Miércoles 30 de mayo de 2007 (cont.).
Voy a la analista. Durante la sesión -segunda de diván-, estoy a punto de decirle que me escribió una chica que veré mañana, pero temo que cuando le cuente cómo viene la mano me cague a pedos. Hablo mal de mi padre, entonces.
En el taller, durante el recreo, el Editor Más Fachero, mi co equiper docente, me toma del brazo.
-¿Cómo es eso de que mañana cogés?
-Me escribió una minita por el blog.
-¿Otra?
-Sí, qué se yo. Esta dice cosas raras.
-¿Raras?
-No sé, parece que se excita al leer el blog.
-¿Se excita? ¿Se pajea?
-No sé. Me parece que sí.
-¿Y mañana la ves?
-Sí, a las nueve de la noche.
-Elemental.
-¿Qué pasa?
-No seas pelotudo, eh.
-¿Pero qué pasa?
-Pasa que vos la ponés y entre polvo y polvo te enamorás, eso pasa. Esta es una mina que se pajea con tu blog, una enferma. Es para coger y listo, ¿estamos?
-Yo no me enamoro...
-¿Estamos?
-Estamos.
Cuando salimos del taller, vamos a comer con la Trotamundos. No sé si contarle, sé que me va a retar, ella me cuida mucho. Finalmente, le cuento.
-Mañana voy a cumplir con lo que me aconsejaste de acochopla.
-¿Qué te dije de acochopla?
-A coger que se chocan los planetas.
-¿Mañana vas a coger?
-Y, me parece que sí.
-¿Cómo es eso?
-Me escribió una minita por el blog.
-¿Otra?
-Esta se excita, no sé si se pajea leyendo las partes de cómo cojo con Sonia 04, supongo.
-¿Perdón?
-Eso dice, o eso deja traslucir.
-¿Y se van a encontrar para coger?
-Dice que quiere ser mi puta.
-¿Perdón?
-Bueno, algo así. Sería medio complicado de explicar.
-¿Y qué más te dijo?
-Que después que nos veamos puedo escribir sobre ella.
-Hija de puta.
-¿Qué pasa?
-¿Cuántos años tiene?
-Es una nena, veintiseis.
-La pendeja quiere que escribas sobre ella en el blog.
-¿Te parece que no vamos a coger? Yo por mí escribo...
-Escuchame, pero escuchame bien.
-Te escucho.
-Te la vas a coger.
-¿En serio?
-Sí, en serio, te la vas a coger.
-Joya.
-Pero otra cosa.
-¿Qué cosa?
-No te enamores.
-Yo no me enamoro...
-No te enamorás, ¿estamos?
Asiento. Traen la comida.
A veces, los consejos de quienes nos quieren son tan parecidos. Quizás porque nos conocen.
miércoles, 27 de junio de 2007
Sonia 08: El Editor Más Fachero y la Trotamundos aconsejan
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lunes, 4 de junio de 2007
Sonia 00: Prólogo 24: Inconciente Nacional (2)
Uno de los que me va a visitar al sanatorio es Satanovsky. Buena onda. Charla con mi hermano, me pregunta si necesito algo. Lo dicho: buena onda.
Luego de la internación, me tomo unos días de descanso de la Secretaría. Voy, sí, a la redacción de Inconciente Nacional. Satanovsky escucha mis ideas y aportes para la revista y, sorpresa, suele incorporarlos a la revista. Es decir, comienzo a ganar poder casi a mi pesar en la estrcutura editorial de seis personas. Me encargo de reseñas de libros y películas, creo una sección que, a partir del tema central de ese número, relacionará cómo se desarrollaron esos conceptos en literatura, cine y TV. Y edito. Y escribo una novela por episodios.
Un día, me entero que el otro editor no contó con la aprobación de Satanovsky. Comienza a enviarme, también, las notas de psicología más técnica, las mismas para las que dije no estar capacitado.
Un día, llego a la redacción y Satanovsky me dice que tiene que hablar de dinero conmigo. Me duplica el sueldo.
A la semana, me doy cuenta de que me duplicaron el sueldo pero cuadruplicaron las responsabilidades. La regla de tres simple, inaplicable en este caso.
Un día, le comento a Satanovsky que el Editor Más Fachero me pidió que comience a colaborar en el suplemento del diario con reseñas de libros. Satanovsky me mira, dice que no comente nada de Inconciente Nacional (que aún no salió) en la editorial, no sea cosa que le afanen la idea. Primero pienso que me habla en joda.
Según Satanovsky, todas las editoriales tienen un proyecto de sacar revistas de psicología para personas comunes. Todas.
Según Satanovsky, hay filtraciones. Dice que el otro día se cruzó con un psicólogo que sabía de que iba a salir una revista de características similares a Inconciente Nacional. No lo pregunta, Satanovsky, pero creo que teme que la filtración sea yo.
Sale la revista. Según Satanovsky, un éxito de ventas.
Llega una carta al correo de lectores. Una mujer que felicita por la publicación, pero dice vivir en Ramos Mejía, donde no se distribuyó Inconciente Nacional, y la compró en Flores en una incursión a la Capital; pide que se distribuya también en el GBA. Satanovsky me la lee, le digo que está muy bien, que eso indica el grado de interés de los lectores, al menos en primera instancia. Satanovsky abre mucho los ojos, y dice:
-¿Pero no te das cuenta? Esto lo mandaron de la competencia para que nos equivoquemos en la distribución...
Pasan las semanas. Ninguna editorial saca otra revista de psicología.
La cantidad de notas a editar es cada vez mayor.
Tengo poco tiempo para mí mismo. No es que tenga mucho que hacer, en ese supuesto tiempo, pero bueno, ésa no es la cuestión. En los pocos ratos libres, llamo prostitutas de cada vez mejor nivel. Una vez, viene una modelo de esas tipo tapa de revista. Impresionante. Lo juro. Hasta me besa. La siguiente ocasión redoblo la apuesta: dos modelos, menage a trois que me deja exhausto, recordatorio de los dos menage a trois que hice tiempo atrás sin pagar.
Satanovsky cada vez tarda más en enviarme las notas para editar, por lo que cuando las recibo cada vez tengo menos tiempo. Cada vez, también, vienen peor los originales. Comienzo a cansarme.
Satanovsky cree que participo de un complot. No lo dice en forma directa, pero es evidente: para él, todos los que participan de la revista participan, además, de un complot distinto. El mío, si no me equivoco, se relaciona con el Editor Más Fachero, quien recibiría información de mi parte para ser brindada al dueño de la editorial quien, demoníaco, estaría planificando cómo destronar a Inconciente Nacional del podio de las numerosas (1) revistas de psicología para público en general.
Un viernes. Cierre de edición en el fin de semana. Aún no recibí las notas para editar. Tengo que trabajar tres semanas en dos días. Satanovsky me envía un reportaje que le hizo a un psicólogo acerca de la importancia de Freud -tema central en el número-, con las siguientes consignas:
a) Tiene unos 40.000 caracteres y debo reducirlo a 5.000.
b) No puedo quitar nada importante.
c) No puedo censurar lo que dice el psicólogo.
d) Tengo que conseguirlo en unas tres horas.
Encima, el reportaje está mal desgrabado.
Ante la pantalla de la computadora, en casa, me digo si vale la pena todo esto a cambio de consumir a modelos como la del otro día. Lo de la modelo fue impresionante, pero no sé.
La tarea es imposible.
Hago lo que puedo.
Envío los resultados.
Minutos más tarde, llamado de Satanovsky.
-Me lo estás haciendo a propósito, ¿no? -grita.
-¿Qué?
-Esto. Me lo estás haciendo a propósito, ¿no?
-¿Qué cosa, te estoy haciendo a propósito?
-Esta cagada que me mandaste. Ahora lo tengo que hacer yo. Todo, lo tengo que hacer yo. Y yo no doy más. Y vos me lo estás haciendo a propósito.
-Satanovsky, la consigna era imposible de cumplir, y menos en ese tiempo.
-¡Entonces no me mandes nada!
-Te mandé lo que pude hacer, que es por lo que cobro.
-¡Ahora lo tengo que hacer todo yo! ¡Todo yo, no puedo confiar en nadie! ¡Están todos contra mí!
-Hasta el lunes, Satanovsky.
-Vos no podés...
-Hasta el lunes, Satanovsky.
Corto.
El lunes visito la redacción.
Mi renuncia no es en buenos términos.
Satanovsky pensaba que yo iba a hacer que me despida para cobrar la indemnización, creía en otro de sus complots. Se sorprende.
Dato importante: las supuestas competencias de Inconciente Nacional no aparecen jamás.
Dato importante II: Inconciente Nacional deja de salir luego de unos meses.
Vaya uno a saber qué le depara el destino a Satanovsky.
Etiquetas: El Editor Más Fachero, Satanovsky
martes, 29 de mayo de 2007
Sonia 00: Prólogo 10: Cómo el Editor Más Fachero me cambió la vida (y 3)
Un día descubro la primera reseña de la antología, en el blog de un escritor muy copado -tanto, que le hizo juicio a una de las mayores editoriales del país y a uno de los mayores chantas de los estudios literarios locales y cometió el pecado de ganar-. Comienzo a leer y sé que hará mierda mi cuento por ser humorístico, por no tener pretensiones. En su reseña, el escritor muy copado dice que el libro es desparejo. Es verdad, pienso, va a decir que hay diecinueve cuentos buenos y uno que es una bosta. Arranca por el primer grupo, a los que considera los mejores. Para mi sorpresa mayúscula, está mi cuento. Lo califica de divertidísimo o graciocísimo, no sé bien. No puedo saberlo.
Comienzan a llegarme cometarios acerca del cuento: gusta.
Hay una reseña donde lo hacen mierda, en otro blog. Primero me desespero, temo que sea el final de mi corta carrera literaria. Luego miro la firma, reconozco al crítico y, por lo que sé de él, me resulta un tipo por lo menos discutible en sus valores.
Esa misma tarde, me escribe el Profesor, con quien comencé los primeros talleres literarios a los dieciocho años, luego me distancié en mi etapa de rebeldía y me reconcilié mientras vivía en Italia. Me dice que no le haga caso a "ese salame" (sic).
Al sábado siguiente, en el suplemento cultural, la columna del director del suplemento cultural está dedicada a la antología. El título hace referencia a mi cuento. Casi toda la columna, hace referencia a mi cuento. Mi vieja me llama desde Mar del Plata, emocionada porque hablan del nene en los diarios.
Me llaman de la editorial. Es para hacer una nota para la televisión. Un programa cultural para jóvenes hecho por jóvenes en el canal del estado. Los invitados para la nota somos la Escritora Performer y yo.
Nos citan en una librería. La productora es buena mina, pero muy pendeja y aún psicobolche. Me dice que las grandes cadenas de librerías son un monstruo similar a Moby Dick.
-Bueno, Moby Dick no era un monstruo -le digo- sino un animal perseguido por la monstruosa obsesión de un desgraciado.
Lo digo fuera de cámara, pero demarca el itinerario de mi revoltosa incursión televisiva. Para peor, la Escritora Performer empieza a hablar de lo novedoso en literatura y esas cosas que tanto me rompen las pelotas.
-Hoy lo verdaderamente revolucionario es contar una historia con introducción, nudo y desenlace -estoy a punto de decir.
No lo digo, me freno.
La Escritora Performer habla acerca de lo lindo que es que existan editoriales independientes. Yo digo que los escritores que publican esas editoriales es por descarte, por no haber podido hacerlo en las más grandes. La escritura es un acto ególatra, egoísta, un exhibicionismo que entra en su paroxismo cuando se efectúa el contacto con el lector, y por eso mismo un escritor, en general, prefiere ser leído por más personas. Y eso implica buena distribución, etc., etc. Además, un escritor o un actor o un pintor no tienen ideología, como para hacer cooperativas con fines guevaristas. En un ser con pretensiones artísticas lo que prima es el ego, antes que la ideología.
Eso sí lo digo.
Claro que después lo cortan en la sala de edición.
Vuelven a llamarme de la editorial. Otro programa de televisión. Otra vez el canal estatal, aunque en este caso en el programa más tradicional -junto al otro, el que conduce la mujer- dedicado al mundillo literario. Asistimos el Editor Más Fachero, la Escritora Dark, la Escritora Que Escribe Poco y yo. Durante la grabación, descubro que el conductor no leyó los cuentos de las dos escritoras: lo que dice no tiene nada que ver con sus cuentos, hace juegos de palabras con los títulos, la pilotea como puede. Ella responden, divinas ambas, sin molestarse en que sus excelentes cuentos -pero excelentes en serio- no hayan sido leídos. Cuando llega a mí, el conductor confunde mi nombre, enseguida se corrige, pero comienza a alabar mi cuento. Dice que se divirtió mucho, habla del argumento, evidentemente lo leyó. De repente, me descubro en un reportaje explicando los mecanismos de mi escritura como si yo tuviese otro mecanismo que haber renunciado a la vida social.
Cuando salimos de la grabación, vamos al bar de Figueroa Alcorta. La Escritora Que Escribe Poco es simpatiquísima. La Escritora Dark es tan fanática de "Lost" como yo. El Editor Más Fachero pregunta si la serie es tan buena. Me deshago en elogios, la Escritora Dark también. Le digo que lo tengo grabado, que se lo puedo pasar. Él, sorprendido ante el ofrecimiento, dice que sí.
Cuando volvemos a encontrarnos, charlamos, descubrimos más coincidencias.
Cuando nos despedimos, tengo la misma sensación de Bogart al final de Casablanca:
-Creo que éste es el inicio de una bella amistad.
Y, también, el final de mi ostracismo.
Sonia 00: Prólogo 09: Cómo el Editor Más Fachero me cambió la vida (2)
Paso por la editorial a firmar el contrato y a retirar los ejemplares. La edición me gusta, la tapa me encanta.
Mientras viajo en colectivo, releo mi cuento. No está mal, pienso.
De regreso a casa, leo el libro entero. Es decir, leo los otros diecinueve cuentos de los otros diecinueve autores. Recuerdo mi historia de un exiliado en alemania. Es una mierda, pienso.
Presentación del libro. Sonia -(aún no lo calculé) no asiste, vive en el exterior. Es decir, no conozco a ninguno de los otros autores. En la sala hay mucho amigos míos, compañeros del trabajo, alumnos del taller literario. Empieza hablando un tipo que dirige un suplemento cultural, quien, descubro asombrado, se refiere en varias oportunidades, en forma elíptica, a mi cuento. El otro presentador, un escritor de la generación intermedia por así decirlo, se manda un panfleto anticapitalista, se queja de las gordas de Pilar y la verdad que yo no entiendo mucho, no entiendo nada para ser sincero, no comprendo por qué dice eso acá, pero la verdad que el escritor de la generación intermedia, para mi gusto, escribe muy bien. O escribía: sus últimos libros no me gustan nada, me aburren. Mientras él habla descubro que el director del suplemento cultural está en pedo. Y no lo digo figuradamente. Mientras él habla miro de reojo al resto de los antologados, y me pregunto cuántos de ellos vivirán en el ostracismo como yo. Ninguno, supongo.
Cuando finaliza la presentación, el director del suplemento cultural y el escritor de la generación intermedia me felicitan por mi cuento. Yo, mudo.
Cuando finaliza el acontecimiento, el Editor Más Fachero me dice que todos van a ir a comer pizza. A riesgo de quedar como un antipático, le digo que no. Es más fuerte que yo. Ya estuve demasiado tiempo fuera de mi gruta. Esa es la sensación.
Y, no lo sé aún, han comenzado a activarse los dispositivos que, casi sin desearlo, comenzarán a sacarme de la gruta en la que me recluí voluntariamente.
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Sonia 00: Prólogo 08: Cómo el Editor Más Fachero me cambió la vida (1)
Marzo del 2005. Me escribe una escritora amiga -que, ya lo relataré cuando corresponda, es Sonia -(aún no lo calculé)-. Me cuenta que hay un muchacho que está preparando una antología de nuevos escritores argentinos, que es importante haber publicado algo y haber ganado un premio y tener menos de treinta y cinco. Ella, lo sabe, reúno las condiciones. Me cuenta que la citó a ella, y que le pidió que si sabía de alguien le pasase la data. Ese alguien soy yo.
Me paso medio día meditando si escribirle o no. La novela que publiqué es vomitiva. Me la premiaron, pero tiene errores groseros de redacción. Estructural y temáticamente está bien, ése es mi fuerte, pero no me pueden compilar entre nuevos valores literarios si mi redacción es lamentable, pienso.
Al final del día le escribo al Editor Más Fachero.
Me cita. Voy. Le llevo un ejemplar de la novela, uno de los que tiene la faja donde indica el premio -de paso, la faja impedirá que la lea, espero-. Me cae bien de entrada. Tomamos un café, hablamos de los desastres de la industria editorial argentina, de la desastrosa industria editorial argentina, de la fe que él tiene en que hay nuevos escritores que puedan generar un recambio. Me pide que le envíe cuentos.
-Dos o tres -dice.
Durante mi estancia en Bologna escribí una novela desastroza y un libro de cuentos aceptable. Los cuentos rondan, todos, el tema del exilio. Los releo apenas llego a casa luego de la entrevista con el Editor Más Fachero.
-Dos o tres -pidió.
Le envío seis.
Pasan los meses.
Sonia -(aún no lo calculé) me avisa que ella ya quedó en la antología.
Mierda, estoy descartado, pienso.
Un sábado, mail del Editor Más Fachero. Dice que está terminando de elegir los cuentos que quedarán. Que hay uno mío que le gusta, pero que le falta corrección.
Por sus palabras, estimo que de los veinte cuentos que compondrán la antología ya debe tener más de quince. Es mi última chance.
En el mail también me solicita enviarle el cuento con correcciones cuanto antes.
Es sábado.
El lunes, cuando llego al trabajo, mis compañeros me miran.
-Qué cara -dicen.
-Es que no dormí en todo el fin de semana -digo.
Y es verdad. Reescribí todo el cuento y se lo envié al Editor Más Fachero ayer por la noche.
A medida que pasan los días, calculo que ya debe haber dieciséis cuentos elegidos, luego diecisiete, luego dieciocho, luego diecinueve.
Cuando ya pasaron dos semanas, pienso que ya fue.
Qué cagada, pienso.
A los veinte días, recibo mail del Editor Más Fachero.
Mi cuento finalmente queda en la antología.
Recibo el mail en el trabajo, lanzo un grito.
Manotas, un compañero que me quiere, se acerca y como no puedo hablar le hago leer el mail. Lo lee, y él también grita.
Me abraza.
Yo, un tipo que hace meses sólo sale de su casa para ir a trabajar, que el contacto más profundo que tiene con otro ser humano es con prostitutas, quedé en la antología.
Y, encima, con un cuento humorístico.
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domingo, 6 de mayo de 2007
Sonia 04: Freddy Krueger siempre vuelve (1)
Jueves 8 de febrero de 2007.
Estoy más tranquilo. Quizás influya en eso el hecho de que, desde el martes, me tomo medio Rivotryl a la mañana y medio a la noche -gentileza de mi hermano-. El odio, la furia de ayer, amainó. De hecho, la reemplazó la culpa. Quizás no debí eliminar las carpetas de los ex de Sonia 04. Quizás estuve mal. Esa es la sensación que me recorre, durante el día, mientras estoy en el trabajo -la noticia corrió como reguero de pólvora en las oficinas, el Flaco, La Nena, hasta Voz Nasal, todos me tratan con dulzura, dicen que no tendría que tomar esas pastillas que me dejan boleado todo el día, que haber conocido a un monstruo (según sus palabras) no es algo tan grave, que lo que tengo que pensar es que me la saqué de encima-. Sí, puede ser, pero yo me fui a vivir con ese monstruo, yo me enceguecí. Yo eliminé las carpetas, y lo cuento con lágrimas en los ojos. Yo siento odio.
-¿Y qué querés, sentir amor? -pregunta el Flaco-. Bastante que no la cagaste a bifes.
No, nunca lo habría hecho. Eso no. No soy así. Espero.
Por la tarde, paso por la redacción del diario. Al mediodía le mandé un mail al Editor Más Fachero, le conté someramente que no ando bien, y enseguida me ofreció ir para allá, charlar. Entro en la redacción, ese cúmulo de escritorios, saludo al Joven Rinoceronte -quien cada vez me cae mejor, con ese estilo Sawyer/Lost que tiene de mostrar dureza externa cuando por dentro es todo dulzura-. Empezamos a hablar ahí, pero el Editor Más Fachero quiere fumar. Vamos a las escaleras.
-¿Pero qué te pasó, nene? -pregunta, apoya una mano en mi hombro (estamos, los dos, sentados en un escalón).
Le cuento. Le cuento sobre las últimas semanas, en verdad. Él ya me había dicho que lo del supermercado, el primer día de convivencia, era una muy mala señal, pero yo le había dicho que nos queríamos. Lo había dicho en ese tono infantil que supone que el amor es más fuerte, y el amor es más fuerte sólo puede generar bodrios cinematográficos, descubro con resignación.
-La mina es una perversa -dice el Editor Más Fachero-. Te angustia. Me dijo mi chica -con la que convive, psicoanalista ella, en un tiempo laburamos juntos para un paranoico que dirigía una revista de psicología, yo editaba- un dato clave: cuando estás junto a alguien y siempre tenés angustia, es prueba de que estás ante un perverso.
-Sí, pero se supone que los perversos son hombres, no mujeres.
-Ah, tanto no sé. Pero ponele mujer con rasgos perversos. Bah, una manipuladora de mierda.
Le confieso, en voz baja para que nadie escuche aunque estamos solos, lo que hice ayer con las carpetas con los archivos de sus ex. El Editor Más Fachero se ríe. Cuando se ríe, él siempre se inclina hacia adelante, como si la risa se apoderase de su estómago, como si lo doblegara. Me palmea la espalda.
-Es muy grosso, pero estuviste perfecto.
-¿Te parece?
-Estabas re caliente. Cualquiera en tu lugar hubiese hecho algo peor.
-Yo lo que tendría que hacer es irme a la mierda de ese depto de una buena vez. Encima estoy sin un cobre, puse tanto en esto...
-A ver, Elemental, escuchame. Vos a esta mina le diste muchísimo. ¿Sabés la cantidad de minas que conozco, que están solas y que pagarían por tener un novio cuya queja sea "no me llamás" en lugar de que las caguen a pedos porque llaman? ¿Sabés la cantidad de minas que conozco que mueren por tener a alguien que no se las coja y luego desaparezca, que les haga el aguante, que si se mandan una cagada el chabón pone la otra mejilla?
-¿Me lo decís en serio? Yo pienso que soy muy exigente.
-¿Exigente vos? Por favor. Por lo que me contás, la mina no era linda.
-Y, linda no era...
-Bueno. No era linda, y en el mejor de los casos era una hinchapelotas como para antología -el Editor Más Fachero es fanático y especialista de antologías-. Te aseguro que vos no fuiste para nada exigente ya al empezar a salir con alguien así. Y lo que me contás de la carta que escribió con lo que hizo la analista... ¿Dónde estudió su analista?
-En la Universidad de Belgrano. Y la mandaba a hacerse tirar las runas -digo con vergüenza.
-¿En serio? -se ríe, se inclina hacia adelante-. Buenísimo, loco, buenísimo. Ayer vi que dejaste un post en el blog. Lo vas a retomar, ¿no?
-No sé.
-No seas boludo. Vos tenés eso, y esto que te pasó, para el blog, es oro en polvo. Vas a contar algo inverosímil que sucedió en la realidad. Es buenísimo -se queda pensando unos instantes-. ¿Andás mal de guita?
Asiento.
-Bueno, vamos a ver si te encargo algunas notas. Andá pensando temas. En lo que pueda, te voy a dar una mano. Además, loco, ahora tenés que pensar en el taller literario que vamos a dar juntos, en los libros que estás preparando, en todo lo bueno que te va a pasar. Y acordate: las minas, cuando vean cómo sos, se te van a ir al humo.
-Sí, pero no sé si ahora estoy como para conocer a alguien.
-No, más vale, no. Ahora no. Tenés que desintoxicarte, porque esta loca de mierda te intoxicó. Eso de pedir verte y después olvidarse... Una cosa es ser una histérica, que lo son todas así que no hay que quejarse, y otra muy distinta es ser una reberenda hija de puta. Vos acordate de lo que te digo: a partir de ahora, sólo te queda salir a flote.
Y me palmea la espalda.
Yo asiento.
Ni él ni yo sabemos que en poco tiempo Sonia 04 se pondrá en contacto, cual Freddy Krueger cuando todos lo creían muerto.
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sábado, 5 de mayo de 2007
Sonia 04: Lo pálido
Domingo 4 de febrero de 2007.
Me despierto. Salir a comprar el diario, más allá del sol abrazador, es un soplo de aire fresco. Salir del departamento, es un soplo de aire fresco. Compro facturas, también. Regreso, me preparo el desayuno. Leo el diario, hay una reseña mía. Por primera vez, hice pelota un libro. No me costó demasiado, pues se hacía pelota solo, más allá del premio que ganase. Lo que me costó, sí, fue incumplir con lo que me había propuesto en un principio cuando me convocó el Editor Más Fachero: hacer reseñas sólo de lo que me guste, para resaltar lo que creo es buena literatura. Cuando elegí el libro en la redacción pensé que iba a ser bueno, y lo leí, página por página, línea por línea, con el deseo de que lo fuese. Sin embargo, se trataba de un bodrio insalvable. Cuando entregué la reseña, cuando presioné enviar en el gmail, me dije que a veces, por mejor buena voluntad que uno le ponga, hay cosas que son insalvables. Como esa novela, por ejemplo. Como otras cosas.
-Pipu... -me llama Sonia 04 desde el dormitorio.
Le pregunto, desde el comedor, si desea que le prepare un café.
-Sí, Pipu, hoy es domingo. Los domingos sí.
Nueva regla, entonces: domingos puedo preparar desayunos para ambos, resto de los días de la semana no.
Espera el desayuno en la cama, lo sirvo en la mesa del comedor y le aviso que ya está, como para que entienda que hoy, al menos por ahora, el sexópata no tiene demasiadas ganas. Lee la reseña, me dice que no es tan dura, que hablo peor del jurado que la premió que de la autora, y eso le parece muy bien.
-Bueno, la piba se presentó a un concurso con lo que creía era lo mejor que podía ofrecer -digo-. Es su primera novela, y se nota. No es culpa de ella que sea un bodrio, sino de quienes se la premiaron.
Algo así como "la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer", pienso. En ese mismo instante, miro a Sonia 04 que come el desayuno que acabo de prepararle.
El calor es fuerte, impide los movimientos. Sonia 04 quiere limpiar el depto, yo aprovecho para ir a Parque Rivadavia a llevar los libros que, descubrí en la mudanza, no tiene sentido guardar: nunca los releeré. Son, fundamentalmente, manuales de economía, algunos libros de sociología -lo bueno de la sociología es que aún no se efectúan manuales que puedan explicarla en su totalidad-. Voy, no me gusta regatear con esos seres decadentes que tienen ahí sus puestos -quizás porque durante toda mi adolescencia yo fui puestero en ese mismo parque-, pero al fin consigo algo así como cien pesos. Vuelvo contento. Le digo a Sonia 04 lo que conseguí, ella dice:
-Bien, Pipu.
Hay, a lo largo de todo el día, un aire cansino. Como ayer. Como si ambos aún estuviésemos golpeados por todo lo que sucedió en la semana.
Almorzamos, nos acostamos a dormir la siesta. Al despertar, lo hacemos. Olvidable. Un pálido recuerdo de los buenos polvos que nos echábamos.
Todo, cada uno de los pequeños detalles, parece ser un pálido recuerdo.
Al despertar de la siesta, Sonia 04 se pone a llorar. Dice que su vida no tuvo demasiado sentido, que desperdició muchos años en pelotudeces, que su trabajo no la satisface, que los pacientes la tienen harta.
Yo espero. No sé bien por qué espero lo que espero. Espero que en algún momento me diga que engañar a Rafael fue un error. Espero que en algún momento me diga que acostarse durante dos años con un tipo casado fue un error. En vano, espero.
Sonia 04 insiste en lo profesional, pero va más allá de eso. Dice:
-Desperdicié mucho, dejé pasar muchas oportunidades.
Le digo muchas cosas, para tranquilizarla. Sin embargo, no le digo que está equivocada. Mi discurso se centra, esta vez, no en embellecer un pasado que reconozco horrible sino en algo mucho más simple:
-Con que no desperdicies más oportunidades alcanza.
Por la noche, la intención es hacer una maratón de películas. Las tres de "El Padrino". Vemos sólo una, la primera. Sonia 04 dice que no la entiende. No entiende por ejemplo qué simboliza la última imagen, Michael/Pacino con sus nuevos súbditos que lo llaman Padrino, Diane Keaton que lo mira desde el otro cuarto, y la puerta que se cierra para siempre.
Lo dije ayer: para mí que exagera.
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jueves, 29 de marzo de 2007
Sonia 04: Todo en calma, tensa calma
Jueves 23 de noviembre de 2006.
Sonia 04, luego de la terapia de pareja, está muy cariñosa. Me despide con varios besos -dormí en su casa-, manda mensajes, llama por teléfono. Quizás, pienso, esto sirva. Mejor dicho: no digo que sirva, pero quizás sea lo que Sonia 04 necesita para poder demostrarme su afecto. Al fin y al cabo, me digo, es lo que buscábamos.
Regreso a casa del trabajo, y recibo otro llamado de ella. Parece, de verdad, un milagro. Otra mujer, más demostrativa, que no parade decirme que me quiere, que me extraña, que tiene muchas ganas de que llegue el sábado para que nos vayamos a Mar de las Pampas. Sonrío. Sonrío incluso cuando me llama desde lo de su abu: acaba de llegar, y quiere hablar conmigo antes de que yo me vaya a cenar con el Editor Más Fachero. Me pregunta dónde nos vamos a encontrar, le digo que en la Casa del Queso. Hace muchas preguntas, huelo ciertos celos. No me molestan, ya lo dije: me gusta que pregunte y que se sienta segura, porque eso la dejará más tranquila. Antes de despedirnos, me pregunta a qué hora voy a volver. Le digo que no sé, no para ponerla nerviosa sino porque, en efecto, no lo sé.
En la Casa del Queso, me encuentro con el Editor Más Fachero. Festejamos mi firma del contrato, la semana pasada. Él está sinceramente contento, es así: un buen tipo. En un momento me dice que hay varias minas de otras mesas que nos están marcando.
-¿Varias? -me asombro.
-Elemental, venimos en racha -se divierte.
-Justo cuando me enamoro -digo.
Miro por sobre el hombro, me fijo en las mujeres a las que se refiere. Deben andar por los veintipico en una mesa y por los treinta en otra. Están bien.
-Yo soy hombre de una sola mujer -digo.
-¿En serio te enamoraste?
-En serio.
-Qué bueno, pensar que hace unos meses estabas solo y desesperanzado. Venísde racha: el contrato, la colección, esta chica...
-Sonia 04.
-...Sonia 04. Sí, venís de racha.
-Sí, hay que ver cuándo se termina, la racha.
Él se ríe. No capta que, esta vez, hablaba en serio.
Durante la cena, a él lo llama su novia en dos oportunidades -siempre tonos mimosos de él, y adivino tonos mimosos de ella-, y luego también lo hace cuando nos alejamos por la zona del Abasto. A mí Sonia 04 no me llama. Es así. Ella es así.
Cuando llego a casa, mensaje de Sonia 04 en el teléfono. Antes de dormirse. Me desea que tenga dulces sueños, dice que me quiere.
Y yo me duermo feliz.
Etiquetas: El Editor Más Fachero, Sonia 04