Miércoles 8 de noviembre de 2006.
Me despierto a las 4. Sonia 04 duerme a mi lado. Le beso con suavidad la frente, comienzo a vestirme. Tomo el bolso, espero que vengan de la remisería a la que llamé a las 11 de la noche. Desde el dormitorio, escucho:
-Pipu...
Voy. La beso. Me besa. Pregunta por el remise.
-Es raro, son muy puntuales -digo.
En efecto, cuando llamo me informan que el chofer se equivocó de calle: Acuña de Figueroa como otra Acuña, no sé dónde. Me pongo nervioso. Beso a Sonia 04, que se ofrece a llevarme al aeropuerto. Calculo mentalmente: con lo que le lleva levantarse, vestirse y sacar el coche del garage, pierdo el avión. La beso, me despido. Bajo. En mitad de la noche, consigo un taxi sobre la avenida Córdoba. Y llego en hora al aeropuerto.
Mientras el avión despega, recuerdo que luego de mi último viaje Sonia 04 confesó que no me había extrañado, y luego comenzaron los problemas. Cierro los ojos, el cielo me rodea, el asiento me devora y el sueño me aplaca.
En Mendoza me aguarda Manganetti. Apenas nos abrazamos, apenas estamos dentro del coche, me pregunta por Sonia 04. Le digo que está todo bien.
-¿En serio? -pregunta.
-Sí, sí, hasta hablamos de vivir juntos.
-Mirá vos -dice.
Y no agrega ningún otro comentario.
Por la tarde, cuando Manganetti ya se marchó a la veterinaria -tiene a la perra enferma y no quiere que sus hijos se enteren, para que no sufran-, camino. Me pregunto si esta vez Sonia 04 me saldrá con algún martes 13, si se las ingeniará para arruinarlo todo. Casi como una lectura de pensamientos, recibo un mensaje de texto.
¿Estás trabajando?
Delante mío, un locutorio. Entro. Pido cabina. La llamo.
-Hola, Pipu.
-Hola, mi amor. Me mandaste un mensaje.
-Quería hablar con vos.
Ahora sonaría la música de Tiburón, por ejemplo.
-¿En serio? -digo.
-En serio. Quería decirte que te extraño.
Y yo me pongo a llorar.
Hablamos de nuevo por la noche. Me pregunta con quién voy a cenar, a salir, etc. Solo, le digo. ¿Y vos? Sola, me dice.
Nos decimos que nos queremos y que nos extrañamos. Varias veces. Le digo que chequee mail luego de las 12 de la noche. Pregunta por qué. Le digo que no le diré nada. Beso, beso grande, te quiero, te extraño, que la pases lindo.
Ceno solo, y regreso al hotel.
A las 12 de la noche, estoy tentado de llamarla, cumplimos 2 meses, pero me aguanto.
12 y media de la noche. Suena el celular. Mensaje de texto. Leo.
Gracias, mi amor, qué linda sorpresa.
A lo que se refiere por sorpresa es al mail que le envié ayer, sabiendo que no iba a chequearlos -venía a casa-. Semanas atrás, cuando le comenté de este blog, se puso mal. No porque hablase de otras mujeres, sino porque, según sus cálculos, las lectoras debían querer levantarme. Intenté explicarle que el lazo que se establecía era virtual, que lo mío era sólo una catarsis -bueno, no tanto, cuando comencé con el blog y mientras estuve soltero sí tenía la fantasía de que una lectora me rescatase de las fauces de la soledad-. Me dijo que no podía escribir nada sobre ella.
-Ok, mientras salgamos no -dije.
-¿Y después?
-No va a haber después, tonta. Esto es para toda la vida.
Me propuso que escribiese como si fuera para el blog, pero sólo para ella. Intenté explicarle que la cosa no funcionaba así, que no podía hacer esto, este tono, sólo para un lector. Pero como soy más fácil que la regla del cero, me dije que ahí radicaba el regalo del siguiente mesario: le escribí un cuento donde relato nuestro primer encuentro, con humor. Claro que ese relato carece por completo de los comentarios que incluí en el blog en el relato de nuestro primer encuentro, porque supuse que si ella sabía todo lo que yo había pensado la relación desaparecería como institución iraquí ante la mirada de Bush.
La llamo.
-¿Estabas despierto? -pregunta.
-Me despertó el celular -miento.
-Uy, yo pensé que apagabas el celular, mientras dormías.
-No, cuando estoy de viaje no.
-Qué lástima, quería sorprenderte mañana a la mañana.
-Me sorprendiste hoy a la noche.
-Qué lástima.
-Me sorprendiste hoy a la noche, mi amor. Me encanta.
-Sí. Qué lástima.
Nos decimos que nos queremos, que nos extrañamos, etc, etc. Al final, digo:
-Feliz mesario.
-Feliz mesario, mi vida -dice ella.
Y me voy a dormir. Sueño con ella, y el sueño es lindo.
lunes, 26 de marzo de 2007
Sonia 04: En Mendoza
Etiquetas: Manganetti, Sonia 04