jueves, 5 de abril de 2007

Sonia 04: El paciente dadivoso (2)

Martes 12 de diciembre de 2006.

Por lo general, soy un tipo atento. No es que a mí me importe mucho cómo se viste una mujer, tampoco si un día está particularmente linda o no. Sin embargo, sé que a las mujeres les gusta -en especial si es su pareja- que les digan si están bien, que les digan que están bien, que se fijen en algún nuevo detalle que seguro les llevó largo rato decidir -en el caso de Sonia 04, larguísimo rato-. Desde que comencé a salir con Sonia 04, cada ocasión en que nos encontramos una de mis primeras frases fue qué linda que estás, y luego le marqué algo de la ropa que utilizaba. Hoy, cuando entro a su departamento, ella se acerca y me da un beso. Tiene puesto el cinturón que le regalé -bueno, mejor dicho el que ella cambió- en Mar de las Pampas. Y se lo señalo, y digo:
-Hoy estás muy linda.
Su respuesta, por lo general, es gracias. Hoy, sin embargo, gira y va hacia el baño. Una vez que está adentro, grita:
-Sí, debo estarlo, porque hoy un paciente me invitó a salir.
Creo haber escuchado mal. No, no escuché mal. Voy a la cocina, es lo máximo que puedo alejarme de Sonia 04 en este departamento diminuto. Apoyo las manos en la mesada. Las sensaciones son distintas, se entremezclan fundamentalmente tres: a) me va a cagar con un paciente; b) me va a dejar; c) estoy a punto de asesinarla.
Ella, minutos más tarde, se acerca y me abraza.
-¿Te pasa algo?
-No, nada -digo.

Caminamos hacia un restaurante. Yo no hablo. Lo que surca mi cabeza es demasiado, como para elaborar palabra alguna, frase coherente.
-¿Qué te pasa, Pipu?
Entonces pregunto.
-¿Quién te invitó a salir?
-¿Estás mal por eso?
-¿Quién te invitó a salir?
-El paciente dadivoso.
-Te dije.
-¿Qué cosa, me dijiste?
-Que se estaba haciendo el ampuloso, cuando te ofreció pagarte más que lo que correspondía por la prepaga.
-Ay, vos sos terrible.
-¿Y cómo te lo dijo?
-Nada, en la mitad de la sesión me dijo que yo le parecía una mujer inteligente y atractiva, que si nos hubiéramos conocido en otro lado me hubiese invitado a salir.
-Mirá vos. ¿Y vos qué le dijiste?
-Que lamentablemente nos habíamos conocido en el consultorio.
-¿Eso, le dijiste? ¿Que lamentablemente no iban a poder salir?
-Ay, Pipu, vos no entendés. Es un paciente, no tiene ninguna chance. Para mí son como animalitos.
-Bueno, pero parece que el animalito está alzado. ¿Y qué más te dijo?
-Durante la sesión, nada más. Después, cuando bajábamos en el ascensor para abrirle la puerta, me dijo que era un lindo día, que sería lindo ir a tomar un café.
-¿Y vos qué le dijiste?
-Nada, me quedé muda.
-¿Y así le decís que no?
Sonia 04 camina en silencio.
-Digo, primero le das a entender que si no se hubieran conocido en el consultorio, hubiese dado para algo. Después, no le decís que no.
-Tengo que manejar la situación, él tiene que seguir su tratamiento.
-¿A vos te parece que él puede seguir el tratamiento, después de eso?
-Bueno, hay que ver cómo se maneja, si intenta algo más, si se vuelve una traba.
-O sea, querés ver hasta dónde es capaz de llegar el paciente dadivoso.
Ella no me responde.

Esperamos mesa en el restaurante -elegí yo, por eso tardamos quince minutos-. Yo miro la calle, estoy callado. Sonia 04 se me acerca y me abraza.
-Es un paciente. No te hagas problema por pavadas, Pipu.
No le respondo. Debería decirle que son las pavadas que ella se las ingenia para entrometer en la relación, pero me quedo callado: nos avisan que ya tenemos mesa disponible.

De regreso en su casa. Cada tanto, vuelve el fantasma del paciente dadivoso. Cuando eso sucede, mi rostro se debe transformar, la cara de culo se debe notar a la legua. Me quedo callado, pensativo. Estamos acostados, y Sonia 04 me dice:
-Tenés que confiar en mí.
No respondo.
-En relación a lo de ayer -dice.
-¿Lo de ayer?
-Lo de ayer.
-¿Los mensajes de texto o tus contactos del MSN?
-El mensaje de texto no significaba nada, ya te lo dije.
-¿O sea que los contactos sí?
-Sí. No. No es eso, como vos lo querés decir. Lo que quería decirte es que te quedes tranquilo, están todos eliminados menos uno.
-¿Menos uno?
-No empieces. Es un pibe divino, que lo mantengo sólo porque en algún momento lo quiero enganchar con una amiga. Quería ser totalmente honesta con vos.
Me quedo callado. Luego de un rato, digo:
-Sonia 04.
-¿Sí?
-Hay algo que quiero aclararte.
-A ver -dice, como quien dice a ver qué pelotudez me dice.
-Te quiero, y quiero estar con vos.
Hago una pausa dramática.
-Ahora, lo que quiero aclararte, es que si vos me llegaras a ser infiel, por más que te quiera, por más que te ame, no quiero estar con vos.
-No entiendo.
-Lo que quiero que entiendas es que yo quiero estar con vos si ambos somos fieles. Lo mío lo doy por descontado.
-Lo mío no lo das por descontado.
-Sí, qué se yo. Lo que me parece importante es que quede constancia, que sea muy claro respecto a esto: si me llegaras a meter los cuernos, al menos tené la dignidad de cortar la relación. Si querés no me digas los motivos. Lo único que te pido, llegado el caso no me pongas en una situación de sorete.
-Pero una infidelidad no significa que te ponga en una situación de sorete.
-Ok, eso es lo que pensás vos y lo respeto. Esto que te dije es lo que pienso yo, y espero que lo respetes: si me llegaras a ser infiel (o si ya lo fuiste), no quiero seguir al lado tuyo. No lo perdonaría. Y me parece que en ese caso lo más decoroso sería que cortes la relación. ¿Estamos?
-Estamos.
Ella me besa.
-Quedate tranquilo, Pipu.
-Sí, todo bien -digo.
Apagamos la luz. Me cuesta dormir.

lunes, 2 de abril de 2007

Sonia 04: Los que apoyan y los que quieren apoyar

Martes 5 de diciembre de 2006.

Sonia 04 atiende a la mañana en Caballito y a la tarde en Lanús. Viene a dormir a casa, mañana tiene que hacer no sé qué trámite en el centro.

Antes de llegar, me llama por teléfono, me pide que baje así la ayudo a subir sus bolsos. Bajo, la beso, cargo, subimos.

Mientras cenamos, dice:
-Hoy le conté a mis viejos, a mi tía y a mi abu lo de tango.
-¿Lo de tango?
-Que te pusiste celoso.
-Ah.
Silencio. Ella sonríe mientras mira el plato.
-¿Y qué dijeron? -pregunto, pues ella lo está esperando.
-Que tenés razón -dice-. Que si estamos en pareja es ridículo que yo me vaya a bailar sola.
-¿En serio?
-Sí, Pipu. Me dijeron que me deje de joder, y que siente cabeza.
-Mirá vos.
El hecho de que el apoyo haya venido de personas que, en promedio, deben rondar los setenta años, me hace dudar. Quizás estoy siendo extemporáneo. Cuando repaso quiénes del entorno de Sonia 04 apoyan mis posturas, quiénes la tratan de hacer cambiar de parecer, dudo: los padres, la abu, Gaby, su analista que está por fuera de cualquier límite ético y teórico de la psicología. Si uno fuese inteligente, sabría que así como hay olas de apoyo luego esas mismas olas se transforman en crítica, y que en el caso de Sonia 04 esas críticas de, por ejemplo, Gaby, resultarían fatales para la relación. Pero como no lo soy, me dedico a disfrutar de este remanso que me brindan extraños. El mismo remanso que, en la mayoría de los casos, Sonia 04 no puede brindarme.

En la misma cena.
-Hoy atendí al paciente dadivoso.
-¿Y sigue regalando plata?
-Está mejorando. Ya casi no siente que se va a morir, cuando se acuesta.
-Mirá qué bien.
-Y no sabés.
-¿Qué cosa, no sé?
-Hoy agarró y me dijo que los $21 que le corresponden pagar por la prepaga le parecen muy poco.
-¿Cómo?
-Sacó dos billetes de cien, y me los ofreció.
-¿Y vos los aceptaste?
-No. Le dije que él viene por la prepaga, y que lo que corresponde que pague son $21. Pero le dije que si me quiere hacer un regalo, está todo bien.
-¿Le dijiste eso?
-Sí, ¿por?
-No, pensé que no se podía aceptar regalos.
-No, aceptar se puede.
-¿Pero proponerle que te los haga?
-¿Qué te molesta?
-Me molesta que el tipo está siendo ampuloso, exhibicionista. Se está haciendo el todopoderoso. Y, en general, cuando un tipo hace eso es porque se quiere levantar a una mina.
-¿A vos te parece?
-Yo pensé que me ibas a decir eso es imposible.
-¿A vos te parece?
-Sí, me parece.
-Me encanta cuando te ponés celoso, Pipu.

Vamos a la cama. La beso. Intento acariciarla. Ella dice:
-No te lavaste los dientes.
La miro. Ella me sostiene la mirada. Voy al baño, me lavo los dientes, vuelvo a la cama, ella ya giró como para dormir. Me ubico tras ella, la apoyo.
-Estoy cansada.
-Sonia 04.
-¿Qué?
-¿Cuánto llevamos, de relación?
-Casi tres meses. ¿Por?
-Porque en general las parejas, en los primeros meses, cogen casi todo el tiempo. Nosotros sólo los fines de semana.
-Es que vuelvo cansada de trabajar, Pipu.
-No, eso fue ayer, que te dolía la cabeza. Hoy te jode que no me lavé los dientes.
-¿Te molestó que te dijera eso?
-La verdad que sí.
-Bueno, otro día lo hablamos.
Se acomoda sobre la almohada, lista para dormir.
-Es loco -digo.
-¿Qué cosa? -pregunta de espaldas a mí.
-Que parecemos una pareja con años de relación. Vos das por sentado que yo tengo que saber que me querés, que no hace falta demostrarme nada. Vamos de visita de tus viejos y tus amigos. Tenemos sexo sólo los fines de semana.
-Los casados con varios años no tienen sexo ni siquiera los fines de semana, Pipu.
-Ah, mirá vos.
Y entonces sí, me duermo.

sábado, 31 de marzo de 2007

Sonia 04: Un modelo de vida

Martes.

La vuelta a la cotidianeidad se plasma de dos formas: regreso al trabajo y a la escasez de mensajes de Sonia 04.

Cenamos por la noche. En un momento, me dice:
-Hoy imaginé cómo vas a ser como marido.
Mastico despacio, no deseo atragantarme.
-Un tipo que labura, pero que mientras lo hace piensa en regresar a su casa a cuidar a sus hijas.
-Bueno -pienso, calculando cuánto de negativo puede tener esa imagen-, puede ser. De todas formas, está incompleta.
-¿Por?
-Falta la esposa. No volvería contento a mi casa por mis hijas o hijos, y eso si es que hay plural, sino también por mi mujer.
-Ah, claro.
-¿Por qué olvidaste a la mujer?
-Porque lo imaginé a partir de lo que me contaba hoy un paciente. Él es así.
-¿Un paciente? ¿Cuál?
-El paciente dadivoso.
-¿Y no mencionó a la esposa?
-No, se llevan como el culo. No tienen sexo desde hace meses. Pero te decía, el tipo sale, hace su trabajo, gana guita, y luego lo que lo hace más feliz es regresar a la casa, a su hogar.
-Sí, está bueno. Habría que ver si yo puedo ganar tanto como el paciente dadivoso.
-Seguro que vas a poder.
-¿Es importante, que lo haga?
Sonia 04 me mira.
-En lo que vos imaginaste a partir del paciente dadivoso, ¿lo importante era que regresase contento a mi hogar o que lo hiciese con los bolsillos llenos?
Sus labios se tensan. Puede que me haya excedido. Se toma un minuto para pensar la respuesta.
-Que vuelvas contento.
Y me pregunto qué otra respuesta habrá pasado por su cabeza en ese minuto.

viernes, 30 de marzo de 2007

Sonia 04: Mar de las Pampas (3) / Las Gaviotas

Lunes 27 de noviembre de 2006.

Nos despertamos temprano. Desayunamos en el deck, y luego empacamos. En verdad, yo lo hago en menos de cinco minutos y Sonia 04 tarda apenas un poco más. Salimos del complejo Lemu, y lo más difícil, para mí, es la imagen de los cinco perros que nos corren tras el coche. Los saludo con la mano.
-A vos te gustan los perros en serio, ¿no? -dice Sonia 04.
-Sí.
-Vos sos un personaje -dice, como quien dice vos estás loco.

Durante un rato, lección de manejo. Las calles de tierra/arena son complicadas, me equivoco varias veces. Sonia 04 me reta sólo en una oportunidad. Al final, el que decide parar soy yo.

Vamos al centro. Primero encaramos la misión de comprarle un regalo a Ornella. No son muchos, los negocios abiertos. En uno de ellos venden remeras y blusas. Cuarenta minutos después de que ingresó al local a elegir una prenda, entro y le digo a Sonia 04 que se apure, que no da estar ahí parado tanto tiempo. Ella me pregunta por una, ni la miro y le digo que está bárbara, que a Ornella le va a encantar. Entonces, descubro con espanto que Sonia 04 acepta que sea esa remera, pero luego gira hacia la vendedora y le dice:
-¿No tendrás otra igual?
La vendedora, una lugareña que se debe estar haciendo unos pocos mangos, la mira sin entender. Yo la miro sin entender. Ante tanta falta de comprensión, Sonia 04 aclara:
-Quiero ver dos iguales, así me llevo la que esté en mejor estado.
-¿Pero esa está mal? -pregunto.
-No, pero necesito compararla con otra.
La vendedora explica que son remeras únicas, artesanales, que no hay dos iguales. Creo que miente, pero creo que hace bien en mentir.
-Qué lástima -dice Sonia 04.
Y salimos sin haber comprado nada.

Entramos, entonces, a otra tienda de regalos. Tienen más o menos lo mismo que vimos en Cariló: gnomos, duendes, esa cosas supuestamente mágicas por las que se le da a la gente cuando viene a descansar y no tiene nada para hacer. Sonia 04 me pregunta por algo, yo ni lo miro y le digo que me parece bárbaro, que a Ornella le va a encantar. Salgo del negocio. Miro a la gente que, relajada, toma algo en un bar. Me pregunto seriamente si Sonia 04 no será una psicótica. Sale del negocio, contenta, me dice que ya eligió, que ya tiene el regalo.
-¿Había dos iguales para comparar? -pregunto, sin saber qué compró.
-Sí, por suerte sí -dice ella.

Antes de subir al coche, le recuerdo a Sonia 04 el biombo que no había podido comprar porque Hernán -el novio que no la quería- no la dejaba. Ahora comprendo el martirio por el que debe haber atravesado ese pobre Cristo, y si bien yo no soporto más el mirar locales, me digo que tengo que establecer diferencias con sus ex parejas. Vamos al negocio donde Sonia 04, más de un año atrás, había visto los biombos con los que quiere decorar su consultorio -y, mientras, me pregunto para qué puede querer un biombo en el consultorio-. La mujer le dice que ya no le quedan, que eso fue hace dos años. Miramos unos cuadros de madera, muy lindos. Muy caros, también. A Sonia 04 le gustan, dice que podría decorar su consultorio con algo así, pero al final nos vamos.
-Al menos lo intentamos, ¿no?
-Sí, Pipu, vos me tenés mucha paciencia.
Es bueno que lo reconozca.

Camino a Las Gaviotas, pasamos delante de un pequeño complejo hotelero. Es lindo, se ubica entre Las Gaviotas y Mar de las Pampas. Sonia 04 quiere detenerse, y lo hace. No sirve de nada que le diga que vamos a llegar tarde a lo de Ornella -lo que implica que saldremos tardísimo hacia Buenos Aires-, ella ya camina hacia el complejo. Saluda a la encargada, pregunta los precios, son económicos. Va a mirar las habitaciones, me dice que la siga. Una vez dentro de la habitación, me pregunta con entusiasmo:
-¿No está bueno?
Yo miro, alelado. Giro hacia ella y pregunto:
-¿Pero no me rompiste las pelotas con que tenía que ser algo rústico? Esto parece un depto de Puerto Madero...
-Pero esto me gusta.
-Ah.
-Si venimos de nuevo, podemos parar acá.
-Puede ser -digo.
Estamos saliendo cuando reparo en algo: su trato con la encargada tiene mucha familiaridad. Mientras caminamos hacia el coche, pregunto.
-¿Con quién viniste, acá?
-Con Hernán.
Camino en silencio. Cuando ambos estamos dentro del coche, digo:
-Yo acá no vengo ni en pedo.

Ornella y su marido, Pablo, me caen muy bien. Nada que ver con Gladiola. Ornella es psiquiatra, no paciente psiquiátrica. Y eso para empezar. Al principio me manejo con cierta timidez, pero a medida que transcurre el almuerzo y los postres hay un momento en que yo tengo más elementos en común con el matrimonio que la propia Sonia 04. Hablamos de Diana Krall, de cine, de política. Sonia 04, muda. En un momento, supongo que para sacar un tema que le permita intervenir, empieza a contarnos a los tres todos los detalles de su Paciente Dadivoso.
-Tengo un nuevo paciente que es interesantísimo, como caso... -arranca.
Luego, entra en los detalles del Paciente Dadivoso. Yo primero miro extrañado, no puedo creer que hable así de un paciente delante de tres personas, dos de las cuales no tienen la más remota idea de psicología. Pero no digo nada, no quiero arruinarle la única posibilidad de hablar que tiene en toda la tarde.

En un momento, surge el tema de Borges y María Kodama, y los derechos de autor sobre obras. Sonia 04 se interesa enseguida.
-¿O sea que si vos te morís yo cobraría derechos de autor?
-Si estamos casados y si, remotamente, yo tengo varios libros publicados para entonces, sí, cobrarías derechos de autor.
-¡Ah, pero entonces no vas a ser tan pobretón!
Ornella me mira, como disculpando a la amiga. Yo le hago un gesto con los párpados de que está todo bien. Sonia 04 es así, estoy aprendiendo.

Hay un momento, de regreso, plena noche, que todo es oscuridad salvo el tablero del Volkswagen. Le pregunto a Sonia 04 si la pasó bien, si convivimos bien.
-Bárbaro, Pipu.
-Te amo -le digo.
-Te quiero mucho.
Bueno, nada es perfecto. Ni siquiera un fin de semana en Mar de las Pampas.

jueves, 29 de marzo de 2007

Sonia 04: El paciente dadivoso

Martes.

Voy al trabajo, es un día tranquilo. Hay msm con Sonia 04, algunos. Luego, cine con el Preceptor. Me pregunta por cómo están las cosas con Sonia 04, le digo que bien y él no emite mayores comentarios.

De regreso a casa, hablo con Sonia 04. Me informa que mañana tenemos turno con la terapista de pareja. Le pregunto por el costo, dice que no sabe, que vemos ahí. No sé cómo, surge el tema del dinero, de que no puedo afrontar todo lo que ella quiere. Digo, no gano para nada mal, estoy bastante por encima del promedio, pero aún así no puedo seguirle el ritmo. Entonces me dice que con el arte, con tareas artísticas, también se puede hacer dinero. No le creo. Y dice:
-Te lo digo en serio, tengo un paciente nuevo que está en algo muy similar a lo tuyo, y gana recontra bien.
-No puede ser.
-En serio, es un humorista. Vos hacés humor, ¿no?
-Sí, pero en literatura. ¿Él escribe?
-No, hace monólogos.
-Tampoco creo que gane tanto.
-Mirá si ganará... ¿Sabés lo que le pasa al tipo? Bueno, tiene unos rollos medio extraños, cada noche cuando se acuesta piensa que se va a morir, que no se va a despertar.
-¿Es la angustia por ganar mucho?
-No, esperá. Bah, no sé, puede ser, ¿no? Pero en serio, este tipo gana muy buena guita. Fijate si ganará, que todos los días regala mil pesos.
-¿Qué?
-Tal como escuchás. Todos los días el tipo elige a una persona que se cruce por la calle, que él crea que puede necesitarlo, y le regala mil pesos.
-Me estás jodiendo.
-¿No es fascinante?
A esta altura, lo fascinante para Sonia 04 no sé si es el caso, o el haberse cruzado con alguien que gana tanto dinero.
Pero bueno, para dudas como esa es que mañana empezamos terapia de pareja.