
-Histeria.
-Aparte de la histeria. Para mí que lo hace porque se sabe tan fea que necesita recalcar que tuvo amoríos, para que la gente crea que ella es plausible de ser querida o deseada. Porque ella sabe que no lo es, ¿me entendés?
La entiendo, claro.

-¿Y cuál es el problema? -pregunta mi vieja en un momento-. Parecés tener todo bastante en claro, no veo cuál es el problema.
-Que ya me mudé, que ya entregué las llaves del otro departamento, que no tengo un peso partido al medio...
-Eso no es problema. Mañana podés llamar a la inmobiliaria y ver si te dejan volver al departamento. Ellos van a estar encantados, porque siempre pagaste a término.
-Sí, pero el depósito de nuevo...
-Te lo pago yo y me lo devolvés cuando puedas.
-¿Pero tenés plata?
-Poca. Te voy a dar mis ahorros. Pero sos mi hijo, y la plata está para eso. Te quiero, lo sabés, ¿no? Te quiero y no me gustaría que te condenes a estar con una chiflada porque no tenés plata.

En un momento, pregunta:
-¿Y de mí te decía algo? Porque supongo que por la forma de ser, tan manipuladora, te debía hablar mal de todos los que te queremos. ¿Qué te decía de mí?
Yo me encojo de hombros.
-No, nunca me dijo nada -miento.

Nos despedimos con un beso y un abrazo.
-Vos te merecés alguien que te quiera bien -dice-. No cometas los mismos errores que yo, ¿estamos?
Asiento.

De regreso al departamento, veo el teléfono. Veo, también, el silencio. Voy al dormitorio: Sonia 04 no está. Bueno, me digo, todo se terminó. Quizás está mal porque todo terminó, pienso. La llamo. Atiende.
-Hola, Elemental -dice, sin Pipu ni nada afectuoso.
-Hola, Sonia 04 -digo-. Quería ver si estabas bien.
-Yo estoy bien, me preocupaba cómo ibas a estar vos.
-Yo estoy bien, gracias. Y voy a estar mejor. Me conozco, en un par de meses voy a estar como nuevo. Quien me preocupa sos vos, Sonia 04.
-¿Qué te preocupa?
-Que vos hoy no lo ves, pero estoy seguro que en algún momento te vas a dar cuenta de todas las macanas que cometiste, y te vas a sentir mal. Muy mal. Eso, me preocupa -y la preocupación es sincera, no impostada.
-Yo voy a estar bien.
-Buenísimo, entonces. Yo mañana voy a ir a la inmobiliaria a ver si recupero el depto de Acuña.
-¿Mañana?
-Sí, arreglemos esto cuanto antes. ¿Te parece?
-Está bien.
-Ni bien tenga novedades de cuándo me mudo te aviso.
Un segundo de silencio del otro lado.
-Está bien -dice.
Y nos despedimos. Y corto. Y me voy a dormir.

Lo dicho: point of no return.

jueves, 3 de mayo de 2007

Sonia 04: El Diablo (Gaby) también mete la cola (y 4)

Miércoles (cont.).

Nos despedimos de Silvina, la terapista de pareja. Caminamos hacia el depto. Yo estoy mudo. En distintas ocasiones Sonia 04 trata de tomarme del brazo, lo cual esquivo con energía. No quiero que me toque, no quiero que esté cerca mío. No sé si me da más bronca o más lástima, su patético intento por atacarme a partir de lo que, por primera vez, le dijese la irresponsable de su analista oficial. Cuando llegamos al departamento, Sonia 04 me pregunta si quiero que duerma acá.
-Quiero no verte -digo.
Supongo que es la oportunidad que ella esperaba desde hace tiempo. Casi contenta, aunque contenida, va al dormitorio a buscarse algo de ropa. Yo me siento -mentira, me dejo caer, no puedo sostenerme- sobre el sommier del comedor. Miro la pared. Segundos más tarde, estoy llorando. Primero en silencio, luego el dolor me atraviesa y hasta tengo que doblar el cuerpo. Sonia 04 viene desde el dormitorio, con parte de su ropa en la mano, y me descubre. Se acerca, me acaricia el rostro:
-Pipu...
No respondo. Lloro en silencio.
-Pipu, te juro que lo hice por los dos.
-Cada vez que hacés algo por los dos, terminás por hacerme mierda. Me destruiste, hija de puta.
El llanto aminora, la furia crece. La miro a los ojos, y repito:
-Me destruiste, hija de puta. Me quisiste destruir.
-¿Pero qué decís, mi amor? Con todo lo que yo te quiero...
-No digas pelotudeces, vos no querés a nadie. Ni a vos, te querés.
-¿Pero qué decís?
-Te dije que me leyeras eso antes de ir a lo de Silvina. Tal como hice yo siempre con vos. Porque yo no buscaba atacarte, sino dar con soluciones a los cientos de trabas que vos pusiste en todo este tiempo. Pero no. Vos estabas demasiado contenta con esa estupidez... Vos creiste que al final dabas con algo para recriminarme, porque en el fondo sabés que cuando me quejo de la relación tengo razón... Vos creiste dar con algo y apuntaste a atacarme. Y lo que me dolió no fue lo que dijiste, que son todas pelotudeces de la burra esa que estudió en la Universidad de Belgrano, sino que gozabas. Disfrutabas el hecho de atacarme. Tenías que escucharte la frialdad con la que leías.
-Lo hice así para no ponerme a llorar.
-Lo hiciste así porque sos un monstruo, Sonia 04. Un pobre monstruo manipulado por la loca esa, que te manda a hacer las runas, que te elige el gimnasio... Sos una pobre mina. Una pobre mina con una dosis considerable de maldad. Y esa maldad te la maximiza la conchuda ésa. Y quisiste destruirme. Y fue éso, lo que me destruyó, lo que me hace sentir para la mierda.
-Pipu, yo te quiero...
-Piedad, lo único que te pido es un poco de piedad.
Sonia 04 me acaricia el rostro. Yo lloro, pero no desesperado. Lloro porque me duele algo que no sé qué es, pero sí qué lo provoca.
-Pipu, yo te quiero -dice ella.
Yo no le respondo.
Ella me besa, trata de desvestirme. La freno. Hoy no. Hoy, así, no.
-Vos sos lo mejor que me pasó en la vida -dice Sonia 04.
-Vos no -digo.
Me levanto. Voy a la cama, me dejo caer, vestido. Ella se recuesta junto a mí. Me abraza. Llora.
-Perdoname -dice.
Y yo me quedo callado. Hasta que me duermo.

Sonia 04: El Diablo (Gaby) también mete la cola (3)

Miércoles (cont.).

Paso a buscar a Sonia 04 a las 8 menos cuarto. Cuando subo, me pregunta cómo estoy. No lo preguntó en ningún momento desde nuestra última conversación telefónica. De hecho, ni siquiera pregunta si fui a entregar las llaves del departamento. Pregunta, ahora, sí, cómo estoy. Le cuento que estve muy mal, que fui a ver a Silvina, la terapista de pareja. Ella se emociona, dice que le parece muy bien que haya buscado ayuda. Le pregunto por su encuentro con Gaby, ella me dice que tomó unos apuntes para hablar en el encuentro/sesión con Silvina. Le digo si me lo puede decir ahora, me dice que mejor no, le resta importancia. Me pregunta por lo que hablé con Silvina, le cuento poco, dice que le parece muy bien.

Caminamos por Doblas desde el consultorio de Sonia 04 hasta el de Silvina, sin tomarnos de la mano. Algo está muy mal, lo sé.

Al inicio del encuentro/sesión, Sonia 04 propone que yo lea la carta que escribí ayer. Por primera vez, no tengo copias para ellas. Leo, y escuchan. Cuando termino, Silvina, que intenta interpretar todo, pregunta por qué hoy no traje copias.
-Porque me descompuse en el trabajo, que era donde iba a imprimirlas -digo.
-Ah -dice Silvina.

Enseguida, Sonia 04, con gesto suficiente, como si acabara de dar con la piedra filosofal, abre su cartera.
-Yo hoy hablé con Gaby, mi analista, de la carta de Elemental-dice.
Saca de la cartera una hoja arrancada de la agenda.
-Yo ayer a Elemental le dije que era malo como su mamá -dice Sonia 04-, y con Gaby estuvimos trabajando acerca de eso.
Sonia 04 lee.

Sonia 04 dice que Gaby dijo que mis reclamos de afecto a ella son, en verdad, reclamos de afecto a mi madre que nunca me quiso.

Sonia 04 dice que Gaby dijo que yo soy malo como mi mamá, pero que soy malo conmigo mismo, que me hago daño.

Sonia 04 dice que Gaby dijo que le pido a ella cosas que no le corresponde darme.

Sonia 04 dice que Gaby dijo que yo debería estar medicado con alguna clase de ansiolítico.

Sonia 04, con gesto triunfante, termina de leer y dobla la hoja de la agenda, para luego guardarla nuevamente en la cartera. Silvina la mira, muda, y luego me mira a mí. Me pregunta qué pienso.
-Pienso que pensé que este clima de mierda iba a terminar -digo-. Me parece que todo lo que acaba de leer Sonia 04 carece de seriedad. Para empezar, Gaby no me conoce, sólo sabe lo que Sonia 04 le cuenta acerca de mí. Y, muy suelta de cuerpo, con una impunidad que me asombra, la atorranta esta dice que necesito de ansiolíticos. Y, recalco, no habló conmigo. Es una chanta que manipula a esta pobre mina -señalo a Sonia 04-, que encima se cree haber descubierto algo.
-Elemental -dice Silvina-, a vos te molesta que Sonia 04 hable mal de tu madre, ¿no?
-Por supuesto.
-Entonces no seas injusto con Sonia 04. Vos sabés lo que Gaby significa para ella, es una especie de rol materno.
-Para empezar, si es un rol materno, Sonia 04 tiene más problemas de los que todos creíamos, porque es su analista y no su madre. Segundo, mi vieja, si bien estoy seguro de que lo piensa, jamás me dijo una sola palabra en contra de Sonia 04, mientras que la atorranta esta que vaya uno a saber cuánto cobra la sesión se despachó contra mí a cuerpo suelto.
-¿Ve cómo se toma las cosas? -le dice Sonia 04 a Silvina.
-Me las tomo como corresponde tomarlas. Yo no sé mucho de psicología, pero sí sé de epistemología. Tu analista, Gaby, no me conoce, y a partir de ese hecho tan simple pero irrefutable no puede sacar conclusiones respecto a mí. ¡Indicarme medicación! ¿Y sabés algo? Gaby acertó, pero a medias, y acertó de puro pedo. Es posible que yo sea un tipo que reclama afecto de más, tal como leiste muy orgullosita en esa pavada que te hizo escribir. ¿Pero sabés algo? No es por ausencia de afecto de mi vieja. Me analicé cinco años, y el afecto que me gustaría rellenar pero es imposible es el de mi papá, es el de mi abuelo que se murió. O sea, Gaby no acertó una mierda. Y además, digo, hay algo que me parece que escapa incluso a la lógica de ella como analista.
Hago una pausa dramática. Silvina y Sonia 04 me observan expectantes.
-Gaby ni siquiera me mandó a hacer tirar las runas, como para sacar tantas conclusiones.
Sonia 04, por supuesto, tuerce los labios.

Sonia 04: El Diablo (Gaby) también mete la cola (2)

Miércoles (cont.).

El viaje en subte es alucinatorio. Lo que me rodea no existe. Por un instante, siento que soy yo, quien no existe. Que no debería existir.

Entro en el departamento. Necesito hablar con alguien, o me voy a volver loco. Necesito hablar con alguien antes del encuentro con Silvina, la terapista de pareja, a las ocho de la noche. Descarto familiares. ¿Amigos con la suficiente confianza? El Libanés y la Trotamundos están laburando, el Preceptor de vacaciones, debe haber llevado a pasear a su hijo. Necesito alguien que me hable en forma calmada. Alguien, cualquiera. La idea surge casi por sí sola, casi por azar. Tomo la agenda, marco los números, suena. Cuando atienden del otro lado, reconozco enseguida la voz de Silvina, la terapista de pareja.

El consultorio de Silvina, al no asistir con Sonia 04, es extraño. Lo primero que hago, al sentarme, es agradecerle por haberme recibido así, de urgencia. Ella enseguida me dice que está todo bien, que para eso está. Me pregunta qué pasa.
Los primeros minutos -calculo dos o tres, se sienten una eternidad- no puedo hablar. Lloro en silencio, intento mirarla a través de las lágrimas. Apenas recupero el aliento, apenas el caudal líquido ha mermado, digo:
-No puedo más.
-¿Qué cosa, no podés más?
-Me quiero ir, no puedo más.
-¿Tenés la sensación de que te querés ir corriendo?
Asiento.
-Bueno, hablemos para que puedas irte caminando.

Digo:
-Me cuesta mucho conectarme con Sonia 04.
Silvina dice:
-A ella le cuesta mucho conectarse consigo misma, Elemental.

Digo:
-Es muy agresiva, me aleja.
Silvina dice:
-Sí, no se dá cuenta. Genera rechazo en todo el mundo.

Digo:
-Pero me parece que, más allá de todo esto, el problema soy yo, cómo fui capaz de meterme en este infierno.
Silvina dice:
-Al fin vamos a algo importante.

Silvina dice:
-¿No te parece que le das demasiado?
Digo:
-Puede ser.
Silvina dice:
-A días de mudarte le armás una fiesta sorpresa, le escribís una novela en dos semanas...
Digo:
-La novela es una cagada, igual.
Silvina dice:
-Hay gente que tarda años en hacer lo que vos hiciste en dos semanas.
Digo:
-Sí, pero esas son buenas novelas. Esta es una cagada.
Silvina dice:
-¿No te parece que le estás dando demasiado a alguien que no sabés si vale la pena darle, a quien como decís no sabés si vale la pena querer?

Silvina dice:
-Por otro lado, Elemental, cuando das demasiado no le dejás espacio a ella a que pueda dar.
Digo:
-¿O sea que no tengo que darle?
Silvina dice:
-No si ella no te dá. Y no tomes una decisión apresurada. Si te vas, si querés irte, no lo hagas corriendo. Caminando se llega más lejos.

Me despido de Silvina. Acordamos, obviamente, que le diremos a Sonia 04 de mi visita a solas. Cuando nos despedimos, decimos:
-Hasta luego.
Al fin y al cabo, tengo que volver acá en dos horas.

lunes, 30 de abril de 2007

Sonia 04: Todo parece estar bien (parece, claro)

Miércoles 24 de enero de 2007.

Me despierto, y preparo el desayuno para ambos. Después de desayunar, Sonia 04 me hace ojitos y dice que ayer me quedé dormido. Eso hiere mi orgullo, y mi cipote siempre dispuesto está listo en un santiamén. Lo hacemos bastante bien.

Hoy Sonia 04 tiene turno con Gaby, su analista oficial. Gaby volvió de vacaciones por quince días, no sé si para atender sus casos más graves o para hacerse unos mangos que gastar en el resto de sus vacaciones.
Sonia 04 me llama apenas sale de la sesión.
-¡Pipu, te tengo buenas noticias!
-¿Qué pasó?
-Gaby te quiere dar trabajo.
-¿¿¿Cómo???
-Está terminando un libro, y le gustaría que vos fueses el corrector.
-¿Pero hablaron de plata?
-No, pero ella te va a decir cuánto.
Lo dice como que no me conviene tirar una contraoferta. Pero bueno, un trabajo es un trabajo. Más allá de que crea que lo que escribe son sandeces. En mi época de malaria hice libros de horóscopos, de hadas y duendes (no ficción, de entrevistas a hadas y duendes), trabajé un tiempo en la revista Predicciones... Bueno, esto no debería ser muy distinto. El profesionalismo aplicado al tecleo.
-Y me habló mucho de vos -dice Sonia 04, del otro lado del teléfono.
-¿En serio, en base a qué?
-A lo que yo le conté.
-¿Y qué dice?
-Que sos una persona muy noble, con valores de otra época. Porque le conté todo lo que pensás y lo que me dijiste de la fidelidad y esas cosas. Y le conté también de mi problema cuando hago compras.
-¿¿¿¿¿Ella no lo sabía????? ¿No se lo habías contado?
-No -se ríe-. Se tapó la boca, no lo podía creer.
-¿Y qué te dijo?
-Que sos un buen tipo, que me apoye en vos.
-Mirá qué bueno.
Mirá qué bueno, tiemblo.

Por la noche, vamos de Silvina, la terapista de pareja. Apenas me siento, me mira y dice:
-Agotadora, la mudanza, ¿no?
-Ufffff -digo, y muevo las manos en el aire-, la mudanza, las compras, el cumpleaños de Sonia 04.
-Ayer cumplí años -dice Sonia 04, y me toma de la mano-, y Elemental me hizo muy lindos regalos y me armó una fiesta sorpresa.
-Mirá qué bien -dice Silvina, pregunta por los regalos (licuadora, nouvelle) y aprueba, dice que apunté tanto a la nutrición física como espiritual (¡cómo se ve que no leyeron la nouvelle, todavía!).
-¿Y la convivencia? -pregunta Silvina-. ¿Ya mudaron todo?
-Yo sí -digo, con lo que dejo en claro quién no.
-¿Y vos? -le pregunta Silvina a Sonia 04.
-Lo que pasa es que yo quiero comprar todo a nuevo. Gaby, una de mis analistas, dice que las cosas que pasaron en ese departamento son muy feas, que tengo que poner nueva onda.
Esto no lo sabía. Gaby también hace Feng-Shui, parece.
-Bueno, pero si vas a vivir con Elemental ya tendrías que ir llevando todas tus cosas de todos los días, ¿no? -pregunta Silvina, y el ¿no? es absolutamente decorativo.
-Sí -Sonia 04 tuerce los labios.
-¿Y la convivencia qué tal?
Le cuento de las discusiones. Empiezo por la del sábado, y cuando le digo que exigí que Sonia 04 durmiera en el departamento, Silvina hace un gesto de aprobación. Luego, cuando llego a lo del domingo y Sonia 04 en el probador del shopping...
-Yo tengo un problema -a Sonia 04 se le llenan los ojos de lágrimas.
¿Uno?, quisiera preguntar.
-No puedo con los objetos -sigue Sonia 04-, está más allá de mi control.
-Bueno, pero tenés a Elemental para que te ayude, ¿no?
Mierda. Otra que le dice lo mismo. Me tuve que hacer cargo de la mudanza, de buena parte de la relación cuando a Sonia 04 le agarraba la chiripiorca -bastante frecuentemente-, y ahora tengo que ser el soporte para sus traumas. Aunque, si me detengo a pensarlo, a mí, que soy un neurótico obsesivo, me viene bárbaro, porque significa que las cosas dependen de mí.
Sí, me digo, está todo bien.
Y presiono la mano de Sonia 04. Cuando me mira, canchero, le guiño un ojo.

viernes, 27 de abril de 2007

Sonia 04: Última noche en mi departamento de soltero

Viernes 19 de enero de 2007.

Antes de irme de lo de Sonia 04, la ayudo a armar las cosas para que mañana, cuando pasemos con el flete, ya esté todo listo para llevarlo. Ella planteaba que llevásemos su sommier de una plaza para utilizarlo temporariamente como sillón del comedor, y que trajésemos el mío de una plaza y media acá. La verdad, no entendí para qué quería un sommier de plaza y media en su cuarto libre del consultorio, en especial si la idea es, al no vivir más acá, empezar a alquilarlo como consultorio por horas. Le dije que era medio al pedo subir un sommier y bajar otro, una innecesaria pérdida de tiempo. Con razonamiento similar, días atrás deshechamos también la posibilidad de subir acá mi heladera y bajar la de ella que es no frost. Lo más práctico es que utilicemos primariamente lo que está en mi depto, que hay que desalojar antes del 31.
Tampoco entendí para qué deseaba mantener acá la computadora, en especial si tenemos en cuenta que siempre se quejaba de que sólo podía utilizarla por las noches. Mi razonamiento -¿para qué corno pagar dos servicios de banda ancha?- finalmente rindió sus frutos, y la computadora -CPU, monitor, teclado- y su escritorio es lo que los peones deberán cargar en la camioneta, el día de mañana, cuando hagamos escala acá antes de llegar al destino final. La ayudo entonces a desenchufar y acomodar todo en el comedor. Luego, partimos.

Terapia de pareja. Silvina nos pregunta si estamos nerviosos, ambos decimos que sí. Pregunta por los preparativos, a los que califica de "emocionantes". Agotadores, diría yo. Es un encuentro intrascendente, por así decirlo, salvo por una frase de Silvina:
-Bueno, ahora tienen todo dispuesto para estar bien. Depende de ustedes, no arruinarlo.
El problema, justamente, es que depende de nosotros.

En el trabajo estoy pero no estoy. Es decir, estoy pero me mantengo pendiente de lo que sucederá. Soy naturalmente ansioso, pero lo que sucede y sucederá eleva mi ansiedad y mi imaginación a niveles paroxísticos. El Chancho, el Flaco, el Tanguero, todos preguntan si todo está dispuesto para la mudanza. Digo que sí. También lo preguntan el Libanés y la Trotamundos en sendos mails. Digo que sí.
Aunque, claro, no sé.

Evalúo todo lo que puede salir mal: que los peones de la mudanza se queden dormidos y lleguen en una hora en la que los de la administración del edificio (tanto de partida como de llegada) ya no me permitan hacer la mudanza, que se les quede la camioneta, que haya un incendio, que una banda de piratas del asfalto porteño se apropie de las cosas durante el viaje de un punto al otro. Cuando llego a casa, termino de preparar las cosas. Llamo, también, a la empresa de fletes para confirmar el horario de mañana: antes de ayer se habían olvidado de traer los canastos, no sería lindo que se repitiera el olvido. El que me atiende me tranquiliza, o al menos lo intenta.

La mayoría de las cosas que tengo para llevar entraron, entre los canastos y las valijas: los placards están vacíos -sensación extraña-, el televisor en la mesa del comedor para que lo saquen más fácil, los cubiertos y platos en valijas. Quedan, sí, unos cuantos libros que podremos llevar con Sonia 04 en coche, en otro viaje.
Ver el departamento así me acongoja. De hecho, se lo digo a mi vieja cuando llama para saber si está todo bien con la mudanza, si sus valijas sirvieron.
-Bueno -dice ella del otro lado de la línea-, estás por dar un paso muy importante.
Luego llama Sonia 04. Le pregunto si no se olvidó las llaves del nuevo departamento -vendrá a dormir acá-, y no, no se las olvidó. Todo parece estar en orden. Ella me pregunta si estoy bien. Le digo que sí, pero que estoy muy cansado físicamente.

Hay momentos, pequeñas acciones que indican el inicio de procesos mucho mayores. O, mejor dicho, el punto sin retorno que han tomado esos procesos. Mi computadora, no sé si lo dije, está siempre encendida. Descargo series -Lost, House- y películas con el emule. Ayer llamé a Fibertel para dar de baja el servicio, está todo bien. Navego con la inquietud de saber que habrá que ver cuándo ponemos banda ancha en el nuevo departamento. Hay películas descargadas como para el principio: entre otras, la última de Clint Eastwood, "Flags of our fathers". Entro en algunos blogs, dejo comentarios anónimos más que nada para bardear. Recuerdo los tiempos en que este blog estaba abierto, la enorme cantidad de gente que entraba, mi angustia de no dar con una pareja en aquellos días. Loco, el tiempo, pienso. Los amigos que leían el blog saben cómo sigue la cosa, ¿qué pensarán todos aquellos con los que la relación era puramente virtual? ¿Se imaginarán que mañana me voy a vivir con Sonia 04? ¿Se imaginarán que di con alguien que es mucho más que una Sonia tal como las describía en el blog? Mejor dicho: ¿se harán alguna pregunta, luego de la inactividad prolongada del blog? ¿Cuán efímero fue el acto morboso de espiar las miserias de otro?
Hay actos, decía, que demarcan puntos irreversibles de un proceso. Por lo general, poseen una carga simbólica que les adjudicamos nosotros, que quizás para otros resultan intrascendentes, pero para nosotros no, nada que ver. Tomo el mouse, presiono inicio, presiono apagar, y por primera vez en meses no es reiniciar -a veces la máquina se enlentece y tengo que hacerlo-. Una pequeña sombra, el CPU que susurra su traca-traca y luego el corte de energía, la computadora, ese corazón que tenía este departamento, se apaga. Desarmo la máquina, coloco el monitor y el CPU junto al televisor, los cables en la mochila de mano.
Se me escapa una lágrima.

Me baño.

Cuando llega Sonia 04, se maravilla con la forma en que dispuse canastos y valijas. Dice que parezco haber nacido para esto. Se la ve entusiasmada.

Vamos a cenar afuera. Elegí la pizzería que está en Aráoz y Cabrera. Es el sitio al que fuimos en nuestra primera cita, me parece que cuaja en lo simbólico, lo romántico. Y hacen buenas pizzas, y ahora que voy a vivir en Caballito me quedará lejos. Vamos a la terraza.
Me siento inseguro, extraño. Le digo a Sonia 04 que la quiero, que la amo. Ella sonríe. En un momento detecto que, en el transcurso de la entrada -empanadas de jamón y queso- sus ojos me miran pero se desvían. Miro por sobre mi hombro, disimuladamente, para ver qué mira. Una mesa en la que hay cinco muchachos de unos treinta años, todos conchetos, todos carilindos. Sonia 04 mira con insistencia. No me molesta, no particularmente: que uno esté a dieta no significa que no pueda mirar el menú. Insisto, le digo que la quiero, acerco mi mano para que me de la suya, por sobre la mesa.
La mano se queda ahí durante toda la cena, inmóvil, pétrea, como si tuviera el brazo enyesado, sin que ella responda ni deje de mirar a la otra mesa.
Y mañana me voy a vivir con esto. Perdón, con ella.

lunes, 23 de abril de 2007

Sonia 04: Terapia de pareja, una carta y unas opiniones (y 4)

Viernes (cont.).

Caminamos desde lo de Silvina hasta lo de Sonia 04, por Doblas derecho -ahora que lo pienso, Sonia 04 eligió una terapista de pareja que le queda cerca de su casa, sólo a cinco cuadras, ¿será parte de la fiaca que le da la pareja?-. Vamos de la mano. Sonia 04 me dice cosas lindas, y yo a ella. Nos despedimos en la puerta, algunos besos, y me subo a un taxi.

En el taxi, la serenidad que me brindó el hecho de que Sonia 04 aceptara lo planteado en la carta hace efecto. Me siento cansado. El cuerpo se derrite. Necesito dormir. Mientras veo el tráfico sobre avenida Belgrano, me digo que desde que empecé a salir con Sonia 04, hace poco más de cuatro meses, entré en un vértigo que ahora está empezando a mostrar sus resultados.

Durante el día de trabajo estoy hecho un zombie. Recibo un mail de Sonia 04, al mediodía, donde dice que me ama. Le respondo otro, le digo que yo también. Sin embargo, es como si el cansancio persistiera. El Chancho, el Flaco y el Tanguero me miran desde sus escritorios. No hacen ninguna pregunta: me puse los auriculares, Julieta Venegas me rescata del mundo exterior. Intento continuar la nouvelle que me propuse regalarle a Sonia 04 para dentro de diez días. Escribí menos de una quinta parte, por lo menos de lo que tengo planificado. Pero no puedo. No puedo hacer nada.
Estoy cansado.
Tanto, que me pregunto si, por más que ahora me dice que me ama, por más que acepta -en la terapia de pareja, no cuando estamos solos- lo que le digo, me pregunto si, decía, no será que estoy cansado de Sonia 04, y no del vértigo de la relación.

Sonia 04: Terapia de pareja, una carta y unas opiniones (3)

Viernes (cont.).

Alzo la vista. Silvina, la terapista de pareja, primero me mira -al igual que Sonia 04-, y luego la mira a Sonia 04.
-¿Qué tenés para decir? -dice Silvina.
-Yo no le hablo todo el tiempo de mis ex -dice Sonia 04-. Es él que pregunta. Además, ayer se persiguió solo, me llamó varias veces porque estaba celoso.
-Pero en relación a lo que acaba de leer Elemental, ¿qué tenés para decir?
-Que es muy terminante -dice Sonia 04.
-Bueno -dice Silvina-, pero lo que él plantea es que no se trata de una negociación. Él no está dispuesto a aceptar ciertas cosas. Si vive con vos, es para monogamia. Al menos eso es lo que se desprende lo que leyó.
-Pero si yo también... Me estoy yendo a vivir con él, ¿no?
-¿Entonces estás dispuesta a dar lo que él pide?
Sonia 04 tuerce los labios. Me mira. Luego mira a Silvina.
-Sí, pero él es muy terminante.
-Es lo que es -dice Silvina, y por primera vez el "soy así" me juega a favor-. Plantea sus limitaciones, su forma de ser, y antes de mudarse con vos lo aclara. ¿Entonces aceptás el no tener contacto con tus ex?
-Con Rafael no hablo hace mucho, y era el único...
-¿Aceptás no tener más contacto con tus ex? -insiste Silvina.
-Sí. Sí, claro.
Automáticamente, me relajo.

El resto del encuentro lo dedicamos a comentar los nervios por el hecho de que el próximo lunes firmaremos el contrato de alquiler.

(continuará)

Sonia 04: Terapia de pareja, una carta y unas opiniones (1)

Viernes 12 de enero.

Vamos a lo de Silvina, la terapista de pareja, por la mañana. El último miércoles Sonia 04 tenía problemas de horario -léase una paciente privada, por fuera de la prepaga, a la que le puede cobrar $50 en vez de los $31 que implica el resto-. Llegamos tarde, por supuesto: Sonia 04 tarda en desperezarse, en desayunar, en vestirse. Una vez que nos acomodamos, tomo las tres copias de la carta que escribí ayer, le entrego una a Silvina y otra a Sonia 04 -pese a que a ella ya se la leí ayer-, carraspeo y, una vez que Silvina se puso los anteojos, leo:

El próximo lunes vamos a ir a firmar el contrato de alquiler. Pero no sólo eso. El próximo lunes, también, la relación debería dar un paso grandioso. Digo, hasta ahora hemos sido novios, pero a partir del lunes a las 19 horas –la firma, pero más aún desde la mudanza- pasaremos a ser una pareja en el amplio sentido de la palabra. Y una pareja implica, como suele decir Silvina, aceptar al otro. Mejor dicho: aceptar al otro hasta donde uno pueda aceptar al otro.

(como puede verse, arranco bien, pura diplomacia: cito a Silvina, me conchabo con ella, y establezco lo del lunes, la firma del contrato, como un punto de inflexión, y se sabe que los puntos de inflexión pueden disparar para cualquier lado)

Desde el domingo vengo pensando en eso, tratando de que, como también diría Silvina, mis miedos ante la mudanza no nublen la visión –de ahí que escriba esto-. Me encantaría aceptar todo tal como es, pero hay cosas que van más allá de mi decisión, de –si se quiere- mi racionalidad. Es decir, hay cuestiones que no estoy dispuesto a aceptar. Y, más importante aún, y porque me conozco, sé que tampoco las aceptaré en el futuro.

(y acá es donde empieza el conflicto, que intenté exponer de la forma más fría posible pese a lo que me sucedía ayer)

El tema tiene que ver con un error mío, que lo acepto. Ya desde el principio me dijiste que a vos te gustaba mantenerte en contacto con tus ex parejas, y como en ese entonces yo no sabía cómo se iba a desarrollar la relación no le di mayor relevancia. Sin embargo, a medida que la relación fue avanzando y afianzándose, hubo cosas que comenzaron a molestarme. Lo que pasó el domingo –que anotaras el teléfono de Humberto cuando el día anterior me dijiste que sólo le enviarías un mail sucinto- me hizo pensar, y más en la proximidad de la mudanza, y en el hecho de que aún el contrato no está firmado.

En lo personal, no tengo tipo de relación con mis ex parejas, ni con historias pasadas; cuando avanzo en la vida, prefiero que el pasado no enturbie el presente; eventualmente, será de utilidad para aprender de los propios errores.

(sí, lo reconozco: este párrafo debería estar en un libro de Bucay, últimamente tengo una tendencia a bucayzarme, ¿será eso el estar enamorado? ¿será eso el intentar rescatar una relación que se hunde? ¿hundir el intelecto para rescatar sentimientos?)

Creo que, como te dije, vos en su momento diste un mal paso: no se trató sólo de que le fueses infiel a Rafael –a quien siempre dijiste que querías mucho- sino que lo hicieras durante seis meses. Cuando me lo contaste no le di mayor relevancia –“al fin y al cabo fue con él”, pensé-, pero cuando tantas veces insististe en todo lo que lo habías amado, me hizo temer. “Si a él lo amó y pasó eso, ¿qué me queda?”.

(eso mismo, ¿qué me queda?)

(continuará)

martes, 17 de abril de 2007

Sonia 04: Una victoria (efímera)

Miércoles 3 de enero de 2007.

Por la mañana, Sonia 04 pasa por la inmobiliaria. La idea es que averigüe cómo va la tramitación de la garantía. Aparentemente, está todo bien. Los dueños del departamento están de vacaciones, y regresan el domingo 14, por lo que la firma será el 15 de enero. Es decir, en doce días. Es decir, pronto.

Por la noche, vamos de Silvina, la terapista de pareja. Nos pregunta por nuestros temores. Sonia 04 está más tranquila que la semana pasada -¿la sesión pasada? ¿el encuentro pasado?-. Yo no, en especial luego del "tampoco no nos desee la muerte" a mi vieja. Lo digo, planteo que Sonia 04 debería bajar los decibeles del conflicto con mi madre.
Silvina, que intenta ser pura voluntad para cobrar al final de la sesión/entrevista/vayaunoasaberqué, le dice que tengo razón, que se trata de mi madre.
-Pero yo pienso eso -dice Sonia 04.
-El problema es que siempre dice lo que piensa -digo-. Cada uno puede pensar lo que quiera, por supuesto, pero a veces decirlo no es lo correcto.
Silvina, pura admiración, me observa como si acabase de decir una genialidad. Sonia 04 asiente, en silencio.
-No sé, como cuando me dijo que el paciente la invitó a salir, o cuando me habla de sus ex parejas.
-¡Pero si el que saca el tema de las ex parejas es él! -le dice Sonia 04, con tono escandalizado.
-Yo pregunto, eventualmente, cuando ella saca el tema -intento explicar.
-A mí me parece que vos no deberías hablar de tus ex parejas -hoy, decididamente, Silvina está de mi lado.
-Yo me tengo que aguantar que él hable de las putas con las que se acostó -dice Sonia 04.
Silvina me mira.
-Una vez Sonia 04 me preguntó cómo me había manejado todo el tiempo en que no estuve en pareja -digo-. Y bueno, no iba a vivir masturbándome -digo, como si eso excluyera lo otro-. Iba con prostitutas, pero siempre me cuidé. No sé por qué tanto escándalo.
-¿Pero se lo decís siempre?
-Se lo dije una sola vez, y después ella me empezó a preguntar cómo era, cómo eran, qué hacían.
Sonia 04 tuerce la boca.
-Bueno, vos no le hables más de prostitutas -me dice Silvina, y luego gira hacia Sonia 04-. Y vos no le hables más de tus ex parejas.
-Pero yo no le... -empieza Sonia 04.
-Lo hacés -la interrumpe Silvina, decidida-. Quizás inconcientemente -concede, aunque suena a que está adulcorando lo que piensa-, pero lo hacés. Tené cuidado con lo que decís, al fin y al cabo se van a ir a vivir juntos, ¿no?
Sonia 04 abre la boca. Estoy seguro de que está a punto de decir "pero es lo que pienso". Se mantiene callada. Silvina cobra la sesión/encuentro/loquesea, y nos baja a abrir.
Una vez que estamos en la calle, con sonrisa triunfal, digo:
-Piola, lo que dijo Silvina hoy, ¿no?

sábado, 14 de abril de 2007

Sonia 04: Una mala persona

Miércoles 27 de diciembre de 2006.

Por la tarde, Sonia 04 fue a llevar la documentación a la inmobiliaria. Todo está, sí, en marcha. Ahora sólo falta que aprueben la garantía y, luego, mudarnos. Vivir juntos. Ser, por así decirlo, una pareja.


Vamos a terapia de pareja. La semana pasada una de las últimas conclusiones había sido que la búsqueda de departamento quedaba postergada, que nos íbamos a abocar a las vacaciones. Hoy hablé con la gente del complejo de Nono, y habían acreditado el depósito. Eso también está en marcha. Todo, está en marcha. No sé si fuera de control, pero en marcha. De lo que estoy seguro es de que parece estar fuera de mi control.

Nos sentamos. Silvina se ubica del otro lado del escritorio. Tanto Sonia 04 como yo nos reímos, en mi caso de los nervios, en los de ella de contenta -o vaya uno a saber-. Silvina, que capta que hay algo inusual, pregunta:
-¿Pasa algo?
-Que no sabemos cómo decírtelo -dice Sonia 04.
Para no saberlo, lo dice bien. Enseguida. Miro a Silvina, supongo que dirá que estamos locos. Dice, sin embargo:
-Qué suerte.

Es extraño, pero cada ocasión en que vine a la terapia de pareja lo hice con la sensación de que si una tercera mirada, ajena, se posaba sobre la relación que tengo con Sonia 04, su conclusión sería terminante. Recuerdo, entonces, que si nosotros venimos ella cobra. Y, si seguimos viniendo, también. Y no existen demasiadas posibilidades de que continúe haciéndolo si es terminante.

En un momento, Silvina pregunta:
-¿Y cómo te sentís?
No lo preguntó en general. Me miraba. Me mira. Digo:
-Cagado en las patas, me siento.

En otro momento, Silvina pregunta si hubo algún inconveniente.
Sonia 04 dice que no, que la dueña de la inmobiliaria es encantadora, que le cayó muy bien. Que los que habían señado antes no sabían que la garantía estaba embargada. Que el departamento es hermoso.
-¿Pero no era que ese departamento no te gustaba? -le pregunta Silvina.
-Me gusta -dice Sonia 04, entorna los ojos, me mira y me toma de la mano. Yo presiono levemente, como para indicarle que está todo bien, que cada loco con su tema, y que el suyo es tener dificultades para elegir.

Silvina pregunta si esta semana hubo discusiones.
Sonia 04 dice que no.
Yo carraspeo.
Digo, entonces, que ayer hubo un inicio de discusión, que no se desarrolló pero que la base estaba. Me siento el Bambino Veira.
Silvina pregunta los causales de la tensión, yo explico que Sonia 04 se encaprichó en que quiere ser la única titular del departamento, y sus padres los garantes. Le digo que yo preferiría los dos, que los que vamos a vivir ahí somos los dos y que la firma del contrato tiene un valor simbólico.
-A mí me parece que lo que te molesta es que no te podés hacer cargo sólo desde el punto de vista económico -dice Silvina-, que no te tomarían a vos solo como inquilino y a Sonia 04 sí.
Carraspeo. No me causa mucha gracia que Sonia 04 gane tanto más que yo, pero definitivamente no me molesta. No me molesta, tampoco, que no me tomen a mí solo como inquilino: yo quería firmar con ella. Me quedo callado. Supongo que ambas interpretan mi silencio como que le doy la razón a Silvina, cuando en verdad querría decirle que no haga esas interpretaciones arriesgadas, porque de esa forma sus palabras pueden parecerse demasiado a pelotudeces.
Sonia 04 dice:
-Él tiene miedo por si la cosa no funciona, qué hacemos entonces con el departamento.
Eso sí es un temor mío, que de hecho se lo dije ayer.
-Lo que Elemental tiene que entender es que tanto mis viejos como yo somos buena gente -dice Sonia 04, y visto a la distancia tendría que haber grabado esto-. Si las cosas funcionan, él se puede quedar en el departamento hasta que encuentre otro, y luego yo me haría cargo, me quedaría a vivir ahí.
-Me parece un trato justo -le dice Silvina, quien luego gira hacia mí-. ¿No?
-Sí, es justo -admito.
-¿Y en relación a lo que te molesta de ganar menos que ella querés decir algo? -insiste Silvina.
Y yo me quedo callado.

Luego la sesión -el encuentro, en verdad- deriva por otros carriles, hasta que regresamos al mismo tema, y yo recuerdo que mi vieja podía ser garante y así firmar los dos, pero que Sonia 04 se negó, y que me parece un capricho. Silvina asiente, mirándome, y luego clava los ojos en Sonia 04. En los ojos llorosos de Sonia 04.
-Pasa algo, que me gustaría decir -dice Sonia 04.
Tanto Silvina como yo nos quedamos en silencio. Sonia 04 lloriquea, como si lo que estuviese a punto de decir le doliese mucho.
-A mí me parece que la madre de Elemental es una mala persona.
Yo la miro, asombrado. Me parece una conclusión un tanto prematura, en relación a alguien que vio tres veces en su vida.
-A mí me parece que es una persona cruel, que se quedó sola porque es cruel.
Me acomodo en el asiento. ¿Está hablando de mi vieja o está hablando de ella?
-Y tiene la fantasía de cubrir esa soledad con nietos, y yo no pienso... -dice Sonia 04.
-A ver -la interrumpe Silvina, en su primer intervención (el interrumpir) que considero sagaz-, vos sos psicóloga, vos sabés cómo son las cosas. ¿No te parece que a Elemental le debe estar doliendo, lo que decís?
-Es que tengo que decirlo. Para mí la madre no lo quiere. La madre no quiere a nadie. Y me da mucha lástima por Elemental.
Se produce un silencio. Silvina me mira, como invitándome a expresar mis pensamientos, sentimientos, aspaventos en este encuentro tan pero tan constructivo.
-A mí me parece que Sonia 04 está sacando conclusiones apresuradas -digo-. En primer lugar, sólo parte del dato de que mi vieja estuvo casada con alguien que me maltrató durante dieciocho años. Así, suelto, el dato parece decir que a mi vieja le importo tres carajos. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. Yo sé lo que sufrió mi vieja en todo ese tiempo, de hecho lo vi mucho en terapia, cuando hacía terapia. Creo que cometió errores, claro, pero no horrores. Y esos errores los perdoné, a partir de lo cual no entiendo por qué Sonia 04 se pone así. Ok, entre ellas no se llevan muy bien, pero la verdad que ya tenemos muchos problemas como para empezar a preocuparme por que ellas dos se lleven bien. No tengo ganas. La verdad, si Sonia 04 considera que mi vieja es una mala persona, es un problema de Sonia 04.
-A mí me parece que deberías tener cuidado con lo que le decís a Elemental acerca de su madre -dice Silvina.
Sonia 04 asiente, como cada vez que le dicen algo irrebatible. Luego, como siempre hace luego de que le dicen algo irrebatible, dice:
-Pero yo pienso eso.
-¿Y te parece que Elemental quiere escucharlo? -pregunta Sonia 04.
Sonia 04 se queda callada.

El resto de la sesión, y del día, tiene poca importancia.

martes, 10 de abril de 2007

Sonia 04: Estoy buscando un símbolo de paz

Jueves 21 de diciembre de 2006.

Quiero creer. Despierto, y quiero creer. Abro los ojos, la veo aún dormida, y quiero creer. Voy hasta la cocina, me preparo un café, y trato de convencerme de que la visita de ayer a lo de Silvina pudo haber sido útil. Poco antes de irnos, tanto ella como Sonia 04 se entusiasmaron ante mi propuesta:
-Quizás tenemos muchas presiones -dije-. La búsqueda de departamento, las fiestas y reuniones de fin de año, el irnos de vacaciones... Me parece que lo mejor sería que la búsqueda de departamento la dejemos para nuestro regreso de las vacaciones, cuando estemos más relajados.
En verdad, pensé: y vemos si seguimos como pareja. No daba decirlo, no ahí, no entonces.
A Silvina le pareció una idea excelente -así la calificó-, Sonia 04 -como siempre que se trata de restarle intensidad a la relación- aceptó. Y yo quiero creer.
Desayunamos juntos, aún hay cierta incomodidad. Supongo que Sonia 04 tiene tantas dudas como yo. Sin embargo, ella cree en Silvina, ella cree en Gaby, en Malena. Yo soy un ateo, en más de un sentido.

Quizás la mejor forma de convencerme sea convencer a alguien más. En el trabajo, le escribo a la Trotamundos.

Ayer, por suerte, nos fue muy bien. Estuvo bueno algo que dijo la mina: ustedes son un ciego y una renga, y recién ahora lo descubren, por lo que en este momento sólo ven la ceguera y la renguera; otras parejas, en la misma situación, ya se hubieran dado una patada en el orto; sin embargo, ustedes no; eso es porque no son sólo un ciego y una renga. Bueno, o algo así. Pero me gustó.


Al poco rato, recibo su respuesta.

Esté bueno lo que les dijo. No dejarán de ser ciegos y rengos, tal vez aprenderán a aceptarse.
Me alegro que haya mejorado la cosa :o)

Si ella lo dice, tengo esperanzas.

Por la noche, voy de Sonia 04. Llego antes que ella, enciendo la computadora. Recuerdo las carpetasde Edgardo y Rafael. Y, por primera vez, me controlo.

Preparo la cena, con una mezcla de esperanza y temor.

lunes, 9 de abril de 2007

Sonia 04: La renga y el ciego

Miércoles (cont.)

Paso a buscar a Sonia 04. Me hace subir, aún no terminó de arreglarse. Mientras espero, le comento que escribí algo para la sesión de terapia, una descripción de la última semana con el estilo más aséptico del que fui capaz. Me pregunta para qué, le digo que para no olvidar nada, porque sino siempre surge lo último que pasó y se lo toma como lo único, cuando en verdad, creo, en esto es mejor aplicar teorías acumulativas. Ella me abraza, me dice que está bien. Parece que la sesión con Malena, su analista suplente, le hizo bien.

En el consultorio de Silvina, la terapista de pareja, empieza hablando Sonia 04.
-Estamos mal -dice, y llora.
Yo miro el piso.
-¿Qué pasó? -pregunta Silvina.
-Yo traje un resumen -digo, mientras busco en el bolsillo-. ¿Puedo leer?
Silvina asiente. Separo entonces las tres copias, le doy una a Sonia 04 y otra a Silvina, quien dice que debe ponerse los anteojos. Espero. Luego, leo.

Al finalizar la lectura, al terminar con ese "espero que exista alguna solución", se produce un silencio incómodo. Silvina sonríe, maternal, y dice:
-Claro que hay solución.
Sonia 04 me mira, sonríe llena de esperanza. Yo sonrío; quiero creer, soy ateo pero quiero creer.

-Cuando ustedes se vieron cada uno en el otro a una persona rubia y de ojos celestes -dice Silvina con suficiencia.
Bueno, yo en verdad lo primero que vi en Sonia 04 fue una mina fea. Después me gustó, claro, de hecho muchas veces le dije hermosa y cositas por el estilo, pero de ahí a rubia de ojos celestes...
-La cuestión es que hoy, con el tiempo, están empezando a ver los defectos del otro.
¿Con el tiempo? Los defectos de Sonia 04 empecé a verlos a las 48 horas de conocerla, cuando empezó con que se sentía ahogada... Mejor la dejo hablar, porque sino será peor.
-Y hoy, en vez de ver todas las virtudes como en un principio, sólo ven los defectos. Ustedes son, por decirlo de alguna manera, una renga y un ciego...
No entiendo. Si soy un ciego, ¿cómo es eso de ver en el otro? ¿No sería más apropiado hablar de olfato, de perfume?
-Una renga y un ciego tienen virtudes y defectos, esos defectos...
¿Dijo que la renguera y la ceguera son defectas? ¿De buenas a primeras Silvina se transformó en políticamente incorrecta?
-...son una parte, pero hoy los ven como totalidad. Hoy Sonia 04 sólo ve la ceguera de Elemental, y Elemental sólo ve la renguera de Sonia 04.
Creo que Silvina no escuchó bien lo que leí. De acuerdo al relato de los hechos, Sonia 04 es sorda, renga, manca y muda. Bueno, muda no: ojalá lo fuera.
-Claro que hay una solución, y es esperar a que cada uno acepte lo que tiene el otro, sus virtudes y sus defectos. Que Sonia 04 acepte la ceguera de Elemental y que Elemental...
-...acepte la renguera de Sonia 04 -completo.
Silvina y Sonia 04 me miran sonrientes, satisfechas. Me parece que, más allá de lo que pensé, dije algo correcto. Aprobé la lección.

Cuando salimos, Sonia 04 me abraza.
-¿Viste que hay esperanza? Lo dijo Silvina.
-Sí, mi amor -digo.
Y me pierdo entre sus brazos.

lunes, 2 de abril de 2007

Sonia 04: Segunda sesión de terapia de pareja

Miércoles 6 de diciembre de 2006.

Vamos a una nueva sesión con Silvina. Esta vez, comienzo a hablar yo. Sonia 04 me observa.

Ir a terapia de pareja me resulta difícil. Hay cosas que pienso que no podría decir si deseo que las cosas con Sonia 04 mejoren.
La semana pasada vi una película, "El gran truco/The prestige", de Christopher Nolan. Es buena, no muy buena, pero hubo algo que me impactó. El personaje de Christian Bale, un mago, está casado con una buena mujer. Hay una escena en que él le dice te amo, ella lo mira a los ojos, le acaricia el rostro y dice hoy sí; Christian Bale la mira, sin entender, y ella le dice hay días en que lo decís pero no lo sentís. Con Sonia 04 suele pasarme eso. No sé por qué. Supongo que una de las causas es que es muy egocéntrica, muy egoísta, una respuesta exacta al lugar que le dieron en su familia: una nena que roba regalos de los cumpleaños. Pero lo que más me aturde es que hay días en que sí siento el cariño que siente por mí, el hecho de que me quiere. El fin de semana, por ejemplo, me compró un nuevo teléfono celular de regalo. Luego se compró otro para ella, más caro y por el que debimos esperar una hora y media a que se decidiese entre los distintos modelos. Hay momentos, pienso a partir de "El gran truco/The prestige", en que me quiere. Hay otros en que no.

Comienzo diciendo que a Sonia 04 le cuesta mucho mostrarme su afecto. Silvina, la analista, la hace hablar a ella, y Sonia 04 dice que no me entiende, que ella me quiere, que espera el final del día para ponerse en contacto conmigo, para contarme su día. Que para ella está todo bien, y que no entiende mis dudas.
-Soy inseguro -digo, tratando que las culpas recaigan sobre mí: si eso sucede, hay una esperanza de solución.
Y luego agrego:
-Sonia 04 esperaba una relación en la cual contar al final del día cómo le fue, una persona con la cual visitar a sus amigos, con la que salir un domingo a la tarde. Yo, en cambio, esperaba a alguien con quien compartir la vida, con la que construir una familia.
A mí, lo que digo me suena de lo más racional. Sonia 04 no dice nada. Silvina dice:
-Evidentemente, ustedes tienen formas distintas de sentir. Elemental es más infantil, necesita más muestras de afecto.
¿Dijo infantil? ¿Acaba de llamarme infantil? ¿Cuál es la distancia entre decir algo semejante y llamarme pelotudo?
-Sonia 04 -agrega Silvina-, él necesita que vos le demuestres afecto, y deberías preguntarte si podés hacerlo.
A Sonia 04 se le llenan los ojos de lágrimas. La tomo de la mano. Miro a Silvina, y digo:
-Ella lo intenta.
De repente, me puse a defenderla. Y esta clase de situaciones me hacen sentir bien.

Surge el tema de ayer, de que tenemos poco sexo.
-No sé -digo-, es como si ella ya diera por sentado que somos una pareja de años.
-Bueno, Elemental, vos podrías ser más meticuloso con la higiene, si ella es obsesiva con ese tema.
-Yo no soy obsesiva con ese tema -dice Sonia 04.
-Si viera cómo está su dormitorio -digo-, se daría cuenta de que no es obsesiva con ese tema. El punto es que coger no le gusta mucho.
-Puede ser que no tenga ganas, ¿no? -dice Silvina.
-Sí, puede ser -digo-. Lo que me preocupa es que si ahora, a los tres meses, no tiene ganas... ¿Qué nos espera para más adelante?
Las dos me miran. Ninguna responde.

Cuando salimos de la sesión, Sonia 04 me abraza.
-Vas a ver que todo va a salir bien -dice.
Y deseo creerle.

Al volver a su departamento, cenamos. Lo hacemos. Ella, en cuatro, me pide cada vez más fuerza. Yo la complazco. Nos dormimos abrazados.

jueves, 29 de marzo de 2007

Sonia 04: La primera sesión de terapia de pareja

Miércoles 22 de noviembre de 2006 (cont.).

El consultorio de Silvina queda cerca de lo de Sonia 04. Vamos caminando, tomados de la mano. El volumen de discusiones disminuyó, pero ya habíamos pedido el turno. Además, supongo, tiene peso el hecho de que Malena, la analista suplente de Sonia 04, lo haya recomendado. Si lo hubiese hecho Gaby, la analista titular de Sonia 04, estaríamos acampando en la puerta del consultorio desde hace rato.

Lo primero que me impresiona de Silvina es que es fea. Encima, tiene el pelo corto. Su rostro me recuerda, en cierto sentido, al de un orangután. Es cierto que somos parientes cercanos de los simios, pero Silvina parece tener una familiaridad mayor que el resto de los humanos.
El consultorio es, adivino, el comedor de su casa. Hay una mesa con superficie de vidrio, una silla cómoda -la de ella- y dos distintas del otro lado. Nos sentamos. La verdad, no tengo la más puta idea de qué decir. Esto es absolutamente nuevo para mí. Le hago una seña a Sonia 04, y ella comienza a hablar.
-Bueno, vinimos porque tenemos problemas de pareja.
Breve, clara, concisa. No me parece mal, como introducción.
Silvina asiente con lentitud.
-¿Y hace cuánto que salen? -pregunta.
-Dos meses y medio -dice Sonia 04.
-Casi tres -intervengo por primera vez, como si aumentar el número aplacara mi vergüenza.
Silvina asiente con lentitud.
-¿Y cómo se conocieron? -pregunta Silvina.
-Por internet -dice Sonia 04.
Silvina asiente con lentitud.
-Bueno, vivimos tiempos vertiginosos. Evidentemente, ustedes aún están con el vértigo de la internet...
Recuerdo una frase por el estilo, bastante pedorra por cierto, pero no recuerdo de dónde. Miro de reojo la biblioteca de Silvina. Hay dos tomos con las obras completas de Freud. Detecto un lomo gris, tipografía de Anagrama, reconozco enseguida: Lipovetsky, La era del vacío. Lo leí, me pareció una cagada. Una cagada muy similar a lo que escucho.

-Tenemos problemas de comunicación -dice Sonia 04.
-¿Cómo es eso? -pregunta Silvina.
-A ella no le gusta hablar por teléfono -digo.
Ambas me miran con reprobación. Parece que no está bien hacer chistes. Igual, no era un chiste. Mi eterno problema.

-En general, quienes vienen son parejas de años -dice Silvina.
Ya está, pienso, zafamos. Un poco de cordura.
-Sin embargo, cada pareja tiene sus ritmos -dice Silvina.
Cagamos, quiere guita, pienso.
-Ustedes son una pareja en formación, y es evidente que se quieren, por eso están acá. Cada uno descubrió en el otro algo que le gustó, que lo sedujo, por eso están acá. Ahora hay que ver cómo lo sostienen, por eso están acá. Yo diría que nos veamos nuevamente.
Sonia 04 me mira con ternura, como si la aprobación de Silvina le diera luz verde a nuestra relación. Me toma de la mano. Silvina asiente con lentitud, y sonríe.
Pautamos que volveremos a verla, aunque no aclaramos cuándo.

Cuando salimos, en la calle, Sonia 04 gira y me abraza.
-Ya vas a ver, va a salir todo bien -dice.
-Sí, mi amor -digo.
Y juro que por un instante le creo.
Juro que por un instante creo que la terapia de pareja nos sirve.