viernes, 3 de agosto de 2007

Sonia 00: La construcción del héroe

Lunes: jardín, qué bueno que seamos amigos.


Martes: jardín, qué bueno que seamos amigos.


Miércoles, la construcción de un héroe.


Jardín, qué bueno que seamos amigos.
En un momento, Sonia 00 dice:
-¿Y si hoy voy a tu casa a ver Lost?
-No -digo.
Me mira, boquiabierta.
-¿Por?
-Tengo la presentación de un libro.
En verdad, es una antología medio pedorra que se hizo con mis amigos y compañeros de taller literario. Una forma del Profesor de publicitar su taller, para ser sinceros. Claro que no le voy a aclarar eso a Sonia 00.
-Ah -dice.
Yo disfruto el silencio. Un minuto, dos. Luego, digo:
-También tengo otros amigos, vos viste.
Y luego, sí, el estiletazo final:
-Qué bueno que seamos amigos -digo.
Ella me mira, en silencio.

Voy a la nutricionista. No la veo desde que me indicó la dieta. Otra vez, me hace esperar como una hora. La puta que las parió, a las nutricionistas y sus sobreturnos y la reconcha de sus madres. De repente, escucho:
-Elemental...
Me pongo de pie. Voy hasta ella. Es flaquita, es linda, del tipo que me gusta a mi: tetas como manzanas, culo como pera -o al menos eso es lo que deja adivinar su delantal-. Pasamos al consultorio. Se sienta del otro lado del escritorio, toma una ficha en blanco.
-Primera vez, ¿no? -dice.
-No, vine hace tres semanas...
Vuelve a mirarme. A los ojos, ahora. Mis ojos, lo sé, son punto fuerte. ¿Cómo será levantarse a una nutricionista? Pero no, no me mira con esos ojos, sino con otros. Me mira a los ojos como si buscara reconocerme. Sus pupilas se achican -tiene ojos oscuros, ojos y pelo oscuro, el pelo lacio y largo, petisita, le llega casi a la cintura-, abre la boca.
-Ahora me acuerdo -dice-. ¿Qué pasó?
-No entiendo.
-¿Estuviste enfermo?
-¿Qué?
-Estás seguro que ya viniste, ¿no?
-Sí, estoy seguro...
-Bueno, desvestite.
Podría hacer algún chiste de doble sentido, pero suceden dos cosas: a) es linda, por lo que creo que no me va a dar pelota; b) soy tímido hasta que entro en confianza. Me quito el pullover, los zapatos. Voy a la balanza. Antes de subir, me pregunta:
-¿En cuánto estabas?
-88, 89 kilos...
-Ajá.
Subo. Es una de esas balanzas con la barrita de metal y las pesitas. Ella la lleva hasta 85, y la barrita se mantiene inmóvil abajo. La lleva a 83, y la barrita se mantiene inmóvil abajo.
Me mira.
Sonrío.
Lleva la barrita a 81, y la barrita amaga con subir, pero no. 80, nada. 79, la barrita sube hasta la mitad, y se queda quieta en su dictámen preciso: sí, soy otro, por eso no me reconoció la nutricionista.
-Bajaste -dice, confundida-... ¿diez kilos en tres semanas?
-Así parece.
-¿Vos seguiste mis indicaciones?
-Me fijé en lo que me habías marcado día por día, y comí la mitad.
-Pero eso no se hace.
Las pelotas, no se hace.
Mi sonrisa se ensancha.

Voy a la presentación. Hay varios amigos que no me ven desde hace bastante. La Niña Bonita, por ejemplo, se me queda mirando y me dice:
-¡Cómo adelgazaste, Elemental!
Yo sonrío.
La frase se repite, los signos de admiración se multiplican. La Trotamundos, la Cuyana, el Libanés y el Tarta se maravillan ante la sentencia de la balanza: diez kilos en tres semanas.
-Ahora estoy como para que Sonia 00 me dé pelota, ¿no? -digo.
-Ahora estás como para que cualquiera te dé pelota, tonto -dice la Trotamundos.
-Igual quiero llegar a 75 -digo.
La conquista del Polo Norte sólo es el primer paso para acercarnos al infinito, siento.
Un héroe ha nacido.
Preparate, Sonia 00.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Sonia 00: Lo que sucedió hasta ahora

Como hubo un parate (que generó varios disparates), refresco la memoria en relación a la historia con Sonia 00.

En la tenebrosa dependencia estatal donde Elemental es empleado a su pesar, hacen su ingreso nuevas compañeras: Chichón de Suelo y Sonia 00. A Elemental le interesa Chichón de Suelo, pero como quien le dirige la palabra -y para hacerlo emplea una antológica boca de petera- es Sonia 00, Elemental, con agilidad inusitada para él -quien por entonces bordea los 90 kilos-, redirige sus cañones hacia la supuesta petera prodigiosa. En una semana de vacaciones, no sólo le prepara un CD con la película favorita de la susodicha -"Señales"-, sino que habla con un amigo del trabajo que comparte oficina con la petera para que, en su ausencia, él -el Alemán- le haga "gancho". ¿Muy "Clave de Sol"? Eso no es nada. La petera prodigiosa, en el reencuentro, comienza un proceso de histeria digno de niveles guinness. Hace que el torpe Elemental avance, que incluso se le tire un patético lance, pero lo detiene con la frase "prefiero que seamos amigos". Elemental, que en cada ocasión de su vida en que tuvo oportunidad no cesó de dejar constancia de su estupidez, piensa que "peor es nada", por lo que intenta ser amigo de Sonia 00. Mientras tanto, sus amigas reales -la Cuyana, la Trotamundos- le dan consejos absolutamente contradictorios entre sí, por lo que nuestro imberbe héroe se desorienta aún más. Mientras tanto, también, en sus salidas a cenar con el Alemán a "La casa del queso", Elemental se queja de sus desgracias con Sonia 00, y el Alemán utiliza epítetos como "forra, "pendeja", "histérica de mierda". En pleno desarrollo de la amistad, Sonia 00 le expresa a Elemental sus dificultades económicas y laborales. Elemental, sin que se lo pidan -al menos en forma directa-, se transforma intempestivamente en sucedáneo de un organismo internacional de crédito y le presta a Sonia 00 varios cientos de pesos. Por otro lado, los contactos entre Elemental y Sonia 00 no son sólo en el ámbito laboral. Comparten sesiones de chat en las cuales se cuentan peripecias sexuales, expresan deseos de satisfacer la libido. Una noche, incluso, cuando ella lo visita a su casa Elemental descubre que Sonia 00, además de su boca de petera, posee un par de tetas más que notorio. Él fuma porro, ella se emborracha, evalúan la posibilidad de ser ¨amigos con sexo", aunque la cosa no prospera. Prospera, sí, el hecho de que ven juntos "Lost". A ella le encanta. A él le encanta su boca de petera. Luego, van a una fiesta donde Elemental, totalmente faseado, le agarra el toque paranoico y se retira, dejando a Sonia 00 al cuidado de su amigo el Alemán.
Ah, casi lo olvido: herido en su orgullo por el desplante inicial, Elemental inicia dos cosas. A saber: a) una dieta; b) terapia con una analista que en la primera sesión le dice que él es lindo.

Hasta aquí llegamos.

Mañana, avanzamos.

viernes, 6 de julio de 2007

Sonia 08: Mi cumpleaños 36.

Sábado 9 de junio de 2007.

Soy de los que creen que festejar el cumpleaños por adelantado es mufa. Si me desean feliz cumpleaños por anticipado me toco el huevo izquierdo, esas cosas. Por eso elegí hoy, para el festejo. Por supuesto, a los invitados les avisé con mucha antelación. Soy ansioso, sí.

Ayer me llamó Sonia 08, para preguntarme si en el fin de semana nos veíamos. Le dije que sí, que en mi cumpleaños. A ver: llegué a una conclusión que, creo, puede ser errónea. Sonia 08 se siente un objeto -en un momento, el domingo pasado, le dije vos le das demasiada importancia al sexo, y que eso lo diga alguien como yo es todo un dato-, y no me parece mala mina. Me parece una buena persona que anda aún más perdida que yo. Quizás se puedan compartir buenos momentos, me digo. Quizás si le otorgo otro lugar que el que ella creer merecer las cosas podrían cambiar. Por ejemplo, que venga a mi cumpleaños, que esté con mis amigos, que vea otras partes de mí que aquellas que aparecen en el blog y la llevaron a una absurda idolatría.

Llego temprano. Me ubico en la mesa. El cantobar es "República de acá", está en Placita Serrano. El primero en llegar es el Libanés, que me abraza, me demuestra su cariño. Charlamos. La gente tarda en llegar. Artistas. Mensaje de texto: ya estoy por ir, me estoy poniendo linda. Sonia 08. Respondo ok.

Llegan la Bella Poetisa -me regala un libro hermoso de Haruki Murakami-, Lolamaar, la Trotamundos, la Editora Mais Bonita -me regala el último de Stephen King, que justo me lo dio el Editor Más Fachero para reseñar, así que lo cambiaré por el segundo tomo de los cuentos completos de Cheever-, la Mujer Imperfecta. Empezamos a joder con quién subirá a cantar primero, mandamos papelitos con el nombre del resto como posibles intérpretes, para obligarlos.
En un momento, el Libanés me dice que en nuestra mesa son todas minas excepto nosotros dos.
-Parece que fuéramos ganadores -se ríe.
-Nadie se aviva que son todas amigas -me río-. Y que lo artistas son más impuntuales que las artistas.

Llega Sonia 08. Viene a la mesa. Momento difícil, ¿cómo la presento? Una amiga, pienso. Mejor, directamente el nombre. Le presento al resto, y lo primero que ella hace es tratar de averiguar quién es quién en el blog. En un momento, la Bella Poetisa, que no tiene un pelo de tonta, se hace la boluda y le pregunta:
-¿Y vos cómo lo conocés a Elemental?
En realidad, su pregunta es: ¿cuál es tu lazo con Elemental?
Y Sonia 08 responde:
-Soy su admiradora número uno.
Cierro los ojos.
Empieza la música.
Cagamos, pienso.

Subimos con la Trotamundos, la Mujer Imperfecta y el Libanés a cantar un regatón -no sé si se escribe así-. Yo no tengo la más remota idea del tema, la música avanza y no sé dónde leer la letra, cómo entonar. A decir verdad, ellos tres tampoco saben. El Libanés, en un inusitado rapto de dominio escénico, improvisa a los gritos en el escenario, y la gente aplaude.

Más tarde, llegan el Ganador y su novia. Me cae muy bien, su novia.

Más tarde, subimos con el Ganador y el Libanés. Cantamos "Tengo", de Sandro. Esta sí la sé. Nos sale muy pero muy bien. La Trotamundos se acerca al escenario y hace como que nos arroja ropa, se hace la groupie y se caga de risa mientras, a la mesa, está la verdadera groupie que no sabe cómo no serlo.

La música está muy fuerte, el momento da para charla y propongo irnos a otro bar. En el escenario canta un tipo que creo que es psicótico o tiene absolutamente atrofiado el buen gusto.

Vamos a tomar algo. Llegan Remolacchio y su novia, que también me cae bárbaro. Hablamos de cosas. Libros, estudios, cosas. Estoy con amigos, me siento feliz.

Llega la hora de salir del bar.
A ver: deseo dedicar el domingo a corregir una novela para presentarla a un concurso cuya presentación vence el viernes, son las cuatro de la mañana y no voy a irme con Sonia 08 a casa porque me dormiría a las mil quinientas y porque, fundamentalmente, no tengo ganas.
Mientras caminamos por la placita de Costa Rica y Malabia, me pregunto cómo hago. Sonia 08 da por sentado que va a venir a casa. No creo que tome bien la buena nueva. De repente, me doy cuenta de algo. El Ganador tiene coche.
-Vos vas para el lado de Parque Centenario, ¿no? -le pregunto.
-Sí, claro -dice él.
-¿La podrás alcanzar a Sonia 08, que vive por ahí?
-Sí, por supuesto.
Sonia 08 me mira. Por favor, que no se ponga a llorar. No se pone a llorar. Punto a su favor.
-Pensé que iba a ir a tu casa.
-No, mañana quiero escribir.
-Si me hubieras avisado, me iba antes.
-Bueno, no sabía que te estuvieses aburriendo. Todos la pasamos bien, y pensé que...
-Dejá, está bien.
Sonia 08 se aleja con el Ganador, su novia y el Libanés.

Comienzo a caminar hacia mi casa. Solo.
Acabo de elegir, y acabo de hacerme cargo de esa elección.
Podría decir que aquí corresponde la palabra "fin".
Aunque falta el epílogo, claro.

martes, 3 de julio de 2007

Sonia 08: I´m the king of the world

Viernes 1 de junio de 2007.

Despierto. Diez de la mañana. Por lo general, entro al trabajo a las 9 y pico. Voy a llegar tarde. No sólo eso: voy a llegar tarde y estoy hecho un zombie.

Cuando salgo a la calle, noto mi espalda más erguida que de costumbre. Los músculos comienzan a hacerse sentir, pero no es eso. Tengo un andar orgulloso. Canchero, diría. Me siento un ganador. Me siento el gran cogedor. Me acuerdo de James Cameron la noche en que Titanic se llevó no sé cuántos Oscars y la academia naufragó definitivamente, y cómo él, estatuilla en mano, gritaba "i´m the king of the world". Bueno, hago un blog que es una poronga pero resulta bastante leido, y hay lectoras que se mesturban pensando en mí, y encima vienen y cogemos. O sea, por la mera pelotudez de contar mis desastres amorosos en un blog, tengo groupies. Bueno, una. Pero uno es el inicio de una escala. Puede haber dos, tres, decenas que esperan que Elemental El Prodigioso les dé masita. Ok, no sé cómo ellas pueden llegar a una conclusión semejante, pero lo de ayer con Sonia 08 puede ser una señal, puede ser algo.

En el subte, miro a las mujeres. Y ellas me miran. Para mí que sospechan que yo puedo ser el autor del ignoto blog con el que se masturban cada día, el dueño de sus fantasías eróticas, el amo de sus sueños más ocultos.
Ayer cogí, sí señor.
Ayer cogí mucho, sí señor.

Llego al trabajo. Por primera vez, hay gente en la oficina, cuando llego. El Chancho y el Flaco giran hacia mí como si fuese una aparición espectral. Pero no, baby, soy una aparición estelar, esa figura que aparece poco en un capítulo de una serie y te levanta ochenta puntos de rating.
-¿Qué te pasó? -preguntan el Flaco y el Chancho a coro.
Yo sonrío. Jejeo. Hago je je como sólo puede hacerlo un world champion, un tipo que se las sabe todas, un tipo que coge mejor que nadie, que la tiene gigante, que es un grosso.
-En serio, Elemental, qué te pasó -repiten.
Y yo, todo orgullo, con un tamaño que no entro en la oficina, digo:
-Estuve toda la noche garchando.
Y me aplauden.

Voy por el pasillo, como en otros tiempos iba por el pasillo con Sonia 00. Mientras camino rumbo a la escalera, me frena mi jefe que acaba de salir de la oficina.
-Elemental, te fui a buscar a la oficina y no estabas.
Me encojo de hombros.
-Por lo general llegás temprano -me dice, preocupado.
-Es que me quedé dormido -digo.
-¿En serio? Es la primera vez en años...
-Es que estuve toda la noche garchando.
Mi jefe me mira, estupefacto. Un segundo después, sonríe. Otro segundo más tarde, me palmea la espalda.
-¡Vamos, campeón! -grita en el pasillo.

Durante el día, con Sonia 08 nos mandamos mensajitos de texto, uno más puerco que el otro.

Por la noche, voy de la Trotamundos. Están el Libanés, la Cuyana y una amiga de la Trotamundos. Cuando me preguntan cómo estoy, respondo:
-Raro.
-¿Raro? -pregunta el Libanés-. ¿Pasó algo?
-Tengo groupies, Libanés.
-Me estás jodiendo -dice la Cuyana.
-No, en serio. Me escribió una minita que se excita leyendo el blog.
-Una enferma -dice la Cuyana.
-¿Se excita cómo? ¿Se pajea? -pregunta el Libanés.
-No sé, supongo -digo.
-¿Y se vieron? -pregunta la Trotamundos, que sabe buena parte de la historia.
-Sí, ayer, como te dije.
-¿Y? -preguntan los tres, creo que incluso la amiga de la Trotamundos se engancha.
-Cogimos, garchamos.
-¿En serio? -pregunta el Libanés-. ¿Y eso por escribir un blog?
-Eso por escribir ese blog de mierda -digo-. Imaginate si hiciera uno bueno.
-Yo no puedo creer que haya groupies de blog -dice la Cuyana.
-La minita quería que él escriba sobre ella -dice la Trotamundos-. Quiere ser famosa.
-Sí, pero aparecer en "El diario de un neurótico" no es precisamente fama. Y además aparecería como una Sonia -dice la Cuyana.
-Bueno, ella no quiere aparecer como Sonia -digo-. Quiere figurar como puta.
-¿Puta? -se ríe y aplaude el Libanés-. ¿Y cómo se hace para abrir un blog?
-Vos te tenés que poner banda ancha -le digo.
-¿Cuánto sale? -pregunta el Libanés.
-¿La vas a volver a ver? -pregunta la Trotamundos.
-Sí, mañana -digo.
-¿Y qué van a hacer? -pregunta la Cuyana.
-No sé, cenar o algo así -digo.
-¿Y coger? -pregunta el Libanés.
-No sé, supongo que sí. El tema es que me parece que esto da sólo para sexo, y no sé cómo tratarla. Digo, la quiero tratar bien, no como una puta. Pero al mismo tiempo no quiero que piense que soy el novio o algo así.
-Vos tenés que hacer lo que sientas -dice la Trotamundos, que piensa un segundo y luego agrega-. No, lo que sientas no, porque te enamorás. Vos tenés que coger y listo.
-Sí, y listo -dice la Cuyana.
-¿A cuánto está la banda ancha? -pregunta el Libanés.
No le respondo. Pienso en mañana, en toda la pornografía que falta.

miércoles, 27 de junio de 2007

Sonia 08: El Editor Más Fachero y la Trotamundos aconsejan

Miércoles 30 de mayo de 2007 (cont.).

Voy a la analista. Durante la sesión -segunda de diván-, estoy a punto de decirle que me escribió una chica que veré mañana, pero temo que cuando le cuente cómo viene la mano me cague a pedos. Hablo mal de mi padre, entonces.

En el taller, durante el recreo, el Editor Más Fachero, mi co equiper docente, me toma del brazo.
-¿Cómo es eso de que mañana cogés?
-Me escribió una minita por el blog.
-¿Otra?
-Sí, qué se yo. Esta dice cosas raras.
-¿Raras?
-No sé, parece que se excita al leer el blog.
-¿Se excita? ¿Se pajea?
-No sé. Me parece que sí.
-¿Y mañana la ves?
-Sí, a las nueve de la noche.
-Elemental.
-¿Qué pasa?
-No seas pelotudo, eh.
-¿Pero qué pasa?
-Pasa que vos la ponés y entre polvo y polvo te enamorás, eso pasa. Esta es una mina que se pajea con tu blog, una enferma. Es para coger y listo, ¿estamos?
-Yo no me enamoro...
-¿Estamos?
-Estamos.

Cuando salimos del taller, vamos a comer con la Trotamundos. No sé si contarle, sé que me va a retar, ella me cuida mucho. Finalmente, le cuento.
-Mañana voy a cumplir con lo que me aconsejaste de acochopla.
-¿Qué te dije de acochopla?
-A coger que se chocan los planetas.
-¿Mañana vas a coger?
-Y, me parece que sí.
-¿Cómo es eso?
-Me escribió una minita por el blog.
-¿Otra?
-Esta se excita, no sé si se pajea leyendo las partes de cómo cojo con Sonia 04, supongo.
-¿Perdón?
-Eso dice, o eso deja traslucir.
-¿Y se van a encontrar para coger?
-Dice que quiere ser mi puta.
-¿Perdón?
-Bueno, algo así. Sería medio complicado de explicar.
-¿Y qué más te dijo?
-Que después que nos veamos puedo escribir sobre ella.
-Hija de puta.
-¿Qué pasa?
-¿Cuántos años tiene?
-Es una nena, veintiseis.
-La pendeja quiere que escribas sobre ella en el blog.
-¿Te parece que no vamos a coger? Yo por mí escribo...
-Escuchame, pero escuchame bien.
-Te escucho.
-Te la vas a coger.
-¿En serio?
-Sí, en serio, te la vas a coger.
-Joya.
-Pero otra cosa.
-¿Qué cosa?
-No te enamores.
-Yo no me enamoro...
-No te enamorás, ¿estamos?
Asiento. Traen la comida.

A veces, los consejos de quienes nos quieren son tan parecidos. Quizás porque nos conocen.

martes, 26 de junio de 2007

Sonia 00: Reunión de amigos

-No, esta semana no hablamos -digo-. Tenía que venir a la clase de taller, pero a último momento me dijo que no podía.
-Se está abriendo -dice el Libanés.
-Se está borrando -dice el Tarta.
-Mejor -dice la Trotamundos.
-¿Mejor? -pregunto.
-Sí, mejor -dice la Cuyana-. Es una pendeja histérica, te la tenés que sacar de encima. Y nada te viene mejor que sea ella la que se aparta.
-Pero estoy triste -puchereo.
-Todo pasa -dice el Tarta, terminante.
-Ya vas a encontrar a alguien -dice el Libanés.
-¿Triste? -pregunta la Trotamundos.
-Sí, qué se yo -sigo pucherando-: triste, enojado...
-¿Triste o enojado? -pregunta la Cuyana.
-Depende del momento -digo (estoy a punto de decir "depende de si me domina el Elementalito con alas o el de cuernitos", pero me callo).
-A ver -dice la Trotamundos-. La mina te tiró onda, dio tooooooooooodas las señales, y después te dice que no quiere confusiones. ¿Me equivoco?
-No, no te equivocás -digo.
-No, no se equivoca -dice la Cuyana-. La mina es una histérica, como todas. Y ahora está asustada. ¿Vos le hablaste?
-No... Bueno, cuando me la crucé la saludé -digo.
-Tampoco vas a dejar de saludarla -dice el Libanés.
-No, claro -digo con falsa seguridad: lo había barajado como opción.
-Vos, duro -dice la Cuyana-. Ella ya va a venir al pie.
-El viernes que viene festejo mi cumpleaños con los del laburo -digo-. No sé si va a venir.
-Va a ir -dice la Trotamundos-. Vas a ver que va a ir. No se lo pierde ni loca. Es histérica.
-¿Te parece? -me ilusiono.
-Igual, ése no es el punto, Elemental -dice la Cuyana-. El punto es que vas a empezar terapia, que vas a ir a la nutricionista, que vas a empezar a ponerte bien. Y eso es lo que importa.
-Sí, claro -digo, me quedo en silencio y luego agrego-. ¿Cómo que "ponerme bien"? ¿Eso quiere decir que estoy mal?
Nadie me responde.
Los amigos saben cuándo guardar un piadoso silencio.

viernes, 22 de junio de 2007

Sonia 00: Un monstruo

Sábado 27 de mayo de 2006.

-Lo que pasa es que soy horrible -digo.
Me acomodo los anteojos. Lo hago, en verdad, para tapar mis ojos que, cuando hablo, se llenan de lágrimas.
-Pero Elemental, no digas pavadas -dice la Trotamundos.
La clase terminó hace poco. Como se ha hecho costumbre, rodeamos una mesa. Cerca de nosotros, del otro lado de la pared, la librería de este bar. Cinco aspirantes a escritores en un bar con librería, en Palermo. A veces no caemos en lugares comunes, a veces lo somos.
-Te apuraste a invitarla -dice la Cuyana-. Hociqueaste.
-No podía esperar más -digo.
-Para mí estuvo bien -dice la Trotamundos-. La minita le había tirado toda la onda y ahora no se hace cargo. Es una pendeja histérica.
-¡Por supuesto que lo es! -dice la Cuyana-. ¡Todas lo son, especialmente a esa edad! Por eso hay que esperar. Por eso tendrías que haber esperado, Elemental.
-Sí, pero yo no aguantaba más -digo, y la mirada se me pierde en el cortado en jarrito-... Me despertaba y pensaba en ella, hablaba y le veía la boca de... bueno... Tenía ganas de besarla.
-Venís bien pero la apuraste y la espantaste -dice la Cuyana.
-Esperá -dice el Libanés-, tampoco digas eso. Él hizo lo que sintió, y hacer lo que se siente nunca puede estar mal, ¿no?
Su respuesta es un silencio de todos los comensales.
-Y bueno, no se pudo -dice el Tarta-. A otra cosa mariposa.
-Vos a partir de ahora no le das ni la hora, ¿estamos? -dice la Trotamundos, y me apunta con su índice.
-Pero yo con ella la paso bien... -digo.
-Nada, no le decís nada de nada -dice la Cuyana-. Ya va a venir al pie.
-Ustedes no entienden -digo.
-¿Qué cosa, no entendemos? -pregunta la Cuyana.
-Que el problema pasa por que soy horrible. Estoy horrible, en realidad. Gordo, soy un cerdo. El problema es ése. Voy a empezar una dieta.
-Vos deberías empezar terapia -dice la Trotamundos.
-Eso también -digo-. Yo cuando estaba flaco te juro que tenía facha, pero con esta panza, ¿quién me va a dar bola?
-No estás tan gordo -miente la Trotamundos, siempre piadosa.
-A la mina indicada le va a chupar un huevo, si estás gordo o flaco -dice la Cuyana.
-La panza en el hombre le da dignidad -dice el Tarta, que está engordando.
-La mujer tiene que ser flaca, el hombre no -dice el Libanés.
-Eso era antes, ahora no -digo-. ¿Por qué no habré nacido antes? No sé, cuando la monogamia y la fidelidad eran valores generales, cuando si la gente se enamoraba se enganchaba... No sé, haber nacido antes hubiera estado bueno. Y no como ahora, que cuando digo que para mí la fidelidad es central todos me miran como si fuese un pelotudo.
La Cuyana, la Trotamundos y el Libanés responden al unísono:
-Que seas un tipo fiel con ganas de estar de novio en lugar de pelotudear no está para nada mal.
El Tarta se queda callado. Hoy está piadoso.
-Pero te digo -dice la Trotamundos-, no te empieces a maquinar con si sos feo, o gordo, que la cosa no pasa por ahí.
Todos asienten. Al menos en esto sí, todos concuerdan.

Cuando llego a casa -otro sábado que pasaré encerrado en casa-, me miro al espejo y digo:
-Sos un monstruo.

miércoles, 13 de junio de 2007

Sonia 00: Vacaciones

-¿Y a vos te parece que justo me había pedido las vacaciones para esta semana, cuando conozco a Sonia 00 y podría estar sumando puntos? -digo.
Sábado. Un bar de Palermo. Acabamos de salir de la clase de taller literario con el Profesor. Están la Trotamundos, el Libanés, la Cuyana, el Tarta. Poco a poco, clase a clase, visita al bar sábado a sábado, se van convirtiendo en algo así como mis amigos. El Libanés aún tiene inédita su novela -su supuesta obra maestra-, lo que le ha hecho bajar la soberbia y, en proporción directa, ha aumentado mi simpatía hacia él. Un tipo entrañable, descubro, que cuando lo conocí pasaba por un mal momento, lo cual en gente que escribe puede ser traducido como buen momento en su carrera.
-Mejor -dice la Cuyana-, así le generás curiosidad.
-No creo que se detenga a pensar mucho en mí -digo.
-¿No decís que la que se acercó a hablar fue ella? -pregunta la Trotamundos, y cuando asiento continúa-. Y bueno, Elementalete, ahí tenés.
-¿Ahí tengo? ¿Qué cosa, tengo?
-El interés -interviene el Libanés-. Ahí hay interés.
-Puede ser. Quiere tener taller literario conmigo.
-Joya -dice el Tarta-, ahí te la cogés.
-No, boludo, ni en pedo -digo-. Eso lo haría mucho más difícil.
-¿Por? -pregunta la Cuyana.
-Primero, que se incorporaría al grupo que ya viene, con lo cual no podría prestarle tanta atención...
-Mejor -dice la Trotamundos-, nunca le tenés que prestar tanta atención, a una mina que te gusta.
-Segundo, que sería mi alumna, seducirla sería algo así como abuso de poder...
-Dejate de joder -dice el Tarta.
-El Profesor no piensa como vos, hubo una época, cuando estaba recién divorciado, en que se le tiraba a todas las alumnas, incluyéndome -dice la Cuyana.
-¿En serio? -me sorprendo-. Cuando yo empecé con él hacía mucho hincapié en eso. Está bien, fue hace muchos años...
-En muchos años la gente cambia -dice el Tarta.
-...y ahora que lo pienso, terminó por culearse a una alumna, en ese entonces -digo.
-Ahí tenés -dice el Libanés-. Más clarito, echale agua.
-No, fijate. El Profesor se la culeó porque la que avanzó fue la alumna. Era medio putona, me acuerdo. Se lo quería garchar a toda costa.
-Y se lo garchó -dice la Cuyana, y me sorprende por su utilización del verbo.
-Sí, pero la que avanzó fue ella.
-¿Y? -pregunta la Trotamundos.
-Nada, que eso es así.
-Perá -dice el Tarta-, vos estás hablando como si dieras clase en una facultad, como si les pusieras una nota de la que depende el futuro de las alumnas. Ahí sí, podría hablarse de abuso de poder. Pero es un taller literario, loco, una pelotudez, la relación es casi entre pares...
-Casi.
-Casi, sí, casi. No es lo mismo. No es abuso de poder.
-Ok -admito, poco convencido-, ponele que la acepto como alumna. ¿Cómo hago para cobrarle?
-Le pedís la guita -se ríe el Libanés.
-No, boludo, en serio. ¿Cómo hago para cobrarle a una mina a la que quiero partirle la boca de un beso? No sé, es medio raro.
-Son dos cosas distintas, Elementalito -dice la Trotamundos-. Por un lado le das clase, por el otro le das masa.
Hoy las chicas están zarpaditas, pienso.
-¿Ah, sí? -me escandalizo-. ¿Y qué pasa si la invito a salir y me dice que no? ¿Cómo mierda hago, a partir de ahí, para darle clases? No, viejo, no, tengo que esperar a que ella avance.
Los cuatro se quedan en silencio unos segundos. El Libanés asiente, como si concordase con lo que acabo de decir. La Cuyana niega con la cabeza. El Tarta pone cara de qué hambre. La Trotamundos, al fin, dice:
-¿Y qué sería, un avance?
Pienso un rato. Luego digo:
-No sé... Que me escriba una cartita de amor, algo así.
-¿Vos cuántos años tenés, doce? -casi grita el Tarta.
-Bueno, ok, quizás una cartita de amor no... No sé, miraditas, que me hable aparte, eso, que quiera hablarme aparte, que me diga de ir a comer algo después de la clase, los dos solos, qué se yo... No, la cartita de amor sería lo mejor.
-Vos tenés muchos problemas -dice la Cuyana-. Una alumna ni en pedo te va a escribir una cartita de amor.
-¿Ahora entienden por qué me complica tanto, si quiere tomar clases conmigo?
-Sí, vos te complicás tanto -dice el Libanés, y se ríe.
Nos reímos. Traen el pedido. Bebemos. La Trotamundos dice:
-La clave está en que cuando vuelvas lo hagas con una carta triunfal. Dejale en claro que durante la semana de vacaciones pensaste en ella. Eso nos gusta, a las mujeres.
-No -dice la Cuyana-, las mujeres somos histéricas por naturaleza. Vos como si ella no existiera. No hociquees, ¿estamos?
Miro al Libanés y al Tarta.
-Son dos minas y las dos me aconsejan exactamente lo contrario. ¿A cuál de las dos le hago caso?
El Tarta se encoge de hombros.
-Las mujeres son un enigma, loco -dice el Libanés.
-Las mujeres son un enigma especialmente para las mujeres -dice el Tarta.

El miércoles recibo un llamado. El Alemán. Quiere saber si este viernes vamos a ir a comer a la Casa del Queso. Le digo que sí. Le pregunto novedades del laburo, aunque supongo que no habrá ninguna trascendente, nunca la hay. Me dice que no hay novedades. Pausa. Dice:
-Ah, sí -dice-. Hay una. Tengo nueva compañera en la oficina.
-¿Otra mina? Pobre.
-Sí, una cagada.
-¿Y a quién ubicaron?
-A Sonia 00.
-¿¿¿¿¿¿En serio?????? -casi grito.
-Sí, en serio, ¿por?
-Vos no digas nada, pero la mina me gusta -digo, definitivamente inmerso en el universo de Clave de Sol-.
-¿En serio?
-En serio, loco. ¿Vos no podrás hablarle de mí, hacerme el entre?
-¿Y qué le digo?
-Qué se yo, que sos mi amigo, que soy buen tipo. No sé, hablale bien de mí, inventate algo.
Del otro lado de la línea, silencio. Luego de unos segundos, escucho:
-Bueno, está bien.
Cuelgo, contento. Sin estar, Sonia 00 me tendrá presente durante mi semana de vacaciones.

Mi semana de vacaciones consiste en ponerme al día con varias series, comer, escribir.
Lo ideal.

Sábado otra vez. Bar, después de clase con el Profesor, otra vez.
-Ya sé cómo hacer un regreso triunfal -digo, entusiasmado.
-¿Cómo? -preguntan los cuatro al unísono.
-Ella me dijo que su película preferida es "Señales".
-¿"Señales"? -pregunta la Cuyana-. ¿La de Shyamalan con Mel Gibson? Qué mal gusto, por Dios.
-Es una buena película, che -defiendo a mi damisela.
-Sí, pero de ahí a decir que es la mejor que vio... -dice el Tarta-. Tu película preferida puede ser de Woody Allen, de Tarantino, de Scorsese, de Coppola, de Fellini, hasta del aburrido de Bergman, pero una con Mel Gibson sobre una invasión extraterrestre...
-Es una buena película -me ofusco.
-Bueno -dice el Libanés-, tampoco nos desviemos. ¿Cómo va a ser tu rentrée triunfal?
-Bajé la película con el emule -digo-. Me costó un huevo, pero lo conseguí. Le voy a llevar la película de regalo.
La Trotamundos y la Cuyana se cubren la boca con la mano.
-¡Bien, Elementalete! -exclama la Trotamundos-. Es un gesto hermoso, la vas a dar vuelta.
-Es un desastre, Elemental -dice la Cuyana-. La vas a espantar. Es pendeja, por lo cual es más histérica que el promedio. La vas a asustar.

¿Adivinen cuál de las dos tiene razón?

jueves, 31 de mayo de 2007

Sonia 00: Prólogo 21: Confesión en relación a la Trotamundos

Lo que digo a continuación la Trotamundos no lo sabe, o no lo sabía hasta que se lo dije antes de postearlo. Como es una mina inteligente, supongo que lo sospechaba. Es decir, sospechaba este pasado que relato en presente y que, en el presente, es tan distinto.

En el grupo de taller hay dos mujeres. Una flaquita que escribe historias de putos, a la que el profesor le dice que son geniales, que escriba todo un libro de cuentos acerca de putos, y cada vez que los lee me resultan horrendos. No porque traten de putos, no soy homofóbico, sino porque son aburridísimos. La otra mujer es la Trotamundos. En sus escritos trata la soledad femenina, los desencuentros. Hay, en su prosa, una sensibilidad que no está trabajada desde el estilo sino, se nota, desde lo humano.

Digo: uno al leer esas cosas de la Trotamundos, esas historias de mujeres que se disfrazan de angelitos y van a un strip tease para una despedida de solteros, al detectar los detalles de piedad de la narradora para con sus personajes, se da cuenta de que es una buena mina.

Digo: un tipo que no tuvo contacto con el mundo exterior por casi dos años no puede sino engancharse con una mujer así.

El Profesor me pregunta -siempre llego primero- si me gusta alguna de mis compañeras. Me pongo colorado. Tartamudeo.
-¿La que escribe de putos? -profundiza.
Niego con la cabeza. Imagino que es muy fácil de seducir, que si la imagen que tiene de los hombres son putos sin amor, con sólo acostarme con ella, con hacer dos o tres cosas que sé, la doy vuelta como una media. Pero no me resulta atractiva.
-¿La Trotamundos? -pregunta.
Me encojo de hombros.
-Es una copada -dice.
Eso ya lo sé.

Con el paso de las clases, a las que voy siempre con ropa distinta, en las que me emprolijo ex profeso, en las que explayo mi arsenal de estupideces machistas efectivísimas para espantar mujeres y cualquier posibilidad de exponerme al dolor afectivo que implicaría un rechazo, descubro que ella sonríe maternal ante mis irrupciones de infantilismo.

No sé cómo, en algún momento deja de gustarme como mina. Digo, la veo como candidata ideal para muchos hombres que conozco, los que son buenos tipos.
Con el paso del tiempo, comienzo a verla como mucho más que una mujer. La veo, entonces, como una persona de una sensibilidad exquisita, alguien que quiero tener cerca para jamás perder, nunca poner en riesgo.
La veo como amiga.

Y, milagrosamente, ella también comienza a verme como amigo.

Al igual que con el Editor Más Fachero, aquí corresponde el final de Casablanca como paralelo.

Sonia 00: Prólogo 20: El día en que conocí al Libanés y a la Trotamundos

Asisto al taller del profesor. Me asignó el grupo de los miércoles a la noche. Argumentó que es el grupo en el que hay gente más afín a mí. Conozco al Profesor, y sé que debe ser el grupo en el que tiene menos alumnos.

No me equivoco.

Asistir a un taller luego de tanto tiempo, al mismo tiempo que tengo alumnos en casa, es extraño. Me digo que los analistas supervisan sus casos y deben, a su vez, analizarse. La frase me resulta tranquilizadora.

La metodología del taller es clásica -nada que ver con la que aplico en mis clases-: se lleva algo escrito, el Profesor lo lee y va corrigiendo puntos, comas, sinónimos, rimas involuntarias, repeticiones inconducentes. No se habla de teoría, ni de estructura del relato. No me jode, eso sí lo sé. Justamente, lo que me viene bien en estos momentos es que me corrijan puntos, comas, sinónimos, rimas involuntarias. Me pregunto si el resto de quienes escriben son tan malos como yo a la hora de corregirse a sí mismos.

En el grupo hay varios adolescentes que, a medida que escucho, adolecen de talento. Está el Libanés, también, a quien el Profesor está terminando de corregirle una novela premiada, que no se lee en clase. Tarde, llega la Trotamundos. La miro: me parece linda. En ese mismo instante, miro mi barriga que amenaza desbordar la camisa. Soy un asco, pienso.

Llevo un cuento serio, nada de humor. Me gustaría que la gente sepa que no hago sólo humor. ¿Tengo el complejo del payaso, que hace reír pero sufre? Puede ser.

El cuento que llevo es bastante choto: es una larga descripción de una imagen de dos viejas cenando sopa, y voy descomponiendo esa imagen, resaltando detalles para ir reconstruyendo las vidas de esas dos viejas y cómo llegaron a esta situación. Se va deduciendo, también, que se trata de dos asesinas. Al final, la imagen se resignifica: las dos viejas que cenan temen que la otra la esté envenenando.

Al Profesor le gusta. El resto de los alumnos no opina. Este taller no tiene muy en cuenta esa parte de los talleres.

Al salir, camino junto al Libanés. Charlamos.
La primera opinión que me formo de él es pésima.
El Libanés se dedica a mandarse la parte de que le premiaron su novela, que la presentó a un concurso pese a que el Profesor le había dicho que aún no estaba lista, pero que se la premiaron. A lo largo de su monólogo, creo que repite la palabra premio en una cantidad inabarcable por la matemática moderna. Introduce con fórceps una anécdota del acto de premiación, su encuentro con Ernesto Sábato -uno de los jurados-. Palabra tras palabra, se manda la parte. Yo lo miro de reojo, no puedo creer que haya tanta soberbia en un cuerpo tan diminuto. Por sus palabras, se desprende que escribió una obra maestra, y que él le hizo el favor a los organizadores del concurso al presentarla. Dice que se la van a publicar. No, miento, dice:
-Me la van a publicar pese a que en las bases del concurso no estaba especificado que lo harían.
-¿Cómo que no? Según recuerdo, las bases decían que la novela ganadora iba a ser publicada.
-Sí, pero no lo aclaraban para el segundo premio. Luego de leerla, hicieron la excepción.
Lo miro de reojo. La verdad, su soberbia me enferma. Me recuerdo a su edad -tiene 28-, me pregunto si era así. Me digo que mientras me creí un genio escribí las peores páginas que podía generar. Digo, entonces:
-Ah, pero entonces no ganaste.
Él me mira, desubicado, y alcanzo a distinguir el odio en sus pupilas.

Luego, comienza a hablar acerca de la antología en la que incluyeron mi cuento. Lo hace de forma tal de dejar claro que mi cuento no le gustó por humorístico. Lo hace de forma tal que lo que creo distinguir es que lo que dice, en verdad, es que la antología tuvo la mala suerte de que a él aún no lo hubiesen publicado, porque sino sería mejor libro. Digo, habla bastante mal de la antología.

Nos despedimos en la parada de su colectivo.
A esa altura, ya lo detesto.
Y creo que el sentimiento es recíproco.

Sonia 00: Prólogo 19: De vuelta al ruedo.

Hay un momento en que creo que me estoy volviendo loco. Creo que es cuando sucede lo de mi viejo, cuando me hago tanta mala sangre por la crítica negativa del salame. Soy conciente de que lo sobredimensiono, fundamentalmente, porque no tengo otra cosa que hacer.

Pienso, entonces. Tengo que conocer gente, pienso. El Preceptor es un amigazo, pero sólo podemos vernos los martes porque es casado y tiene un hijo. Tengo que conocer más gente. Los compañeros del laburo son compañeros, y con el único con el que me encuentro fuera de la Secretaría es con el Alemán, con quien vamos a comer a la Casa del Queso y lo escucho criticar al resto de los compañeros; son veladas en las que cunde la soberbia de él que estudió Economía de Gobierno -algo así como un máster vip inventado por Cavallo- y mi desencanto de la humanidad. Pienso: tengo que conocer otra clase de gente, o me voy a volver loco.

Llego a la conclusión de que escribir no puede ser todo en mi vida. Más allá de que sea el núcleo de mi felicidad, el teclear palabras, el inventar tramas, no puede serlo todo. Digo, los únicos sentimientos no pueden ser los que invento para personajes.

Hay momentos en que creo que sólo me pueden querer por lo que escribo.
No es ilógico: es lo único que hago, prácticamente.

Repaso: yo tuve una época muy sociable, después vinieron los golpes de la vida, pero yo era un tipo de lo más sociable. Con una seria tendencia de, a la primera de cambio, remitirme al ostracismo. Pero en mis épocas sociales, me iba bastante bien. Digo, en su momento hasta concreté un menage a trois, tuve distintos grupos de amigos. Quizás el problema es que soy muy exigente conmigo y con los demás, por eso luego me desilusiono y me aparto. Y me quedo solo.

Repaso, intento rememorar metodologías de conocer gente.

Al día siguiente le escribo al Profesor, el mismo que me orientó cuando tenía 18 años y empecé a asistir a su taller literario. Tengo 34, y el pedido me parece absurdo desde el punto de vista estético. En el mail que le envío soy muy sincero:
"Quiero conocer gente. ¿Puedo retomar el taller?".

No voy desde hace más de diez años.

Él me responde que el conocer gente es muy buena causa para retomar. Me dice que empiece cuando quiera.
Lo hago a la semana siguiente.

Y quiere la fortuna que, el mismo día, conozca a el Libanés y la Trotamundos.

lunes, 21 de mayo de 2007

La peor cita de tu vida: La Trotamundos (y 5)

- Eu queria ficar con você. Porqué você no estaba? Me abraza, llora un poco, pide otra cerveza, pide una para mí que no bebo cerveza. Le digo que no quiero y se la toma de un trago. Le explico que mejor nos vemos otro día, que ahora estaba medio cansada.

Llora y me pregunta porqué no lo quiero si él me quiere.

- Eu te vá a regalar umas musicas, dice. Un CD. Luego agrega que bailaríamos toda la noche de carnaval. De pronto recuerda que con la ropa se dejó la billetera y las zapatillas. Pide otra cerveza.

Intento cerrar la cita, digo que Amelia me espera. Me agarra del brazo, me pide que no me vaya. Eructa un poco. Me mira desconsolado. Me tironea del brazo, intenta darme un beso, “eu no quier, eu no quier. Eu teñe que voltar. Meu amiga me ishpera”, digo.

Entonces me dice que quiere que yo sea su mujer, que se quiere venir a vivir a Buenos Aires conmigo, que me quiere regalar un CD, que como no quiero vivir con él que me lo manda por correo, que le de la dirección. Le digo que no se ponga en gastos, que no era necesario regalarme nada. Vuelve a suplicar y a decir que me quiere regalar un CD. Entonces tomo un papel y escribo “Calle Buenos Aires 1865, Buenos Aires (1865)” y al fin se queda contento.

Espero a que termine su cerveza, miro la hora y le digo que Amelia realmente me está esperando, que se va a ir sin mí (lo cual era cierto, ella se iba a ir a cenar sola para no estorbar mi cita). Le doy una palmada en el hombro “eu quier ficar ici, mais eu teñe que partir”, digo.

Tira la lata de cerveza al piso, la aplasta con el pie descalzo y dice que él es muy inteligente, que al final todas las mujeres buscan lo mismo de él, pero que él era muy inteligente.

Le digo que es cierto, que eso fue lo que me atrapó.

-En seus ojos se nota que vocé es muito inteliyenchi -digo.

Sonríe. Yo ya estoy de pie, me toma del brazo y tironea al tiempo que yo tironeo hasta que logro soltarme. Lo saludo con un gesto y camino rápido, casi corro hasta el tugurio que ahora resultaba hogar dulce hogar.

Él me mira alejarme y pide más cerveza.

Ya en el hostel, Amelia se sorprende de verme allí. Le cuento. Decidimos esperar un buen rato antes de salir del hostel para ir a cenar y darle tiempo a Marquinhos a que abandone el bar. Pandora escucha y entonces le cuento. El dueño del hostel y su novia están idos frente a una telenovela y no registran mi relato. Y mientras le relato toda la historia, Amelia y yo lamentamos no haberle sacado una foto a Marquinhos. Pandora también lo lamenta y se asoma al balcón del hostel para ver si el bañero aún estaba ahí, pero ya se había ido. Pandora, entonces, toma su bolsito de maquillajes, me pide los míos, se maquilla sobre el rostro ya completamente maquillado y luego dice que no podemos ir así al carnaval por lo que toma cartas en el asunto y nos maquilla a Amelia y a mí.

Tampoco tengo fotos de eso.

La peor cita de tu vida: La Trotamundos (4)

De regreso de la playa, el encargado del hostel con cara de susto me avisa que un hombre me había estado buscando con insistencia, acompañando su portuñol con gestos que ilustraban una mole inmensa. Agregó que sólo vestía una sunga “amarelha” y que estaba descalzo, que iba al hotel a cada rato a preguntar por mí. Yo lo miraba sin entender: de qué se asustaba si en ese tugurio circulaba de todo, él y su novia vivían tirados en un sillón, completamente idos y “Cándido/Pandora” (un travesti que la noche anterior me había pedido los maquillajes. De día, cuando era hombre, a Amelia y a mí no nos dirigía la palabra) usaba las instalaciones a piacere.

A los diez minutos de esto, suena el timbre y el encargado dice que preguntan por mí y me sugiere que no lo haga subir. Le pido que le diga, entonces, que tardaré 10 minutos en bajar. Me cambio la ropa de playa, bajo y a lo lejos distingo la sunga amarilla y los anteojos negros con un vaso de cerveza por la mitad, que enseguida se vacía. Inmediatamente pide otra, al verme me abraza (digamos que se cuelga un poco) y comienza a insultar al dueño del hostel que no le permitió pasar a esperarme.

Me pregunta casi llorando porqué no lo esperé si habíamos quedado en vernos por la mañana.

- ¿Por la mañana? No, si dijimos a la tarde -digo.

Me dijo que no, que habíamos quedado a la mañana y que vino y que el dueño del hostel le había dicho que yo estaba en la playa. Y que entonces me buscó por todas las playas del centro, que se metió en el mar para ver si yo estaba ahí y que nadó tanto que se olvidó donde había dejado la ropa. Que después de buscarme por todos lados, decidió sentarse a esperarme, que el mar, la caminata y el sol le habían dado sed y que el mozo le traía cervezas.

(continuará)

La peor cita de tu vida: La Trotamundos (3)

Durante el trayecto, él me iba regalando cada caracol, almejas, piedras, restos de huevos de “tartaruga”, peces que iba encontrando hasta que ya no tenía donde llevarlos. Ya casi de noche, me acompañó hasta la posada y como al día siguiente yo me iba hacia otras islas, quedamos en volver a vernos cuando yo estuviera en Salvador de Bahia para el Carnaval. Me dio su teléfono y me pidió que lo llamara, que aunque él estuviera lejos de la ciudad, se trasladaría hasta donde estaba yo para volver a verme y que me regalaría cada caracol que encontrara al bucear. Y que si Iemanjá era generosa con él, tal vez una estrella de mar

Pasaron los días y las playas. Ya en Salvador de Bahía, la noche anterior al comienzo del Carnaval, llamo a Marquinhos, ansiosa por volver a verlo. Como no estaba en su casa, le dejé un mensaje al hermano que hablaba algo de español.

Siete de la mañana del día siguiente, el encargado del hostel me grita que tengo un llamado: Marquinhos. En camisón, intento hablar bajo para que el encargado, casi al pegado a mi auricular, escuche lo menos posible. Dormida y todo, entendí que se día nos veríamos para pasar juntos el Carnaval.

Como los festejos comenzaban con la caída del sol, decidí ir con Amelia a investigar una playa con nombre de canción de Caetano Veloso y volver con suficiente tiempo para prepararme para la cita. Pasar carnaval con un auténtico lugareño escultural, sambar y cantar toda la noche con Marquinhos era para mí uno de los mejores recuerdos que podía llevarme de esas vacaciones.

(continuará)

La peor cita de tu vida: La Trotamundos (2)

Se acercó hasta entrar en mi campo visual, se bajó los lentes y me cabeceó al mar. Me fui acercando de a poco, como desentendida de toda la situación. Él nadaba en lo profundo, cada tanto salía a la superficie y me sonreía. Yo no podía avanzar fácilmente y en breve, el agua me llegó al cuello. Descubrí lo complicado que es sonreír mientras se traga agua de mar.

- No te preocupes que yo te rescato – o algo así dijo en portugués.

- Trotamundos – digo

- Marquinhos Brown

Nadamos un buen rato, él me mostraba cómo esquivar las olas y yo luchaba con una bikini no apta para un mar embravecido. Salimos del agua, en la playa ya no quedaba nadie, ni siquiera mi amiga que había decidido que el mejor aguante era dejarnos solos, olvidando que en su mochila estaba llevado también mi ropa, las toallas, la cámara de fotos… (Sí, sí, lo admito: quería pruebas del ejemplar).

Marquinhos sugiere caminar y acepto: la playa estaba dentro de una reserva ecológica, de esos lugares donde no existe el peligro y caminar con un extraño no se presenta como un riesgo.

Mientras paseábamos, me contaba de su vida y como no entiendo nada de portugués, me limitaba a asentir, exclamar y producir gestos y onomatopeyas según la entonación de lo que él iba diciendo. En un momento habla acerca de que le gusta mucho “mergulhear”. Lo miré con curiosidad (¿qué me estará proponiendo?) y comprendí de qué se trataba cuando dio unas brazadas al aire, se tapó la nariz y simuló el fondo del mar.

De a charla entendí que tenía casi mi misma edad y ya estaba separado y con un hijo (en esos pueblos todo sucede muy rápido). Atardecía y las miradas de reojo iban en aumento. Me acaricia el brazo, “você es muito branca”, dice. Yo me sonrojo.

(continuará)

La peor cita de tu vida: La Trotamundos (1)

Estaba de vacaciones con una amiga en Salvador de Bahía, Brasil. No mucho para hacer aparte de desayunar con frutas de todo tipo, cambiar el ángulo de la reposera según el sol, determinar si las olas estaban buenas o no, estrenar una nueva bikini cada día, probar caipirinhas distintas cada noche.

Un día en aquel pueblo alejado donde sólo había familias, mi amiga Amelia y yo distinguimos una figura escultural en sunga roja caminando por la orilla. Amelia y yo nos miramos y sin decir una palabra comprendimos que habíamos detectado lo más potable de la zona, lo más potable de muchas zonas y de países limítrofes.

Él también nos miró (éramos, también, los únicos ejemplares de los alrededores), pero los anteojos negros que traía no permitían descubrir a quién de las dos estaba mirando, si es que miraba a una en particular.

Cabe aclarar que con Amelia tenemos desde siempre un pacto de “cesión de hombres”, según las circunstancias. Ninguna de las dos dijo nada en aquel momento, pero estaba implícito que si el bañero se acercaba de manera indistinta, el muchacho era para mí porque Amelia tenía una especie de muchacho en Buenos Aires.

Desde que nos hicimos amigas, los resultados con el sexo opuesto fueron en gran mayoría producto de un trabajo en equipo: más de una vez fui yo la encargada de romper el hielo para que ella pudiera acercarse a un chico que le gustaba o ella me daba las coordenadas de posibles candidatos.

- Si te lo ganás, sos mi ídola – dijo.

Anteojos negros mediante, no pude establecer si había habido o no contacto visual con el bañero. Amelia cebaba mate, yo miraba el horizonte y cada tanto desviaba los ojos para ver si el muchacho en sunga roja me miraba. En una de esas tantas maniobras, él sonrió y yo volví a mi horizonte.

- Me parece que ya está – le avisé a Amelia.


(continuará)

miércoles, 16 de mayo de 2007

Sonia 04: Epílogo 6: Esto se dijo

Dijo la Niña Bonita:
parecía mucho más grande que él.

Dijo La Trotamundos:
ok, era fea, pero vestía bien.

Dijo La Cuyana:
no vestía bien.

Dijo el ex de la Cuyana:
este chico puede aspirar a más que eso.

Dijo el Libanés:
¿estás seguro que Gladiola no era como para presentármela?

Dijo Remolacchio:
(respetuoso, piadoso silencio).

Dijo el Tarta:
bueno, si te sirvió para escribir...

Dijeron la Trotamundos y la Cuyana al unísono:
uñas esculpidas, nunca más, Elemental: eso es de menemista.

Dijo mi hermano:
pero ahora, hablando en serio, ¿qué tenías en la cabeza cuando te metiste con una mina así?

martes, 15 de mayo de 2007

Sonia 04: Epílogo 5: Algunas consecuencias de la relación con Sonia 04

  • El cuadro que le regalé y pedí de vuelta decora, imponente, mi comedor.
  • Decidí que la próxima vez que conozca a alguien y haya amague de convivencia, que vengan a mi depto así no pierdo otro alquiler.
  • Tengo una licuadora que no utilizo porque no me gustan los licuados (si a alguien le interesa, la regalo).
  • Vivir solo ha tomado un gustito nuevo, delicioso.
  • Tengo que bancarme que cada vez que algún/a amigo/a (en especial los que vieron a Sonia 04) quiere presentarme a alguien y yo digo que no me gusta, me digan "mirá, nene, si vos saliste con eso...".
  • Deuda económica institucionalizada: $6.000. Si sumo diferencia de contrato depto nuevo con el depto viejo, llego a $10.000.
  • Mis jefes, que se enteraron y sabían ya de Sonia 00, están mucho más comprensivos conmigo.
  • Escribí el blog y, creo, en algunos tramos es de lo mejor que escribí.
  • Como la Trotamundos me vio muy mal, ahora, cada vez que me ve, lo primero que me dice es "te veo muy bien".
  • En la primera sesión con mi nueva analista perdí como treinta minutos en recalcarle que me importaba mucho la confidencialidad de nuestros encuentros.
  • Cada vez que tengo una cita, involuntariamente entra en juego Sonia 04: cada cosa que dice o hace la partenaire de turno, se convierte en un posible llamado de alerta. Este error me hizo equivocar con Sonia 06. Espero que mengúe.
  • No vuelvo a pisar el barrio de Caballito.
  • Mi hermana me carga, porque una vez vio a Sonia 04 -post-ruptura- en la milonga y me dijo: es tan fea que ella tiene que sacar a los tipos.
  • Mi madre ya no insiste tanto en que debería conseguir pareja.
  • Mi madre dejó de hacer cualquier tipo de comentario acerca de su deseo de tener nietos.
  • Mi abuela me llama todos los días para saber si estoy bien.
  • Los amigos, en general, me recomiendan que la próxima vez les cuente todo durante la relación, porque enterarse sobre el final les inspira lástima y bronca.
  • Creo que me voy a comprar un perro o un gato (no, gato no: dicen que soltero con gato es igual a gay).
  • Hay momentos en que siento que, si sobreviví eso, puedo sobrevivir cualquier cosa. No está mal.

viernes, 11 de mayo de 2007

Sonia 04: Un feliz inquilino

Viernes 23 de febrero de 2007.

Paso a buscar a mi vieja a eso de las 10. Tomamos un café, me pregunta cómo estoy. Le digo que bien, aunque en mi mirada transmito que tengo los huevos llenos de que me pregunten cómo estoy. Por suerte, la perra se tira encima mío, y jugamos.

Vamos a la inmobiliaria. Al llegar, nos conducen a un primer piso. Allí, dos ancianos esperan delante de varias copias del contrato. No parecen buena gente, pero no estoy en situación de ponerme en exquisito. Digo, el alquiler me va a salir un huevo en relación a lo que pagaba antes, pero es lo único que conseguí que reuniese dos requisitos: dignidad y velocidad. Digo, el sábado pasado me enteré que para mudarme a la torre iba a tener que esperar quince días más, el mismo día encontré este otro departamento y menos de una semana después estoy ante estos ancianos con gesto de desesperados por la guita. No está mal, como performance inmobiliaria. Digo, podría ser peor. Aunque haya perdido lo que se pagó de reserva por el de la torre. Aunque los viejos me empiecen a preguntar de todo acerca de mi vida, saltando cualquier límite de la discresión. Lo cierto es que leo el contrato, mi vieja hace como que lee -no se quiere poner los anteojos, es coqueta- y digo está bien. Firmamos. Pagamos. Me dan las llaves del depto.
Soy un feliz nuevo inquilino. De acá a dos años, por lo menos, Charcas y Virasoro.

Mi vieja me acompaña al depto. No tiene alacena en la cocina ni cajonera en el placard del dormitorio. Por lo demás, no está mal.
-¿Contento? -pregunta (al menos no pregunta si estoy bien).
Asiento, aunque enseguida me pongo a llorar en silencio.

Vuelvo al depto de José María Moreno. Comienzo a llenar los canastos. Alterno la tarea con partidos del PC Fútbol. Recibo un par de mensajes de texto -el Preceptor, el Libanés, la Trotamundos- que desean saber si se cerró lo del depto. Les digo que sí. A la Trotamundos le digo que vamos a ser vecinos. Ella está contenta. En cierto sentido, yo también: mañana me voy de este departamento maldito.

jueves, 10 de mayo de 2007

Sonia 04: ¿Y si hago lo mismo?

Sábado 17 de febrero de 2007.

Me despierto, solo, sin despertador, a las 8. En dos horas viene Sonia 04 con quién sabe. Poco antes, debería llegar el Libanés. Lo que más deseo, en este momento, es que la visita de Sonia 04 sea lo más breve y lo menos traumática posible. Estoy despierto, puedo hacer cosas, el movimiento se demuestra andando, por lo que me pongo a hacer. Corro la mesa del comedor -mi mesa, por suerte no le hice caso a Sonia 04 en cuanto a tirarla a la basura antes de mudarme-, dejo suficiente espacio y comienzo a apilar las cosas que, supongo, Sonia 04 deseará llevarse hoy. En poco menos de media hora, conformé un bloque vecino a la puerta del departamento en el que están sus almohadones, sus puff, el tender, su computadora -ya sin los archivos de sus ex, claro-. Es una pila considerable en tamaño, no tanto en cantidad de objetos -al fin y al cabo, ella había dejado la mayoría de sus cosas en su departamento que luego fue consultorio y ahora definitivamente es su departamento-. Me preparo un café. Me pregunto si deseará llevarse el lavarropas. ¿El sommier? Bueno, suspiro, que haga lo que quiera. Como siempre.

9 y media. Llamo al Libanés. Ayer lo despedí mientras se iba de partuza, temo que la resaca le impida venir, que deba enfrentarme solo al monstruo bi o tricéfalo -ya dije que no sé con cuántas personas vendrá Sonia 04-. El teléfono suena, él atiende enseguida.
-Quedate tranquilo, nene -me dice-, ya estoy saliendo.

Cuando el Libanés llega, casi diría que lo amo. Tiene dos ojeras que parecen restos de una golpiza, la mirada somnolienta, los labios entreabiertos de quien ha dormido poco y hasta le cuesta respirar. Pero no sólo me dijo que iba a venir, sino que sabe que, venir, es importante. Casi diría que lo amo. Pero no, lo quiero mucho.
Nos sentamos en el sommier del comedor, sólo resta esperar.
-¿Y anoche qué tal estuvo? -pregunto.
-Tomé de too -dice él-. Me debés un gran favor, eh.
-Claro, querido, claro.

Diez y pico, suena el timbre. El de abajo. Yo estoy meando, el Libanés no sabe cómo abrir, cuando llego a la cocina el visor muestra que ya no queda nadie en la calle. ¿Con quién vendrá?

Abro la puerta. Sonia 04. La madre de Sonia 04. El padre de Sonia 04. Sonia 04, a diferencia del miércoles cuando estaba bastante cocorita, hoy muestra un gesto cansado, dolido. La madre y el padre, siento, están con cara de culo. Supongo que no debe ser muy agradable, para ellos. Supongo que no es agradable para nadie que tenga más de sesenta años, tener que ayudar en una mudanza de una hija de casi cuarenta años porque no encontró a otra persona que la ayude.

Sonia 04 se sorprende, al ver que está el Libanés. Mejor.

Sonia 04 se sorprende, al ver las cosas apiladas. Mejor.

Sonia 04 y su madre se dedican a sacar las cosas hacia el pasillo. El padre, en cambio, está de pie junto a la puerta, contra la pared, inmóvil. Tal como diría después el Libanés: "el tipo tenía cara de que no sabía qué hacer, que no podía creer que le estuviera pasando eso, que su hija se hubiese mandado cagada semejante". No coincido con la última parte de la afirmación -sólo malcriando mucho, se logra alguien como Sonia 04-, pero sí, a la distancia, con las dos primeras.

La madre de Sonia 04 se maneja como si siempre hubiese hecho ese tipo de cosas. Imagino que ya debe haber hecho algo similar cuando Sonia 04 dejó la casa donde vivía con Rafael, cuando quería recorrer el mundo.

En un momento, Sonia 04 va al cuarto de las computadoras. Queda su escritorio. No lo traje porque no sabía cuánto se iba a llevar, si vendría con flete. Cuando ella desaparece por el pasillo, el Libanés me susurra:
-Elemental, me siento recontraincómodo, con esto de que estemos sentados. ¿Por qué no ayudamos y todo termina más rápido?
-Tenés razón, metámosle pata.
Vamos al cuarto. Al llegar, el Libanés le dice a Sonia 04:
-¿No querés que te ayudemos?
Ella hace el mismo mecanismo que en la última sesión de terapia de pareja. De repente los ojos están tranquilos, de repente -luego de que traga saliva, luego de que se esfuerza- se llenan de lágrimas.
-Dejá, si ya está todo mal... -dice.
-Bueno, te ayudamos igual -digo.
Y el Libanés y yo sacamos el escritorio al pasillo.

En un momento, Sonia 04 me dice:
-¿Podemos arreglar el tema dinero?
Vamos al cuarto de las computadoras. En la mía hay una base de datos con todos los gastos, discriminada por día y por quién efectuó los pagos. Le muestro. Los números no mienten. Los gastos cotidianos y de compras de productos baratos para el depto, estamos a mano. Yo le estoy debiendo: a) la mitad de los gastos de ingreso al depto ($1.930); b) la mitad del sommier y la biblioteca.
-Mirá -digo-, me parece que lo más práctico es que te quedes con el sommier y con la biblioteca, porque acumular más deuda de mi parte, sin saber siquiera cuándo te lo voy a poder pagar, me parece al pedo.
-Es que yo no quiero salir más perjudicada en esto, económicamente -solloza Sonia 04.
-Es que no te estoy perjudicando. Te voy a pagar la mitad de lo que costó entrar al depto, en serio. Si querés, no sé, asumo también la mitad de lo del sommier y la biblioteca, pero no sé cómo lo dividimos. ¿Lo serruchamos?
-No, dejá. Igual, ¿para qué quiero yo una biblioteca?
Recuerdo su rapiestant con obras de Osho. Sí, una biblioteca es un poco mucho.
-¿Querés que me la quede, y te la pago cuando pueda?
-No, dejá.
-Ok, entonces te quedo debiendo $1.930. ¿Está bien?
-Está bien.

En el comedor, la madre de Sonia 04, decidida, ya termina de ordenar las cosas en el pasillo. En un momento, Sonia 04 pregunta:
-¿Y el cuadro que me regalaste?
Su tono delata que ya sabe la respuesta. Su tono delata que ya sabe la respuesta pero desea exponer ante sus padres que su ex pareja es un villano, un miserable. Dado que no pienso volver a ver a esta gente en mi vida, la imagen de miserabilidad no me afecta.
-No está -digo, suscinto.
El Libanés contiene la respiración: tanto el cuadro como la licuadora están en su casa.
Sonia 04 asiente, como si le gustara haber llegado a este punto.
-O sea que me sacás todo -dice, bien fuerte-. Sería como que yo te pida todo lo que te regalé. ¿Y si yo hago lo mismo?
-Todo lo que me regalaste está a tu disposición. Si lo querés, te lo doy ahora.
Sonia 04 asiente, como si el haber llegado a esto le provocase un orgasmo.
-No, dejá. Quiero que quede en claro cuál es la diferencia entre vos y yo.
Y yo me quedo callado.
Sonia 04 va a la cocina. La madre casi sale corriendo detrás de ella. Se escucha que hablan en susurros. Sonia 04 regresa al comedor, y dice:
-¿Sabés qué? El celular sí lo quiero.
-Dale, no hay drama -digo-. Dejámelo un par de días, así tengo tiempo a ir a comprar otro y cambio el chip.
Se queda tiesa.
-Bueno, está bien.

Me preguntan por el depto, por cuándo lo dejo. Digo que creo que a fin de mes.

Y se van.

Casi en simultáneo, llama mi vieja.
-Tengo una buena y una mala noticia -dice.
-¿No podía ser sólo una buena?
-La mala es que los que ocupan el departamento que reservamos van a tardar quince días más en mudarse.
-¡Pero la puta madre! ¡Yo me tengo que ir de acá cuanto antes, no sabés lo que es esto!
-Quedate tranquilo, que encontré otro departamento. Hermoso, mucho más lindo. Vení ya mismo a verlo y lo reservamos.
-¿Tenés plata?
-Claro.
Me pasa la dirección. Anoto. Le digo al Libanés las novedades. Él se asombra.
-Elem, no ganás para sustos.
-Si sobrevivo esto -digo-, me dan un premio.

Salimos del edificio. Sonia 04 y sus padres están en la puerta, acomodando las cosas en el coche. No tengo la más remota idea de cómo meterán la biblioteca, pero bueno, allá ellos.

Abrazo al Libanés, le propongo vernos a la noche, dice que sí pero que ahora lo que más desea es dormir.
-Te estoy en deuda eterna -digo.
-Dejate de romper las pelotas.
Me subo a un taxi. Tengo que ver otro depto, reservarlo, escapar de acá cuanto antes.

Luego, el Libanés me contará que cuando me fui se quedó viendo cómo Sonia 04 discutía con sus padres, a los gritos en la calle, por cómo introducían las cosas en el coche.

El depto que encontró mi vieja es en Palermo. Charcas y Virasoro. Segundo piso. Dos ambientes. A la calle.
-¿Te gusta? -me pregunta, mientras la empleada de la inmobiliaria observa expectante.
Es caro. Es lo único que conseguimos en medio de tanto quilombo. Voy a estar ajustadísimo de guita. Estoy angustiado por todo lo que pasó recién.
-Sí, está bien -digo.

Pagamos la seña. El contrato se firmaría el próximo viernes.

Al llegar a lo de mi vieja -vamos a almorzar con mi hermano y mi abuela-, me siento en el sillón del comedor, miro por la ventana. Mi perra se sube al sillón, me tira lametazos. La abrazo. Me pongo a llorar.

Le envío un mensaje de texto a Sonia 04, quien quiere estar en el depto cuando yo me mude: "¿Estás segura que querés estar cuando me mude? Me parece que hoy ya cubrimos la cuota de lo desagradable, ¿no?".
Ella responde: "Lo de hoy fue muy doloroso para todos. Tenés razón, no voy a estar en la mudanza. Quedate con el celular."

Por la tarde, me encuentro con la Trotamundos. Le cuento casi todo lo que no le conté antes.
-Relación jodida -dice-, entre una mujer que se tiene que demostrar a sí misma que no es un monstruo y un hombre que se tiene que demostrar que puede formar una pareja. Vos te demostraste que no se puede, con un monstruo. Ella se demostró que no puede dejar de ser un monstruo.
Algo así como una moraleja, pienso.
-Pero estoy tranquila, porque te veo bien, entero -dice.
La miro. De repente, comprendo que tiene razón.

Por la noche, viene el Libanés. Le hago ver "Alta fidelidad". A Sonia 04 no le gustó. Al Libanés le encanta. Uno tiene que elegir mejor con quiénes hace ciertas cosas, aprendo.