martes, 13 de noviembre de 2007

Sonia 00: Si no fuera por Lost

Jueves.

Cuando Sonia 00 llega al trabajo y me dice de bajar al jardín, mastico palabras. Las pensé a lo largo de la noche, las medité en el viaje en colectivo a la fucking Secretaría, las decidí mientras me sentaba al escritorio y las cucarachas corrían para ir a sus reductos diurnos. Basta, le voy a decir. Lo de ayer fue demasiado, le voy a decir. No puedo ser amigo tuyo, le voy a decir.
Lo que Sonia 00 dice es:
-¿Puedo ir hoy a tu casa a ver Lost y cenar y charlar?
Lo que yo digo es:
-Bueno.

Viene. Vemos sólo un capítulo de Lost. Enseguida se pone a preparar la cena. Le expliqué que, de acuerdo al cronograma que me dio la nutricionista, hoy es mi cena liberada, así la definió la especialista, por lo que puedo comer lo que se me canten las pelotas. Y lo que se me cantan las pelotas es milanesa a la napolitana con papas fritas. No existe combinación superior en el universo. Y cocino yo. Y está Sonia 00. Y no existe combinación superior en el universo. Bueno, podría haber, podría ella estar besándome o podríamos estar en el dormitorio, sus pies alrededor de mi cuello, yo transformado en el general Custer que cabalga contra los indómitos salvajes. Pero bueno: de momento, milanesa a la napolitana con papas fritas y Sonia 00 en mi casa es una combinación universalmente insuperable.
En un momento, Sonia 00 dice:
-Me siento sola.
La miro.
-Me siento sola, Elemental.
-Estás acá conmigo.
-Sabés lo que te digo.
-Te va a parecer extraño, pero no, no sé lo que me decís.
-Que me siento sola.
-Vos sabés que vos y yo al menos vamos a coger una vez, ¿no?
¿Por qué? ¿Por qué digo esto en vez de incorporarme, bajarme los lienzos y correrla por el depto con el mástil enhiesto?
-¿Qué decís?
-Que va a pasar. Estoy seguro.
-Puede ser.
-¿Cuándo?
¿Por qué? ¿Por qué soy tan pelotudo?
-Por ahora no.
Y suena el celular. Son las once y pico de la noche. La amiga que se voltea tipos casados, supongo. Sonia 00 habla. En un momento dice que está en lo de Elemental. No sabía que su amiga conociera mi nombre. Sonia 00 me hace una seña.
-Es el Alemán -mueve los labios sin emitir sonido.
Sonrío. Le digo que me pase el teléfono. Imagino la alegría del Alemán al descubrir que finalmente traje a Sonia 00 a casa. Hablamos, jodemos. Cortamos.
Miro a Sonia 00 a los ojos.
-Algún día vamos a cojer.
-Por ahora no. Algún día sí, seguro.
Y me siento victorioso.

jueves, 2 de agosto de 2007

Sonia 00: Pool

Sábado.
Suena el teléfono. Atiendo. Sonia 00.
Me sorprendo, no es usual que llame por teléfono. De hecho, creo que es la primera vez. Sí, es la primera vez.
-¿Elemental?
-¿Sonia 00?
-¿Qué vas a hacer esta noche?
Es sábado. Si continuase mi vida tal como era antes de Sonia 00, miraría películas tirado en el puff y comería como un cerdo. De acuerdo a los últimos cambios, miraría películas y comería una puta pechuga de pollo con caldo light.
-No sé -miento.
-¿No querés salir?
¿Me está invitando a salir? ¿Sonia 00 me llama a casa para invitarme a salir? ¿Se ha terminado mi sufrimiento?
-¿Salir? -pregunto.
-No quiero quedarme en casa.
-...
-¿Salimos?
-Bueno, sí, dale. ¿A dónde querés ir?
Pienso, ruego: por favor que diga a un telo, por favor que diga a un telo.
-Hace mucho que no juego al pool -dice.
-¿Vos jugás al pool?
-Sí, siempre iba con mi ex, pero desde que corté no voy. Lo extraño.
-¿A tu ex?
-Al pool, tonto.
O sea, pienso, me está invitando para una actividad que realizaba con su ex novio. O sea, deduzco, estoy ocupando un lugar que ocupaba su ex novio. De acá a besarla hay un paso. De acá al casamiento, un suspiro.
-Bueno, dale -digo, y en mi mente sólo hay espacio para su boca de petera.
-Le digo al Alemán, ¿te parece? Ustedes dos son muy amigos, estaría bueno salir los tres.
-Eeeeeehhhhhhhhhh -es lo único que alcanzo a decir.
-Lo llamo y te llamo.
-Eeeeeeehhhhhhhh...
Corta. Me quedo mirando el tubo del teléfono como si contagiara una peste desconocida. Meneo la cabeza. No, no voy a ocupar ningún lugar que ocupase el ex novio.
Al ratito, llama.
-Podrías traer una amiga para el Alemán -digo, como para ubicar los tantos, apenas atiendo.
-No, al final el Alemán no puede.
-¿Vamos vos y yo?
-Sí.
-¿Los dos solos?
-Sí.
-...
-...
-¿A qué hora?
-Te paso a buscar tipo once, ¿te parece?
-Bueno, dale.

Me pasa a buscar. Está vestida con cierta ordinariez, pero las tetas desbordan, el rouge abunda en sus labios de petera. Creo que tengo una erección apenas salgo del ascensor y la veo.
La saludo con un beso en la mejilla.
Me propone ir a "Taz", en Placita Serrano.
Vamos.

No juego mal al pool. Hace bastante que no practico, pero recuerdo. Es de las pocas cosas que me enseñó mi viejo, habitué del billar.
Conseguimos mesa enseguida. Desde el resto, a Sonia 00 le miran el culo, las piernas, la boca de petera, las tetas prominentes -¿llevará push up? ¿será una de tantas estafas?-. Me siento envidiado. El gordito adelgazado que se levantó a un minón. A flor de hembra. Qué boca de petera, mamita.

-Jugás bien -dice.
-Hace mucho que no lo hago.
-Jugás mejor que mi ex.
-...

-Me encanta, que estemos acá jugando al pool.
-Sí, es divertido.
-Está bueno, que podamos salir un sábado, vos y yo solos.
(lo sé, lo sé, va a decirlo, va a decirlo, por favor que no lo diga, por favor...)
-...
-Qué bueno que seamos amigos.
Pifio con el taco a la bola. Casi rompo el paño.

Antes de subirse al taxi, me abraza.
-Te quiero, Elemental. Sos mi amigo.
Y se va.

Creo que he descubierto una regla: las mujeres que se despiden de mí con un abrazo, nunca me besarán. Es más: creo que me abrazan para esquivar mi boca.

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos.
Al menos me queda el consuelo de que gané los partidos que jugamos.

lunes, 23 de julio de 2007

Sonia 00: Drogas y Rock & Roll (¿a que no saben qué falta?)

Hoy es el cumpleaños de Juan, un compañero de trabajo que, si bien no está en la misma área, resulta lo suficientemente rebelde como para haber trabado lazos de amistad conmigo. Decidió festejarlo en un pub, y promete rock & roll.
Le digo a Sonia 00 que si quiere podemos ir juntos: el pub es en la zona de Pacífico, y mi depto está a mitad de camino entre sus casa y nuestro destino final.
-Sí -dice ella-, puedo ir y nos ponemos en pedo ahí y ya llegamos borrachos.
-Dale -digo.
Un detalle: casi no bebo alcohol. Bayleys, cerveza si todos los que comen pizza insisten (prefiero la coca-cola), degustar alguna copa de vino varietal. No me gusta, el sabor del alcohol. Creo que guardo un recuerdo traumático al respecto: durante mi viaje de egresados del secundario, mientras aguardábamos para ir a cenar, me tomé media botella de vodka haciendo fondo blanco y luego seguí charlando, sentado, como si nada. Cuando me levanté, el mundo se vino abajo. O, para el caso, comenzó a dar vueltas a mi alrededor. Bajé las escaleras que nos comunicaban con la planta baja haciendo vueltas de carnero, armé flor de quilombo en el comedor donde nos servían la cena -aún la recuerdo: salchichas con puré-, y esa noche no pude ir a bailar con mis amigos, pues me quedé vomitando en el baño -vomitando mal, abrazado al inodoro, con el estómago que se contraía- y luego me desmayé. Desperté a la mañana siguiente con un dolor de cabeza fenomenal que casi empaña la visita al bosque de Arrayanes, y el sólo recuerdo del sabor a vodka me daba arcadas. Arcadas empujadas por el recuerdo que aún hoy persisten.
Es decir: si bien acepté que Sonia 00 venga a emborracharse a casa, yo no me voy a emborrachar.
Hay una solución. Para mi cumpleaños, Manotas me regaló una piedra de chala.
Sonia 00 llega a eso de las 9 y media. Había dicho a las 11, pero dice que no quiere estar en su casa: sus padres discuten mucho, parece que él se jugó el último sueldo y lo perdió. Sonia 00 trae consigo dos botellas de cerveza. Trae, también, una blusa negra con un escote más generoso que Robin Hood. Compruebo, pasmado, que Sonia 00 no sólo tiene boca de petera y dos piernas de dos metros -o eso parecen-, sino un par de tetas que, por su nacimiento, pintan redondas y firmes, de esas tipo manzanita que son mis preferidas, del tamaño exacto como para morder, para abarcar con mi mano.
Sonia 00, mientras me habla del otro lado de la mesa -ya destapó la botella de cerveza y toma el primer vaso-, se inclina hacia adelante. Yo doy las primeras pitadas del porro que armé -con desmesura: en el papel para armar está casi un tercio del ladrillo, semeja al porro que fuma Nanni Moretti en la primera escena de Aprile ante los ojos de su madre-.
La charla se desarrolla. Sonia 00, cada tanto, me pregunta si no es demasiado porro para una sola persona. Yo, canchereando, digo que no.
-Lo único que temo es que me despierte el apetito y a la mierda con la dieta -digo.
Ella se ríe, ya terminó la primera botella de cerveza, yo también, ya me fumé medio porro. Casi sin notarlo, los costados de mi cabeza se han adormecido, y me doy cuenta de que clavo la vista en las tetas de Sonia 00 sin disimulo.
-¿Qué mirás? -pregunta ella.
-Tus tetas, nena -digo-. No sabía que también estabas buena de tetas.
-Mirá que sos tonto.
-Dame un beso y dejate de joder.
-No seas tonto, nosotros somos amigos.
-Sí, pero podríamos ser amigos con derecho a roce.
Ella me mira, como si pensara en la posibilidad.
-Te puedo asegurar de que si me probás vas a querer más -digo, envalentonado.
-Cómo pega, ese porro, eh.
-Como la puta madre. Pero fumado y todo te parto en ocho.
Ella se ríe. Sigue con la cerveza. En un momento, dice:
-Qué suerte que somos amigos.
-Seamos amigos con derecho a roce.
-Bueno, dejame pensarlo.
-Nos echamos un polvito y nos vamos a la fiesta.
-No, hoy no.
-Bueno, un polvito no. Un polvazo.
-Ya te dije, dejame pensarlo. Vos te vas a enamorar, tengo miedo.
-Nunca me enamoraría de vos, nena -miento.
-¿Cómo? -casi grita.
-Sos muy pendeja, no podrías estar de novia con un tipo como yo.
-Claro que podría.
-No, no podrías. Vos saliste con pendejos que no sabían cómo cogerte. Te agarro yo y te doy vuelta como una media.
Ella me mira. Entreabre los labios de esa boca de petera. Duda, lo sé. Pito el porro, ya casi lo terminé. Debería pararme, ir hasta donde está ella y zamparle un beso.
-Yo quiero ser tu amiga -dice entonces.
No, no debería pararme. Mierda.
-¿Y si vemos un capítulo de Lost? -dice-. Me dijiste que está muy bueno.
Vemos Lost, entonces. Uno sentado junto al otro. Ella borracha, yo fumado. El primer capítulo. Desde donde estoy, huelo su perfume, veo sus tetas a punto de escapar por el escote. El segundo capítulo.
-Esta serie es buenísima -dice-. Voy a venir seguido a verla, ¿te parece?
-Todas las veces que quieras -digo.

Estamos en el pub. Nos sentamos juntos, apartados del resto de los compañeros de trabajo. Sonia 00 mira a chicos jóvenes, de su edad. Dice que uno de ellos, que la mira fijo, está lindo. Yo no digo nada.
Más tarde, llega el Alemán. A esta altura, el porro me pegó para el lado paranoico. Me siento incómodo.
-Me voy a casa -le digo al Alemán.
-¿Tan temprano? -pregunta él.
-Fumé faso, me pegó mal. Cuidame a la pendeja -digo.
-Sí, claro -dice él.
Me marcho.
Lo último que alcanzo a ver es a Sonia 00, despatarrada en uno de los sillones, las tetas misiles a punto de despegar.

miércoles, 4 de julio de 2007

Sonia 00: Mi cumpleaños 35 (1)

Viernes.

Soy de darle pelota a los cumpleaños. O sea, armo fiestas, me gusta ver gente, me gusta que me mimen. Este año, 2006, dividí aguas: viernes para los compañeros de laburo, sábado para los amigos supuestamente intelectuales. El depto es chico y no entrarían todos a la vez y, por otro lado, dudo que deseen dirigirse la palabra, entre ambos grupos.

La gente va llegando a casa. Hay cerveza a rolete. Estreno home theater en la compu, la música suena a todo volumen. A la media hora de iniciados los festejos, estoy absolutamente en pedo y bailo con frenesí. Al principio soy el único que baila, vaso de plástico en mano, pero la piedad del resto los empuja a acompañarme mientras Rodrigo y Gilda se alternan en los parlantes con los Decadentes. Bailamos sueltos. Sonia 00 -que llegó con la directora, el Alemán y la Blonda- en un momento me toma de las manos, y baila. Yo, que estoy en pedo, la veo enorme, la veo atractiva, su boca de petera semeja un buzón de DHL. Baila muy bien, Sonia 00. Baila, mueve las caderas, siempre de mi mano, y yo bailo como el culo, creo que hasta me babeo -mi resistencia al alcohol es nula-. En un momento, pausa entre temas, la miro a los ojos y ella a mí. Es de esos momentos. En la siguiente pausa, apoyo una mano en su cintura, acerco mi boca a su oído y digo:
-Me importa tres carajos que estén todos los del laburo, necesito besarte.
-Elemental, estás borracho -dice.
Y es cierto.
Y seguimos bailando.

Me regalaron dos cosas: la primera temporada de Lost en DVD (regalo más glorioso del año) y un juego de mesa para hacer dígalo con mímica con títulos de películas. Alguien propone jugar, creo que Voz Nasal. Como todos saben que sé de cine, quieren que yo forme parte de sus equipos. No cuentan con dos datos: a) saber de cine no implica saber de dígalo con mímica; b) estoy muy borracho. En un momento me toca expresar "Los picapiedras". Un desastre, lo mío, nadie acierta, entre otras cosas porque no coordino bien los movimientos.
El equipo de el Alemán, el Flaco y la directora gana por afano.
En el otro equipo está Sonia 00. Cuando ella hace el dígalo con mímica, me babeo. Como dije: creo que literalmente.
Dato curioso: estoy tirado en el piso, durante el juego, y Voz Nasal primero se sienta a mi lado -lo cual no es extraño, ambos estamos en el mismo equipo perdedor- y luego apoya un codo en mi cintura y luego apoya la cabeza en mi pecho. La miro a Sonia 00 -quien se lleva muy mal con Voz Nasal-, confundido, estupefacto diría, y ella abre los ojos como diciendo "y esta mina qué quiere". Yo me encojo de hombros.
Aprovecho que estoy borracho para decirle a Voz Nasal en tono bajo:
-Vos no estarás caliente conmigo, ¿no?
-Ay, nene, vos siempre decís cualquier cosa.
-No, todo bien.
Vuelvo a encogerme de hombros. Sonia 00 mira hacia nosotros. Fijo.

Soplo las velitas. Pido deseos por los 35 años -curiosamente, se cumplirán-. Voy a la cocina a buscar servilletas, ya quedan pocas. La cocina es muy pequeña. Siento a alguien detrás mío. Es Voz Nasal, pienso, me quiere coger y a mí ella no me gusta. Giro intentando articular una respuesta -estoy menos borracho que antes- y me sorprendo. Es Sonia 00. Sonríe.
-Feliz cumpleaños -dice.
-Gracias -digo.
Me abraza. Un abrazo largo. Fuerte -no por mi parte, debido a la borrachera-. Cuando nos separamos, nos miramos a los ojos. Bastante. El mundo, el resto del mundo, desaparece. Estoy a punto de acercar mi rostro al suyo, cuando dice:
-Me encanta ser amiga tuya.
-Dame un beso y dejate de joder -digo.
-Vos estás muy borracho.
Y se va. Me quedo en la cocina, solo.

Todos se marchan. La pasé muy bien.
Borracho, me dejo caer en la cama. Me duermo enseguida.

lunes, 25 de junio de 2007

Sonia 00: El limbo

Domingo.
Estoy triste. Me siento horrible. Me miro al espejo. Bueno, soy horrible.
-Corrección: estás horrible, no lo sos -dice un pequeño Elemental alado, quien se sentó sobre mi hombro derecho.
-La mina es una rubia petera, sólo le gustan los facheritos -dice un pequeño Elemental con cuernos, quien se sentó sobre mi hombro izquierdo.
-Siempre está la posibilidad de renacer, de surgir de las cenizas con una dieta y terapia -dice el pequeño Elemental alado.
-O el suicidio, claro -dice el Elementalito con cuernos y tridente-. Pero tené mejor puntería que tu viejo.
Meneo la cabeza, los Elementalitos desaparecen. Me bajo los pantalones. Cago leyendo el diario.
Luego voy al almuerzo familiar de los domingos.
Mi vieja me mira, está a punto de decir algo acerca de que debería conseguir pareja, pero, al descubrir mi mirada -¿al descubrir los Elementalitos sobre mis hombros?- desiste.

Lunes.
Con Sonia 00 dijimos que, pese al rebote, las cosas iban a seguir como antes. Amigos. Buen trato.
Ella no me pasa a buscar para ir al jardín.
-Quizás deberías ir vos -dice el Elementalito alado.
-No, la que te histeriqueó fue ella, que venga al pie -dice el Elementalito con cuernos.
Lo cierto es que en todo el día apenas si nos saludamos, con Sonia 00.

Martes.
Tampoco tengo contacto con Sonia 00. Los Elementalitos se mueven cada vez con mayor comodidad sobre mis hombros.

Miércoles.
Tampoco tengo contacto con Sonia 00.
Llamo a Swiss Medical. Pido turno para la nutricionista. Me dan fecha para el lunes 6 de junio de 2006.

Jueves.
Sin contacto con Sonia 00.
Me fijo las prestadoras de servicios psicopatológicos en la cartilla de Swiss Medical. Me fijo en las direcciones. Que me quede cerca de casa, eso es lo que deseo. Llamo. Dejo mensaje.

Viernes.
Sin contacto con Sonia 00.
Me llama la psicóloga a la que le dejé mensaje. Me da turno para el próximo jueves por la mañana. Los Elementalitos se muestran ofendidos, y por primera vez hablan al unísono:
-¿Lo estás haciendo para sacarnos de tu vida?
-Algo así -digo.
El Chancho, el Flaco y el Tanguero me miran azorados. Creen que hablé solo.
Por la noche, vamos con el Alemán a la Casa del Queso. Primero, él critica a todos nuestros compañeros de trabajo, los considera unos mediocres. Yo no estoy de ánimo. Me considero tan mediocre como el resto. Luego, hablamos de Sonia 00:
-Histérica -digo.
-Vos viste -dice él-, las minas son todas putas.
Y comemos nuestra picada.

jueves, 21 de junio de 2007

Sonia 00: No

Viernes 26 de mayo de 2006.

Mientras bajamos al jardín con Sonia 00, noto mi respiración agitada. No, no es otra embolia. Nervios, simplemente. Nervios, lamentablemente.
Llegamos al jardín.
Sonia 00 me cuenta su día de ayer, dice que estuvo con su amiga, en Lanús. Yo le comento que ya instalé el Compumap. Soy patético. Debería decirle, directamente, que salgamos, y me entretengo con estas pelotudeces. Ella habla. Ay, su boca de petera. Ella habla. Yo no. En un momento me digo "es ahora, ahora la tengo que invitar". Sin embargo, no puedo. Poco después, subimos hacia nuestras oficinas.

Volvemos a bajar cerca del mediodía. Volvemos a sentarnos en el cantero que rodea un árbol del que ni siquiera sé el nombre. Envidio a los que conocen cosas como nombres de árboles. Si yo supiera algo semejante podría decir, por ejemplo, "esté es un ciprés, ¿te parece que mañana vayamos al cine?". Claro que no sé si es un ciprés, ni nada. No sé qué decirle. No sé para qué mierda ayer me la pasé ensayando las palabras que utilizaría en este preciso instante en que ella me habla de su ex, y cómo cuando cortó con su ex luego tuvo una historia con un compañero de laburo cuando trabajaba en la sede central del Ministerio. Y que esa historia se cortó, me dice, enfatiza.
Ella habla. Yo pienso. Pienso que me dio suficientes señales. Manotas me lo dijo varias veces. Incluso yo, que no veo una señal de "está todo bien" salvo que sea con carteles luminosos, siento que está todo bien. Sin embargo, ¿y si me dice que no? ¿Qué hago, si me dice que no? ¿Renuncio al trabajo? ¿Me reintegro al ostracismo?
Ella habla. No sé lo que dice. No tengo la más remota idea de lo que dice, pero yo digo:
-¿Mañana salís?
Ella se calla. Ella me mira.
-Digo, había pensado que podríamos ir al cine. A vos te gusta "El código Da Vinci", y estrenaron la película...
Lo digo, sí, pero creo que no se escucha así como acabo de decirlo. Creo que, en verdad, ella debe escuchar algo así como:
-Digo... había... sado... podría... cine... Código Da Vinci... aron la...
Mi tono es muy bajo. Una mierda, es. Así no puedo invitar a nadie, salvo a un velorio. Mi velorio.
Ella me mira. Me estudia.
Dirá que sí, me esperanzo.
Son diez, quince segundos. Es tiempo suficiente para que hayan muerto cientos de seres. ¿Cuántas personas habrán muerto en el mundo, en estos quince segundos? ¿Cuántas ballenas habrán sido sacrificadas para que los japoneses se den una panzada? ¿Cuántas cebras cazadas por leones? ¿Cuántos aviones se habrán estrellado?
Luego de ese tiempo, de esa eternidad diría, ella dice:
-No.
Yo suspiro. Meneo la cabeza.
-¿No?
Ella menea la cabeza. Suspira.
-Digo, podría -dice-... Pero creo que se podrían confundir las cosas.
Yo no digo nada. Ella dice.
-Digo, me parece que vos no querés ir sólo al cine.
Meneo la cabeza.
-No, sólo eso no.
No decimos más nada. Nos levantamos. Nos dirijimos hacia el edificio.
Creo que en la esquina un colectivo atropelló a una vieja. Y si no lo hizo, debería haberlo hecho.
Me digo que hubo muchas señales, que no puedo ser tan pelotudo. Me digo que a veces las mujeres dicen no cuando quieren decir sí.
-¿Vos sos de las que hay que insistirles? -pregunto.
-No, Elemental, no.
-Porque podría insistir.
-No.
-¿Segura?
-No.
-Ah.
Mientras estamos en el ascensor, rompo el silencio:
-Incómodo, esto, ¿no?
-Sí -dice ella.
-¿Vamos a seguir bajando al jardín?
-Sí, claro.
-Claro.

La siguiente vez, cuando le digo de bajar al jardín, dice que no puede, que está muy ocupada.

Se debe sentir mal, pienso. Se debe sentir incómoda. ¿Cómo hago para explicarle que, por más que me rebotó con más fuerza que pelota de tenis golpeada por Guillermo Vilas en sus mejores momentos, está todo bien? Estamos a 26 de mayo, y cumplo años el 4 de junio, y pensaba festejarlo con los compañeros de laburo el viernes 7.
Mando un mail a todos invitándolos al convite en mi casa. Faltan dos semanas. Pongo, en el mail, que lo hago con tanta antelación porque soy medio hinchapelotas y obsesivo. Lo cual es cierto, en términos genéricos, pero no se aplica a este caso. Lo único que importa, de ese mail, es que ella está como destinataria.

La siguiente vez sí bajamos al jardín.
-Está todo bien -digo-. Me banco el rebote.
-Buenísimo, tenía miedo de perderte como amigo.
-No, está todo bien -miento.

A la noche, vamos con el Alemán a la Casa del Queso.
-La invité a salir y me dijo que no -digo, y la depresión cede ante una picada pantagruélica.
-Qué hija de puta -dice.
-Histérica, supongo.
-Pendeja.
-Qué se le va a hacer -digo.
Y continúo comiendo la picada. La bondiola serrana está particularmente buena.

miércoles, 13 de junio de 2007

Sonia 00: Vacaciones

-¿Y a vos te parece que justo me había pedido las vacaciones para esta semana, cuando conozco a Sonia 00 y podría estar sumando puntos? -digo.
Sábado. Un bar de Palermo. Acabamos de salir de la clase de taller literario con el Profesor. Están la Trotamundos, el Libanés, la Cuyana, el Tarta. Poco a poco, clase a clase, visita al bar sábado a sábado, se van convirtiendo en algo así como mis amigos. El Libanés aún tiene inédita su novela -su supuesta obra maestra-, lo que le ha hecho bajar la soberbia y, en proporción directa, ha aumentado mi simpatía hacia él. Un tipo entrañable, descubro, que cuando lo conocí pasaba por un mal momento, lo cual en gente que escribe puede ser traducido como buen momento en su carrera.
-Mejor -dice la Cuyana-, así le generás curiosidad.
-No creo que se detenga a pensar mucho en mí -digo.
-¿No decís que la que se acercó a hablar fue ella? -pregunta la Trotamundos, y cuando asiento continúa-. Y bueno, Elementalete, ahí tenés.
-¿Ahí tengo? ¿Qué cosa, tengo?
-El interés -interviene el Libanés-. Ahí hay interés.
-Puede ser. Quiere tener taller literario conmigo.
-Joya -dice el Tarta-, ahí te la cogés.
-No, boludo, ni en pedo -digo-. Eso lo haría mucho más difícil.
-¿Por? -pregunta la Cuyana.
-Primero, que se incorporaría al grupo que ya viene, con lo cual no podría prestarle tanta atención...
-Mejor -dice la Trotamundos-, nunca le tenés que prestar tanta atención, a una mina que te gusta.
-Segundo, que sería mi alumna, seducirla sería algo así como abuso de poder...
-Dejate de joder -dice el Tarta.
-El Profesor no piensa como vos, hubo una época, cuando estaba recién divorciado, en que se le tiraba a todas las alumnas, incluyéndome -dice la Cuyana.
-¿En serio? -me sorprendo-. Cuando yo empecé con él hacía mucho hincapié en eso. Está bien, fue hace muchos años...
-En muchos años la gente cambia -dice el Tarta.
-...y ahora que lo pienso, terminó por culearse a una alumna, en ese entonces -digo.
-Ahí tenés -dice el Libanés-. Más clarito, echale agua.
-No, fijate. El Profesor se la culeó porque la que avanzó fue la alumna. Era medio putona, me acuerdo. Se lo quería garchar a toda costa.
-Y se lo garchó -dice la Cuyana, y me sorprende por su utilización del verbo.
-Sí, pero la que avanzó fue ella.
-¿Y? -pregunta la Trotamundos.
-Nada, que eso es así.
-Perá -dice el Tarta-, vos estás hablando como si dieras clase en una facultad, como si les pusieras una nota de la que depende el futuro de las alumnas. Ahí sí, podría hablarse de abuso de poder. Pero es un taller literario, loco, una pelotudez, la relación es casi entre pares...
-Casi.
-Casi, sí, casi. No es lo mismo. No es abuso de poder.
-Ok -admito, poco convencido-, ponele que la acepto como alumna. ¿Cómo hago para cobrarle?
-Le pedís la guita -se ríe el Libanés.
-No, boludo, en serio. ¿Cómo hago para cobrarle a una mina a la que quiero partirle la boca de un beso? No sé, es medio raro.
-Son dos cosas distintas, Elementalito -dice la Trotamundos-. Por un lado le das clase, por el otro le das masa.
Hoy las chicas están zarpaditas, pienso.
-¿Ah, sí? -me escandalizo-. ¿Y qué pasa si la invito a salir y me dice que no? ¿Cómo mierda hago, a partir de ahí, para darle clases? No, viejo, no, tengo que esperar a que ella avance.
Los cuatro se quedan en silencio unos segundos. El Libanés asiente, como si concordase con lo que acabo de decir. La Cuyana niega con la cabeza. El Tarta pone cara de qué hambre. La Trotamundos, al fin, dice:
-¿Y qué sería, un avance?
Pienso un rato. Luego digo:
-No sé... Que me escriba una cartita de amor, algo así.
-¿Vos cuántos años tenés, doce? -casi grita el Tarta.
-Bueno, ok, quizás una cartita de amor no... No sé, miraditas, que me hable aparte, eso, que quiera hablarme aparte, que me diga de ir a comer algo después de la clase, los dos solos, qué se yo... No, la cartita de amor sería lo mejor.
-Vos tenés muchos problemas -dice la Cuyana-. Una alumna ni en pedo te va a escribir una cartita de amor.
-¿Ahora entienden por qué me complica tanto, si quiere tomar clases conmigo?
-Sí, vos te complicás tanto -dice el Libanés, y se ríe.
Nos reímos. Traen el pedido. Bebemos. La Trotamundos dice:
-La clave está en que cuando vuelvas lo hagas con una carta triunfal. Dejale en claro que durante la semana de vacaciones pensaste en ella. Eso nos gusta, a las mujeres.
-No -dice la Cuyana-, las mujeres somos histéricas por naturaleza. Vos como si ella no existiera. No hociquees, ¿estamos?
Miro al Libanés y al Tarta.
-Son dos minas y las dos me aconsejan exactamente lo contrario. ¿A cuál de las dos le hago caso?
El Tarta se encoge de hombros.
-Las mujeres son un enigma, loco -dice el Libanés.
-Las mujeres son un enigma especialmente para las mujeres -dice el Tarta.

El miércoles recibo un llamado. El Alemán. Quiere saber si este viernes vamos a ir a comer a la Casa del Queso. Le digo que sí. Le pregunto novedades del laburo, aunque supongo que no habrá ninguna trascendente, nunca la hay. Me dice que no hay novedades. Pausa. Dice:
-Ah, sí -dice-. Hay una. Tengo nueva compañera en la oficina.
-¿Otra mina? Pobre.
-Sí, una cagada.
-¿Y a quién ubicaron?
-A Sonia 00.
-¿¿¿¿¿¿En serio?????? -casi grito.
-Sí, en serio, ¿por?
-Vos no digas nada, pero la mina me gusta -digo, definitivamente inmerso en el universo de Clave de Sol-.
-¿En serio?
-En serio, loco. ¿Vos no podrás hablarle de mí, hacerme el entre?
-¿Y qué le digo?
-Qué se yo, que sos mi amigo, que soy buen tipo. No sé, hablale bien de mí, inventate algo.
Del otro lado de la línea, silencio. Luego de unos segundos, escucho:
-Bueno, está bien.
Cuelgo, contento. Sin estar, Sonia 00 me tendrá presente durante mi semana de vacaciones.

Mi semana de vacaciones consiste en ponerme al día con varias series, comer, escribir.
Lo ideal.

Sábado otra vez. Bar, después de clase con el Profesor, otra vez.
-Ya sé cómo hacer un regreso triunfal -digo, entusiasmado.
-¿Cómo? -preguntan los cuatro al unísono.
-Ella me dijo que su película preferida es "Señales".
-¿"Señales"? -pregunta la Cuyana-. ¿La de Shyamalan con Mel Gibson? Qué mal gusto, por Dios.
-Es una buena película, che -defiendo a mi damisela.
-Sí, pero de ahí a decir que es la mejor que vio... -dice el Tarta-. Tu película preferida puede ser de Woody Allen, de Tarantino, de Scorsese, de Coppola, de Fellini, hasta del aburrido de Bergman, pero una con Mel Gibson sobre una invasión extraterrestre...
-Es una buena película -me ofusco.
-Bueno -dice el Libanés-, tampoco nos desviemos. ¿Cómo va a ser tu rentrée triunfal?
-Bajé la película con el emule -digo-. Me costó un huevo, pero lo conseguí. Le voy a llevar la película de regalo.
La Trotamundos y la Cuyana se cubren la boca con la mano.
-¡Bien, Elementalete! -exclama la Trotamundos-. Es un gesto hermoso, la vas a dar vuelta.
-Es un desastre, Elemental -dice la Cuyana-. La vas a espantar. Es pendeja, por lo cual es más histérica que el promedio. La vas a asustar.

¿Adivinen cuál de las dos tiene razón?

jueves, 31 de mayo de 2007

Sonia 00: Prólogo 19: De vuelta al ruedo.

Hay un momento en que creo que me estoy volviendo loco. Creo que es cuando sucede lo de mi viejo, cuando me hago tanta mala sangre por la crítica negativa del salame. Soy conciente de que lo sobredimensiono, fundamentalmente, porque no tengo otra cosa que hacer.

Pienso, entonces. Tengo que conocer gente, pienso. El Preceptor es un amigazo, pero sólo podemos vernos los martes porque es casado y tiene un hijo. Tengo que conocer más gente. Los compañeros del laburo son compañeros, y con el único con el que me encuentro fuera de la Secretaría es con el Alemán, con quien vamos a comer a la Casa del Queso y lo escucho criticar al resto de los compañeros; son veladas en las que cunde la soberbia de él que estudió Economía de Gobierno -algo así como un máster vip inventado por Cavallo- y mi desencanto de la humanidad. Pienso: tengo que conocer otra clase de gente, o me voy a volver loco.

Llego a la conclusión de que escribir no puede ser todo en mi vida. Más allá de que sea el núcleo de mi felicidad, el teclear palabras, el inventar tramas, no puede serlo todo. Digo, los únicos sentimientos no pueden ser los que invento para personajes.

Hay momentos en que creo que sólo me pueden querer por lo que escribo.
No es ilógico: es lo único que hago, prácticamente.

Repaso: yo tuve una época muy sociable, después vinieron los golpes de la vida, pero yo era un tipo de lo más sociable. Con una seria tendencia de, a la primera de cambio, remitirme al ostracismo. Pero en mis épocas sociales, me iba bastante bien. Digo, en su momento hasta concreté un menage a trois, tuve distintos grupos de amigos. Quizás el problema es que soy muy exigente conmigo y con los demás, por eso luego me desilusiono y me aparto. Y me quedo solo.

Repaso, intento rememorar metodologías de conocer gente.

Al día siguiente le escribo al Profesor, el mismo que me orientó cuando tenía 18 años y empecé a asistir a su taller literario. Tengo 34, y el pedido me parece absurdo desde el punto de vista estético. En el mail que le envío soy muy sincero:
"Quiero conocer gente. ¿Puedo retomar el taller?".

No voy desde hace más de diez años.

Él me responde que el conocer gente es muy buena causa para retomar. Me dice que empiece cuando quiera.
Lo hago a la semana siguiente.

Y quiere la fortuna que, el mismo día, conozca a el Libanés y la Trotamundos.

lunes, 28 de mayo de 2007

Sonia 00: Prólogo 04: El oficio más viejo (1)

Lo que me empuja al consumo de prostitutas es un conjunto de factores.

El primero y principal, me siento apartado de la humanidad. Desilusionado, por así decirlo. Deslealtades de seres cercanos, compañeros de trabajo, me llevan, por método inductivo mal aplicado, a suponer que todo es una mierda, que todos son una mierda.

El segundo, es que soy tímido. Digo, nunca le voy a hablar a una mujer en la calle. Y, si se diese el milagro de que me hablasen, me pondría colorado y no sabría qué responder. Supondría que hay un equívoco, un error.

El tercero, no poseo grupo de pertenencia. Mis salidas se reducen al Preceptor -que es casado y con hijo, por lo que nos vemos sólo los martes para ir al cine y comer- y al Alemán -que es compañero de trabajo y aún más tímido que yo, tiene casi cuarenta años y, por lo que cuenta, nunca tuvo sexo con una mujer sin que mediara un acuerdo monetario-. El Preceptor colaboró para presentarme, hace unos años, a la mejor amiga de la que en aquel entonces era su novia y hoy es su mujer. Salimos, nos besamos, nos acostamos, los resultados fueron nulos. No quedaron amigas de su señora por presentarme. El Alemán, bueno, ya lo dije.

El cuarto, no hay mujeres a las que seducir ni siquiera en mi trabajo. Las que me resultan atractivas e inteligentes -la Blonda, fundamentalmente- están metidas en otra historia. Las disponibles -Voz Nasal, por ejemplo- reúnen todas las características que detesto en una mujer: arribistas, les interesan los tipos porque tienen coche o porque las llevan a comer a un lugar determinado -no tengo coche, y si bien me gusta ir a comer a buenos lugares e invitar, me repele la sensación de que si no pago sería algo así como poco hombre; además, si voy a salir con alguien con quien dé luego para salir, espero que la mujer, al menos, haga el gesto de amagar a la hora de pagar; voy a pagar yo, claro, pero que al menos quede claro que es una elección y no una imposición-.

El quinto, no hago cursos de ningún tipo. Hay quienes hacen eso, para conocer personas del otro género. Ya hice teatro -con resultados promisorios, en ese sentido-, talleres literarios -ídem-, facultad - creo que soy el único tipo que completó sociología sin siquiera besar a una compañera-, posgrado -una, pero lamentable-. Ya hice lo que va con mis gustos, digamos. De seguir, debería encarar hacia el lado de la danza, y de sólo imaginarme imponiéndome el dos por cuatro tanguero o los brazos en trencito de la salsa, me doy asco a mí mismo. Aún más asco.

Dado ese conjunto de posibilidades, y dado que luego de un par de meses la masturbación, por astronómica que sea la cantidad, me resulta insuficiente, recurro, sí, a prostitutas.
No por nada es el oficio más viejo del mundo. Porque es la demanda más arraigada en la humanidad.