Domingo.
Estoy triste. Me siento horrible. Me miro al espejo. Bueno, soy horrible.
-Corrección: estás horrible, no lo sos -dice un pequeño Elemental alado, quien se sentó sobre mi hombro derecho.
-La mina es una rubia petera, sólo le gustan los facheritos -dice un pequeño Elemental con cuernos, quien se sentó sobre mi hombro izquierdo.
-Siempre está la posibilidad de renacer, de surgir de las cenizas con una dieta y terapia -dice el pequeño Elemental alado.
-O el suicidio, claro -dice el Elementalito con cuernos y tridente-. Pero tené mejor puntería que tu viejo.
Meneo la cabeza, los Elementalitos desaparecen. Me bajo los pantalones. Cago leyendo el diario.
Luego voy al almuerzo familiar de los domingos.
Mi vieja me mira, está a punto de decir algo acerca de que debería conseguir pareja, pero, al descubrir mi mirada -¿al descubrir los Elementalitos sobre mis hombros?- desiste.
Lunes.
Con Sonia 00 dijimos que, pese al rebote, las cosas iban a seguir como antes. Amigos. Buen trato.
Ella no me pasa a buscar para ir al jardín.
-Quizás deberías ir vos -dice el Elementalito alado.
-No, la que te histeriqueó fue ella, que venga al pie -dice el Elementalito con cuernos.
Lo cierto es que en todo el día apenas si nos saludamos, con Sonia 00.
Martes.
Tampoco tengo contacto con Sonia 00. Los Elementalitos se mueven cada vez con mayor comodidad sobre mis hombros.
Miércoles.
Tampoco tengo contacto con Sonia 00.
Llamo a Swiss Medical. Pido turno para la nutricionista. Me dan fecha para el lunes 6 de junio de 2006.
Jueves.
Sin contacto con Sonia 00.
Me fijo las prestadoras de servicios psicopatológicos en la cartilla de Swiss Medical. Me fijo en las direcciones. Que me quede cerca de casa, eso es lo que deseo. Llamo. Dejo mensaje.
Viernes.
Sin contacto con Sonia 00.
Me llama la psicóloga a la que le dejé mensaje. Me da turno para el próximo jueves por la mañana. Los Elementalitos se muestran ofendidos, y por primera vez hablan al unísono:
-¿Lo estás haciendo para sacarnos de tu vida?
-Algo así -digo.
El Chancho, el Flaco y el Tanguero me miran azorados. Creen que hablé solo.
Por la noche, vamos con el Alemán a la Casa del Queso. Primero, él critica a todos nuestros compañeros de trabajo, los considera unos mediocres. Yo no estoy de ánimo. Me considero tan mediocre como el resto. Luego, hablamos de Sonia 00:
-Histérica -digo.
-Vos viste -dice él-, las minas son todas putas.
Y comemos nuestra picada.
lunes, 25 de junio de 2007
Sonia 00: El limbo
Etiquetas: El Alemán, El Chancho, El Flaco, El Tanguero, Sonia 00
jueves, 3 de mayo de 2007
Sonia 04: El Diablo (Gaby) también mete la cola (1)
Miércoles 31 de enero.
Me despierto. Me siento raro. Sonia 04 duerme, aún. Voy al baño, meo. Luego a la cocina. ¿Qué queda de lo que pasó ayer? ¿Nos arreglamos? ¿Qué carajo pasó?
-Pipu...
Voy al dormitorio, me siento en el sommier junto a ella. Le acaricio el rostro.
-Qué noche, eh -digo, y es una pelotudez pero algo tengo que decir.
La beso. Intento un poco de sexo. Ella dice que prefiere que no. Me freno.
Nos despedimos con un pico. Ella hoy tiene sesión con Gaby.
La llamo 12 y pico, cuando sé que sale de sesión. Estoy preocupado, quiero saber si está bien, si seguimos o no. Atiende de mal talante.
-Estoy saliendo -dice.
-Ah.
-Tengo muchas cosas en la cabeza, tengo que llegar al coche y anotarlas.
-¿Pero seguimos o no seguimos?
-No me podés preguntar eso, ahora.
-Sonia 04. Tengo que ir a entregar las llaves de mi departamento, quedé en eso, hoy a las cinco de la tarde. ¿Qué hago? ¿Las entrego o seguimos viviendo juntos?
-No te puedo dar una respuesta.
-A ver si me entendés: tengo que entregar el departamento, una vez que lo haga no hay vuelta atrás, si lo nuestro no funciona yo me quedo en la calle. ¿Qué hacemos?
-Me estás acorralando.
-Te estoy pidiendo que te hagas cargo de tu parte.
-Y yo no te voy a responder esa pregunta.
-¿Qué carajo te pasa, ahora?
-Que me presionás, querés que te diga cosas cuando vos querés que te las diga, me ahogás.
-A ver si me escuchás, Sonia 04. Estoy en el laburo, son casi la una de la tarde y a las cinco tengo que entregar las llaves del departamento. Una vez que lo haga, no hay marcha atrás. ¿Y el que presiona soy yo? Las cosas no están bien, quiero saber qué querés hacer vos, así decido qué hacer yo...
-Yo no te voy a decir nada.
Me quedo callado. Del otro lado, cortan.
Llamo más tarde, cuando supongo que Sonia 04 ya llegó a su casa.
-Me estás presionando -dice.
-¿Seguimos o no seguimos?
-Claro que seguimos. ¿Qué me preguntás, con eso?
-Si te vas a hacer cargo vos porque yo no tengo más fuerzas, tal como dije en la carta que te leí ayer.
-Ah bueno, justamente -en el tono de Sonia 04 hay sabor a victoria-, Gaby me dijo que es una carta tramposa.
-¿Una qué?
-Una carta tramposa. Te lavás las manos, me pasás toda la responsabilidad. Una especie de chantaje.
-¿Yo te chantajeo?
Del otro lado, silencio.
-Hablamos a la noche en la terapia de pareja -dice ella.
-Preferiría que hablemos ahora, tengo que entregar las llaves y no sé si...
-Hablamos a la noche en la terapia de pareja.
Y corta.
Entro en la oficina. El Flaco y el Tanguero me observan y automáticamente se incorporan. Una mano de cada uno en mi espalda, me conducen a la silla. Preguntan qué pasa. Me quedo callado, la angustia me enmudece.
Suena el celular. Sonia 04 quiere bajar los decibeles, pienso. Atiendo. De la inmobiliaria. Me preguntan si no sería mucho problema que nos encontremos mañana, para que les entregue las llaves. Como caido del cielo, pienso. Digo que sí, claro, que no hay problema. Corto.
El Flaco y el Tanguero me miran.
-No podés estar acá así, Elemental -dice el Flaco, pero no para sacarme de encima sino para dejarme en claro cómo se me ve.
-Tenés razón -digo.
Me pongo de pie. Tomo la mochila.
-Avísenle al jefe que estoy descompuesto -digo.
Y me voy.
Son la una y media de la tarde.
Etiquetas: El Flaco, El Tanguero, Gaby (una de las analistas de Sonia 04), Sonia 04
viernes, 27 de abril de 2007
Sonia 04: Última noche en mi departamento de soltero
Viernes 19 de enero de 2007.
Antes de irme de lo de Sonia 04, la ayudo a armar las cosas para que mañana, cuando pasemos con el flete, ya esté todo listo para llevarlo. Ella planteaba que llevásemos su sommier de una plaza para utilizarlo temporariamente como sillón del comedor, y que trajésemos el mío de una plaza y media acá. La verdad, no entendí para qué quería un sommier de plaza y media en su cuarto libre del consultorio, en especial si la idea es, al no vivir más acá, empezar a alquilarlo como consultorio por horas. Le dije que era medio al pedo subir un sommier y bajar otro, una innecesaria pérdida de tiempo. Con razonamiento similar, días atrás deshechamos también la posibilidad de subir acá mi heladera y bajar la de ella que es no frost. Lo más práctico es que utilicemos primariamente lo que está en mi depto, que hay que desalojar antes del 31.
Tampoco entendí para qué deseaba mantener acá la computadora, en especial si tenemos en cuenta que siempre se quejaba de que sólo podía utilizarla por las noches. Mi razonamiento -¿para qué corno pagar dos servicios de banda ancha?- finalmente rindió sus frutos, y la computadora -CPU, monitor, teclado- y su escritorio es lo que los peones deberán cargar en la camioneta, el día de mañana, cuando hagamos escala acá antes de llegar al destino final. La ayudo entonces a desenchufar y acomodar todo en el comedor. Luego, partimos.
Terapia de pareja. Silvina nos pregunta si estamos nerviosos, ambos decimos que sí. Pregunta por los preparativos, a los que califica de "emocionantes". Agotadores, diría yo. Es un encuentro intrascendente, por así decirlo, salvo por una frase de Silvina:
-Bueno, ahora tienen todo dispuesto para estar bien. Depende de ustedes, no arruinarlo.
El problema, justamente, es que depende de nosotros.
En el trabajo estoy pero no estoy. Es decir, estoy pero me mantengo pendiente de lo que sucederá. Soy naturalmente ansioso, pero lo que sucede y sucederá eleva mi ansiedad y mi imaginación a niveles paroxísticos. El Chancho, el Flaco, el Tanguero, todos preguntan si todo está dispuesto para la mudanza. Digo que sí. También lo preguntan el Libanés y la Trotamundos en sendos mails. Digo que sí.
Aunque, claro, no sé.
Evalúo todo lo que puede salir mal: que los peones de la mudanza se queden dormidos y lleguen en una hora en la que los de la administración del edificio (tanto de partida como de llegada) ya no me permitan hacer la mudanza, que se les quede la camioneta, que haya un incendio, que una banda de piratas del asfalto porteño se apropie de las cosas durante el viaje de un punto al otro. Cuando llego a casa, termino de preparar las cosas. Llamo, también, a la empresa de fletes para confirmar el horario de mañana: antes de ayer se habían olvidado de traer los canastos, no sería lindo que se repitiera el olvido. El que me atiende me tranquiliza, o al menos lo intenta.
La mayoría de las cosas que tengo para llevar entraron, entre los canastos y las valijas: los placards están vacíos -sensación extraña-, el televisor en la mesa del comedor para que lo saquen más fácil, los cubiertos y platos en valijas. Quedan, sí, unos cuantos libros que podremos llevar con Sonia 04 en coche, en otro viaje.
Ver el departamento así me acongoja. De hecho, se lo digo a mi vieja cuando llama para saber si está todo bien con la mudanza, si sus valijas sirvieron.
-Bueno -dice ella del otro lado de la línea-, estás por dar un paso muy importante.
Luego llama Sonia 04. Le pregunto si no se olvidó las llaves del nuevo departamento -vendrá a dormir acá-, y no, no se las olvidó. Todo parece estar en orden. Ella me pregunta si estoy bien. Le digo que sí, pero que estoy muy cansado físicamente.
Hay momentos, pequeñas acciones que indican el inicio de procesos mucho mayores. O, mejor dicho, el punto sin retorno que han tomado esos procesos. Mi computadora, no sé si lo dije, está siempre encendida. Descargo series -Lost, House- y películas con el emule. Ayer llamé a Fibertel para dar de baja el servicio, está todo bien. Navego con la inquietud de saber que habrá que ver cuándo ponemos banda ancha en el nuevo departamento. Hay películas descargadas como para el principio: entre otras, la última de Clint Eastwood, "Flags of our fathers". Entro en algunos blogs, dejo comentarios anónimos más que nada para bardear. Recuerdo los tiempos en que este blog estaba abierto, la enorme cantidad de gente que entraba, mi angustia de no dar con una pareja en aquellos días. Loco, el tiempo, pienso. Los amigos que leían el blog saben cómo sigue la cosa, ¿qué pensarán todos aquellos con los que la relación era puramente virtual? ¿Se imaginarán que mañana me voy a vivir con Sonia 04? ¿Se imaginarán que di con alguien que es mucho más que una Sonia tal como las describía en el blog? Mejor dicho: ¿se harán alguna pregunta, luego de la inactividad prolongada del blog? ¿Cuán efímero fue el acto morboso de espiar las miserias de otro?
Hay actos, decía, que demarcan puntos irreversibles de un proceso. Por lo general, poseen una carga simbólica que les adjudicamos nosotros, que quizás para otros resultan intrascendentes, pero para nosotros no, nada que ver. Tomo el mouse, presiono inicio, presiono apagar, y por primera vez en meses no es reiniciar -a veces la máquina se enlentece y tengo que hacerlo-. Una pequeña sombra, el CPU que susurra su traca-traca y luego el corte de energía, la computadora, ese corazón que tenía este departamento, se apaga. Desarmo la máquina, coloco el monitor y el CPU junto al televisor, los cables en la mochila de mano.
Se me escapa una lágrima.
Me baño.
Cuando llega Sonia 04, se maravilla con la forma en que dispuse canastos y valijas. Dice que parezco haber nacido para esto. Se la ve entusiasmada.
Vamos a cenar afuera. Elegí la pizzería que está en Aráoz y Cabrera. Es el sitio al que fuimos en nuestra primera cita, me parece que cuaja en lo simbólico, lo romántico. Y hacen buenas pizzas, y ahora que voy a vivir en Caballito me quedará lejos. Vamos a la terraza.
Me siento inseguro, extraño. Le digo a Sonia 04 que la quiero, que la amo. Ella sonríe. En un momento detecto que, en el transcurso de la entrada -empanadas de jamón y queso- sus ojos me miran pero se desvían. Miro por sobre mi hombro, disimuladamente, para ver qué mira. Una mesa en la que hay cinco muchachos de unos treinta años, todos conchetos, todos carilindos. Sonia 04 mira con insistencia. No me molesta, no particularmente: que uno esté a dieta no significa que no pueda mirar el menú. Insisto, le digo que la quiero, acerco mi mano para que me de la suya, por sobre la mesa.
La mano se queda ahí durante toda la cena, inmóvil, pétrea, como si tuviera el brazo enyesado, sin que ella responda ni deje de mirar a la otra mesa.
Y mañana me voy a vivir con esto. Perdón, con ella.
Sonia 04: Lo que queda atrás
Jueves 18 de enero de 2007.
Estoy agotado. Cada movimiento se traduce en una odisea. Apenas entro en la oficina, el Chancho, el Flaco y el Tanguero me miran como si fuese un cadáver viviente.
-Mudanzas... -digo.
-Las mudanzas te matan -dice el Flaco.
El Chancho me hace una seña. Salimos al pasillo.
-¿Las cosas están bien? -pregunta.
Digo que sí. El Chancho, semanas atrás, fue el único de mis amigos que me dijo abiertamente que no me tenía que ir a vivir con Sonia 04. Estás poniendo todo vos, me dijo. Yo le respondí que, economicamente, Sonia o4 iba a poner más que yo. No, dijo él, vos ponés más: vos ponés todo lo que tenés, ella una pequeña parte.
-¿Estás seguro que las cosas están bien? -insiste.
-Sí, sí, va a salir todo bien -digo.
-¿Pero ella está haciendo algo? Porque te veo hecho mierda, chango.
-Estoy muy cansado... Físicamente, digo -porque hace falta aclararlo.
El Chancho me palmea la espalda. No insiste con preguntas. Piadoso, el Chancho.
Antes de ir a casa, dejo las hojas impresas de la nouvelle. El chico me las hace en el momento. Grata sorpresa. Ya tengo uno de los regalos para el cumpleaños de Sonia 04.
Llego a casa. Termino de acomodar libros en los canastos. Una vez que termino de hacerlo, cuando los músculos ya están resentidos, me doy cuenta de que probablemente sea mejor poner libros en las valijas y las cosas más livianas en los canastos, porque sino no podrán levantarlos. Desarmo los canastos, lleno las valijas que trajo mi vieja, reordeno. Miro mis manos: tienen una pátina negra que las cubre por completo. Hace calor, paso una mano por mi rostro sudado. Supongo que quedó mugre sobre la piel, mugre húmeda, sudorosa. Suena el teléfono. Atiendo. Sonia 04.
-¿Y, Pipu? ¿Cómo van los preparativos?
-Bien -me cuesta hasta hablar, pero trato de que no se note.
Sonia 04 me dice que ya consiguió las valijas para traerme. Vendrá de Lanús a casa, y de acá nos iremos -una vez que haya subido las valijas- a la casa de ella: dormiremos allá, mañana por la mañana tenemos terapia de pareja.
Me tiro a dormir. Estoy tan cansado que temo despertarme cuando llegue Sonia 04 y toque el timbre. Pongo el despertador, entonces.
Me baño.
Sonia 04 llega media hora más tarde de lo que dijo. Bajo. Subimos las dos valijas -del año del pedo, lo bueno es que son inmensas-. En el ascensor, le advierto a Sonia 04 que el departamento es una imitación de Sarajevo. Cuando entra, se maravilla por cómo dispuse los canastos, las valijas. Según ella, está muy ordenado, más teniendo en cuenta que se trata de una mudanza.
-Mi neurosis tenía que tener algún aspecto positivo -digo.
Ella me besa.
Antes de salir, Sonia 04 me pregunta qué voy a hacer con el puff. Es un fiaca azul, mi vieja me lo regaló para el cumpleaños del año pasado, lo uso para tirarme en el piso a mirar pelis en la computadora.
-¿Cómo qué voy a hacer? -pregunto-. Llevarlo, por supuesto.
-¿Te parece? Está descosido, no vamos a tener dónde ponerlo.
-¿Cómo no vamos a tener dónde ponerlo, si el departamento es inmenso?
El diálogo continúa. Cosas que no debo llevar, porque según Sonia 04 son feas: el radiador eléctrico, cubiertos, las cortinas, una cómoda, el sommier...
-Pero esperá -digo en un momento-. ¿Y qué hago con todo eso?
Ella se encoge de hombros, restándole importancia al asunto.
Cuando llegamos a casa de Sonia 04, veo que, así como en mi departamento todo está dispuesto para la mudanza, en el de ella nada lo está. Y mañana atiende en Lanús, o sea que no es para mantener el orden ante los pacientes.
-Es que yo tengo que llevar dos o tres cosas de ropa, nomás -dice.
-¿Cómo?
-Y sí... Si querés, podemos llevar mi heladera, pero con la tuya que tiene freezer creo que está bien... Además, yo quiero que tengamos todo nuevo.
-¿Y con qué plata vamos a pagar todo nuevo?
-Eso se resuelve -dice Sonia 04.
Y suena segura.
En un momento, reparo en un detalle: Sonia 04 se va a mudar al departamento conmigo, pero mantendrá el suyo prácticamente intacto. Como si, si algo llegase a salir mal, le resulte más fácil el regresar sobre sus pasos.
No lo digo. Sería motivo de discusión, y no es momento para eso. No con los peones y flete de la mudanza ya contratados.
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jueves, 26 de abril de 2007
Sonia 04: Zen o no zen, esa es la cuestión
Martes 16 de enero de 2007.
El día comienza tranquilo. En verdad, cuando comienzo el día ya estoy agotado. Ayer fue muy tensionante estar pendiente de tantas cosas. Quizás -no, quizás no: seguro- debería dejar que las cosas fluyan un poco más, en lugar de intentar controlarlas tanto. La Editora Mais Bonita, en sus raptos más fuertes de hippismo, dice eso: hay que dejar que las cosas fluyan. Dice que es filosofía zen, aunque no sé si lo zen puede catalogarse de filosofía. La cuestión es que, si hago algo semejante, si todo dependiera de Sonia 04, estoy seguro de que las cosas saldrían mal. Zen o no zen, esa es la cuestión.
Le preparo un café, desayunamos apurados: llega su paciente de las 9, y salgo hacia la Secretaría. Taxi.
Apenas arribo a la oficina, consulto las páginas amarillas. Luego, comienzo a llamar a empresas de fletes. La última mudanza la hice en bolsitas de supermercado, y no fue muy prolija. Esta vez, sí señor, canastos. No entiendo bien cómo, pero cuando me mudé de lo de mi vieja a mi primer depto los objetos eran pocos, luego cuando me vine de aquel a este de Acuña eran un poco más, y ahora la cantidad es enorme. ¿Será eso, la prueba de vida? ¿La acumulación de objetos para mudanzas?
A la décima empresa, me decido. Les pregunto si tienen dos peones y una camioneta grande para el sábado a las 7 y media de la mañana. Dicen que sí. Les pregunto si me pueden llevar canastos mañana al depto. Dicen que sí. Hecho, digo, entonces.
La nouvelle para Sonia 04. En siete días cumple años, por lo que en seis días tiene que estar anillada y envuelta para regalo. Seis días es igual a lunes, lo que significa que, como mucho, debería entregarla a una librería para que la anillen el sábado. El sábado me mudo. Ergo, el viernes. No, el viernes debería estar terminando los preparativos de la mudanza. Ergo, el jueves lo tengo que entregar en alguna de las imprentas que están cerca de la UTN. El jueves, por lo tanto, lo tendría que dedicar a pegarle una relectura e imprimirlo. Me quedan, entonces, miércoles y jueves. Dos días para terminar una nouvelle de unas ochenta páginas de las que tengo escritas sólo quince.
Tecleo, entonces. Tecleo tan fuerte que mis compañeros de oficina dicen que voy a romper la máquina, el escritorio, el universo todo. Tecleo con la impunidad de quien sabe que lo que escribe nunca se publicará. Tecleo con la impunidad de quien sabe que su lectora no es especializada, que si me compara con sus lecturas previas (Osho, Saramago, Gaby, su analista) seguro que salgo ganando, que puedo utilizar los recursos más elementales, básicos y sucios que igual pasarán de largo o, incluso, serán considerados originales. Tecleo, entonces. Tecleo, y el protagonista descubre que la paciente le interesa. Dos páginas, bien, un diálogo aparentemente inteligente. Tecleo, y el protagonista alterna encuentros con su ex y con su amigo. Cuatro páginas más, bien, voy a llegar, tengo tiempo. Tecleo, y el interés del analista por su paciente va in crescendo, y se la cruza en un cine (no la reconoce de entrada, primero le mira el culo y lo calienta, luego siente culpa de haberse calentado con una paciente), y el amigo/partner (Sonia 04 ni sospechará cuál es la función dramática tan elemental de estos personajes, colocados con apurada desprolijidad) sigue despotricando contra las mujeres, contra las mujeres putas. Bien, bien, ya voy veinte páginas.
Freno para almorzar, hablo con Sonia 04, nos decimos te amo, ella pregunta por los fletes, le digo que está todo arreglado, nos despedimos, termino de almorzar, no hago pausa ni para tirarme un eructo delante del Chancho (actividad que me encanta, pues él siempre responde con uno superior, lo que deriva en una escalada que ahuyenta al Tanguero y al Flaco, siempre más delicados que los dos confesos cerdos de la oficina).
Tecleo, y la trama comienza a lentificarse. Mierda. Tecleo, y no logro sacarla del pajonal. Recurso fácil: nuevo personaje. Profesor de salsa para el analista -y, de paso, guiño para la única lectora, que se sentirá homenajeada con algo tan sutil como el paralelo tango/salsa-. Inicio de liberación del protagonista, más sesiones con la paciente, alguna charla con la ex (se cruzan en un cine, ella ya está con otro), más puteadas del amigo. Tecleo, tecleo, tecleo. Voy cuarenta páginas. Trabajo más a destajo que periodista de diario amarillista minutos antes del cierre de edición.
Cuando miro el reloj, es la hora de salida. Salgo, claro. Salgo casi corriendo. Como Sonia 04 tiene que atender todo el día -iré a su casa, la esperaré allí-, quedamos en que voy a ir al local de Piero en Scalabrini Ortiz y Santa Fe para comprar el sommier y dos almohadas. Subte, qué calor que hace. Estoy mareado, ¿por el calor?, ¿por el vértigo?, ¿porque creo que la nouvelle es una mierda y quizás elimine cualquier posibilidad de que Sonia 04 me quiera?, ¿porque me olvidé de llamar a los padres de Sonia 04 para arreglar mejor acerca de la fiesta sorpresa?, ¿porque me olvidé de llamar a mi vieja para contarle que con el depto nuevo está todo bien, y seguro se ofende? No sé por qué, pero me mareo. Ahora que lo pienso, ayer me olvidé de tomar el remedio anticoagulatorio. Mierda. Se supone que no debo olvidarme. Mierda.
El subte se detiene, salgo apurado, entro en el local de Piero. No está el vendedor de la otra vez, sino su esposa. Le digo que quiero tal modelo de sommier con base de resorte y patas con rueditas, que quiero dos almohadas buenas -no de esas que venden los supermercados y a la semana ya tomaron la forma de mi pesada cabezota-. Ella se entusiasma, en especial cuando le digo que pago al contado. No tanto cuando le recuerdo que por el pago al contado había un descuento. Me pregunta si quiero probar el sommier. No, no quiero tirarme en otro sommier de un local de sommiers por el resto de mi vida. Pago la seña, $800. Queda un saldo que entregaremos al cadete, contra entrega. Pregunta el día, la hora. Digo sábado. ¿Hora? Calculo. Peones llegarán 7:30/8 (nunca son puntuales) + Carga de la camionete (máximo hora y media) + Viaje (media hora) = Ya estamos en el nuevo depto a eso de las 11 y media. Sí, 11 y media, le digo. Ella anota. Me fijo si anotó bien. Le doy la mano, en el mundo adulto de los recién juntados, cuando se hacen compras hay que estrechar las manos de los vendedores, descubro. Si uno es soltero, no estrecha manos. No sé por qué, pero no estrecha manos. En fin.
Salgo de la casa Piero. Suena el celular. Yo ya camino rápido para casa, tengo que empezar a ordenar las cosas para que mañana cuando traigan los canastos todo sea más fácil. Atiendo. Sonia 04. Pregunta si fui a dormiPiero, digo que sí, que ya tenemos camita, que me la voy a coger en todas las posiciones imaginables, que podría comprar el Kamasutra, incluso, aunque dado que soy escritor y con las caricaturas me defiendo bien podría yo hacer otro Kamasutra, digo, divertido pese al cansancio, al mareo.
-¿Cuánto te cobraron? -pregunta.
-Todo fue... -no me acuerdo, saco la factura, leo-. $1.290.
-¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿$1.290???????????????? ¿¿¿¿¿¿¿Vos estás loco, Pipu??????????
-¿Qué pasa, mi amor?
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Eran $1.240!!!!!!!!!!!!!!! ¡Te cagó cincuenta pesos, la vieja hija de puta!
Estoy mareado, ya lo dije. Me paso una mano por el rostro.
-Mi amor, son cincuenta mangos, en una compra superior a la luca eso es nada.
-No puede ser, no puede ser.
-Mirá, hagamos así: los pago yo, esos cincuenta mangos, y el asunto está terminado.
-No, no puede ser. ¿No podés volver al negocio?
-No, no puedo -en verdad pienso: no quiero.
-Ok, llamo yo.
-Pero no te lo tomes así...
Corta.
Camino, ya no tan rápido como antes, por Medrano. Los árboles de Palermo transpiran. Yo también. Más que los árboles.
Vuelve a sonar el celular. Sonia 04. Dice que ya llamó a dormiPiero, que armó un escandalete y que la mujer se disculpó, que nos va a descontar esos cincuenta pesos. Se la escucha contenta. Te quiero, me dice.
Llego a mi depto. Lo miro, es raro. Ya no viviré solo.
Miro los objetos. Los objetos, esas cosas que uno acumula, que testimonian -al menos en los aspectos más mediocres- nuestra existencia.
Me siento ante la computadora. Pongo una película porno. Es una de mis últimas pajas, pienso.
Luego, duermo.
Luego, a la media hora, me despierto, me baño, voy a lo de Sonia 04, taxi, preparo la cena, que está lista cuando ella llega, cuando ella llega y pregunta:
-¿Cómo fue tu día, mi amor?
-Bárbaro -digo.
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lunes, 23 de abril de 2007
Sonia 04: Terapia de pareja, una carta y unas opiniones (y 4)
Viernes (cont.).
Caminamos desde lo de Silvina hasta lo de Sonia 04, por Doblas derecho -ahora que lo pienso, Sonia 04 eligió una terapista de pareja que le queda cerca de su casa, sólo a cinco cuadras, ¿será parte de la fiaca que le da la pareja?-. Vamos de la mano. Sonia 04 me dice cosas lindas, y yo a ella. Nos despedimos en la puerta, algunos besos, y me subo a un taxi.
En el taxi, la serenidad que me brindó el hecho de que Sonia 04 aceptara lo planteado en la carta hace efecto. Me siento cansado. El cuerpo se derrite. Necesito dormir. Mientras veo el tráfico sobre avenida Belgrano, me digo que desde que empecé a salir con Sonia 04, hace poco más de cuatro meses, entré en un vértigo que ahora está empezando a mostrar sus resultados.
Durante el día de trabajo estoy hecho un zombie. Recibo un mail de Sonia 04, al mediodía, donde dice que me ama. Le respondo otro, le digo que yo también. Sin embargo, es como si el cansancio persistiera. El Chancho, el Flaco y el Tanguero me miran desde sus escritorios. No hacen ninguna pregunta: me puse los auriculares, Julieta Venegas me rescata del mundo exterior. Intento continuar la nouvelle que me propuse regalarle a Sonia 04 para dentro de diez días. Escribí menos de una quinta parte, por lo menos de lo que tengo planificado. Pero no puedo. No puedo hacer nada.
Estoy cansado.
Tanto, que me pregunto si, por más que ahora me dice que me ama, por más que acepta -en la terapia de pareja, no cuando estamos solos- lo que le digo, me pregunto si, decía, no será que estoy cansado de Sonia 04, y no del vértigo de la relación.
Etiquetas: El Chancho, El Flaco, El Tanguero, Silvina (la terapista de pareja), Sonia 04
miércoles, 18 de abril de 2007
Sonia 04: Una novela
Jueves 4 de enero de 2007.
Nos despedimos con un beso. Dormí en su casa, preparé el desayuno. Todo parece estar bien. Me manda mensajes de texto donde dice que me quiere. Quizás, pienso, las palabras de ayer de Silvina surtieron algún tipo de efecto positivo. Digo, al menos hoy, hasta ahora, no habló de ninguno de sus ex.
Estoy en la oficina, y caigo en la cuenta de dos cosas: el próximo martes cumplimos cuatro meses de noviazgo, y el 23 es el cumpleaños de Sonia 04. Dado que la mudanza está en ciernes, y que acarreará una serie de gastos, el regalo en este mesario será más bien simbólico. Me pongo a escribir un cuento para ella, en verdad ni siquiera un cuento: es narrar la historia de lo que nos sucederá cuando nos vayamos a vivir juntos. En un rapto de clarividencia hablo de muchas discusiones. En un rapto de idiotez hablo de que en algún momento se aplacarán. Un tanto irónico, en el cuento hablo de "los rescates" de Santa Gaby y Santa Silvina. Hablo, también, de hijos. Soy así. Cuando los dedos se posan en el teclado, vaya uno a saber lo que sucederá.
En relación al cumpleaños de Sonia 04, pienso que no podré evitar el regalo material. Para ese momento estaremos viviendo juntos, pienso, así que deberé encargarme de organizarle una reunión o algo así. El regalo material, ya veré. Ahora, hace falta algo propiamente mío, una de esas cosas que a ella le gusten, que atesore. Tengo que escribir, eso es obvio. Ella está por terminar mi novela que le regalé hace menos de un mes. Debería contar con otra ficción de mi autoría.Un cuento no puedo, cagué, porque eso le regalo los mesarios. Se supone que un cumpleaños es algo más importante. Una novela, pienso. Miro el almanaque: tengo 19 días para escribirla. Un rapto de realismo me lleva a pensar en términos de nouvelle.
Tengo una idea vieja, que nunca tuve tiempo de escribir. No sé si será lo más apropiado, pero la verdad que no tengo tiempo para ponerme a pensar en más argumentos, conflictos. Escribiré esa historia, entonces. No importa que trate sobre un analista que se enamora de una paciente.
Escribo en la oficina. El Chancho, el Flaco, el Tanguero, todos saben que cuando tecleo rápido es porque escribo algo ajeno a los informes que nos encargan. Elijo, como estilo, escenas descriptas con frialdad, lejanía. Recuerdo que le gustó la película de Bertolucci, que era ese estilo, y dado que escribo para ella bien puedo ignorar mis gustos. Un capítulo, una escena que permite deducir que es sólo la punta de un iceberg, que suceden cosas en el interior de ese personaje. Escribo el primer capítulo casi de un tirón: dos páginas de tipografía grande. Y ahí me detengo.
No sé cómo seguir.
En mi puta vida tuve un bloqueo de escritor, y ahora que tengo que escribir una nouvelle en 19 días me agarra.
Sonia 04 se queda a dormir en lo de su abu. Hablamos por teléfono. Me comenta que este fin de semana deberíamos empezar a ver muebles para el departamento, así cuando firmamos el contrato estamos preparados.
-¿Muebles? -pregunto-. Yo tengo un sommier de plaza y media, mesa, sillas...
-Pipu, ese sommier está todo desvencijado.
Tiene razón. Se lo digo. No le digo que me preocupa el tema monetario. Ese tipo de cosas es mejor hablarlas en persona. Nos decimos varias veces que nos queremos, que nos amamos. Cuelgo.
Pongo "Prison Break", recién descargado, en la computadora. De repente, en el fiaca, tomo conciencia que es una de las últimas ocasiones en que dormiré solo.
Rara, la sensación.
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lunes, 4 de septiembre de 2006
Sonia 01: Esplendor y derrota
Me despierto con la satisfacción del mail de ayer de Sonia 01. Mientras desayuno me pregunto si corresponde escribirle ahora, pero no: ella me hizo esperar, y las reglas de tortura que imperan en una relación sentimental indican que uno debe hacerse desear al menos lo que el otro lo hizo desear a uno. Desayuno, colectivo (descubrí, luego de dos años, una línea que me deja a pocas cuadras del trabajo: calculo cuánto dinero le regalé al subte, y me deprimo, pero es sólo un instante: ayer Sonia 01 me escribió), camino unas cuadras y me doy cuenta, de repente, de que aprecio la cúspide de los edificios de San Telmo, lo cual nunca había visto hasta ahora. ¿Pero qué era, hasta ahora? ¿Un pusilánime? Prefiero no responder. Ficho, ascensor, entro en la oficina, enciendo la computadora y, sí, le escribo a Sonia 01.
Bonjour, princesse (¿se escribirá así?) (qué tanto, yo también puedo ser políglota) me alegro que la hayas pasado muy bien el viernes... en relación a las disculpas, tan aceptadas como innecesarias: sabía que estabas a full de laburo, mi único temor era que no hubieses recibido los mails... (falso, pero indicado: no puedo decirle que mientras no me escribía la detesté, que su trabajo me importaba e importa tres pitos... no creo que sea una afirmación seductora) ¿y cómo quedó el laburo, al final? (otra falsedad necesaria: todo lo que me digas resultará tan interesante...) . ¿y en el cumple cómo te fue? (pienso: ¿y las botas que te pusiste cómo te quedan?) a mí me encanta mirar a la gente -o, por lo menos, a cierta gente- a los ojos, entre otras cosas porque sé que incomoda, y ya te dije que me encanta incomodar; a veces pienso que sólo así se ve lo que la gente esconde, o lo que no se atreve a mostrar. (esto es 100% cierto: tampoco voy a mentir en todo el mail... una relación no puede basarse en un 100% de mentiras, supongo que un 70% resulta más que aceptable, a esta altura). recién venía para el trabajo y vi el cartel de la nueva película de Almodóvar, "Volver", que la estrenan el jueves. Dado que a ambos nos gustó "Hable con ella", me parece propicio que vayamos juntos a ver ésta, si te parece el próximo sábado. (al fin y al cabo, lo único que interesaba de todo el mail era ésto... pero bueno, hay películas en las que lo único que importa es el final sorpresivo, y no por eso filman sólo eso: ¿quién pagaría una entrada sólo por unos cinco minutos? bueno, con los mails es lo mismo). bueno, la burocracia me demanda, así que te mando un beso.
Presiono enviar, el mail huye de la pantalla, sonrío y el Flaco no entiende por qué. El Tanguero sí, y me guiña el ojo. Me preguntan al unísono como me fue con las minas del fin de semana.
-Bárbaro -digo.
El resto del día consiste en esperar, en vano, respuesta de Sonia 01. Recuerdo las palabras de Shakespeare (que, milagrosamente, Sonia 01 no citó): el resto es silencio.
Y lo es, lamentablemente.
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jueves, 31 de agosto de 2006
Mis compañeros de oficina
Mis compañeros de oficina son cinco.
1) El Flaco: técnico en alimentos, pasó los treinta. Lo dejó la novia con la que pensaba casarse. Cada tanto bromea con que la única persona que lo llama por teléfono es la grabación de Piñón Fijo para solicitarle donaciones para el día del niño. Nadie sabe cuán bien le cae su propia broma.
2) El Chapa, o Chapi: ingeniero agrónomo, pasó los cuarenta hace bastante. Está loco, y además es actor (aunque no necesariamente en ese orden). Su vida amorosa es, para mí, un misterio, aunque cada tanto, al entrar en la oficina (en los extraños momentos en que entra en la oficina) dice son todas putas.
3) El Tanguero: economista agrario, edad indefinida. Si pasó los cuarenta, se mantiene muy bien. Si no, bueno, siga participando. Tipo terminante. Por algún motivo, con el único que se lleva bien es conmigo. Al resto, cada tanto le pide silencio.
4) El Chancho: antes el Chancho era yo (bautizado por él), pero cuando bajé de peso le heredé el apodo. Anda por los cuarenta. Casado, dos hijas. Su mujer llegó a directora, y él se mantiene en nuestro escalafón. Dado que ella está mucho más ocupada que él, el Chancho es quien cuida a las dos nenas. Y se lo ve feliz. O al menos eso intenta aparentar.
5) El Nono: trabaja medio día, por la tarde. Mezcla extraña de conservador y progresista, a veces se escandaliza cuando digo malas palabras (pero vos sos escritor, me dice), otras disfruta fotos porno que le mandan por mail. Ya superó los sesenta.
Cuando corto el chat con Sonia 02, el Nono aún no llegó. Alzo la cabeza y digo:
-Este fin de semana salgo con dos minas distintas.
Me miran. Por lo general, no entienden cuando hablo en broma. Esta vez, parecen no entender que lo digo en serio.
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